lunes, agosto 20, 2012

pero vuelves a tu lluvia


Después de mucho

a la hora en que descifrabas los primeros años
los primeros torbellinos al extremo de la mañana
los caminos abrían tu adolescencia
y quemaban tus días a menudo equivocados

tu ves ahora
después de mucho
después de los torrentes de palabras
y de nuestras esperanzas comunes
de las gentes que nos acompañan
y de nuestros amores reiniciados
después de esta permanencia y de aquella otra
de años de preguntas indiferentes y de ataques
del nuevo rostro y de la gracia perseguida con silbidos intermitentes
después del sobresalto y del largo abrazo en las esclusas de la aventura
después de asistir al nacimiento de una nueva visión
al encuentro de nuevos pintores
que han amado su oficio el color de la luminosa extensión al aire abierto
después de alentar con otros amigos la poesía
fundando sus nuevas escalas en distintos horizontes
tu ves la frente azul del gran árbol nocturno
tu infancia apenas  distinguible del cobro de los llanos
o el grito y la sed de los viajes interminables
ves tus manos tendidas
estás en el trópico
es aracy que cuida la cadencia de tu fiebre
y escuchas el mismo aliento verde
la misma actitud de las más viejas miserias

es un pueblo musical de revueltas empañadas
tu descubres la tierra, la américa cuyo nombre nunca quisiste pronunciar
es el cuello de la madrugada
y marchas despacio mirando la cara y la cruz de tu vida
hay otras palabras que te seducen
quieres salvar el estupor de tu horizonte aéreo
donde se sostiene tu dispersa frescura
el claro fondo de la estación hostil
el lienzo herido del rechazo
el tiempo
bóveda y franca
empuje y árbol
retina de tu vuelo

pero vuelves a tu lluvia
cuidadoso de los antiguos martillos
y pierdes tus noche y tus horas
palpitando en todos los gestos
nada quisieras recordar
sino las voces de los más jóvenes
conoces el día y el retorno
el día en que los párpados llevan
el puente submarino
la frente ambigua del olvido
el viento en que se yergue el azar de tus playas
y te sientes conducido a la nueva razón
al cálido recomienzo de las aguas combadas
al lenguaje renovado de otros deseos
la poesía quiere que hoy estemos juntos
diciendo para un disco todos los vidrios del alba
las riberas ingenuas de los ademanes
y nuestro cambiante amor
nuestro universo sorprendido por el torso del bosque

Edgar Bayley, Buenos Aires, 1919-1990
en Francisco Urondo, Veinte años de poesía argentina, 1940-1960, Editorial Galerna, Buenos Aires, 1968
imagen de Vladimir Fedotko©, en Uno de los nuestros

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