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Mostrando las entradas de junio, 2009

cazadores de ballenas

De Políticas y Arte
Para Allen
Aquí, en el punto más alejado de la península
la tormenta de invierno
que viene del Atlántico sacudió la escuela.
La Sra. Whitimore, estaba muriendo
de tuberculosis, dijo que sería después de la noche
antes de la barredora de nieve y de que el ómnibus llegara.

Nos leyó a Melville.

De cómo en un instante calamitoso
de la pesca marítima
algunos hombres en un bote se encontraron de repente
en el quieto y resguardado centro
de una gran manada de ballenas
donde todas las hembras nadaban a los lados
protegiendo allí a las crías. Los fríos balleneros, aterrados
miraban fijamente lo que suponían
era el extático lapidario estanque del ojo observador
de una hembra protectora.
Y estaban en paz consigo mismos.

Hoy escuché a una mujer decir
que podrían enseñar
Melville en la próxima década. Otra mujer preguntó: ‘¿Y por qué no?’
La primera respondió, ‘Porque no hay
Mujeres en su novela’.

Y la Sra. Whitimore estaba leyendo ahora de los Salmos.
Tosiendo en su pañuelo. Nieve sobre las ventanas.
Ha…

poesía buenos aires

bellessi, storni, giannuzzi, aulicino

Es toda mi fortuna

Buenos Aires se desliza
en la cascada de sus fresnos
y por un rato se ve
tan bello, esa dulzura
de abril aquí en el barrio
cuando un acorde bajo
suena y se oyen indomables
pájaros sobre el follaje

los vecinos con tricotas
de lana y algodón parecen
tener un aire de campo
o será que lo hago yo
en la mirada para hacerme
una casa y escribir
como no estando aquí
Buenos Aires, la ciudad

más linda del mundo
igual me deja sin habla,
la de adentro que te da
un nombre en el concierto
para borrase aunque es
también tu nombre, no anónimo
sino secreto como esos
pajaritos cuando vuelven
a cantar después de un rato
de silencio. La parrilla
de la vía está repleta
de chorizos dorándose
por un peso que acomoda
cuidadoso el parrillero
tranquilo porque es temprano
y crepitan con olor

sabroso en humito lento
que pararse una quisiera
y tomar un mate admirando
la tarea sobre el fuego
como lo hace el otoño
sobre nosotros y las cosas
si le diéramos al ojo
un poco nomás de tregua

porque de eso …
Versos a la tristeza de Buenos Aires

Tristes calles derechas, agrisadas e iguales
por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo,
sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo
me apagaron los tibios sueños primaverales.

Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada
en el vaho ggrisáseo, lento, que las decora.
De su monotonía mi alma padece ahora.
—¡Alfonsina! —No llames, ya no respondo a nada.

Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero
viendo en días de otoño tu cielo prisionero,
no me será sorpresa la lápida pesada.

Que entre tus calles rectas, untadas de su rió
apagado, brumoso, desolante y sombrío,
cuando vagué por ellas, y estaba yo enterrada.

Alfonsina Storni, Sala Capriasca 1892- Mar del Plata 1938.
De Alfonsina Storni, Poesía, Ensayo, Periodismo, Teatro, Tomo I, ‘Ocre. 1925’, Losada, Buenos Aires, 1999

ligera mutación de movimientos

Palomas ciudadanas

Estuve mirando las palomas de la Plaza de Mayo
la mañana que asumió el 32° presidente de la República.
Pese a su probable naturaleza impolítica
las palomas sospecharon alguna novedad por ahí cerca.
De modo que advertí una ligera mutación en sus movimientos.
Algo así como un ensayo de temblorosa reflexión en el remoto cerebro.
Esto les produjo una perpleja rotación sobre sí mismas.
Y yo estaba allí parado, con mi responsabilidad ciudadana,
comprobando en el centro de un rumoroso círculo de aves
cómo se está volviendo fuertemente contagiosa
la historia de nuestro tiempo.

Joaquín Giannuzzi, Buenos Aires 1924- 2004
De Un arte callado, ‘Poemas no recogidos en libro’, Ediciones del Dock, 2008

quiero decir

2.

Es buena esta ciudad. Podrías amarla. Cuando
el tictac de la ortografía, el trabajo incesante en la inflexión,
te permite respirar, la mirás. Lo saben tus vecinos:
salís al balcón en paños menores y mirás el perfil industrial
de la vereda de enfrente, orlado por fresnos secos,
el polvo aceitoso pegado a los flancos de la estrategia.

Mapas mohosos en los revoques de este mundo de tres lados.
Euclides derrotado.
El blanco mediterráneo,
al fin, con la historia que tan bien conocés; quiero decir,
los edificios de los 60 ahora antiguos, viran todos al pardo,
al color gastado de las mismas palabras, frases sobre frases
en los talleres mecánicos,
en la arquitectura demolida,
en los huecos zaguanes que dan a los fragmentos:
sonidos fantasmales. Sabemos adonde van los muertos,
pero ¿adónde van las voces?

Esta ciudad no deja de hacer ruido,
es el sonido
el que muele el pavimento.

Jorge R. Aulicino, Buenos Aires 1949.
De Cierta dureza en la sintaxis, Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008

hay cosas más importantes

El hombre moderno

el hombre moderno dice:
el 26 de octubre tenía ganas de morirme
mientras viajaba en ómnibus
a las tres de la mañana
sé que hay cosas más importantes
en la vida del mundo
en la vida de millones de hombres
pero hablo
conociendo el tema
de lo que pasa a uno entre millones
hablo de uno que el 26 de octubre
tenía ganas de morirse
mientras viajaba en ómnibus
a las tres de la mañana
y digo nombro al mundo entero
a los millones que a esa hora
morían de verdad nacían
esperaban
volvían a sus casas
o podían morirse como estaban
si Pompeya (otra vez) el mundo entero
se borrasen por razón de guerra y de locura
o por una información equivocada.

Edgar Bayley, Buenos Aires 1919-1990.
de Edgar Bayley, Obra poética, ‘El día’, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 1976

Imagen: Rob Gonsalves en 8smy

movies

Blues del funeral

Detengan todos los relojes, corten el teléfono,
Eviten el ladrido del perro con un jugoso hueso,
Silencien los pianos y con sofocados redobles
Traigan el ataúd, dejen venir a los dolientes.

Dejen a los planeadores girar en círculo gimiendo
Escribiendo garabatos en el cielo que digan Él ha muerto,
Pongan crespones alrededor de los blancos cuellos de las palomas,
Dejen a los policías de tránsito usar negros guantes de algodón.

Él era mi Norte, mi Sur, mi Este y mi Oeste,
Mi semana laboral y el descanso del Domingo,
Mi mediodía, mi medianoche, mi charla, mi canción;
Creí que el amor duraría para siempre, estaba equivocado.

Las estrellas no son deseadas ahora; apaguen cada una de ellas:
Envuelvan la luna y desmantelen al sol;
Vacíen el océano y derriben los bosques:
Porque nada bueno puede ocurrir ahora.

W.H. Auden, 1907 York, Inglaterra- Viena 1973
de Poem hunter
versión © Silvia camerotto
Film: Four weddings and a funeral. Mike Newell

Funeral blues:
Stop all the clocks, …

excerptus

Las trabajosas migraciones, no el malón

7
No te traiciones, no dejes de hacer lo que dijiste.
Allí está el camino que lleva a los oficios
aprendidos hace mucho, te agachabas y te saltaban;
se agachaban y saltabas sobre ellos.
Supuraste, sangraste por un corte ínfimo, sin dolor.
Aludiste al cóndor con el macabro juego de asociaciones.
Pero si era eso. Lanzarote el que aprendió a matar erinias.
Allá estaba la cordillera, y allá fuiste, entre viento y roca,

y cuando estabas perdido no supiste aprender nada.
Pero qué linda lejanía, aun cuando cada hora y tanto
pasaran un auto o dos, un camión petrolero.

15
¡Ah, orante! ¿Qué rezos? El jilguero abandonó su trono
en el árbol de trozadas ramas. Fondo de paredones
y de claraboyas industriales, donde, lo ves, también
perduran escorzos de tejados y plantas antiguas.

Todo lo que existía antes de tu nacimiento era
arcano: asimismo esas plantas, quinotos, nísperos,
el panal que escande los iluminados alejandrinos.

Recordarás a la abuela si silencio d…

variaciones

Afterglow

to S. god, fates,
the court of satyrs,
whoever you are,

when sand and light
start fleeing
towards the winter

and each word resounds
distant like the sea
in a shell,

you send me now
her voice, the sight of the grace?
all right, then

it won’t be me who reject it,
I will give no more death
to the frozen chariot of Time.

Gregori Balmodian, 1944, Englewood, New Jersey


Afterglow
a S.dios, los hados,
la corte de sátiros,
quienquiera que seas,

cuando la arena y la luz
comienzan a fugar
hacia el invierno

y cada palabra resuena
lejana como el mar
en una caracola,

¿ahora me envías
su voz, la vista de la gracia?
de acuerdo, pues

no seré yo quien la rechace,
no le daré más muerte
al frío carro del Tiempo.

versión de Gerardo Gambolini, Buenos Aires 1955

Afterglow

Siempre es conmovedor el ocaso
por indigente o charro que sea,
pero más conmovedor todavía
es aquel brillo desesperado y final
que herrumbra la llanura
cuando el sol último se ha hundido.
Nos duele sostener esa luz tirante y distinta…

disfraces deliberados

Los hombres huecos Mr. Kurtz is dead J. Conrad ‘A penny for the Old Guy’

I Somos los hombres huecos
Somos los hombres rellenos Arrodillados juntos
La cabeza llena de paja. ¡Ay!
Nuestras voces resecas, cuando
Susurramos juntos
Son calladas e inútiles
Como el viento en el pasto seco
O las patas de ratas en el vidrio roto
De nuestra seca bodega

Figura sin forma, sombra sin color,
Fuerza paralizada, gesto sin movimiento;
Quienes han cruzado
Con la mirada recta, al otro Reino de la muerte
Nos recuerdan —a lo sumo— no como violentas
Almas perdidas, sino tan sólo
Como los hombres huecos
Los hombres rellenos.

II Ojos que no me atrevería a enfrentar en sueños
En el reino soñado de la muerte
Esos no aparecen:
Allí, los ojos son
La luz del sol sobre una columna rota
Allí, hay un árbol que se mece
Y las voces son
En el canto del viento
Más lejanas y solemnes
Que una estrella que se apaga.

No esté yo cerca
Del reino soñado de la muerte
Pueda yo vestir
Esos disfraces deliberados
P…

cómo es posible

For we wrestle not against flesh and blood, but
Against pricipalities, against Powers, against the rulers of the
Darkeness of this World, against spiritual wickedness in high
Places. (Ephesians 6:12; King James Version)

Vala o Los Cuatro Zoas

Del Segundo Lamento de Enion

¿Cuál es el precio de la Experiencia? ¿La compran los hombres a cambio de una canción?
¿O compran la sabiduría a cambio de una baile callejero? No. Se compra por el precio
de todo lo que un hombre posee: su casa, su mujer, sus hijos.
La sabiduría se vende en el desolado mercado donde nadie viene a comprar,
y en el agostado campo en que ara el agricultor en vano para obtener su pan.

Es cosa fácil triunfar bajo el sol del verano
y en la cosecha, y cantar en el carro cargado con maíz.
Es cosa fácil hablar de paciencia a los oprimidos,
hablar de las leyes de la prudencia a los vagabundos sin techo,
oyendo el grito de hambre del cuervo durante el inverno
cuya roja sangre se llena con vino y con el seso de los corderos.

Es fácil reírse de l…

el infinito humano

Si se observa detenidamente

Si se observa detenidamente en una tarde
el misterioso baile de las gaviotas
se conocerán sus dibujos sus ritmos
su mensaje
El gato al desperezarse tiene un plan
y sabe en cada momento cómo tirarse al sol
cómo guiñar lentamente sus ojos
Con paciencia descubriremos el significado de sus actos

Pero nosotros desconocemos nuestros propios dibujos
y nuestras segundas intenciones no remiten a la armonía.

de La vida secreta de los escarabajos de la playa, 1982


Una excursión a los indios ranqueles

Pra que engorde el caldo
le ponemos
cosas inombrables.
Para que tenga sustancia.
Y después negamos
"Tiene choclo nomás
alguna tripa gorda..."

Tierra de ranqueles es ésta
De cristianos dudosos.
Más que de mentiras
nos alimentamos de ocultamientos
Todos comimos
Carne de yegua
gusanos de la tierra.

de Colección Robin Hood, 1994


"Villa Franca". Arroyo Burgueño

Cuando tenía doce años
en un agujero del corredor de la casa de ese verano
escondí un papel en el que dejé abandonada
con…

ways to

Cinco maneras de matar a un hombre

Hay múltiples y complicadas maneras de matar a un hombre.
Se lo puede obligar a cargar un madero
hasta la cima de un monte y entonces clavarlo en él.
Para hacerlo apropiadamente es necesaria una muchedumbre
en sandalias, un gallo que cante, un manto
para disecarlo, una esponja, algo de vinagre y un
hombre que martille los clavos en su sitio.

O es posible tomar un trozo de acero
modelado y montado a la manera tradicional
y tratar de agujerear la jaula metálica que él viste.
Pero en este caso, hacen falta cabellos blancos,
árboles ingleses, hombres con arcos y flechas,
al menos dos banderas, un príncipe y un
castillo donde celebrar el banquete.

Dejando a un lado los escrúpulos, también puedes, si el viento
lo permite, asfixiarlo con gas. Pero entonces necesitas
una milla de fango tallada entre trincheras,
sin olvidar las botas negras, los cráteres de bombas,
más fango, una plaga de ratas, docenas de canciones
y algunos cascos de acero.

En la era de la aviación, puedes vol…

si alguna vez engendra un hijo, abortado sea

Lady Ana


Bájala, baja a tierra tu honorable carga,
si acaso el honor puede ser amortajado en un féretro,
mientras obsequioso me lamento un rato
por la prematura caída del virtuoso Lancaster.
¡Pobre exánime figura de un rey sagrado!
¡Las pálidas cenizas de la casa de Lancaster!
¡Tu vestigio exangüe de aquella sangre real!
Sea lícito que invoque tu espíritu,
para que escuche los lamentos de la pobre Ana,
esposa de Eduardo, tu hijo asesinado,
apuñalado por la misma mano que causó estas heridas.
Mirad, en estas ventanas por donde escapó tu vida
derramo el inútil bálsamo de mis pobres ojos.
Maldita sea la mano que causó estos agujeros mortales.
Maldita sea la sangre que quitó esta sangre de tu vida.
Maldito sea el corazón que tuvo el corazón para hacerlo Ninguna acción es más terrible que el detestable odio,
que nos hace desdichados por vuestra muerte,
que pueda yo desearle víboras, arañas, sapos,
o cualquier venenoso reptil viviente.
Si alguna vez engendra un hijo, un aborto sea…

epitafios

Requiem

Bajo el ancho y estrellado cielo
cavad mi tumba y dejadme yacer.
Feliz viví y felizmente muero
dejo, al hacerlo, un deseo.

Sea este el verso que grabes para mí;
"Él yace aquí donde anheló yacer,
que del marino, su hogar es el mar
Y el hogar del cazador, el monte".

Robert L. Stevenson, Edimburgo 1850-Samoa 1894
versión © silvia camerotto
Imagen: VH Octopus, Victor Hugo

Requiem

Under the wide and starry sky
Dig the grave and let me lie.
Glad did I live and gladly die,
And I laid me down with a will.

This be the verse you grave for me;
"Here he lies where he longed to be,
Home is the sailor, home from sea,
And the hunter home from the hill."