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Mostrando las entradas de enero, 2014

su cuerpo dejará, mas tendrá sentido...

472. Un amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un Dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido,

Su cuerpo dejará, no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado.


Francisco de Quevedo, Madrid, 1580 — Villanueva de los Infantes, Ciudad Real, 1645 en Francisco de Quevedo, Obra poética I, Edición de José Manuel Blecua, Editorial Castalia, Madrid, 1999 imagen de Leonora Carrington, La maja del tarot

esas cosas esperan mi retorno

VI. Antiguo paseo en la tormenta 

a Haydée Lange

Juntos y confundidos han de dormir nuestros corazones alguna vez, tierra perdida,
-mi pecho por tus arenas, mi sangre bajo tus tristes cantos-.
Y dulce será entonces recordar cómo nos conocimos al pie de la barranca,
cuando el río, la solitaria resaca
sacaba su podrida cabeza de pescado
chapaleando un detritus de cangrejos, un fondo muerto
hasta el cual se inclinaban los bananos.
Y la sorda corriente
lamía los despojos de la costa,
la luz de las linternas,
el crujir de pasos fugaces por la azotada playa.

Aquel era el país.
Allí viví a la par del escorpión  y la rata silvestre
como su oscura extensión ha vivido.
Mis venas absorbieron cantos de viento,
murmullos levantados desde bocas de polvo,
enigmas bajo piedras;
y en su terroso cuenco comí sus negros frutos, bebí su vino
y la miel de la avispa,
y el aliento salvaje con que tú me nutriste.

Más allá de tu imperio, tierra mía,
donde nada se pierde,
esas cosas esperan mi retorno
en la eterna memoria de la muerte.

un error acecha

Platos sucios
En cierto modo esto es aquel hombre caminando por la parte más sólida del estero, arrastrando una balsa de tablas de embalaje... En cierto modo una trasmisión defectuosa. Sin embargo, un error acecha esta noche casi todo. No te regocijes, me dice el diavoletto que me acompaña, con tu error, atribuyéndole la dimensión de un error cósmico: algo hiciste mal para que se cayera al piso esa pila de hojas al mover un objeto que en apariencia no estaba en contacto con ellas. Tú lo hiciste, en todo caso, cualquiera sea la distancia entre las hojas y el objeto. -¿Dirás que sucedió porque no lavé los platos, porque la pepsina me falta o sobra, y siento esta náusea? El diavolo del deserto, el remolino de polvo y huesos, responde que no, que es una simple desviación en mi eje visual. -Estoy aquí, como indica mi nombre, para revolver arena y polvo de huesos. Nada tengo que ver con el error ni la hecatombe. Morirá el hombre por su incapacidad de construcción, que riñe con sus magníficos palacios, con el…

elizabeth bishop. carta a new york

Carta a New York para Louis Crane
Quisiera que me contaras en tu próxima carta a qué lugares vas y qué estás haciendo. cómo son las obras de teatro y después de las obras a qué otros placeres te dedicás:
tomando taxis a mitad de la noche, manejando como para salvar tu alma, donde el camino da vueltas y vueltas alrededor del parque y el taxímetro brilla como una lechuza moralista
y los árboles lucen tan raros y verdes, de pie solos en grandes cuevas negras y repente estás en un lugar diferente donde todo transcurre en oleadas,

y no puedes entender la mayoría de los chistes como malas palabras borradas del pizarrón y las canciones suenan fuerte pero algo débiles y se hace terriblemente tarde,
y al salir de la casa arenada hacia la vereda gris, a la calle mojada, un lado de los edificios se levanta con el sol como un reluciente campo de trigo.
—Trigo, no avena, querida. Me temo que si esto es trigo no es de tu cosecha, aún así me gustaría saber qué estás haciendo y a dónde vas.
Elizabeth Bishop, Worcester, 1911- …

y temblamos - y huimos

1518
Sin ver, aún sabemos —
Sin saber, suponemos —
Sin suponer, sonreímos y ocultamos
y acariciamos a medias —

y temblamos — y huimos,
seráfico miedo —
¿Insinúa el Paraíso
“si te atreves”?
Emily Dickinson, Amherst, Massachusetts, 1830-1886
en The Poems of Emily Dickinson, editado por R. W. Franklin, Harvard University Press, 1999 Versión © Silvia Camerotto imagen de Hieronymus Bosch ©,
1518

Not seeing, still we know —
Not knowing, guess —
Not guessing, smile and hide
And half caress —

And quake — and turn away,
Seraphic fear —
Is Eden's innuendo
"If you dare"?

a qué pasaron, a qué

Mesa ofendida A Margaret Bates A la mesa se han sentado,
sin señal, los forasteros,
válidos de casa huérfana
y patrona de ojos ciegos;
y al que es dueño de esta noche
y esta mesa no le tengo,
no le oigo, no le sirvo,
no le doy su mango ardiendo.
¿A qué pasaron, a qué
el umbral de roto espejo
que del animal nocturno
recogió el hedor y el peso,
cuando belfos y pelambres
los dice sus compañeros?
Mi soledad tengo a diestra
en un escarpado helecho,
y delante un pan ladeado
de dos bandas de silencio,
y mi balbuceo rueda,
como las algas, sin eco.
Nunca me he sentado a mesa
de mayor despojamiento:
la fruta es sin luz, los vasos
llegan a las manos hueros.
Tiene el pan de oro vergüenza
y el mamey un agrio ceño;
en torpe desmano cumplen
loza, mantel, vino muerto,
y los muros dan la espalda
por no tocar lo protervo.
Y ellos del ama reciben
la respuesta de heno seco
y su mirada perdida
de pura ausencia y destierro.
Por el caído y por mí,
por habernos pecho a pecho,
era esta cita nocturna
en suelo y aire …

las palabras que usamos... están viciadas

Nada tiene que ver el dolor con el dolor...

Nada tiene que ver el dolor con el dolor
nada tiene que ver la desesperación con la desesperación
Las palabras que usamos para designar esas cosas están viciadas
No hay nombres en la zona muda
Allí, según una imagen de uso, viciada espera la muerte a sus nuevos amantes
acicalada hasta la repugnancia, y los médicos
son sus peluqueros, sus manicuros, sus usurarios usuarios
la mezquinan, la dosifican, la domestican, la encarecen
porque esa bestia tufosa es una tremenda devoradora
Nada tiene que ver la muerte con esta imagen de la que me retracto
todas nuestras maneras de referirnos a las cosas están viciadas
y éste no es más que otro modo de viciarlas
Quizá los médicos no sean más que sabios y la muerte —la niña
de sus ojos—  un querido problema
la ciencia lo resuelve con soluciones parciales, esto es, difiere
su nódulo insoluble sellando una pleura, para empezar
Puede que sea yo de esos que pagan cualquier cosa por esa tramitación
Me hundiré e…

si me pidieran recordar

XXIII

                                               Para qué me preguntas. Todos moriremos. Eso no me ayuda.  No, realmente no.  Gunnard Ekelof
Lo que importa
es estar vivo
y entrar a la casa
en el desolado mediodía de la vida.

El río pasa recogiendo la calle polvorienta.
Los satélites artificiales pueden rodear la Tierra,
pero nada saben de ellos los bueyes enyugados a las carretas.

Es el mismo de otro siglo el gesto del campesino al
//descargar un saco de trigo,
el polvillo de la molienda danza en el sol sin memoria,
escuchamos el trote de los ratones entre los sacos
//dormidos en la bodega,
y el oculto resplandor de las cosas
tiene un secreto revelado por los aromos.

Escucho el pitazo del tren
cortando en dos al pueblo.
El pueblo donde pedí tres deseos al comer las primeras cerezas,
donde me regalaron una lámpara humilde que no he vuelto a hallar,
el pueblo que tenía unos pocos miles de habitantes cuando nací,
y fue fundado como un Fuerte
para defenderse de los mapuches
(todo eso era nu…

edgar bayley. ni razón ni palabra

Ni razón ni palabra
cada noche los sueños inmolan tu pena y tu culpa de frente al olvido a la pregunta y la canción inexcusable
es necesario empaparse herirse hundirse buscar el estallido hasta decir: perdón no soy el mismo pero el fuego desgrana tus razones de tierra debes perder la luz plena los motivos de la victoria agrio pesado cruel la ciudad te vuelca te vacía corazón vacío miseria burbujeante
no es preciso razón ni palabra para este airado hogar que nadie después sume su nieve o su festejo despierto queda allí en su momento en cambio y permanencia en nube recia en la libre mano y el cabalgar del sueño


Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
en:Edgar Bayley, Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1976 imagen de Kyle Thompson en Uno de los nuestros

propagándose en un frasco de remedio

Souvenir de Londres
Mis padres discuten en la habitación de al lado: ¿Cómo dormiste anoche? Desperté a las cuatro 
y oí el viento oscuro soplando por el suelo levantar el  polvo como cenizas de una tumba.

Yo estaba despierto a las tres. Oí a la polilla engendrar peligrosos gusanos.  Lloré toda la noche, viéndote dormir. No dormí no duermo nada.  Así de horrible es como ambos hablan.
¿Cómo pueden dormir los que comen de su miedo y ven su pobre amor desvanecerse mientras crece? Sus vidas florecen como la rosa de un antiguo amante amontonadas y abriéndose en un frasco de remedio.
Yo soy su hijo, nacido de los malos sueños mi vista se detiene horrorizada al pasar delante  del espejo de lo efímero y veo como el moho cubre mi mirada.
Stephen Spender , Kensington, 1909- City of Westminster, 1995 Versión ©Silvia Camerotto imagen de Herbert List, Young man behind a curtain, 1932, en Herbert List Magnum Photos
Souvenir of London
My parents quarrel in the neighbour room:
How did you sleep last night?
I woke at fou…

digo un momento un fuego

Un sentido iluminado y cierto
digo amiga y digo lentamente
las formas del viento y la madera
digo un momento un fuego
una bondad un río una fe
un nacimiento un aire
un sentido iluminado y cierto

digo amiga con palabras con horas
con ojos con adioses
con claridad y sombras
y una estrella

y tan especial
tan solo
y verdadero
es este amor
y tan cumplido en sí mismo
tan abierto
y rico y generoso
que dejémoslo ya
sin tocarlo
mirándolo a distancia
o démosle la mano
y marchemos con él
adonde quiera
sin ver
y sin dudar
y sin cuidado
Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
en Edgar Bayley, Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1976
imagen de Otto Mueller, Pair of lovers, 1919, en Cave to Canvas

no es cuestión de principio

La cara del amor
Tu cara es la cara de los otros antes de ti y después de ti y tus ojos serenos como un amanecer triste tiempo sobre tiempo pastor de nubes centinela de blanca belleza tornasol el paisaje de tu boca que he explorado guarda el secreto de una sonrisa como pequeños pueblos detrás de las montañas y los latidos de tu corazón son la medida de su éxtasis No es cuestión de principio no es cuestión de posesión no es cuestión de muerte la cara de mi amado la cara del amor
*** El niño no está muerto
El niño no está muerto El niño levanta el puño contra su madre Que grita ¡África! grita aires De libertad y de meseta En los emplazamientos del corazón acordonado
El niño  levanta el puño contra su padre en la marcha de las generaciones que gritan ¡África! gritan aires de justicia y de sangre en las calles de orgullo acorralado
El niño no está muerto ni en Langa ni en Nyanga ni en Orlando ni en Sharpeville ni en la comisaría de Philippi donde yace con una bala en la cabeza El niño es la sombra oscura de los soldados e…

de su veneno armado

La dulce boca que a gustar convida
un humor entre perlas distilado,
y a no invidiar aquel licor sagrado
que a Júpiter ministra el garzón de Ida,
amantes, no toquéis si queréis vida,
porque entre un labio y otro colorado
Amor está, de su veneno armado,
cual entre flor y flor sierpe escondida.
No os engañen las rosas, que a la Aurora
diréis que, aljofaradas y olorosas,
se le cayeron del purpúreo seno;
manzanas son de Tántalo y no rosas,
que después huyen del que incitan ahora,
y sólo del Amor queda el veneno.
1584
Luis de Góngora, Córdoba, 1561-1627
Luis de Góngora, Antología poética, Editorial Castalia, Madrid, 1986 imagen de Lydia Corbett, en Fosse Gallery

donde borrar las faltas

Cuando la idea del yo se aleja

De lo que va adelante
y de lo que sigue atrás,
de lo que dura y de lo que cae,
me deshago,
abandonado quedo
del fuerte soplo,
del suave viento,
y quieto, las espaldas
vueltas las manos hacia arriba,
apoyo en el suelo,
corazón
abjurando de armas, faltas,
de oraciones donde borrar las faltas,
blando organismo, entidad
que ignora cómo decir: “Yo soy”
y en la enfermedad y la muerte,
vejez y nacimiento,
ya no encontrarán lugar,
como no lo encontraría el tigre
para meter su garra,
el rinoceronte el cuerno,
la espada su filo.

Antes hacía, ahora comprendo.


Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991  en Alberto Girri, Obra Poética IV, Corregidor, Buenos Aires, 1977 imagen de Martin Stranka, en Uno de los nuestros