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Mostrando las entradas de agosto, 2012

cantando una última canción

Choricos
Los antiguos cantos Van con tristeza hacia la muerte.
Fríos labios que ya no cantan, y coronas marchitas, ojos pesarosos, y pechos y alas caídas— símbolos de cantos antiguos que tristemente descienden hasta las blancas olas, por nadie observadas excepto las frágiles aves marinas y  las ágiles y pálidas chicas, hijas de Ōkeanós.
Y los cantos van desde  el prado que se extiende sobre las olas como una hoja en las flores del jacinto; y  pasan sobre las aguas, los múltiples vientos y la débil luna, y llegan, silenciosos volando a través del delicado atardecer cimerio, hasta las calmas planicies
que ella guarda para que nosotros suframos, que ella labró para que suframos en  nuestro sueño en los días de plata del despertar de la tierra— Proserpina, hija de Zeus.
Y nos alejamos de los pechos ciprianos, y nos alejamos de ti, Apolo Febo, y nos alejamos de la música del pasado y de las colinas que amamos y de los prados, y nos alejamos del día abrasador, y de  los labios demasiado dulces; para tocar en silencio l…

vienes para decirnos

Elegía del silencio

Silencio, ¿dónde llevas
tu cristal empañado
de risas, de palabras
y sollozos del árbol?
¿Cómo limpias, silencio,
el rocío del canto
y las manchas sonoras
que los mares lejanos
dejan sobre la albura
serena de tu manto?
¿Quién cierra tus heridas
cuando sobre los campos
alguna vieja noria
clava su lento dardo
en tu cristal inmenso?
¿Dónde vas si al ocaso
te hieren las campanas
y quiebran tu remanso
las bandadas de coplas
y el gran rumor dorado
que cae sobre los montes
azules sollozando?

El aire del invierno
hace tu azul pedazos,
y troncha tus florestas
el lamentar callado
de alguna fuente fría.
Donde posas tus manos,
la espina de la risa
o el caluroso hachazo
de la pasión encuentras.
Si te vas a los astros,
el zumbido solemne
de los azules pájaros
quiebra el gran equilibrio
de tu escondido cráneo.

Huyendo del sonido
eres sonido mismo,
espectro de armonía,
humo de grito y canto.
Vienes para decirnos
en las noches oscuras
la palabra infinita
sin aliento y sin labios.

Taladrado de estrellas
y maduro de música,
¿dónde…

yo te avisé

Si yo lo supiera

El tiempo no dirá otra cosa sino yo te avisé, el tiempo sabe nada más el precio que tenemos que pagar; si yo lo supiera te lo diría.
Si lloráramos cuando los payasos salen a escena, si tropezáramos cuando los músicos tocan, el tiempo no dirá otra cosa que, yo te avisé.
No hay destinos que predecir, aunque como te amo más de lo que puedo expresar, si yo lo supiera te lo diría.

Los vientos vienen de algún lado cuando soplan, habrá motivos para que las hojas se pudran; el tiempo no dirá otra cosa que, yo te avisé.
Quizás las rosas quieren en verdad crecer, la visión desea seriamente permanecer; si yo lo supiera te lo diría.
Supongamos que todos los leones se levantan y se van, y todos los arroyos y los soldados huyen; ¿El tiempo dirá nada más, yo te avisé? Si yo  lo supiera te lo diría.

W. H.  Auden , York, 1907- Vienna,1973)
versión © Silvia Camerotto Imagen de Fabián Pérez© – Hombre del Traje Negro, en Uno de los nuestros

If I could tell you

Time will say nothing but I told you so,
Tim…

los juegos que jugamos

Queridos amigos

Queridos amigos, no me reprochen por lo que hago,
ni me aconsejen, ni me compadezcan; ni me digan
que estoy malgastando la mitad de mi vida
en un trabajo inestable que sólo los tontos realizan.

Y si mis burbujas son muy pequeñas para ustedes,
inflen  las suyas más aún: los juegos que jugamos
para llenar los minutos que derrochamos a diario,
son buenas lentes para leer el espíritu a través.

Y a él sus lecturas le otorguen una hábil destreza;
y resigne un poco de improductivo desdén
para alabar todo aquello que detesta;
entonces, amigos (queridos amigos), recuerden, si pueden,
que la vergüenza que gano por cantar es toda mía,
el oro que perdí por soñar es de ustedes.
Edwin Arlington Robinson,  Lincoln, Maine, 1869- New York, 1935 Version © Silvia Camerotto Imagen de Serge Birault© – Poker Pin up, en Uno de los nuestros
Dear friends

Dear friends, reproach me not for what I do,
Nor counsel me, nor pity me; nor say
That I am wearing half my life away
For bubble-work that only …

para que todo siga andando

El hombre y la máquina

El hombre inventó la máquina
y ahora la máquina ha inventado al hombre.

Dios Padre es una dínamo
y Dios Hijo una radio
y Dios Espíritu Santo es el combustible que hace que todo siga andando.

Y los hombres forzosamente deben ser pequeñas dínamos
y pequeñas radios
y el espíritu humano es abundante combustible para que todo siga andando.

El hombre inventó la máquina
y ahora la máquina ha inventado al hombre.
David Herbert Lawrence, Eastwood, Inglaterra, 1885- Vence, Francia, 1930 Versión © Silvia Camerotto Imagen de Gilles Tran© -L’appartement – chambre, en Uno de los Nuestros
Man and machine

Man invented the machine
and now the machine has invented man.

God the Father is a dynamo
and God the Son a talking radio
and God the Holy Ghost is gas that keeps it all going.

And men have perforce to be little dynamos
and little talking radios
and the human spirit is so much gas, to keep it all going.

Man invented the machine
and now the machine has invented man.


los odios son contemplados para todos

A un desdichado

Ya se sabe,
empleó
gran parte del tiempo
en adquirir su odio,
y mucho más tiempo
en gozarlo sin decidirlo,
cuervo
que solitario come, ajeno a la envidia
y no para jactarse,
a la espera, quizás,
de un cielo del odio donde todos
los odios son contemplados para todos, incluso
los ignorantes del propio odio, corruptos;
y dispuesto al goce
de ser contemplado en su odio,
como aplicando una máxima:
Bueno es
odiar a solas, pero es mejor
odiar en compañia, el odio crece.
Entretanto
se sabe también

Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991
en Francisco Urondo, Veinte años de poesía argentina, 1940-1960, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968 imagen de Martin Stranka© – Wrong Line, en Uno de los nuestros

nos llenaremos los bolsillos

Amor en peso neto

Antes te buscaba reventando caballos
Subiendo las escaleras de dos en dos
Ahora vienen a mí con el rumor que hacen los novios en ciertos aniversarios
Para caer en la trampa por la que asoma una mujer sí y otra no
Las impares siempre más jóvenes
Ahora te amo a mayor densidad por kilómetro cuadrado
Es el amor a precio de costo
La luz se hace con el frotamiento de los cuerpos
Y si te toco provocamos las situaciones extremas
Pero no importa
Ven nos llenaremos los bolsillos de males menores
Y de algunas maneras que hemos heredado


Carlos Latorre, Buenos Aires, 1916-1980
de El lugar común
en Francisco Urondo, Veinte años de poesía argentina, 1940-1960, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968
imagen de Ellen Rogers©, en Uno de los Nuestros

a los sobrevivientes los conozco

Los campeones de la noche

Ninguna ley tengo para ofrecer
ninguna profecía
salvo la muerte y las revoluciones victoriosas
Dejemos entonces al guerrero en paz
y a los hermanos rotos en medio del camino
Pasamos al sacrificio. La Ceremonia está servida:
abrazados celebrados detrás de la ciudad
besos en andenes movedizos
mudas consignas en salas de espera
y a veces ni un guiño
nada para despistar
nada para sobreentender
sólo los ojos lacios como en mesa de póker
Ya no podremos ser los elegidos por el sol
los cachorros feroces que asombrarían al mundo
Apenas si hemos nacido sin querer
viejos desconocidos a quienes llamo mis amigos
perdidos en el trasbordo y sin saber qué tren tomar
Pero mis compatriotas juegan a dormir y a olvidarse de todo
A los sobrevivientes los conozco;
borrachos que invocan a Dios como a una deuda de juego
soldados que hacen patria en los umbrales
pálidos maricas dispuestos a fingir hasta el alba
parejas para las que ha terminado sin gloria
esta noche en la que tanto c…

una cosa es la cerveza y otra el amor

Dichterliebes

Una vez, tuve una actriz entre mis brazos;
aleteaba como un gorrión o se arqueaba como una gata,
al conmoverse engendraba oleadas de encanto
mientras con su cuerpo hacía preguntas
que me parecieron inteligentes
o por lo menos, oportunamente ubicadas.
El verano estaba adelantado y los bares ardían,
presumo que eso fue lo que nos empujó a las calles;
nos arrastrábamos por la noche
y mucha cerveza corrió por nuestros labios,
tanta como el río de amor que nació en mí.
Supongo que mentía por razones profesionales
o tal vez por alguna otra cosa que no entiendo;
el hecho es que pienso todavía en esas certidumbres
y en nuestras sombras fanáticas por ellas,
y las noches, buenas amigas,
me devuelven la escalinata del amor que descendí.
Es cierto que hubo el deleite que llaman físico
aunque simplemente sea por el descubrimiento;
naves desarboladas que a los tumbos
aprisionan los continentes, negros, blanquecinos o pardos
según corresponda al momento y al lugar.
Pero hubo más,
hubo …

pero vuelves a tu lluvia

Después de mucho

a la hora en que descifrabas los primeros años
los primeros torbellinos al extremo de la mañana
los caminos abrían tu adolescencia
y quemaban tus días a menudo equivocados

tu ves ahora
después de mucho
después de los torrentes de palabras
y de nuestras esperanzas comunes
de las gentes que nos acompañan
y de nuestros amores reiniciados
después de esta permanencia y de aquella otra
de años de preguntas indiferentes y de ataques
del nuevo rostro y de la gracia perseguida con silbidos intermitentes
después del sobresalto y del largo abrazo en las esclusas de la aventura
después de asistir al nacimiento de una nueva visión
al encuentro de nuevos pintores
que han amado su oficio el color de la luminosa extensión al aire abierto
después de alentar con otros amigos la poesía
fundando sus nuevas escalas en distintos horizontes
tu ves la frente azul del gran árbol nocturno
tu infancia apenas  distinguible del cobro de los llanos
o el grito y la sed de los viajes interminables
v…

así es su color de advertencia

***

Cuando los pensamientos son lencería,
apilados en los estantes, ordenados, alineados
como las copas de champán y ponche,
la grabada plata deslustrada y el viejo oro liso.
Y llega el invierno, comandante en jefe Ulysses Simpson Grant,
el rey Lear, su barba blanca.
El lago se vislumbra entre los árboles, en el lago
una perca rayada, tigre ártico.
Entre el bosque se vislumbra la tierra, cuya cuna
es de alto pino tambaleante.
Del cual no podemos soltar los ojos,
del cual nos levantamos,
al cual nos abismamos, cuando los pensamientos
están apilados, ordenados,
apinados, cuando son de puro
pino, de su raíz.
Cuando duerme el pez.
Entra en otro mundo y cierra los ojos.
Aquí no florece el liquen, así es su color de advertencia.
Y cuando matan a la hembra de un tiro, quedan las crías.
Aquí la sangre está parada, encantada,
con un truco de magia meten el corazón bajo la piedra
y lo sacan.
Aquí empujan el corazón hasta al pecho de la perca.
Oh qué alegría, cuando a la pena sigue la pena.
Cuand…

no prestes conformidad

9.1

Ella regresó a la casa por la autopista,
con la carga del mercado.
No volvió a rezar en el teléfono.
Con los años sabría que la herida
atacaría cíclicamente.
Como ordenados ejércitos robot,
como buenas e insensatas guerrillas.
Esa noche y otras sopló el viento
y las hojas cantaron antes de morir
la vieja incomprensible canción.
Pero ella era, de todos modos, otra.
¿Dónde fue a parar entonces la energía
que la había animado y dónde
la energía de todos iría
si pudiesen mirar por la ventana
el mundo ralear en su inmensidad,
achicarse el ansia?
Esta era una pregunta inmerecida
para su descanso atento,
para la vigilia sin armas.
¿Había hecho lo que quiso el universo,
qué ley?
Escuchó al viejo que podría haberle dicho:
no prestes conformidad,
no prestes conformidad a los vestidos del diablo.
Cuando dejes de hablar con dios,
también él dejará su nido.

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949
de La línea del coyote, 'Libro Segundo: Hacia el mal', Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1999
imag…

abandonar la carne, deberías

El empeño de los hombres se siente dos pisos más arriba. Pronto olvidarás tu comarca y la del otro. En realidad, nunca estuviste allí. Abandonar la carne, deberías. Abandonar el polen, los resumideros, las fuentes de las plazas. El  margen evidente. Ahora se revuelca como si nadie en medio de un vínculo atado con alfileres. Los  ancestros  te dijeron mal. Los libros te dijeron mal y  pensaste en la rabia de los perros de la calle en el hambre de los perros de la calle en las cortinas del cuarto de la nena que pasaba por tu puerta siempre a la hora de sacar la basura. Leíste en tu habitación los mismos párrafos todo el tiempo. Una medida de agua lavaría las intenciones, pero tu casa es enorme e insulsa.
Silvia Camerotto, Lomas de Zamora, 1959 Inédito Imagen de Anka Zhuravleva© – Pierrot . parte 1, en Uno de los nuestros

todo el día cambiando de sitios cosas

**
5 (Yo)
Un trago
de vino mientras a mi lado
yacía un cuerpo. Un demasiado trago
molestia en la nariz, catarata en el torso, conociéndome
mejor que el cuerpo
que yacía a mi lado. Un trago
de vino. Un cuerpo.
El vino no era sangre y el cuerpo estaba vivo.
Sin importancia. No sé
qué significa, pero entre los sentidos que no sé
es el menos grave. Un trago demasiado
y tosí levemente.

** Fuera

Entra en el mundo. Vámonos de mí,
no me mires ya más, piensa en el mundo,
es un incendio largo donde caben
promesas, travesuras,
las frases que decimos convencidos
y no llegan a oírse, la mezclada
respiración de dos enfermos.
Algo de euforia por estar,
algo de espanto, estar aquí.
La mente que descubre: «no hay propósito en la evolución»,
se despliega la noche sin estrellas
y luego como ves:
educar a la médula espinal,
una tragedia vista desde arriba,
una demolición destapa la bahía.
Los bordes de la herida, su lento parpadeo.
El atlas está húmedo,
la enciclopedia pesa como un…

a quién iba a contarle aquello

Réquiem para lepidópteros
cuando por la ventana nítido el horizonte, invisible tu halo, ¿protector? vos, madre alza su paisaje al vuelo mariposas danzan recitás a Obligado ahondando en el hueco de tu infancia
ignorándome el cielo trama en la rueca del mundo desazón de edenes olvidados el gato callejero que dejé entrar devora mi merienda en el muro una gotita de sangre interrumpe el celeste a contra luz donde fue a estrellarse una mariposa azul la ventana siguió abierta todo el verano tu poema ahora un réquiem para lepidópteros Tuve que asir sola el mundo, tan vasto sin embargo -estabas demasiado entretenida en mirarte en el espejo- combatí, con silencios disfrazados de timidez bajo mi piel de oruga Los juicios de la iglesia –vivíamos en el pêché me apretaba en la garganta la nuez (oh Adan y tus historias) ¿a quién iba a contarle aquello que decía el cura de la escuela? No veíamos ni coníferos ni ardillas izándoles al trote solo mariposas, mariposas en el alfeizar en los vestidos y las solapas del abrigo de invier…

elizabeth azcona cranwell. amor en el hospicio

Amor en el hospicio

Una extraña ha venido
a compartir mi cuarto en esta casa que anda mal de la cabeza,
una muchacha loca como los pájaros

traba la puerta de la noche con sus brazos, sus plumas.
Ceñida en la revuelta cama
alucina con nubes penetrantes esta casa a prueba de cielos

hasta alucina con sus pasos este cuarto de pesadilla,
libre como los muertos
o cabalga los océanos imaginarios del pabellón de hombres.

Ha llegado posesa
la que admite la alucinante luz a través del muro saltarín,
posesa por los cielos

ella duerme en el canal estrecho, hasta camina el polvo
hasta desvaría a gusto
sobre las mesas del manicomio adelgazadas por mis lágrimas.

Y tomado por la luz de sus brazos, al fin, mi Dios, al fin 
puedo yo de verdad
soportar la primera visión que incendia las estrellas.

Dylan Thomas, Uplands, Swansea, Glamorgan, Wales, 1914- New York, 1953
en Dylan Thomas, Poemas completos, Corregidor, Buenos Aires, 1974Traducción de Elizabeth Azcona Cranwell
imagen de Vincent Cacciotti©, Levitation, en Uno de lo…

después pasan los días

*** Nos sentamos a comer
en el living lleno
de gente de tu casa
pero sólo comemos nosotros, los celíacos,
la tan poca comida
un poco de churrasco
y ensalada. Y entonces les sacamos
fotocopias a las tartas de mañana
y mechamos unos bocados.
Te reís
te reís de que comamos
comida fotocopiada
pero insistimos:
el acto es todo
el puro acto
de estos días
sin gusto.

*** No escribí poemas se escribían solos mientras caminaba por el Sena, Saint-Michel, el puente de Mirabeau donde se mató Celan era mi puente al río quizás yo también me moría había que zambullirse en el poema caminaba una página interminable de nombres en francés que abro cada noche abro traduzco al español.
*** Cuando llego ordeno la ropa
apilo los libros las postales mis cositas
en el placard provisorio es
como seguir de viaje.
Pero después pasan los días las semanas
y todo está en el mismo lugar
todo
yo tampoco puedo moverme
el ruido de la ducha me moja
la herida de cuando nos bañábamos juntos.
Julieta Lerman, Buenos Aires, 1980 imagen de Ank…

tantas mujeres fregando sus baldosas

Genealogía
El día que me atropellaron mi madre, en la consulta, sintió que le crujía de pronto la cadera, mi hermana la clavícula, mi sobrina la tibia, mi pobre prima la muñeca. Les siguieron mis cuatro tías y mis firmes abuelas, con sus costillas y sus muelas, con sus sorpresas respectivas.

Entre todas, aquel extraño día, se repartieron hueso por hueso el esqueleto que yo no me rompía.
Les quedo para siempre agradecida.

De Color carne


La casa encima
Tantos siglos removiendo esta tierra que ha pisado el ganado y alimentado al ganado y a los hombres que regaron esta tierra con el cauce negro de su sangre –la sangre cambia de color fuera del cuerpo–. Tantos siglos alineando ladrillos, aquí hubo un establo sobre el que se construyó una iglesia sobre la que se construyó una fábrica sobre la que se construyó un cementerio sobre el que se construyó un edi