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Mostrando las entradas de marzo, 2010

para permitirnos ser amados

La lista

La lista de quienes nos amaron y se han ido aumenta.
¿Dónde hallaremos la voluntad para permitirnos ser amados, o amar de nuevo?
Como árboles que muestran un caparazón invernal, como bulbos y semillas en reposo, esperamos el momento oportuno hasta que la luz regrese. 

Pádraig J. Daly, Dungarvan, 1943 en The other sea, Dedalus Press, Dublin, 2003 versión © Silvia Camerotto imagen: s/d


The list
The list of those who loved us And are gone Grows longer.
Where can we find the will To let ourselves be loved, To love again?
Like trees that show a Winter carapace, Like bulbs and seeds at rest, We bide till light returns.

el arco de una parábola

los tiranos olvidan

cerca de la ferretería del barrio
en una calle muerta
reuniste en el balcón tres de los siete axiomas
y la ropa de ella
dormiste en una cama levantada con tacos de madera
compraste flores
pagaste el diezmo
dijiste lo que corresponde según las circunstancias
bajo el arco de una parábola
hábilmente
calculaste el espacio perfecto
reductio ad absurdum te sentaste a escribir algunas líneas
sobre un lugar que fue bello como lo era en otro tiempo
y, también escribiste: enchastre, traición, perseverancia
deliberadamente o no
el punto hacia el que caen todas las cosas

silvia camerotto, lomas de zamora, 1959
inédito
imagen: Audrey King, Splash, en Audrey King

esta suerte neutral, indeclinable

La separación

Sobrevive a lo que la necesidad desgarra,
siente un impávido, irreal eclipse,
compartir bajo soles distintos el mensaje
de los amantes fieles, juntos por habernos separado,
y recuerda que fuera de las ideas y la experiencia
dio sus frutos la imaginación que nos tuvo sometidos.
Sabremos así con certidumbre insólita
que sólo considerándonos libres en nuestro apego
se puede conservar el mandato que tuvimos,
y antes que lamentear las disipadas fuerzas,
antes que el enronquecido tiempo de la espera
vuelva aún más lentamente o acabe deteniéndonos,
yo olvidaré sin odio las malgastadas estaciones
dejando vivir en esta suerte neutral, indeclinable,
la procaz esperanza de descubrir en el amor cumplido
un perfecto, glacial conocimiento de mí mismo.

El engañado

Cuando el encelado amante,
tras la seducción, los ruegos
y promesas dulcemente patéticas,
afronta por vez primera la victoria,
cree buscar el absoluto
y no advierte cómo se despoja de la gracia
en la irreemplazable, grave cópu…

la vida tiene en mí su punto de partida

La tierra se ha quedado negra y sola

La tierra se ha quedado negra y sola:
que el viento con el gran aliento expire
y que la mar no mueva ni una ola. Fernández Moreno, el Viejo. La crucifixión
ah tú querías esta eternidad
pero querías más las niñas de tus ojos
reír y sonreír
los valses la mujer
vivir al descuido cada minuto
recordarlo después con rigor implacable
palpar la materia su vida febril oculta
afirmarte sobre la vereda
y fatigar la selva de baldosas
con un movimiento de conquista

pero ya tenías mucha soledad
de pronto se te puso perfecta
he aquí las cosas huérfanas como yo
tus hijas, mis hermanas
cómo escuchar una bocina
fiesta exclusiva para tus tímpanos

una cucharita me hace llorar
una tranquera me parte el alma
dios me libre de la calle Florida
cómo estrellas sin tu retina
dónde están tus sentidos
la célula central en que desembocan
el nervio que volvía derecho a la mano
la mano que escribía sobre cualquier mesa

yo no puedo aguantar que hayas estado vivo
el tiempo es demasia…

otra pieza faltante

Perdido en la traducción
Para Richard Howard Diese Tage, die leer dir scheinen und wertlos für das All, haben Wurzeln zwischen den Steinen und trinken dort überall.*
En la biblioteca, una mesa de juego
espera preparada el rompecabezas que nunca llega.
La luz del día brilla o desde la lámpara desciende
sobre el tenso oasis de fieltro verde.
La vida sigue, llena de insatisfacción,
espejismo surgido del goteo de la arena del tiempo
o cae poco a poco en el lugar correcto:
lección de alemán, picnic, columpio, caminata
con el collie que ‘hacía de todo menos hablar’—
amargas frutas caídas del huerto detrás de nosotros.
Un verano sin padres es el rompecabezas,
o debería serlo. Pero el chico, día tras día,
escribe en su diario Ningún rompecabezas.

Al menos, está enamorado. Su Mademoiselle francesa,
una viuda en la vida real, después de Verdun,
es robusta, simple, pelirroja, devota.
Reza por él, mientras él hace de cura en Alsacia,
cose trajes para sus marionetas,
lo ayuda a mantenerse detrás de la…

junto a las blancas gallinas

The red wheelbarrow

So much depends
upon

a red wheel
barrow

glazed with rain
water

beside the white
chickens

William Carlos Williams, Rutherford 1883 - 1963

La carretilla roja

Mucho depende
de una

carretilla
roja

lavada con agua
de lluvia

junto a los blancos
polluelos

versión de Agustí Bartra, Ed. UNAM, México, 1959

La carretilla roja

cuanto
depende

de una carre
tilla roja

reluciente de
agua de lluvia

junto a blancas
gallinas

versión de Octavio Paz, Ed. Era, México, 1973

La carretilla roja

Tanto depende
de

una carretilla
roja

reluciente de gotas
de lluvia

junto a las gallinas
blancas

versión de E. Cardenal y Coronel Urtecho, Ed. Aguilar, Madrid, 1963

en Revista de Poesía, N° 10, Buenos Aires, Primavera 1988.
imagen: Anne Altman, The red wheelbarrow

por tres minutos de no ser

el número de lectores de poesía no ha disminuído; ha aumentado el de semianalfabetos. saer
Dánae

Manda a su hijo Perseo Dánae, para gozar,
sin testigos, de la lujuria,
a extraviarse
en los ojos sin fondo de la medusa,
del mismo modo que toda madre,
desde una cama pantanosa,
nos abandona,
por tres minutos de no ser,
a los dientes de este mundo.

A los pecados capitales

Por nuestra fantasía, nos liberan
de la materia pura, pero caemos en la red
de la esperanza. Pecados, vicios, y hasta
las débiles virtudes, nos separan
del cuerpo único del caos,
nos arrancan
de la madera y de los mares.
Guardianes en el umbral de la nada.

Leche de la Underwood

Por delicadas que sean, las mañanas
envilecen; lo destructible vacila
y lo que nos pareciera, frente a nosotros, perdurar,
no nos acoge, menos cruel que indiferente. Animal
anónimo, por más que grites, nadie escucha,
y ni por lejos la lengua es la que conviene.
Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma,
nadie niega, pero habría que desandar,
salir,…

móvil y vacío

Brujos en Salsipuedes

El hombre no eleva cantos si vive en soledad
en los pantanos, en la selva, en las cuchillas
o donde se agache para comer y defecar: anda
en dos patas todo el resto del tiempo, peregrino.

El hombre en soledad se tiende junto a la mujer,
mata animales para comer,
ronda los grandes esteros como a sus pensamientos.
Y el hombre es uno con los espíritus, a los que
dedica pinturas en su rostro, guijarros, vértebras,
la oveja mejor, la sangre que podría nutrirlo.
El hombre mata al hombre.
Lo mata en el borde de su suelo.
Lo mata al Este del Edén.
Lo mata una y otra vez.
El hombre fue hecho para estar en soledad,
atravesar el pantano deshabitado,
crecer entre el vuelo de los bigúas,
arrojar bolas y lanza para comer.
Cuando llueve, no se pone melancólico.
En la tormenta se agacha.
Se tiende de noche junto a la mujer.
El centro de su pensamiento es amplio, móvil y vacío.

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949
Inédito
Imagen:Eva Manzella, Límite