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Mostrando las entradas de octubre, 2016

juana bignozzi. soy una mujer sin problemas

Soy una mujer sin problemas

Todos lo saben
y entonces buscan compañía para charlar por las noches.
Sin embargo yo conozco a alguien que quiere morir en paz consigo mismo
y me produce estremecimientos, insomnio, soledad,
porque la paz conmigo misma sería una guerra sin fin,
dos o tres asesinatos inevitables y alguna entrega desmedida
que no entra en mis planes.
Sin embargo yo sueño por las noches
con un jardín inmenso donde los muertos se levantan para saludarme;
yo sueño con un hombre que me inquieta y como lo ignora
me habla amigablemente del resto del mundo
y de mis múltiples amores, tan simpáticos,
tan apropiados como tema de conversación.

Juana Bignozzi,Buenos Aires, 1937- 2015
de Mujer de cierto orden, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1967

rainer maría rilke. cuarta elegía

Cuarta Elegía
Oh árboles de la vida, ¿cuándo será el invierno? Los hombres nunca vamos al unísono como las aves migratorias. Tarde o temprano, de súbito nos imponemos a los vientos, para luego caer en la indiferencia de un estanque. En nuestra conciencia conviven el florecer y el marchitarse. Y hay leones todavía que toda suerte de imponencia ignoran mientras en ellos perdura el esplendor.
Pero nosotros, al sopesar lo uno de algo, sentimos ya el despliegue de lo otro. Lo que es hostil está más próximo que los demás. A cada instante, los amantes chocan en sus límites, el uno contra el otro; ellos, que se habían prometido pertenencia, fuerza y espacio. Así como para hacer evidente lo fugaz de una imagen, se nos prepara un fondo de contraste, se nos ofrece precisa claridad. Pero no conocemos el contorno de nuestra sensación; sólo la forma que lo hace presente. ¿Quién no estuvo nunca con angustia sentado ante el telón del propio corazón? Aquél se descorrió, develando el decorado para una despedida. Fácil fue comprender…

romina freschi. de 'eco en el parque'

Abrasa y arroja, la vida      la real tirana.      Ella es entonces      la obligación, ese mandato      que decimos      que resistimos      impuesto caro      milagro que yugamos      y vemos titilar      como un corazoncito emplumado      que tiembla y cede      a la muerte      pregunta y amenaza de zozobra      que acecha      todos los días      y es siempre la misma:      después de tanto esfuerzo      tantas lágrimas      tanta renuncia      será que lo construido      no es
     habitable.
Romina Freschi, Buenos Aires. 1974 de Eco del parque, Juana Ramírez Editora, 2015
imagen de Ernie Barreto

juan manuel inchauspe. no tenés más que palabras

***

No tenés más que palabras 
y decir esto
y decir que eliminaste los límites
entre el tener y no tener
es casi decir lo mismo.

Trabajás con nada.
Escribís sobre el vacío.
Frente a la rugosa realidad
tus herramientas se deshacen.

Asomando a una noche extraña
arrasada por los vientos
poblada de estrellas furiosas
que una vez dictaron a otros hombres
los nombres de fuego de Arturo
la Osa y el Centauro:
tu lengua sin cielo
tiembla
y se retuerce.

José Manuel Inchauspe, Santa Fe 1940-1985
en Antología de la Poesía Argentina, Tomo III, Selección e introducción Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librerías Fausto, Buenos Aires, 1979
imagen de Osa-Ceriani

mercedes araujo. la isla (selección)

El peligro no aparece al principio,
lleva un tiempo comprender que las olas
se estrellan contra peñascos y otro tiempo
dejar de de intentar
que el cuerpo encuentre amparo.
Cuando lo has perdido, el agua te recuerda
que no es posible comenzar de nuevo,
en todo caso no con el mismo cuerpo.
Como un animal pequeño, de pelo débil
con orejas puntiagudas, las manos y los pies de mona,
con el pelo liso como el que tengo en estos días,
así, creo, será posible sobrevivir en el mar.


***
Palpo mi cuerpo, poco voluptuoso,
parece el de una langosta pero con escamas,
la piel durísima me convence de lo inútil
de temerle a las flechas. Ahora sé que los escarbajos
pueden caminar sin dañarse las alas
que todos amamos el vientre que nos nutre
y que el cuerpo que fue echado al pozo prefiere el agua.
Luego de estos meses en la isla, ciertas mutaciones
ocurrieron al cuerpo: la mirada
se disipó, los músculos se aletargaron.
Estrellas, luna, vientos, ríos,
la marea
todo lo enjuaga.

Merceders Araujo, Mendoza, …

po chu-i. poema

LIV

Poema

Sentados, bajo la sombra
     que los bambúes
proyectan sobre el tablero,
dos monjes de la colina
     juegan a las damas.
No se les puede ver
     a través de la espesura,
pero de vez en cuando
     se escucha el ruido
       de una pieza jugada.

Po Chü-I, 772-846
Poesía Tang
imagen s/d




pier paolo pasolini. la mano que tiembla

La mano que tiembla

Por naturaleza estoy dentro de la pelea,
por edad estoy fuera de ella-
la ambigüedad está ratificada por la relación ambigua
entre contigüidad y semejanza - ¡gracias, viejo Jakobson!,
que no por nada te fundas no sólo en Poe, sino en Valéry -
pongamos un poco de oscuridad, él de hecho decía -
y es lo que hago cuando sonrío como quien está fuera de la pelea,
Y VICEVERSA -y es lo que hago cuando diciendo cosas claras
"les meto oscuridad" y, naturalmente, VICEVERSA -
pero nadie olvida que, como las fábulas,
también las estructuras tienden a repetirse, a no cambiar
y si una corriente literaria ha sido reccionaria,
ésa ha sido el simbolismo, sin embargo...
l'exitation prolonguée entre les sens e le son...
quien está fuera de la pelea es, se entiende, un poco reaccionario,
pero también quien está dentro lo es; un poco reaccionario es
quien es claro,
con todas sus comas, y quien ayuda a la natural ambigüedad
creando adrede los obstáculos. ¿Por qué no decirlo?

Pier Paolo Pasolin…

santiago sylvester. las casas

Las casas

Las casas se pusieron inhóspitas
y tuvimos que abandonarlas a su suerte.
Primero fue la casa de los patios
donde la infancia ponía expectativa en ciertas plantas
que todavía ofrecían protección.
y en una muy querida forma de llamarnos  a la mesa.
en otra casa las chirimoyas ordenaban una majestad
y el juego de los hermanos se escuchaba
como una premonición que sería demasiado dolorosa
si alguien insistiera ahora en recordar.
Después fue la casa donde la humedad del río
se nos pegaba al cuerpo como la piernas
de una mujer que nos enloquecía,
y hasta la sombra crujía de deseo, y una lengua
nos buscaba la lengua
con la voluntad desesperada.
Y las otras casas, con amigos hasta el amanecer,
con hijos, con poemas,
con pequeños olvidos (apenas distracciones
que sin embargo después venían a buscarnos desmesuradamente)
De todas las casas nos hemos ido.
y cuando creíamos que ya nada quedaba de ellas
apareció una hoja en el suelo, un grito subrepticio
en un cajón, el cuaderno de la escuela
con los cuidados de …

enrique banchs. la urna (selección)

*** Despedirse de tanta, tanta cosa que me tuvo tan larga compañía y al fin y al cabo es lo que más valía, viéndolo bien, ¿no es cosa dolorosa?
Porque yo escribo este soneto y siento que divido mi vida en dos mitades: una es de nube, se la lleva el viento, y otra es de tierra, toda realidades.
Yo me pregunto si tendré la fuerza de olvidar tanto si que al fin se tuerza la ilusión que es preciso me mantenga.
Y de veras no sé, no sé qué hacer... Acaso nada, no sentir, no ver,
y dejarse llevar por lo que venga.
Enrique Banchs, Buenos Aires, 1888-1968 de La urna, 1911

poul borum. dos poemas

Mientras arde la casa
Mientras arde la casa
él se sienta y dice:
el fuego es un fenómeno interno Mientras arde la casa
él se precipita a las llamas gritando:
no olvidé nada ahí dentro Mientras arde la casa
escribe una carta en la que dice:
mañana arderá la casa Mientras arde la casa
se tumba en la cama y sueña
que la casa está ardiendo Mientras arde la casa
comienza su disertación:
sobre la causas metafísicas de los incendios Mientras arde la casa
telefonea al electricista
para encargarle nuevos cables Mientras arde la casa
se da cuenta de su derrota:
días que tocan a su fin, soledad, la llegada de la noche Mientras arde la casa
se hace de noche en esa parte del mundo
y él se queda dormido en una cama extraña
*** Pasa un tren Pasa un tren
suena un silbato
detente detente gritan los árboles
pero no sirve de nada
pasa un tren
muere un sonido
detente grita la vida
nosotros ya estamos lejos
Poul Borum. Copenhagen, Dinamarca, 1934-1996 en Poesía nórdica, Ediciones de la Torre, Madrid, 1999. Trad. Francisco Uriz, K…

jorge garcía sabal. soledades

Soledades

Es confuso lo que uno podría ser
para otro cuando uno no conoce
aquello que oscuramente quiere,
pero sabe que lo perderá; como algo
que no está sino en uno, que hace daño,
pero como uno se hace daño a sí mismo;
que humilla y da miedo. Un miedo
que parece una pregunta de inicio
y despedida; mejor: un permanente adiós.
Es confuso; después uno vive la vida
lleno de miedo ante su piel, un miedo
de murciélago solo encerrado en una casa
de luces, un miedo como una mancha oscura,
otro.
Y pasa el tiempo y de a poco uno
va cambiando palabras intrascendentes
o palabras de búsqueda cada día, y
de a poco quita los espejos, descuelga
los cuadros, vende los muebles de la casa.

Con las puertas arrancadas, las ventana
abiertas, agachado en un rincón lleno de frío,
uno termina preguntando a uno ¿qué vio? ¿qué?
¿quién?

Jorge García Sabal,Balcarce, 1946- Buenos Aires, 1996
de Tabla Rasa, Ediciones del Dock, Poesía Pez Náufrago, Buenos Aires, 2016
imagen de Oleg Konin

pablo anadón. los muertos

Los muertos
Un día no estarán
y tendré tu cabeza entre mis manos
apretada en el pecho
como un niño de horas,
puro desvalimiento envuelto en un abrazo. Entonces, el sollozo
será definitivo,
agua que baja al fondo
de unas palmas en cuenco
y allí se queda para siempre, espejo
de todo el que ha nacido: solo, sólo uno mismo, planta acuática,
las raíces colgando a la deriva... En la corriente negra,
brillantes de dolor nos amaremos
como sólo se aman
los hijos de los muertos.

Pablo Anadón, Villa Dolores, Córdoba, 1963
imagen de Helen Frankenthaler

li-young lee. siete finales felices

Siete finales felices

Amor, después de hablar toda la noche,
¿en dónde estamos? ¿Por dónde comenzamos?

Necesitaba darle un nombre, necesitaba saber
qué quisimos decir cuando dijimos nosotros,
cuando dijimos nuestro, cuando dijimos esto.

Quería darle un nombre:
sombras contra el muro del jardín.
Un hombre remando solo en el mar.
Siete finales felices.

¿Y tú?  Tú eras feliz
con dos cuartos y una puerta para separarlos.
Y la luz del día a cada lado de la puerta.
Música escuchada desde el cuarto de arriba.
Y las campanas desde la calle
para apresurar nuestros mordaces corazones.

Pero desperté una noche
al hecho de que estaba cayendo.
Encendí la lámpara y la lámpara estaba cayendo.
Y la mano que la encendía estaba cayendo.
Y la luz caías, y todo lo que la luz tocaba
caía. Y tú caías
dormida junto a mí.
Tal el primer final feliz.


Li-Young Lee, Jakarta, Indonesia, 1957
en Harold Bloom, La escuela de Wallace Stevens,Vaso Roto Ediciones, Madrid, 2011
Edición, traducción y notas de Jeannette L. Clariond

jorge aulicino. en la laguna artificial

En la laguna artificial

a Polo
Volviendo de la pesca entre hojas negras
usted ha escuchado las campanas.
Lo que hasta ayer llamaba situación
se convierte en piedra entre los ojos.
Parado junto al charco ve ahora la lenta decantación del hierro.
No le pese la tarde, habrá otra y otra más.
Cierta congoja: monedas en los bolsillos, tampoco pesan.
Volviendo de la laguna artificial con su carga de anguilas
ve ahora las cosas que suceden: el sol en el poniente
los pasto aplastados, moscas y vidrios en la arena.
Hay palabras que jamás tendrán sentido.
No espere compasión del clima: es usted lo que ve.

También esta noche soplará el viento seco.

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949
de La caída de los cuerpos, 1983
en Jorge Aulicino, Estación Finlandia, Poemas reunidos 1974-2011, BajoLaLuna, Buenos Aires, 2012
imagen de Jennifer Flannigan