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un poeta nace no se hace



En la tumba de John Clare

Caminando por el cementerio segado, alrededor de la iglesia cerrada,
caminando entre los robles y los caracoles y las inscripciones mohosas
no pudimos encontrar la tumba, al principio.
Hasta que una chica dijo: “Ahí está, ahí está John Clare”.
Y nos quedamos en silencio, al lado de la piedra dentellada,
una piedra de queso gris.
No había flores para el labrador muerto
cuando el reloj dorado disparó la hora.
Sólo las palabras:
Un poeta nace no se hace.

El pueblo gris perla  en el paisaje holandés:
los pasos a nivel y los campos de cebada húmeda.
los hospicios, la escuela, la capilla Ebenezer,
los dos bares, y los carteles
a Stamford, a Maxey
de las páginas biográficas.
Y después, sentados en la iglesia
entre los cojines sin relleno,
y fumando una pipa en la puerta
en Maxey Crossing.
Pensé en el poeta muerto:

en los libros y las cartas en el Museo de Peterborough,
La escritura enorme, loca.
De su modo de caminar, con un pie en el surco,
o corriendo, aterrorizada, como un niño a buscar la leche de Maxey
esperando en cada esquina un Calibán.
De Londres, Charles Lamb y Hazlitt,
la mala gramática, la ortografía, las palabras inventadas,
y la poesía estallando como una bomba de diamante.
Pensé en los últimos días, el viejo
sentado solo en el porche de All Saints en Northampton.
y el poeta muerto marchando lentamente a casa en Helpston.

¡Oh Clare! Tu poesía clara, transparente
como tu bello nombre.
Te saludo con lágrimas.
Y al salir del parque de Parting Pot,
veo una llanta de bicicleta
colgando de las plumas de piedra en lo alto de tu monumento.


Charles Causley, Launceston, Cornwall, 1917 -2003
en Worlds, seven modern poets, editado por Geoffrey Summerfield, Penguin Education, Middlesex, Inglaterra, 1979
versión © Silvia Camerotto
 imagen: John Clare Memorial por Jan Fuller en Poet's Graves


At the Grave of John Clare

Walking in the scythed churchyard, around the locked church,
Walking among the oaks and snails and mossed inscriptions
At first we failed to find the grave.
But a girl said: “There he is: there is John Clare.”
And we stood, silent, by the ridged stone,
A stone of grey cheese.
There were no flowers for the dead ploughman
As the gilt clock fires off the hour.
Only the words:
A poet is born not made.

The dove-grey village lay in the Dutch landscape:
The level-crossing and the fields of wet barley.
The almshouses, the school, the Ebenezer Chapel,
The two pubs, and the signposts
To Stamford, To Maxey
From the pages of biography.
And later, sitting in the church
Among the unstuffed hassocks,
And smoking a pipe on the gate
At Maxey Crossing.
I thought of the dead poet:

Of the books and letters in the Peterborough Museum,
The huge, mad writing.
Of the way he walked, with one foot in the furrow,
Or hurried, terrified, as a child to fetch the milk from Maxey
Expecting from every turn a Caliban.
Of London, Charles Lamb and Hazlitt,
The bad grammar, the spelling, the invented words,
And the poetry bursting like a diamond bomb.
I thought of the last days, the old man
Sitting alone in the porch of All Saints’ in Northampton.
And the dead poet trundling home to Helpston.

O Clare! Your poetry clear, translucent
As your lovely name.
I salute you with tears.
And coming out on the green from the Parting Pot,
I notice a bicycle-tyre
Hanging from the high stone feathers of your monument.

Comentarios

Anónimo dijo…
¡Qué bello poema y qué delicada, afinada traducción!
Dedicado a quienes propulsan (como escuché por estos días) una poesía limpita, civilizada, dócil a los dictados de la gramática.
¡Gracias, Sil!
macky
sibila dijo…
gracias, macky. es bueno que alguien diga algo bueno de alguien.
reconforta.
sil

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