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Mostrando las entradas de mayo, 2011

una remota llamarada

La ciudad sin Laura

En la ciudad callada y sola mi voz despierta una
profunda resonancia.
Mientras la noche va creciendo pronuncio un
nombre y este nombre me acompaña.
La soledad es poderosa pero sucumbe ante mi voz
enamorada.
No puede haber nada tan fuerte como una voz
cuando esa voz es la del alma.
En el sonido con que suena siento el sonido de
una música lejana.
Y en la energía remota que la mueve siento el calor de
una remota llamarada.
Porque mi voz es una chispa de aquella hoguera
que eterniza lo que abrasa.
Porque mi amor es una chispa de aquella hoguera
que eterniza lo que abrasa.
Para poblar este desierto me basta y sobra con
decir una palabra.
El dulce nombre que pronuncio para poblar este
desierto es el de Laura.

Las cosas son inteligibles porque este nombre de mujer
las ilumina.
Porque este nombre las arranca de las tinieblas en
que estaban sumergidas.
Una por una recuperan su resplandor espiritual y
resucitan.
Una por una se levantan con el candor y la belleza
que tenían.

desde la arcoirisada crestería

Soneto XXXII

La casa en la mañana con la verdad revuelta
de sábanas y plumas, el origen del día
sin dirección, errante como una pobre barca,
entre los horizontes del orden y del sueño.

Las cosas quieren arrastrar vestigios,
adherencias sin rumbo, herencias frías,
los papeles esconden vocales arrugadas
y en la botella el vino quiere seguir su ayer.

Ordenadora, pasas vibrando como abeja
tocando las regiones perdidas por la sombra
conquistando la luz con tu blanca energía.

Y se construye entonces la claridad de nuevo:
obedecen las cosas al viento de la vida
y el orden establece su pan y su paloma.

***
Débil del alba

El día de los desventurados, el día pálido se asoma
con un desgarrador olor frío, con sus fuerzas en gris,
sin cascabeles, goteando el alba por todas partes:
es un naufragio en el vacío, con un alrededor de llanto.

Porque se fue de tantos sitios la sombra húmeda, callada,
de tantas cavilaciones en vano, de tantos parajes terrestres
en donde debió ocupar hasta el de…

como el que...

Preparativos

Como el que
habita
esa última casa
en la frontera.

Como el que
habita esa casa
última.

Como el que
ultima los preparativos
para abandonarla.

Leónidas Lamborghini, Buenos Aires 1927-2009
de Circus, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1986
imagen: Kazuki Takamatsu en Katzuki TaKamatsu

tierra desnuda de mi vida

Esta fuerza amarrada frágilmente

A power girl round with weakness
Cuando mi alma innumerable,
cargada todavía del peso de la tierra,
llore en los fuegos fatuos
y el búho de ojos insomnes
y el murciélago siniestro
y los mil perros aulladores de la noche
enciendan en el viento del oscuro río
los signos del espanto,
ya no me acosarán ni madreselvas ni jazmines
ni los ojos verdes donde las muertes de la tierra resplandecen
-todo lo que amé tanto-
ni el oleaje que gasta mi vida
"esta fuerza amarrada frágilmente".
Mi miedo de muerte
-vida en avidez, vida en vértigo de acto-
será apenas olvido,
inútil pavor derrotado.
Porque todo es olvido
que prospera en la tierra
y ahonda cada día su cielo en la muerte.
Nada de lo que amé podrá seguirme.
Ni la hermosura de los rostros,
ni el agresivo amor humano,
ni los azahares invadidos
de yacentes, jóvenes sangres,
que suben a las bocas vivas.
Y la avidez honda de las tardes
y el escarnio de los tiranos a las ciudades inocentes
y secretamente …

todo hombre es un héroe

Ritos

Cada vez que regreso
A mi país
después de un viaje largo
Lo primero que hago
Es preguntar por los que se murieron:
Todo hombre es un héroe
Por el sencillo hecho de morir
Y los héroes son nuestros maestros.

Y en segundo lugar
por los heridos.

Solo después
no antes de cumplir
Este pequeño rito funerario
Me considero con derecho a la vida:
Cierro los ojos para ver mejor
Y canto con rencor
Una canción de comienzos de siglo.

***
Defensa de Violeta Parra

Dulce vecina de la verde selva
Huésped eterno del abril florido
Grande enemiga de la zarzamora
Violeta Parra.

Jardinera
locera
costurera
Bailarina del agua transparente
Árbol lleno de pájaros cantores
Violeta Parra.

Has recorrido toda la comarca
Desenterrando cántaros de greda
Y liberando pájaros cautivos
Entre las ramas.

Preocupada siempre de los otros
Cuando no del sobrino
de la tía
Cuándo vas a acordarte de ti misma
Viola piadosa.

Tu dolor es un círculo infinito
Que no comienza ni termina nunca
Pero tú te sobrepones a todo
Viola…

la forma cambiante de mi sombra

***
Es Lou que la llamaban

Hay lobos de todas clases
Conozco al más inhumano
Mi corazón se dé al diablo
Y lo deje en su puerta
Solo un juguete en su mano

Antes había lobos fieles
Como ahora son los perritos
Los Soldados que aman bellas
Gentilmente en su recuerdo
Eran dulces como lobos

Pero hoy son peores los tiempos
Los lobos se han vuelto tigres
Los Soldados se han vuelto Imperios
Césares vueltos Vampiros
Son tan crueles como Venus

Tomé mi decisión Rouveyre
Montando en mi gran caballo
Partiré pronto a la guerra
Sin piedad casta ojo adusto
Como guerreros que Epinal

Vendía Imágenes rústicas
Que Georgin xilografiaba
Dónde están los militares
Soldados idos Dónde están
Dónde están las guerras de antes


***

Sombra

Otra vez estáis de nuevo junto a mí
Recuerdos de mis compañeros muertos en la guerra
El olivo del tiempo
Recuerdos que no hacéis más que uno
Como cien pieles no hacen más que un abrigo
Como esos millares de heridas no hacen más de un artículo periodístico
Apariencia impalpable y so…

pero el odio

Destino

Matamos los que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su acritud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
de Meditación en el umbral, Fondo de Cultura Económica, México, 1985
imagen: Sadie Benning

yo no le digo nada

Otra vez Ana

Si pienso en ella, pienso en mí a su edad,
igual de apasionado.
Los amigos, me digo,
significaban todo.
Pero ahora los amigos se empiezan a morir de varias formas
y algunas muertes son irrevocables.
Mi hija no lo sabe
y espero que demore en enterarse.
Yo no le digo nada. Pongo un disco,
mientras la veo ajena,
hermosa y para siempre.

Jorge Fondebrider, Buenos Aires, 1956
Inédito
Imagen: Linda Connor

por vuestro y mío

38.

No quiero las ofrendas
en que, de mala ganas,
negáis lo que me dáis.
Me dáis lo que he de perder,
llorándolo, dos veces,
por vuestro y mío, perdido.

Mejor me lo prometéis
sin dármelo, que la pérdida
será más en la esperanza
que en el recuerdo.

No tendré más pesar
que el continuo de la vida,
viendo que con los días
tarda lo que se espera, y es nada.

55.

Todo cuanto cesa es muerte, y la muerte es nuestra
si para nosotros cesa. Aquel arbusto
fenece, y se va con él
parte de mi vida.
En todo cuanto miré quedé en parte.
Con todo cuanto vi, si pasa, paso,
ni distingue la memoria
lo que vi de lo que fui.

71.

Quien eres, no lo serás, que el tiempo y la suerte
te cambiarán en otro.
¿Para qué pues en ser te empeñas
lo que no serás tu?
Tuyo es lo que eres, tuyo lo que tienes, ¿de quién
es lo que otro tiene?

72.

Domina o calla. No te pierdas, dando
Aquello que no tienes.
¿Qué vale el Cesar que serías? Goza
Que te baste lo poco que eres.
Mejor te acoge la vil choza dada
Que el palacio debid…

aquella cuyas piernas se asemejan a un gesto

**
Hablemos del lobo

Solitario en la nieve olfatea
Perseguidor de huellas y de tufos

La víctima comparece

Salto
Dentellada
Sangre sobre la nieve
Breve pasión de otro verdugo
Desde lejos
Abolirá de un balazo

El reino de la necesidad no conoce moral.

**
El bello error o de la delicadeza de existir

Hablaré de aquella cuyas piernas se asemejan a un gesto
La que se arroja desde lo alto de sus ojos
Desde lo oscuro de su cuerpo

La que me quiere con delirios
Con escándalos y silencios

La que tiene palabras para los otros
Y una sonrisa para nuestro secreto

La que dispone de un minuto para el mediodía
De su vida para siempre
De mi amor para la eternidad

Ella, que tiene la debilidad de esperarme
Y la manía de quererme

Tú, donde el error se hace acierto o belleza
Tú, que tienes la delicadeza de existir.

**
Para que entre nosotros la verdad no sea una desdicha

Ya no tenemos edad
Somos los pobres de lujo
La vida es un pasaje de ida solamente

Sálvese quien quiera.

Mario Trejo, Buenos Aires o La Plata,…

entre este deseo y ése

Quemando cartas

Hice una hoguera; cansada
de los blancos puños de viejas
cartas y su ruido a muerte
cuando me acercaba demasiado a la papelera
¿qué es lo que ellas sabían, que yo no?
Grano a grano, desplegaban
las arenas donde un sueño de agua clara
sonreía entre dientes como un coche de fuga.
No soy sutil
amor, amor, y bueno, estaba cansada
de los cartones del color del cemento o de una jauría
sostenida en su odio
débilmente, bajo de un puñado de hombres con chaquetas rojas,
y los ojos y fechas de las estampillas.

El fuego puede lamer y adular, pero es despiadado:
una vitrina
a la que mis dedos entrarían aunque
se derritiesen y deformen, y les digo:
No toquen.
Y aquí está el final de la escritura,
los ganchos en movimiento, que se doblan y rechinan, y las sonrisas, las sonrisas
y al menos, ahora el desván será un buen lugar.
Al menos no seré pescada justo debajo de la superficie,
tonto pez
de un solo ojo de lata,
esperando destellos,
surcando mi Ártico
entre este deseo y ése.

Entonc…

cuídate de amarme

La prohibición

Cuídate de amarme,
Recuerda, al menos, que te lo he prohibido;
No es que remediaré el derroche
de aliento y sangre con tus lágrimas y suspiros,
siendo para ti lo que tú fuiste para mí;
pues tal regocijo consume nuestra vida en un instante,
entonces, no sea que tu amor por mi muerte se frustre,
si me amas, cuídate de amarme.

Cuídate de odiarme,
o del excesivo triunfo en la victoria,
no es que yo sea mi propio justiciero,
y con odio al odio responda;
porque tú perderás tu estilo de conquistador,
si yo, el conquistado, muero por tu odio.
Entonces, no sea que siendo yo nada a ti te disminuya,
si me odias, cuídate de odiarme.

Mas ámame y ódiame también
para que estos extremos ninguna función cumplan;
ámame, para que pueda morir más dulcemente;
ódiame, porque tu amor es muy grande para mí;
o deja que sean ambos quienes se destruyan y no yo;
entonces viviré tu drama, sin vencer;
a menos que tú, a tu amor y tu odio y a mí desates
para dejarme vivir, oh amor, y me odies también…

ya no somos los que fuimos

La constancia de una mujer

Hoy me amaste todo el día.
Cuando partas mañana, ¿qué dirás?
¿Adelantarás la fecha de un voto recién hecho?
¿O dirás ahora que
ya no somos los que fuimos?
¿O que a las promesas hechas por temor reverencial
del amor y su ira, cualquiera puede renunciar?
¿O que como las muertes verdaderas a los matrimonios verdaderos deshacen,
así las promesas de los amantes , imágenes de aquellos,
unen, solo hasta que el sueño, imagen de la muerte, los desata?
¿O tratando de justificar tus propios fines,
por haber aspirado variedad y falsía,
no tienes otro camino que la falsedad para ser leal?
Soberbia lunática, contra estas excusas podría
argumentar y vencer, si quisiera;
pero me abstengo de hacerlo porque mañana
puede que también yo piense así.

John Donne, Londres, 1572-1631
Version © Silvia Camerotto
imagen: Giovanni Battista

Woman’s constancy

Now thou hast loved me one whole day,
To-morrow when thou leavest, what wilt thou say ?
Wilt thou then antedate some new-made vo…