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miércoles, agosto 30, 2017

antonio machado. el viajero



El viajero 

Está en la sala familiar, sombría,
y entre nosotros, el querido hermano
que en el sueño infantil de un claro día
vimos partir hacia un país lejano.

Hoy tiene ya las sienes plateadas,
un gris mechón sobre la angosta frente;
y la fría inquietud de sus miradas
revela un alma casi toda ausente.

Deshójanse las copas otoñales
del parque mustio y viejo.
La tarde, tras los húmedos cristales,
se pinta, y en el fondo del espejo.

El rostro del hermano se ilumina
suavemente. ¿Floridos desengaños
dorados por la tarde que declina?
¿Ansias de vida nueva en nuevos años?

¿Lamentará la juventud perdida?
Lejos quedó -la pobre loba- muerta.
¿La blanca juventud nunca vivida,
teme, que ha de cantar ante su puerta?

¿Sonríe al sol de oro
de la tierra de un sueño no encontrada;
y ve su nave hender el mar sonoro,
de viento y luz la blanca vela hinchada?

Él ha visto las hojas otoñales,
amarillas, rodar, las olorosas
ramas del eucalipto, los rosales
que enseñan otra vez sus blancas rosas...

Y este dolor que añora o desconfía
el temblor de una lágrima reprime,
y un resto de viril hipocresía
en el semblante pálido se imprime.

Serio retrato en la pared clarea
todavía. Nosotros divagamos.
En la tristeza del hogar golpea 

el tic-tac del reloj. Todos callamos.

Antonio Machado, Sevilla, 1875-Collioure, 1939
de Soledades, 1907
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo I, Losada, Buenos Aires, 1997
dibujo de José Machado

jueves, agosto 11, 2016

antonio machado. retrato




















Retrato


Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla,
Y un huerto claro donde madura el limonero;
Mi juventud, veinte años en tierra de Castilla;
Mi historia, algunos casos que recordar no quiero.
Ni un seductor Mañara, ni un Bradomín he sido
-Ya conocéis mi torpe aliño indumentario-,
Mas recibí la flecha que me asignó Cupido,
Y amé cuanto ellas puedan tener de hospitalario.
Hay en mis venas gotas de sangre jacobina,
Pero mi verso brota de manantial sereno;
Y, más que un hombre al uso que sabe su doctrina,
Soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Adoro la hermosura, y en la moderna estética
Corté las viejas rosas del huerto de Ronsard;
Mas no amo los afeites de la actual cosmética,
Ni soy un ave de esas del nuevo gay-trinar.
Desdeño las romanzas de los tenores huecos
Y el coro de los grillos que cantan a la luna.
A distinguir me paro las voces de los ecos,
Y escucho solamente, entre las voces, una.
¿Soy clásico o romántico? No sé. Dejar quisiera
Mi verso, como deja el capitán su espada:
Famosa por la mano viril que la blandiera,
No por el docto oficio del forjador preciada.
Converso con el hombre que siempre va conmigo
-Quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
Mi soliloquio es plática con ese buen amigo
Que me enseñó el secreto de la filantropía.
Y al cabo, nada os debo; debéisme cuanto he escrito.
A mi trabajo acudo, con mi dinero pago
El traje que me cubre y la mansión que habito,
El pan que me alimenta y el lecho en donde yago.
Y cuando llegue el día del último viaje,
Y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
Me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
Casi desnudo, como los hijos de la mar.

Antonio Machado, Sevilla, 1875- Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo I, Losada, Buenos Aires, 1997
imagen de Álvaro Delgado, 1959

miércoles, mayo 06, 2015

antonio machado. yo voy soñando caminos



  1. ***
  2. Yo voy soñando caminos 
    de la tarde. ¡Las colinas 
    doradas, los verdes pinos, 
    las polvorientas encinas!... 
    ¿Adónde el camino irá? 
    Yo voy cantando, viajero 
    a lo largo del sendero... 
    -la tarde cayendo está-. 
    "En el corazón tenía 
    la espina de una pasión; 
    logré arrancármela un día: 
    ya no siento el corazón". 

    Y todo el campo un momento 
    se queda, mudo y sombrío, 
    meditando. Suena el viento 
    en los álamos del río. 

    La tarde más se oscurece; 
    y el camino que serpea 
    y débilmente blanquea 
    se enturbia y desaparece. 

    Mi cantar vuelve a plañir: 
    "Aguda espina dorada, 
    quién te pudiera sentir 
    en el corazón clavada".

  3. Antonio Machado, Sevilla, 1875 - Collioure, 1939
  4. en Antonio Machado, Obras completas, Editorial Losada, Buenos Aires, 1997
  5. imagen de Pablo Romero en Fineartamerica

viernes, marzo 06, 2015

antonio machado. a un viejo y distinguido señor



A un viejo y distinguido señor

Te he visto, por el parque ceniciento
que los poetas aman
para llorar, como una noble sombra
vagar, envuelto en tu levita larga.
El talante cortés, ha tantos años
compuesto de una fiesta en la antesala,
¡qué bien tus pobres huesos
ceremoniosos guardan!
Yo te he visto, aspirando distraído,
con el aliento que la tierra exhala.
Hoy, tibia tarde en que las mustias hojas
húmedo viento arranca,
del eucalipto verde
el frescor de las hojas perfumadas.
Y te he visto llevar la seca mano
a la perla que brilla en tu corbata.



Antonio Machado, Sevilla, 1875- Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo I, Losada, Buenos Aires, 1997
imagen de Dorielle Rimmer Halperin en ArtBoom

jueves, junio 27, 2013

antonio machado. XIII.


XIII

Hacia un ocaso radiante
caminaba el sol de estío,
y era, entre nubes de fuego, una trompeta gigante,
tras los álamos verdes de las márgenes del río.
Dentro de un olmo sonaba la sempiterna tijera
de la cigarra cantora, el monorritmo jovial,
entre metal y madera,
que es la canción estival.
En una huerta sombría,
giraban los cangilones de la noria soñolienta.
Bajo las ramas obscuras el son del agua se oía.
Era una tarde de julio, luminosa y polvorienta.

Yo iba haciendo mi camino
absorto en el solitario crepúsculo campesino.
Y pensaba:  «¡Hermosa tarde, nota de la lira inmensa,
toda desdén y armonía;
hermosa tarde, tú curas la pobre melancolía
de este rincón vanidoso, obscuro rincón que piensa!»
Pasaba el agua rizada bajo los ojos del puente.
Lejos la ciudad dormía,
como cubierta de un mago fanal de oro trasparente.
Bajo los arcos de piedra el agua clara corría.
Los últimos arreboles coronaban las colinas
manchadas de olivos grises y de negruzcas encinas.
Yo caminaba cansado,
sintiendo la vieja angustia que hace el corazón pesado.
El agua en sombra pasaba tan melancólicamente,
bajo los arcos del puente,
como si al pasar dijera:
«Apenas desamarrada
la pobre barca, viajero, del árbol de la ribera,
se canta: no somos nada.
Donde acaba el pobre río la inmensa mar nos espera.»
Bajo los ojos del puente pasaba el agua sombría.
(Yo pensaba: ¡el alma mía!)

Y me detuve un momento,
en la tarde, a meditar...
¿Qué es esta gota en el viento
que grita al mar: soy el mar?
Vibraba el aire asordado
por los élitros cantores que hacen el campo sonoro,
cual si estuviera sembrado
de campanitas de oro.
En el azul fulguraba
un lucero diamantino.
Cálido viento soplaba
alborotando el camino.

Yo, en la tarde polvorienta,
hacia la ciudad volvía.
Sonaban los cangilones de la noria soñolienta.
Bajo las ramas obscuras caer el agua se oía.



Antonio Machado,  Sevilla, 1875- Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo II, Losada, Buenos Aires, 1997
imagen de Antonio Machado, en La Obra Poética de Antonio Machado

miércoles, mayo 08, 2013

antonio machado. un loco


Un loco

Es una tarde mustia y desabrida 
de un otoño sin frutos, en la tierra 
estéril y raída 
donde la sombra de un centauro yerra. 
Por un camino en la árida llanura, 
entre álamos marchitos, 
a solas con su sombra y su locura 
va el loco, hablando a gritos. 
Lejos se ven sombríos estepares, 
colinas con malezas y cambrones, 
y ruinas de viejos encinares, 
coronando los agrios serrijones. 
El loco vocifera 
a solas con su sombra y su quimera. 
Es horrible y grotesca su figura; 
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado, 
ojos de calentura 
iluminan su rostro demacrado. 
Huye de la ciudad... Pobres maldades, 
misérrimas virtudes y quehaceres 
de chulos aburridos, y ruindades 
de ociosos mercaderes. 
Por los campos de Dios el loco avanza. 
Tras la tierra esquelética y sequiza 
rojo de herrumbre y pardo de ceniza
hay un sueño de lirio en lontananza. 
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano! 
¡carne triste y espíritu villano!
No fue por una trágica amargura 
esta alma errante desgajada y rota; 
purga un pecado ajeno: la cordura, 
la terrible cordura del idiota.


Antonio Machado, Sevilla, 1875- Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo I, Losada, Buenos Aires, 1997

imagen de Michal Macku©, Gellages, en Uno de los nuestros

jueves, octubre 28, 2010

antonio machado. selección



XIV
Cante hondo

Lo meditaba absorto, devanando
los hilos del hastío y la tristeza,
cuando llegó a mi oído,
por la ventana de mi estancia, abierta

a una caliente noche de verano,
el plañir de una copla soñolienta,
quebrada por los trémolos sombríos
de las músicas magas de mi tierra.

... Y era el amor, como una roja llama...
-Nerviosa mano en la vibrante cuerda
ponía un largo suspirar de oro,
que se trocaba en surtidor de estrellas-.

... Y era la Muerte, al hombro la cuchilla,
el paso largo, torva y esquelética.
-Tal cuando yo era niño soñaba-.

Y en la guitarra, resonante y trémula,
la brusca mano, al golpear, fingía
el reposar de un ataúd en tierra.

Y era un plañido solitario el soplo
que el polvo barre y la ceniza avienta.

de Soledades (1899-1907)

XLII

La vida hoy tiene ritmo
de ondas que pasan,
de olitas temblorosas
que fluyen y se alcanzan.

La vida hoy tiene el ritmo de los ríos,
la risa de las aguas
que entre los verdes junquerales corren
y entre las verdes cañas.

Sueño florido lleva el manso viento;
bulle la savia joven en las nuevas ramas;
tiemblan alas y frondas,
y la mirada sagital del águila
no encuentra presa... Treme el campo en sueños,
vibra el sol como un arpa.

¡Fugitiva ilusión de ojos guerreros,
que por las selvas pasas
a la hora del cenit: tiemble en mi pecho
el oro de tu aljaba!

En tus labios florece la alegría
de los campos en flor; tu veste alada
aroman las primera velloritas,
las violetas perfuman tus sandalias.

Yo he seguido tus pasos en el viejo bosque,
arrebatados tras la corza rápida,
y los ágiles músculos rosados
de tus piernas silvestres entre verdes ramas.

¡Pasajera ilusión de ojos guerreros
que por las selvas pasas
cuando la tierra reverdece y ríen
los ríos de las cañas!
¡Tiemble en mi pecho el oro
que llevas en tu aljaba!

de Soledades (1899- 1907)

Antonio Machado, Sevilla, 1875- Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo I, Losada, Buenos Aires, 1997
imagen: René Magritte, La victoire

viernes, abril 02, 2010

antonio machado. la saeta


La saeta

¿ Quién me presta una escalera
para subir al madero,
para quitarle los clavos
a Jesús el Nazareno?
Saeta popular

¡Oh, la saeta, el cantar
al Cristo de los gitanos,
siempre con sangre en las manos,
siempre por desenclavar!
¡Cantar del pueblo andaluz,
que todas las primaveras
anda pidiendo escaleras
para subir a la cruz!
¡Cantar de la tierra mía,
que echa flores
al Jesús de la agonía,
y es la fe de mis mayores!
¡Oh, no eres tú mi cantar!
¡No puedo cantar, ni quiero
a ese Jesús del madero,
sino al que anduvo en el mar!


Campos de Castilla, 1912

Antonio Machado, Sevilla, 1875 - Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras, Tomo I, Editorial Losada, Buenos Aires, 1970
imagen: Salvador Dali, Crucificción