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Mostrando las entradas de octubre, 2013

reducido a ser testigo

*** yo era chico y ya había demasiado
que recordar / qué clase de educación es esta que tuve que aprender tantas líneas de memoria y ni siquiera las entendía / lo que nunca hice parece más real que lo que pasó de verdad / como guardián de la memoria / de secretos perdidos / o no siempre fui enemigo de secretos / reducido a ser testigo de mí mismo a frases oraciones versos
tantas líneas y cuando por fin las entendía / me daba cuenta de que ni siquiera eran la verdad

*** To my purpose nothing (Shakespeare, Soneto XX)
Esa cosa que no es cosa para tu propósito que no es nada para tus intenciones
Esa cosa o cosita / mucho o nada mucho ruido y pocas nueces para tus mórbidas causas o razones
Esa cosa / mucha cosa y poco nada bella añadidura de la naturaleza la quiero para mí / la quiero mía

*** el tiempo no es éxtasis
¿quién se mandó esa mentira? ¿quién estaba tan loco o absurdo o borracho como para afirmar tamaña esperanza? la vida es una herida absurda dice el tango yo entonces tengo que añadir que cuando ciertas palabr…

lo que no sabemos

*** Ella mostró su lado oscuro y una grieta en la tierra enardecida me hundió bajo sus pies. Olvidé el motivo y la razón de la disputa.
De La mujer de al lado, 2004
*** Una isla frente a la península es la obsesión de estos días
no sabemos si hay que cruzar ni a qué hora del día llegar en bote ir nadando de noche tomarla por asalto o ir con todo el mundo en la excursión de las diez
lo que no sabemos es desembarcar como quien dice hasta que aclare hasta que el resentimiento de la ola se convierta en pura espuma
tampoco sabemos si la isla está desierta
De La paciencia, 2009
***
El texto llega a tener razones
que el realismo no entiende.
Lorenzo García Vega. sola soy como una rosa sola
es solo una es una todos los días la misma rosa
días días y  días
apática parece zen pero es bostezo y me doy sueño
rosa enferma en el florero soy la misma cosa que cae sin la gracia de los pétalos
lento el día sabe durar más.
De Diario de una animal solo (con Gertrude Stein)
Liliana García del Carril, Buenos Aires, 1951 imagen de Alfons Niex, Time is …

soy las partes que mi nombre deja

Las leyes del alba

en extrema crucifixión
tengo mis brazos mis ojos mis manos los pies
en extrema crucifixión

porque yo estoy puesto en el mundo
por las oscuras leyes del alba
por una gran boca de mil lenguas de oro
puesto y arrojado
para sufrir morir y elevarme
   tantas veces

estoy puesto y arrojado
multiplicado y expandido
en levísimos fragmentos de ilusión

sí, estoy crucificado
puesto a parir y a engendrar extrañas criaturas
a sangrar y fornicar de mil maneras con las sombras
y a morir y a morir
  tantas veces
como sea necesario



escucho lejanas letanías
  y recuerdo

recuerdo cuando escuchaba lejanos cantos o misas en el bosque
y tenía una canción un nombre propio una guarida
también un Padre una Madre un leve canto
un susurro leve apenas quizás

yo tenía un mundo un país una familia

entonces emigré
y busqué lo Oscuro por pasión o por locura
y por pasión o por locura huí al desierto: mi corazón sin luz

yo tenía un mundo un país una familia

y tenía mil noches compartidas mil lechos
y amigos llenos de manos vacías
y…

es natural, cosa sabida

Sin fe

Ésta es una confesión muy personal:
He perdido casi absolutamente
la curiosidad por el mundo.
Si no escribo
la primera frase, la segunda 
se pudre por exceso
de efecto.
Sé cómo el mundo se va moviendo,
los brazos de las personas
al costado del cuerpo, impotentes, impacientes,
desesperados, laxos, levantados, sabios,
ignorantes como yo.
Según se hagan las cosas, se sabe
más o menos
cómo quedará terminado;
o no: la incertidumbre
es natural, cosa sabida.
Los chicos sorprenden;
conmueve, pero
es terrible: no es ninguna novedad
en este mundo.
Las cosas, los hechos
son -qué importa que ese árbol sea un gomero o
una encina-, y aun así casi todo remite
a la memoria personal: si es un gomero,
recuerdo el jardín; si una encina,
aquella canción; si un árbol desconocido,
hoy inauguro la memoria, el mito, o 
lo descarto.
Algo aparentemente curioso: un corrector de estilo
afirma que la palabra implementar no existe.
Significa instrumentar, poner en práctica,
pero en sí  esa palabra no existe.
         ¿Elegí quedarme con el …

que amaba a...

Convivir con los muertos
Mario amaba a Mariana  que amaba a Milton
que amaba a Irene
que amaba a Víctor
que amaba a Dolores
que amaba a nadie.
Hoy, Mario gitanea.
Mariana vive con un hijo en Andorra.
Milton trafica coca de Santa Cruz de la Sierra
a Buenos Aires.
Irene murió en un secuestro aéreo.
Víctor se hizo mierda.
Dolores se casó con el doctor Braun,
un suizo que la dejó - harto de sus melancolías -
y luego se juntó con un fechorista griego
con quien vive ahora - loco y feliz -
en el Hotel Belvedere de Taormina.
Aún suelo verlos, dispersos sobrevivientes.  Hablamos de nosotros como de otra película.  Hemos aprendido a convivir con los muertos. 
Para Drummond de Andrade, un maestro
Mario Trejo, Buenos Aires (La Plata?), 1926- 2012
imagen de Jaya Suberg©, en Uno de los nuestros

y el mundo sigue andando

Hace algún tiempo
Hace algún tiempo
fuimos todas las películas de amor mundiales
todos los árboles del infierno.
Viajábamos en trenes que unían nuestros cuerpos
a la velocidad del deseo.
Como siempre, la lluvia caía en todas partes.
Hoy nos encontramos en la calle.
Ella estaba con su marido y su hijo;
éramos el gran anacronismo del amor,
la parte pendiente de un montaje absurdo.
Parece una ley: todo lo que se pudre forma una familia.
Sin llaves y a oscuras
Era uno de esos días en que todo sale bien.
Había limpiado la casa y escrito
dos o tres poemas que me gustaban.
No pedía más.
Entonces salí al pasillo para tirar la basura
y detrás de mí, por una correntada,
la puerta se cerró.
Quedé sin llaves y a oscuras
sintiendo las voces de mis vecinos
a través de sus puertas.
Es transitorio, me dije;
pero así también podría ser la muerte:
un pasillo oscuro,
una puerta cerrada con la llave adentro
la basura en la mano. 
Fabián Casas,  Buenos Aires, 1965
 imagen de  Mckay Jaffe, más conocido artísticame…

porque amor defendía

Elena bellamuerte

No eres, Muerte, quien por misterio
pueda mi mente hacer pálida
cual eres ¡si he visto
posar en ti sin sombra el mirar de una niña!
De aquélla que te llamó a su partida
y partiendo sin ti, contigo me dejó
sin temer por mí. Quiso decirme
la que por ahínco de amor se hizo engañosa:
«Mírala bien a la llamada y dejada
obra de ella no llevo en mí alguna
ni enojela,
su cetro en mí no ha usado
su paso no me sigue
ni llevo su palor ni de sus ropas hilos
sino luz de mi primer día,
y las alzadas vestes
que madre midió en primavera
y en estío ya son cortas;
ni asido a mí llevo dolor
pues ¡mírame! que antes es gozo de niña
que al seguro y ternura
de mirada de madre juega
y por extremar juego y de amor certeza
—ve que así hago contigo y lo digo a tus lágrimas—
a sus ojos se oculta.
Segura
de su susto curar con pronta vuelta».
Si he visto cómo echaste
la caída de tu vuelo ¡tan frío!
a posarse al corazón de la amorosa
y cual lo alzaste al pronto
de tanta dulzura en cortesía
porque amor defendía
de muerte allí.

¡Oh! …

si quiere ver la vida

Eche veinte centavos en la ranura
I
A pesar de la sala sucia y oscura de gentes y de lámparas luminosa si quiere ver la vida color de rosa eche veinte centavos en la ranura. Y no ponga los ojos en esa hermosa que frunce de promesas la boca impura. Eche veinte centavos en la ranura si quiere ver la vida color de rosa. El dolor mata, amigo, la vida es dura, eche veinte centavos en la ranura si quiere ver la vida color de rosa.
II
Lamparillas de la Kermesse, títeres y titiriteros, volver a ser niño otra vez y andar entre los marineros de Liverpool o de Suez.

III
Teatrillos de utilería. Detrás de esos turbios cristales hay una sala sombría. Paraísos artificiales.

IV
Cien lucecitas. Maravilla de reflejos funambulescos. ¡Aquí hay mujer y manzanilla! Aquí hay olvido, aquí hay refrescos. Pero sobre todo mujeres para hombres de los puertos que prenden como alfileres sus ojos en los ojos muertos.
No debe tener esqueleto el enano de Sarrasani, que bien parece un amuleto de la joyería Escasany. S…

la historia era confusa

Del otro lado
Cuando estuvimos desesperados, alguien contó la historia. No se la puede escuchar serenamente, tiemblan las manos, el corazón se encoge de dolor; da un poco de miedo mirar a la gente, detenerse. Ocurre lo de siempre. Estábamos perdidos y la historia era confusa. Nada tenía que ver con la certeza, ni con el muslo de la bataclana. No intervinieron traiciones; no es una vulgar historia de fervores o de mantenidas. Tu mano es necesaria para sobrellevarla. También aquella vez (siempre aquella vez) apagaron las luces y fue necesaria la presencia de tu mano. Nos apretamos las manos en la sala impenetrable, temblamos ante la cólera que aún no se había manifestado, que nunca llegaría a marcarnos como sospechábamos, sino de otra manera. Nuestras manos procuraban ordenar el temblor, dominar el doloroso pánico; y todo porque Humphrey Bogart había resucitado. Estábamos perdidos en aquel cine y él no era como el redentor; su cruz no era un mandato, era la inteligencia del hombre, era …

mancos rengos y tuertos

Lo que sobra zozobra

Los que odian dar migas a las palomas, esos
que cierran la mano para no desprenderse
de lo que sobra.
Los habrás visto.
Y si les pide algo un hambriento
levantan los hombros como a mí qué me importa.

Mientras más tienen más ni pizca aflojan y es de ver
cómo se les pone la cara ambiciosa.
Escondidos nocturnamente
cuentan su ganancia moneda a moneda y lloran
cuando se les merma un pedacito.

No se dan cuenta de en la vecindad
viven mancos rengos y tuertos
ya zafados de lengua los cuales van a hacer
que zozobren los que a las palomas
no dan lo que les sobra. 
Jorge Leónidas Escudero, San Juan, 1920 De Endeveras, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2004
Imagen de Antonio Azorín©, en Uno de los nuestros

lento en morir parecía

El árbol

Hacían falta cuatro de nosotros
para abrazar el tronco
de aquel algarrobo erguido
en medio del potrero
Mama Encarnación aseguraba que sus abuelos
alabaron la sombra tupida
el placentero estar bajo su brisa
Tata Manuel ya lo contempló irse pausado
por el aire
Después cada uno de ellos emprendió su viaje manso
Los tataviejos y las mamaviejas hicieron lo propio
El árbol tenía su tiempo
lento en morir parecía
Parsimonia de anciano me digo
Mientras
padre y madre anochecieron
Ahora el follaje del árbol
es un abanico alto y ralo
incorpóreo en mi mente
Vida en la imaginación
le dicen
Vivero de una futura arboleda
aseguro

Leonardo Martínez, Córdoba, 1937
de El barro que sofoca, ediciones El Surí Porfiado, Buenos Aires, 2013
imagen de Paul Klee, Paisaje

con semejante peso

La helada
Quien fue dañado lleva consigo ese daño, como si su tarea fuera propagarlo, hacerlo impactar sobre aquel que se acerque demasiado. Somos inocentes ante esto, como es inocente una helada cuando devasta la cosecha: estaba en ella su frío, su necesidad de caer, había esperado -formándose lentamente en el cielo, en el centro de un silencio que no podemos concebir- su tiempo de brillar, de desplegarse. ¿Cómo soportarías vivir con semejante peso sin ansiar la descarga, aunque en ese rapto destroces la tierra, las casas, las vidas que se sostienen, apacibles, en el trabajo de mantener el mundo a salvo, durante largas estaciones en las que el tiempo se divide entre los meses de siembra y los de zafra? Pido por esa fuerza que resiste la catástrofe y rehace lo que fue lastimado todas las veces que sea necesario, y también por el daño que no puede evitarse, porque lo que nos damos los unos a los otros, aún el terror o la tristeza, viene del mismo deseo: curar y ser curados.

Claudia Masin, Resistencia, Chac…

gota

La tragedia de la gota de agua cayendo en el cubo del lavabo toda la noche es una tragedia de asunto lacónico, pero espeluznante, que conocen las pobres criaturas humanas, en las que no todo ¡ni mucho menos!, es heroico…


Ramón Gómez de la Serna, Madrid, 1888- Buenos Aires, 1963
de Flor de Greguerías, Buenos Aires, Losada, 1958
imagen s/d

entre bastidores

Impresiones del teatro

Para mí el acto más importante de la tragedia es el sexto:
la resurrección de los campos de batalla de la escena,
el ajustarse las pelucas, las ropas;
el arrancarse el cuchillo del pecho,
el quitarse la soga del cuello,
el colocarse en la fila entre los vivos
con el rostro hacia el público.

Reverencias individuales y conjuntas:
la blanca mano sobre la herida del corazón,
la reverencia del suicida, 
las inclinaciones de la cabeza cortada.

Reverencias en pareja:
la cólera tiende la mano a la dulzura,
la víctima mira dichosa a los ojos del verdugo,
el rebelde camina sin rencor junto al tirano.

Pisoteo de la eternidad con la punta de la zapatilla dorada.
Dispersión de moralejas con el ala del sombrero.
Incorregible disposición a empezar de nuevo mañana.

Entrada en fila india de los muertos mucho antes,
ya en el tercer acto, en el cuarto, y entre actos.
Milagroso regreso de los desaparecidos sin huella.
El pensamiento en la paciente espera por entre bastidores,
sin quitarse las ropas,
con t…

suéltalo, menguada

Haz de tus pies

Haz de tus pies al fin la raíz fuerte
que para el paso; de tu lengua nudo;
de tus dos ojos lápida y escudo;
migaja el cuerpo, que alzará la muerte.

Prensa tu boca sobre el labio triste
que pozos tiene de plumones blandos;
quítale el filo a los porqués y cuándos
y entrega, romo, cuanto aquí trajiste:

Romo tu verso, suéltalo, menguada;
tu amor romado entrégalo, romada;
y para aquél tu dar que era mendigo.

Que todo a medias se  te dio en la vida
menos este dormir que te convida: 
ronca y el Padre roncará contigo.


Alfonsina Storni, Sala Capriasca 1892- Mar del Plata 1938.
De Alfonsina Storni, Poesía, Ensayo, Periodismo, Teatro, Tomo I, ‘Mundo de Siete Pozos. 1935’, Losada, Buenos Aires, 1999
imagen de Alfonsina Storni

soplos de sombra y selva

[40]
Todas las casas son ojos
que resplandecen y acechan.

Todas las casas son bocas
que escupen, muerden y besan.

Todas las casas son brazos
que se empujan y se estrechan.

De todas las casas salen
soplos de sombra y de selva.

En todas hay un clamor
de sangre insatisfechas.

Y a un grito todas las casas
se asaltan y se despueblan.

Y a un grito, todas se aplacan,
y se fecundan, y se esperan.

Miguel Hernández, Orihuela, 1910- 1942 De Cancionero y Romancero de Ausencias, 1938-1941  imagen de Amparo Climent, Poetas en el camino

la inocencia no es un arma terrenal

Ovidio en el Tercer Reich
non peccat, quaecumque potest peccasse negare,
solaque famosam culpa professa facit. 
Amores, III, xiv
Amo mi trabajo y mis hijos. Dios está lejos, difícil. Las cosas ocurren. Demasiado cerca los antiguos canales de sangre la inocencia no es un arma terrenal.
He aprendido algo: a no mirar con tanto desprecio a los condenados. Ellos, en su círculo, armonizan extrañamente con el amor divino. Yo, en el mío, celebro el amor grupal.
Geoffrey Hill, Bromsgrove, 1932 De King Log, Andre Deutsch, 1968
Versión © Silvia Camerotto imagen de Ovid the world