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Mostrando las entradas de noviembre, 2015

joseph brodsky. entré a una jaula en lugar de

***
Entré a una jaula en lugar de una bestia salvaje,
quemé mi plazo y mi apodo en la barraca con un clavo,
viví junto al mar, jugué a la ruleta,
cené vestido de frac sabe Dios con quién.
Desde la altura de un glaciar miré la mitad del mundo,
tres veces fui ahogado, dos veces desgarrado,
abandoné el país que me nutrió.
Con los que me olvidaron se puede fundar una ciudad.
Vagué por las estepas que recuerdan el clamor del huno,
me vestí con lo que está de nuevo a la moda,
sembré centeno, cubrí graneros con papel alquitranado,
y lo único que no tomé fue agua seca.
Dejé entrar en mis sueños la pupila acerada de la escolta,
devoré el pan del exilio, sin dejar una miga.
Permití a mi garganta todo sonido, excepto el aullido;
pasé al susurro. Ahora tengo cuarenta.
¿Qué puedo decir de la vida? Que me ha parecido larga.
Siento solidaridad solo con el dolor.
Pero hasta que llenen mi boca de arcilla
de ella solamente resonará la gratitud.

24 de mayo de 1980
Joseph Brodsky, San Petersburgo, 1940- Brooklyn, 1996
Traducci…

john ashbery. un poema de desasosiego

Un poema de desasosiego
Los hombres comprenden a su debido tiempo el río de la vida, deconstruyéndolo  a medida que se ensancha y sus ciudades se vuelven oscuras y más densas, siempre más lejanas.
Y, por supuesto, esa remota densidad  nos sienta bien, como corderos y tréboles lo harían si las cosas hubieran sido construidas para ordenarse de otro modo.
Pero como no me entiendo a mí mismo, sino solo segmentos de mí mismo que no se entienden entre sí, no hay razón para que usted quiera, de ninguna manera podría
incluso si los dos lo quisiéramos. ¿Siquiera existen esas torres? Debemos verlo de ese modo, siguiendo esas líneas para que el pensamiento se eleve, como almenas de madera terciada.
John Ashbery, Rochester, 1927 de Can You Hear,Bird, 1995 en Notes from the Air, Selected Later Poems, Harper Collins Publishers, New York, 2007 versión © Silvia Camerotto imagen John Ashbery, Collage en BombMagazine

A Poem of Unrest Men duly understand the river of life, misconstructing it, as it widens and its cities g…

judith filc. un hombre no es un pájaro

Un hombre no es un pájaro
Elevarse para
cruzar el mar
Huir de la luz reveladora
el hilo conductor
la tierra húmeda
Alcanzar la sombra
que se
abre
para recibirte
Judith Filc, Buenos Aires, 1962 de Vida en la tierra, 2015, Barnacle & Cía imagen s/d

martina benítez. la verdad, ahora

La verdad, ahora
Hay aires de primavera en invierno, el sol entra suave por la ventana.
Recién ahora comprendo por qué no querías entrar en instituciones.
Recién ahora, que leo mejor entiendo por qué llevo nuestra historia como sangre en mi cuerpo.
Lo que rescato vino de vos, y sale de mí como una fuente, al mundo.
Ahora, las palabras suenan mejor. Camino por las calles, y te siento a mi izquierda
como ese día.

***Lo que hace bien 
Un chico que me gusta, me dijo:
“Vos siempre buscando lo que hace bien”

Para no tener pesadillas
cuando tenía 7 años,
mi tío me dijo:
“Pensá en cosas lindas”

Mi maestro dijo
“O creamos o estamos perdidos”

Jugar con amigas,
escuchar música alegre,
mirar buenas películas.

Busco, pienso, creo.
Martina Benítez, Adrogué, 1987 imagen Bezier Path  en Synthetic Software

federico garcía lorca. romance sonámbulo

Romance sonámbulo
A Gloria Giner y Fernando de los Ríos
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.

Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

-Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
-Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
-Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser, con
las sábanas d…

macky corbalán. poesia (1992-2013)

6.

El ritmo del amor no tiene notas ni signos ni escalas.
Sólo un apabullante silencio, átono, arcaico.


7.
El cielo es una incierta cúpula
abovedada, ahora sin fin visible.
¿Cómo creer en lo que no termina?

La noche está ahí, aunque no 
se reconozca en ese nombre, ni lo negro
de su sombra sea negro, ni los astros estén vivos
o estén muertos. Mi perra se hace
menos preguntas, pareciera,
yace enroscada y su respiración
tiene un ritmo parejo, centrado, recóndito.



2.
El mundo es siempre el mismo
escenario despojado. Los hombres se
mueven con igual comodidad
entre la madera con sus pinturas
de pinos, cielos límpidos, plantas
minúsculas. Danzan más ligeros que 
el aire cargado del salón repleto.
Ese confort sin conflictos les corre
en la sangre, conocen el decorado,
lo han diseñado, concebido, hecho
con las propias manos.

Les pertenece. 



7.
No hay complicaciones 
en la trama, nada es menos complicado
que la angustia. De ella trata todo el guión.


de El acuerdo, 2012

***

8.
Ni aire ni espacio,
su anhelo ardiente
le es su exteri…

john ashbery. mi filosofía de vida

Mi filosofía de vida
Justo cuando pensaba que no había ya lugar en mi cabeza para otro pensamiento, se me ocurrió esta gran idea- llámenlo una filosofía de vida, si les parece. Resumiendo, consistía en vivir como viven los filósofos, de acuerdo con una serie de principios. Bien, pero ¿cuáles?

Esta era la parte más difícil, lo admito, pero tenía una especie de oscura precognición de cómo sería. Todo, desde comer sandía o ir al baño o simplemente estar parado en el andén del subte, absorto en el pensamiento por unos minutos, o preocupado porque las selvas tropicales fueran afectadas, o más precisamente, influenciadas por mi nueva actitud. No sería moralista ni me preocuparía por niños y viejos, excepto por las generalidades recetadas por nuestro reloj universal. En cambio, dejaría que las cosas sean lo que son al tiempo que las inyectaba con el suero del nuevo clima moral con el que  creí haber tropezado, como cuando un extraño empuja un panel y la biblioteca se mueve, descubriendo una escalera caracol c…

irene gruss. cascos de caballos

Cascos de caballos...

Cascos de caballos, de eso se acuerda,
de esos cascos, cuando no se escucha otra cosa:
ése era el sonido, la tranquilidad; algo antiguo.
A nadie ofusca:
simples,
el excremento sobre el asfalto para decir
aquí pasamos, escuchen,
míseros caballos que todavía rasgan el día.
Esto era la calle entonces,
ni siquiera polvareda hemos dejado
apenas excremento vivo y todavía tibio:
ninguna batalla, ningún estertor,
pasaron cascos de caballos.


***
Ahora

¿Acaso no soy eso, leña, luego
fuego de hogar?
Fuego benévolo, tardío,
me consumes.


Irene Gruss, Buenos Aires, 1950
de Entre la pena y la nada, Ediciones del Dock, Pez Náufrago, Buenos Aires, 2015
más de Irene Gruss en este blog

jorge aulicino. pascuas de resurrección

Pascuas de Resurrección

Habrás de aliviarte, el cuerpo
se aliviará, te aliviará de él.
Luego se mueve la piedra, se remueve
la lápida, se encuentra
el modo de ir entre las grietas, aun
las del cemento puro, aun las de las líneas
arquitectónicas premeditadamente bastas
en el basto clima, aun las de los objetos
destinados al fulgor eléctrico de la venta;

aun si no es tu propósito mensaje alguno,
ni organización alguna ni el ajuste de la religión,
ni el ver sin ser visto, ni el aparecerte súbito
en sueños a nadie, o tocar levemente la puerta,
sobresaltar al durmiente;

         aun si sólo es tu deseo
el aspirar el viento que sopla con olor acre sobre los techos,
el comer a mordiscos, el acariciar desiertos,
tiendas beduinas, madera, fruta y carne fresca en todos 
los objetos, con tus manos aún sucias que comienzan
a hacerse transparentes.


***
La espera del bien

Que la habitación se entenebrezca o se oscurezca no es la misma cosa
y la forma es lo primero con lo que se lucha
cuando uno quiere dar fe de la presenci…

marianne moore. dime, dime

Dime, dime
¿dónde habrá un refugio para mí contra el egoísmo y su propensión a dividir, tergiversar, malentender y a destruir la continuidad? ¿Por qué, oh por qué, uno se anima a preguntar, a aplanar algún macizo promontorio como si fuera la roseta giratoria de diamante de Lord Nelson?
       Así surgió: gema, pulida peculiaridad        y cima de la delicadeza– en contraste con el agravio desencadenado sin motivo – la absorbente        geometría de una fantasía:           un James, Miss Potter, chinesca ‘pasión por lo singular”, de un hombre fatigado que finalmente, al anochecer,           cortó una obra maestra de color cereza–
     para ningún jurado de corte y confección–       sino para que lo vieran unos pocos ratones, que ‘respiraban inconsistencia y bebían contradicción”, enceguecidos        no por el sol sino por “la posibilidad          borrosa”. (Me refiero a Henry James y al Sastre de Beatrix Potter) Lo juro, rescatado sastre          de Gloucester, que me
        daré a la fuga; mediante una est…

macky corbalán. esa mujer

Esa mujer


Quisiera ver la nueva casa
llenarse de colores y que ella,
la que jamás supo de soledad
de gente, se sintiera acompañada.
Ahora sabe de esa soledad, pero no
de aquella que supo pegársele de
niña: con sombra, con juegos, con
amargos vientos en las piernas, se creía
acompañada, pero era nada
más la rojiza caricia
del sol en la siesta de la chacra.
Da pena el solo pensarlo. Ahora
anda por esos cuartos nuevos y
pone cosas aquí y allá, como si
esas cosas no fueran ella. Como si
fuéramos algo más allá de los objetos:
ese sillón arañado de gatos, las ropas
colgando desoladas en el aire
del patio, el balde de plástico abandono.


Se le llena la cabeza de las voces
del miedo, por eso apela a los juegos
con animales que le saltan y ensucian, ríe
fuerte, alto, piensa en comidas
que hará, en llamar a la radio por quejas
de todos, hace y rehace la cama
que ocupa sola.


Mientras pela redondas papas sucias
de tierra, piensa en cómo, de pronto, todo
se volvió cercano, accesible, incluso
la finitud. Más tarde, come a solas
l…