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Mostrando las entradas de abril, 2013

nos despedíamos a la orilla del crepúsculo

Anclao en París

Al que extraño es al viejo león del zoo,
siempre tomábamos café en el Bois de Boulogne,
me contaba sus aventuras en Rhodesia del Sur
pero mentía, era evidente que nunca se había movido del Sahara. 

De todos modos me encantaba su elegancia,
su manera de encogerse de hombros ante las pequeñeces de la vida,
miraba a los franceses por la ventana del café
y decía "los idiotas hacen hijos".

Los dos o tres cazadores ingleses que se había comido
le provocaban malos recuerdos y aun melancolía,
"las cosas que uno hace para vivir" reflexionaba
mirándose la melena en el espejo del café.

Sí, lo extraño mucho,
nunca pagaba la consumición,
pero indicaba la propina a dejar
y los mozos lo saludaban con especial deferencia.

Nos despedíamos a la orilla del crepúsculo,
él regresaba a son bureau, como decía,
no sin antes advertirme con una pata en mi hombro
"ten cuidado, hijo mío, con el París nocturno".

Lo extraño mucho verdaderamente,
sus ojos se llenaban a veces de desierto
pero …

elizabeth bishop. crusoe en inglaterra

Crusoe en Inglaterra
Un nuevo volcán entró en erupción, dicen los diarios, y la semana pasada estuve leyendo que un barco vio nacer una isla: primero un soplo de vapor, a diez millas; y luego una mancha negra, —probablemente basalto— apareció en los prismáticos del primer oficial y se fijó en el horizonte como una mosca. Le dieron nombre. Pero mi pobre vieja isla sigue siendo no- redescubierta, no- renombrada. Ninguno de los libros jamás acertó.
Bueno, yo tenía cincuenta y dos miserables, pequeños volcanes que podía escalar con unas pocas resbalosas zancadas— volcanes muertos como pilas de ceniza. Yo solía sentarme al borde del más alto y contaba los otros que estaban de pie, desnudos y plomizos, con sus cabezas arrancadas. Pensaba que si fueran del tamaño que yo creía que los volcanes deben ser, entonces me había convertido en un gigante; y si me había convertido en un gigante, no podía soportar pensar de qué tamaño eran las cabras y tortugas, o las gaviotas o los pichones volteadores superpuestos —un hexágo…

váyanse

En lugar de perder
Cualquiera que creciera en un lugar que tú aun no hubieras usado habría hecho lo mismo: fastidiarse por las disputas familiares e ir directo al canal. Dios, esas épocas chisporroteaban cerca nuestro, del melodrama enfermizo en lugar de la pérdida  y la extraña confusión… confusión.
Entonces, pensaba en aquello, y en las montañas. Durante el día traspasábamos los límites de la ciudad del mismo nombre y un poco más. Nadie sabía todo de nosotros pero algunos sabían demasiado. Era el momento de dejar la ciudad por un cajón vacío en el que ellos se embarcaron. Algunas de las once mil vírgenes se marearon. Dije, ¡detén el barco! No pudieron. Aquí vienen los árbitros calvos con su vista fija en cadenas, casi casi como anteojos. Qué diablos, es solo una rata almizclera que ha visto tiempos mejores, cuando las cosas eran medievales y doradas…
Así ustedes que están en el frente, váyanse. Ustedes los ven. Y lo comprenden todo. No termina, a pesar de las brujerías nocturnas. ¿Hubieras preferido ser…

t. s. eliot. histeria

Histeria
Mientras ella reía me daba cuenta de que estaba enredándome en su risa y era parte de ella, hasta que sus dientes fueron solo estrellas imprevistas con talento para la formación de una columna. Arrastrado por la respiración entrecortada inhalaba en cada momentánea recuperación, me perdía en las oscuras cavernas de su cuello, magullado por la curvatura de sus músculos ocultos. Un camarero entrado en años de manos temblorosas extendía apurado un mantel rosa a cuadras sobre la oxidada mesa verde de hierro, diciendo: “Si la dama y el caballero desean tomar el té en el jardín, si la dama y el caballero desean tomar el té en el jardín…”. Decidí que si el movimiento de sus senos pudiera detenerse, podría recoger algunos de los fragmentos de la tarde, y concentré mi atención con esmerada sutileza a tal fin.

T.S.Eliot, St. Louis, 1888- Londres, 1965 Poema publicado en la Antología Católica en 1915 Versión© Silvia Camerotto imagen de Annick Bouvattier en The Art of Annick Bouvattier

Hysteria
As she laughed …

hacia el este

La fiesta de nieve
Cuando Basho llega A la ciudad de Nagoya, Lo invitan a una fiesta de nieve.
Hay tintineo de porcelana Y té en la porcelana; Hay presentaciones.
Entonces todos Se amontonan en la ventana Para ver la nieve que cae.
La nieve está cayendo en Nagoya Y más al sur Sobre las tejas de Kioto;
Hacia el este, más allá de Irago, Cae Como hojas en el mar frío.
En otros lugares queman Brujas y herejes En las plazas hirvientes,
Miles murieron desde el amanecer Al servicio De reyes bárbaros;
Pero hay silencio En las casas de Nagoya Y en las colinas de Ise.
Derek Mahon, Belfast, 1941 De The Snow Party,1975 Versión ©Silvia Camerotto imagen en Montana Writer de Mark Hinton

The Snow Party (for Louis Asekoff)

Basho, coming
To the city of Nagoya,
Is asked to a snow party.

There is a tinkling of china
And tea into china;
There are introductions.

Then everyone
Crowds to the window
To watch the falling snow.

Snow is falling on Nagoya
And farther south
On the tiles of Kyoto;

Eastward, beyond Irago,
It is falling
Like leav…

hasta las últimas consecuencias

***
atrás el aire escamoso
la pisada sobre las migajas
ahora tengo ojos de ángel
de verdugo
puedo mirar el paisaje
como se mira a un lugar ajeno.

***
quizá la intensidad sea
una combustión en la línea del horizonte
en los naranjos que se cruzan como espadas
o simplemente derramarse
hasta las últimas consecuencias
sobre un suelo sediento.

***
Vos y yo: lava y nieve
arrancándonos los centros en las noches

te gané la batalla
saqué de tu silencio
mi nombre.

Marina Kohon, Mar del Plata, 1965
de La Ruta del Marfil, Alción Editora, Córdoba, 2012
imagen de tapa

elizabeth bishop. casabianca

Casabianca
El amor es el chico que resistió en la cubierta ardiente tratando de recitar “El chico resistía en la cubierta ardiente”. El amor es el hijo que resistió tartamudeando elocuciones mientras que el pobre barco se hundía en llamas.
El amor es el chico obstinado, el barco, incluso los marineros nadadores, que querrían la tarima de un aula, también, o una excusa para quedarse en cubierta. Y el amor es el chico en llamas.
Elizabeth Bishop, Worcester, 1911- Boston, 1979 De North & South, 1946 En Elizabeth Bishop, Complete Poems, Chatto&Windus, London, 2004 Versión © Silvia Camerotto imagen de Thomas Archer, The Destruction of 'L'Orient' at the Battle of the Nile, en Wikipedia


Casabianca
Love's the boy stood on the burning deck
trying to recite `The boy stood on
the burning deck.' Love's the son
stood stammering elocution
while the poor ship in flames went down.

Love's the obstinate boy, the ship,
even the swimming sailors, who
would like a schoolroom platform, t…

lo único que nos queda

Landscape
París se ha hundido en el recuerdo de sí misma y flota casi en el fondo del mar, con su exaltada ruina y los cielos metódicamente iguales, grises, tras los techos de pizarra, o el sol sobre el Pont Neuf, paradójicamente el más antiguo ¿Por qué no imaginarse a Stalin, mirando sin ver, sobre el Pont Neuf? O viendo lo que debía ver, o lo que quiso ver, que era lo que "se debía"...
Esta ciudad es americana; su crepúsculo, copiado de todas las ciudades norteamericanas, del margen de Brooklyn, como todo lo norteamericano legítimo. Esta ciudad es americana como todas las grandes ciudades americanas, como todas las grandes ciudades, como Río, México, Shangai, pero su crepúsculo es un crepúsculo americano, norte y sudamericano, de persianas trancadas, pintadas con violentos garabatos, veredas que resisten mejor rotas, papeles y silencio áspero de un domingo a la tarde. La luz tiene otro comportamiento sobre los rostros. Delata el paraíso nunca tenido, el impulso de destruir y alzar, el imp…