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Mostrando las entradas de febrero, 2010

hay ruiseñores que cantan

en el año del Centenario de Miguel Hernández

Vientos del pueblo me llevan

Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.

Los bueyes doblan la frente,
impotentemente mansa,
delante de los castigos:
los leones la levantan
y al mismo tiempo castigan
con su clamorosa zarpa.

No soy un de pueblo de bueyes,
que soy de un pueblo que embargan
yacimientos de leones,
desfiladeros de águilas
y cordilleras de toros
con el orgullo en el asta.
Nunca medraron los bueyes
en los páramos de España.

¿Quién habló de echar un yugo
sobre el cuello de esta raza?
¿Quién ha puesto al huracán
jamás ni yugos ni trabas,
ni quién al rayo detuvo
prisionero en una jaula?

Asturianos de braveza,
vascos de piedra blindada,
valencianos de alegría
y castellanos de alma,
labrados como la tierra
y airosos como las alas;
andaluces de relámpagos,
nacidos entre guitarras
y forjados en los yunques
torrenciales de las lágrimas;
extr…

ya empieza a quedar poco

Sin tigres

SIN TIGRES

¿Qué hay en la sombra a la hora del yo,
cuando todo pierde el gusto
y uno empieza a vivir sin ilusión,
porque el tiempo ya empieza a quedar poco?

¿Qué otra cosa hay en la sombra de la hora del yo?
Al frío y al calor, a un diente menos,
al tomate que va perdiendo el gusto, al egoísmo,
el mal gobierno, ¿a todo uno se acostumbra?

¿Qué otra cosa hay en la sombra de la hora del yo
sino vivir crispado, dormir poco,
saber que todos vamos, por mera estupidez,
hacia un mundo sin tigres?

Jorge Fondebrider, Buenos Aires, 1956
Inédito
imagen: William Blake

aquí solo existe la tierra

Panorama ciego de Nueva York

Si no son los pájaros
cubiertos de ceniza,
si no son los gemidos que golpean las ventanas de la boda,
serán las delicadas criaturas del aire
que manan la sangre nueva por la oscuridad inextinguible.
Pero no, no son pájaros,
porque los pájaros están a punto de ser bueyes.
Pueden ser rocas blancas con la ayuda de la luna,
y son siempre muchachos heridos
antes de que los jueves levanten la tela.

Todos comprenden el dolor que se relaciona con la muerte
pero el verdadero dolor no está presente en el espíritu.
No está en el aire, ni en nuestra vida,
ni en estas terrazas llenas de humo.
El verdadero dolor que mantiene despiertas las cosas
es una pequeña quemadura infinita
en los ojos inocentes de los otros sistemas.

Un traje abandonado pesa tanto en los hombros,
que muchas veces el cielo los agrupa en ásperas manadas;
y las que mueren de parto saben en la última hora
que todo rumor será piedra y toda huella, latido.
Nosotros ignoramos que el pensamiento tiene ar…

la tierra es breve

XXIII

Me digo, la tierra es breve,
y la angustia es absoluta.
Y muchos están heridos,
pero y con eso ¿qué?

Me digo, podríamos morir;
la vida más plena
no puede contra la caída final;
pero y con eso ¿qué?

Me digo que en el cielo,
de algún modo, seremos pares,
habrá un nuevo equilibrio;
pero y con eso ¿qué?

CXXVIII

Al morir oí el zumbido de una mosca;
la quietud alrededor de mi cuerpo
era como la quietud del aire
entre los vientos rotos de la tormenta.

Los ojos cercanos se escurrieron hasta secarse,
y las respiraciones se unían con firmeza
hacia la última meta, donde el rey
sería visto en todo su poder.

Yo lego mis recuerdos, cediendo
la porción de mí que
pude transferir, —y allí, entonces
se interpuso una mosca.

Con un zumbido azul, inestable y torpe,
entre la luz y yo;
y entonces las ventanas se cerraron, y entonces
no pude ocuparme de ver.

Emily Dickinson, 1830- 1886, Amherst, Massachusetts.
Versión © silvia camerotto
De The Collected Poems of Emily Dickinson, Barnes & Noble, New…

olvidando las alturas

10.

cada evidencia se convierte
entrega su confianza
muestra su frente a los hombres

el reto cotidiano
el edificio respirable de la ternura
se yerguen junto a las fuentes
y a veces interrumpen la rivera opuesta

de En común, 1944-1949

Todos nosotros

no he perdido las miradas de esta multitud
están junto a las calles
sosteninendo las manos y las luces

pero se hace necesario convertir cada uno de sus pasos
sus diarios las tareas

veo los pisos surgidos de a poco
y veo sus alas plegadas al anochecer
y esta gente pregunta mientras tanto por sus mesas
por las paredes o el sueño que se acerca

muchos han reducido las tardes
olvidando las alturas
para esperar solamente

todos aceptamos las respuestas
reunidas por la luz
y contemplamos los días
ausentes de par en par

sin embargo
en medio de este nombre
donde las cosas aquietan mi memoria
busco la marcha de cada letra
la alegría de vivir en el descuido de mi retorno

de En común, 1944-1949

Los hombres y los años

a uno y otro lado de la muralla
los añ…

contra las fisuras

Dedicación a un pedazo de tierra

Este pedazo de tierra
frente a las aguas de esta ensenada
está dedicada a la viva presencia
de Emily Dickinson Wellcome
nacida en Inglaterra: casada;
perdió a su marido y con su hijo
de cinco años se embarcó
a Nueva York en un barco mercante de dos capitanes,
fue llevada hasta las Azores,
viajó a la deriva por los bancos de arena de Fire Island,
encontró a su segundo marido
en una casa de huéspedes en Brooklyn,
se fue con él a Puerto Rico,
tuvo otros tres hijos, perdió
a su segundo marido, vivió
penosamente durante ocho años
en St. Thomas, Puerto Rico, Santo Domingo,
siguió a su hijo mayor a Nueva York,
perdió a su hija, perdió a su "bebé",
agarró a los dos hijos del segundo matrimonio
de su hijo mayor, siendo huérfanos, los crió,
peleó con la otra abuela y las tías,
por ellos, los trajo aquí
verano tras verano, y aquí se defendió
contra ladrones, tormentas, sol, fuego,
contra las moscas, contra las muchachas
que husmeaban, contra la sequía…

wallace stevens. el planeta en la mesa

El planeta en la mesa

Ariel estaba feliz de haber escrito sus poemas.
Eran de un tiempo que recordaba
o de algo visto que le gustó.

Otras creaciones del sol
eran basura y confusión
y la mata madura se retorcía.

Su yo y el sol eran uno
y sus poemas, aunque creaciones de su ser,
eran, no menos, creaciones del sol.

No era importante que perduraran.
Lo importante era que poseyeran
algún rasgo o carácter,

alguna riqueza, aunque sea captada a medias,
en la pobreza de sus palabras,
del planeta del que formaban parte.

Wallace Stevens, Reading, Pennsylvania, 1879- Hartford, Connecticut,1955
versión © silvia camerotto
imagen: Rob Gonsalves, Table Top


The planet on the table

Ariel was glad he had written his poems.
They were of a remembered time
Or of something seen that he liked.

Other makings of the sun
Were waste and welter
And the ripe shrub writhed.

His self and the sun were one
And his poems, although makings of his self,
Were no less makings of the sun.

It was not important that they s…

javiera galarza. variaciones sobre el olvido y el perdón

Variaciones sobre el olvido y el perdón (selección)
para Silvia
1.
¿cuál es el exacto momento en que un cuerpo amado entra
en el pasado? ¿cuándo perdemos gravedad de una voz, magnitud
de una caricia? ¿cómo desdibuja el tiempo palabras y promesas?

no me concedas señor
ni olvido ni perdón.

2.
era 24 de marzo
y se cumplían 30 años
y
era
24 de marzo
y los chicos gritaban
y pasaban las comparsas
y las chicas bailaban
y el pueblo latía junto a
nuestros cuerpos
y los gemidos y los llantos
también eran
nuestros
cuerpos:

habíamos
sobrevivido

3.
ella va a caminar desnuda y con tacos hacia el baño
hasta que venga la niebla y no recuerdes más que
la niebla

4.
«la única jurisprudencia es la del ofendido»
(lautreamont)

no pretendas verificación de lo acontecido,
reconstrucción de los hechos, legitimación.
los abogados existen. los poetas no.
el amor es intangible. un bien intangible.
no pretendas que sea tangible,
no pretendas que sea un bien.
no pretendas que sea.

no
pretendas

no

5.
vas ha…

cuenta lo que era amargo y te mantuvo en vela

La arena de las urnas

Verde de moho es la casa del olvido.
Ante cada una de las puertas al viento azulea tu juglar decapitado.
Él te toca el tambor de musgo y amargo vello de pubis;
con supurante dedo del pie pinta tu ceja en la arena.
Más larga la dibuja que ella era, y el rojo de tu labio.
Tú llenas aquí las urnas y nutres tu corazón.

de La arena de las urnas, 1952


Cuenta las almendras,
cuenta lo que era amargo y te mantuvo en vela,
cuéntame con ellas:

Yo busqué tu ojo cuando lo abriste y nadie te miraba,
hilé aquel hilo secreto
por el que el rocío que pensaste
resbaló hasta los cántaros
que protege un proverbio que de nadie encontró el corazón.

Solo allí entraste enteramente en ese nombre que es el tuyo,
avanzaste con pie firme hasta ti,
libres batieron los mazos en la cabeza de campana de tu silencio,
llegó a tu encuentro lo bien oído,
también lo muerto ciñó con su brazo,
y los tres os fuisteis a través de la tarde.

Hazme amargo.
Cuéntame con las almendras.

de Amapola y memoria, 1952

Tantas estrellas que…

y mejor nadie la vea

Tener lo que se tiene

Sólo me faltan rastas en el pelo blanco
de tan quemada por el lindo sol de marzo
sobre el río cuyas aguas se enfrían más y
más cálido el sol y helada el agua y después
el frescor de la atardecida bajo un manto
de rocío que arrastra delicadamente
marzo para largas caminatas, Talita
corretea por su coto de caza y yo
recibo las mejores melodías, versos
que se arman solos en mi cabeza afinándose
en la increíble caja de resonancia del agua,
volvemos a casa luego para dormir
como santas Talita y yo viviendo un rato
como queremos, dejá que barra cualquier
melancolía en la mañana temprano
y tener lo que se tiene, dejame el presente.


Tener lo que se tiene, 2

Quién me vea por la sirga
una mujer con su perro
y un manojo de leña
para encender el fuego

bajo cero y lo empeora
el torbellino de viento
rojo haciéndose sobre
negro vivo en el cielo

la bolsita del pan
prendida en un bolsillo
quién me vea por la sirga
invierno tras invierno

de tantos ya no pesan
me dice el panadero
ún…

cuando el naufragio ha sido

XXIV

La diferencia entre desesperación
y miedo, es como la diferencia
entre el instante del naufragio,
y cuando el naufragio ha sido.

La mente está en calma —inmóvil—
satisfecha como el ojo
en el rostro del busto,
que sabe que no puede ver.


XXV

Hay una soledad terrenal,
una soledad de mar,
una soledad de muerte, pero éstas
son compañía,
comparadas con ese íntimo lugar,
esa privacidad polar,
en la que un Alma se reconoce a Sí misma en
Finita Infinitud.

Emily Dickinson, 1830- 1886, Amherst, Massachusetts.
Versión © silvia camerotto
De The Collected Poems of Emily Dickinson, Barnes & Noble, New York, 1993
imagen: Alexander Bostan, The loneliness en Tribulaciones de una fruta

XXIV

The difference between despair
And fear, is like the one
Between the instant of a wreck,
And when the wreck has been.

The mind is smooth, —no motion—
Contented as the eye
Upon the forehead of a bust,
That knows it cannot see.

XXV

There is a solitude of space,
A solitude of sea,
A solitude of death, but these

de lo oculto

Desastres

de guerras o viento
y tormenta de occidente

de política estoy cansado con la vanidad
de un poeta legisladores

del mundo no reconocido

que es lúgubre
descender

y ser un extraño cómo
descenderemos

quienes nos convertimos en extraños en este viento que

se levanta como un regalo
en el desorden los vendavales

de la vanidad de un poeta si nuestra historia termina
sin ser contada a quienes y

a aquello que antecedemos queríamos saber

si servíamos para algo

allí afuera la historia
cambia el viento desparramó la arena
y estamos solos el mar asoma
en la poesía del amanecer con su imperfecta

luz de playa un extremo cristalino
arenas que brillan bajo el inminente
y no menos brutal viaje a pie
bajo luz

y viento
y fuego y agua y aire los cinco

elementos brillantes
lo maravilloso

de lo obvio y lo maravilloso
de lo oculto están allí

de hecho una danza de distinción

de las alas de la avispa una danza
de las lenguas madre ¿pueden

bailar

con todos sus significados? Oh

Oh veo a mi amada…

wallace stevens. sonambulismo

Sonambulismo

En una costa vieja, el océano rústico se agita
silencioso, silencioso, como un pájaro flaco,
que piensa en anidar, pero nunca anida.

Las alas siguen desplegándose, pero nunca son alas.
Las garras siguen arañando la roca, la roca superficial,
la rompiente sonora, hasta que el agua la arrastra.

Las generaciones del pájaro son todas
arrastradas por el agua. Una tras otra
Siguen, siguen, siguen arrastradas por el agua.

Sin este pájaro que nunca anida, sin
las generaciones que se suceden en su universo,
el océano, cayendo y cayendo en la costa hundida,

sería una geografía de los muertos: no de esa tierra
a la que podían haber ido, sino del lugar donde vivieron,
donde no había un ser penetrante,

donde ningún sabio, que viviera recluido.
puso en palabras las aletas pequeñas, los picos desgarbados, la personalia,
que como un hombre que todo lo percibe, fueran suyas.


Wallace Stevens, Reading, 1879 – Hartford, 1955
Versión © silvia camerotto
imagen: Barlowe, John Noble

Somnabulisma