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Mostrando las entradas de septiembre, 2013

no el espejo que está en ti

El poema
No el poema crepuscular que compones pensando  en voz alta con su tilo esbozado en tinta china y cables de telégrafo sobre nubes rosáceas;
no el espejo que está en ti y el hombro de ella, delicado y desnudo, brillando con luz tenue; no el lírico chasquido de rimas de bolsillo… la música menuda que da siempre la hora;
y no los pesos y monedas en esas pilas de diarios vespertinos calados por la lluvia; no los cacodaimones del dolor de la carne ni las cosas que dices mucho mejor en prosa:
el poema que cae desde alturas ignotas… cuando aguardas el chapoteo de la piedra allá al fondo, y agarras como puedes la pluma, y entonces sobreviene la conmoción, y entonces…
en la fronda sonora, las palabras-leopardo, las aves avistadas, los insectos cual hojas, se fusionan y forman un intenso, callado, mimético diseño de perfecto sentido.
Vladimir Nabokov, San Petersburgo, 1899- Montreux, 1977 Versión de Jordi Doce Imagen de Alex Grey, The Chapel of Sacred Mirrors, en Alex Grey
The Poem
Not the sunset poem you make …

gillian clarke. frontera

Frontera
Se desmorona donde la tierra olvida su nombre y soy extranjera en mi propio país. Páramo, pastura, sembradíos arrancados de la colina cercana a una granja quebrada
La exactitud de la palabra se escapa de las lenguas de los niños. Los santos se desvanecen en las parroquias. Los campos se mezclan entre la marca de cerco y la nueva carretera. La historia se olvida a de sí misma.
En el garaje son educados. “Lo sentimos, querida, nada de Galés”. En la tienda me sopapean con un duro “¿Qué?” Vinieron por la belleza pero no pudieron escucharla decir.
Gillian Clarke, Cardiff, 1937 En Modern Women Poets, compilado por Deryn Rees-Jones, Companion Anthology, Bloodaxe Books, Northumberland, 2005 Versión ©Silvia Camerotto


Traducción
después de traducir del galés, en especial, una novela de Kate Roberts
Tu mano en la mano de ella —nunca has estado tan cerca de una mujer desde que la belleza de tu madre en la puerta de la escuela te quitó el aliento, desde que tu mejor amiga y vos se tomaron las manos pegajosas y cali…

la falta de equilibrio

Electricidad
La noche que llamaste para decirme que la desigualdad de los días es tan simple como encontrase o no encontrarse, yo pensaba en la electricidad — cómo  en ningún momento de un circuito puede disminuir la fuerza o acumularse, cómo también se necesita la falta de equilibrio para que la energía sea liberada. Creéme. Una vez, sostenida así, sin límites, sin principio ni fin, no podía distinguir nuestros actos: si fuiste vos quien levantó mi cabeza hacia la luz, si fui yo la que dijo cuánto deseaba mirar tu cara. Tu bella cara.
1993
Lavinia Greenlaw, Essex, 1962 En Modern Women Poets, compilado por Deryn Rees-Jones, Companion Anthology, Bloodaxe Books, Northumberland, 2005 Versión ©Silvia Camerotto imagen de Tibor Freund©, Face under light, en Motion in paintings
Electricity
The night you called to tell me that the unevenness between the days is as simple as meeting or not meeting, I was thinking about electricity — how at no point on  a circuit can power diminish or accumulate, how you also need a lack…

quería una verdad que a ti te traicionase

16

Soliloquio del Farero

Cómo llenarte, soledad,
Sino contigo misma.

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
Quieto en ángulo oscuro,
Buscaba en ti, encendida guirnalda,
Mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
Y en ti los vislumbraba,
Naturales y exactos, también libres y fieles,
A semejanza mía,
A semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
Como quien busca amigos o ignorados amantes;
Diverso con el mundo,
Fui luz serena y anhelo desbocado,
Y en la lluvia sombría o en el sol evidente
Quería una verdad que a ti te traicionase,
Olvidando en mi  afán
Cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse mis ojos
Con nubes sobre nubes de otoño desbordado
La luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
Te negué por bien poco;
Por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
Por quietas amistades de sillón y de gesto,
Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
Por los viejos placeres prohibidos,
Como los permitidos nauseabundos,
Útiles solamente para el elegante salón susu…

fantasmas de la pena

XII

No es el amor quien muere,
Somos nosotros mismos.

Inocencia primera
Abolida en deseo,
Olvido de sí mismo en otro olvido,
Ramas entrelazadas,
¿Por qué vivir si desapareceréis un día?

Solo vive quien mira
Siempre ante sí los ojos de su aurora,
Solo vive quien besa
Aquel cuerpo de ángel que el amor levantara.

Fantasmas de la pena,
A los lejos, los otros,
Los que ese amor perdieron,
Como un recuerdo en sueños,
Recorriendo las tumbas
Otro vacío estrechan.

Por allá van y gimen,
Muertos en pie, vida tras de la piedra,
Golpeando impotencia,
Arañando la sombra
Con inútil ternura.

No, no es el amor quien muere.

Luis Cernuda, Sevilla, 1902- México, 1963
de Donde habite el olvido
en Poesía de la generación del 27, Antología crítica comentada, EDAF, Madrid, 1997
imagen de Randommization

así

Limpieza Jabón y agua tibia arrastran lo que quedó de la fiesta.
Todavía no es rancio el perfume del vino
y el ahora pastoso manjar barrido de los platos
es burbuja que salta en un mover sagrado:
limpieza;
otra vez la vajilla sin mácula,
nada que reste de alegría tan breve, esmerada
en un durar interior.
Lo que brilla es pasado y preparación
para –y aún más breve– lo que urge, lo que se aproxima, inevitable reunión
y ágape: ¿has amado
o lavado así?

Irene Gruss, Buenos Aires,1950
Inédito
imagen Annick Bouvattier, Angel

temblorosa noche

Oh Noche Oh Temblorosa Noche
Oh noche Oh temblorosa noche Oh noche de suspiros Oh noche, cuando mi cuerpo era una caña Oh noche Cuando mi boca era un vago grito animal Pastando en su carne Oh noche Cuando la oscuridad íntima era un nido Hecho de su pelo y lleno de mi mirada
(Oh estrellas impenetrables sobre La frágil tienda de campaña sostenida con nuestros muslos Entre los pétalos derramados campos de tiempo Oh noche que desplaza toda nuestra oscuridad)
Oh día Oh día pausado Oh luz difusa Cubriendo su cuerpo como el rocío Hasta que barrí su sueño sellado lejos Para leer una vez más en el día desprotegido Su amor desnudo, mis buenas nuevas.
Stephen Spender, Londres 1909-1995
versión © Silvia Camerotto imagen de© Oliver Ray, Dream Night
O Night O Trembling Night
O night O trembling night O night of sighs
O night when my body was a rod O night
When my mouth was a vague animal cry
Pasturing on her flesh O night
When the close darkness was a nest
Made of her hair and filled with my eyes

(O stars impenetrable…

sin ella

Notas de campo: observando a la tripulación del Atlantis restaurando el telescopio Hubble
Lo que más me consuela es imaginar la regular, serena inhalación y exhalación de su respiración, y que ellos estén flotando , por un rato, exilados
y sobreviviendo, ya que, después de semanas a la deriva, atados a una máquina del tamaño de un carrito de té que trajo aire de la habitación, lo comprimió y eliminó su nitrógeno con una silenciosa e incesante succión y expulsión, mi madre había llegado a esa patria que nadie está preparado a atravesar. Firmemente
atados, y cargados con herramientas y equipo, los astronautas entierran sus brazos, hasta el codo, en el dorado torso del telescopio . Debajo de ellos, atravesando la tierra, la curva exacta de la noche se acerca sin nada alrededor de ellos sino la constante limpieza de su propia respiración. Lo que recuerdo mejor
del último aliento de mi madre era la forma en que sus ojos se entreabrían —delgados ojales en la tela del cuerpo— y mi padre levantándose de su s…

ni siquiera la lluvia

En algún lugar al que nunca he viajado
en algún lugar al que nunca he viajado, feliz, más allá de cualquier experiencia, tus ojos guardan su silencio: en tu gesto más delicado hay cosas que me envuelven, o que no puedo tocar porque están demasiado cerca
apenas me miras me abres fácilmente aunque me haya cerrado como un puño, siempre me abres pétalo a pétalo como la primavera abre (tocando hábil, misteriosamente) su primera rosa
o si quisieras cerrarme, yo y mi vida nos cerraremos bellamente, de repente, como cuando el corazón de esta flor imagina la nieve cayendo con cuidado por todos lados;
nada que percibamos en este mundo se iguala a la fuerza de tu intensa fragilidad: cuya textura me somete con el color de sus campos, venciendo a la muerte y para siempre con cada respiración
(ignoro qué es lo que hay en ti que cierra y abre; solo hay algo en mí que comprende que la voz de tus ojos es más profunda  que cualquier rosa) nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas
e.e. cummings, Cambridge, 189…

a pesar de todo

Una cosa bella (Endymion)
Una cosa bella es una alegría para siempre: su belleza aumenta, jamás  se convertirá en nada, sino conservará una habitación tranquila para nosotros, y un descanso lleno de dulces sueños, y salud, y respiración serena. Por lo tanto, cada mañana, estaremos envueltos en un guirnalda de flores que nos une a la tierra, pese al desaliento, a la inhumana escasez de naturalezas nobles, a los días tristes, a todas los dañinos y oscuros caminos creados durante nuestra búsqueda: sí, a pesar de todo, alguna la forma de la belleza aleja la tristeza de nuestros espíritus oscuros. Tal el sol, la luna, árboles viejos y jóvenes, que bendicen con sombra a sencillas ovejas; y así son los narcisos con el verde del mundo en que viven, y los arroyuelos claros que construyen para sí un refugio fresco contra la época de calor;  y claros en medio de los bosques, enriquecidos por  un puñado brotes de bellas rosas almizcle: Y así también es la grandeza de los destinos que hemos imaginado para los muertos…

como si nada hubiese ocurrido

XXXIII
 Si lloviera esta noche, retiraríame de aquí a mil años. Mejor a cien no más. Como si nada hubiese ocurrido, haría la cuenta de que vengo todavía.
O sin madre, sin amada, sin porfía de agacharme a aguaitar al fondo, a puro pulso, esta noche así, estaría escarmenando la fibra védica, la lana védica de mi fin final, hilo del diantre, traza de haber tenido por las narices a dos badajos inacordes de tiempo  en una misma campana.
Haga la cuenta de mi vida o haga la cuenta de no haber aún nacido no alcanzaré a librarme.
No será lo que aún no haya venido, sino lo que ha llegado y ya se ha ido, sino lo que ha llegado y ya se ha ido.
César Vallejo, Santiago de Chuco, 1892- París, 1938
De Trilce, Castalia, 1991 imagen de Brandon Brou