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cuenta lo que era amargo y te mantuvo en vela


La arena de las urnas

Verde de moho es la casa del olvido.
Ante cada una de las puertas al viento azulea tu juglar decapitado.
Él te toca el tambor de musgo y amargo vello de pubis;
con supurante dedo del pie pinta tu ceja en la arena.
Más larga la dibuja que ella era, y el rojo de tu labio.
Tú llenas aquí las urnas y nutres tu corazón.

de La arena de las urnas, 1952


Cuenta las almendras,
cuenta lo que era amargo y te mantuvo en vela,
cuéntame con ellas:

Yo busqué tu ojo cuando lo abriste y nadie te miraba,
hilé aquel hilo secreto
por el que el rocío que pensaste
resbaló hasta los cántaros
que protege un proverbio que de nadie encontró el corazón.

Solo allí entraste enteramente en ese nombre que es el tuyo,
avanzaste con pie firme hasta ti,
libres batieron los mazos en la cabeza de campana de tu silencio,
llegó a tu encuentro lo bien oído,
también lo muerto ciñó con su brazo,
y los tres os fuisteis a través de la tarde.

Hazme amargo.
Cuéntame con las almendras.

de Amapola y memoria, 1952

Tantas estrellas que
nos ofrecen. Yo estaba,
cuando te miré-¿cuándo?-
fuera en
los otros mundos.

Oh esos caminos, galácticos,
oh esa hora, que nos
preponderó las noches en
la carga de nuestros nombres. No es
verdad, lo sé,
que viviéramos, sólo
pasó ciego un aliento entre
el allí, el no-allá y el a veces,
como un cometa silbó un ojo
hacia aquello extinguido, en las gargantas,
allí, donde se entremoría el fulgor, estaba
espléndido en tetas el tiempo,
en el que ya crecía, decrecía
y recrecía lo que
es o fue o será,
yo sé,
yo sé y tú sabes, sabíamos
no sabíamos, sí
estuvimos aquí y no allí,
y a veces, cuando
sólo la nada estaba entre nosotros, nos encontramos
uno al otro totalmente.

de La rosa de nadie,1963

Paul Celan,Czernowitz, 1920 - París, 1970
de Paul Celan, Obras Completas, Editorial Trotta, Madrid, 2002
Traducción de José Luis Reina Palazón
imagen de Nihil© – Obsecratio II, en Uno de los nuestros

Der sand aus den urnenSchimmelgrün ist das Haus des Vergessens./Vor jedem der wehenden Tore blaut dein enthaupteter Spielmann./Er schlägt dir die Trommel aus Moos und bitterem Schamhaar;/mit schwärender Zehe malt er im Sand deine Braue./Länger zeichnet er sie als sie war, und das Rot deiner Lippe./Du füllst hier die Urnen und speisest dein Herz.

ZÄHLE die Mandeln,zähle, was bitter war und dich wachhielt,/zähl mich dazu://Ich suchte dein Aug, als du′s aufschlugst und niemand dich ansah,/ich spann jenen heimlichen Faden,/an dem der Tau, den du dachtest,/hinunterglitt zu den Krügen,/die ein Spruch, der zu niemandes Herz fand, behütet.//Dort erst tratest du ganz in den Namen, der dein ist,/schrittest du sicheren Fußes zu dir,/schwangen die Hämmer frei im Glockenstuhl deines Schweigens,/stieß das Erlauschte zu dir,/legte das Tote den Arm auch um dich,/und ihr ginget selbdritt durch den Abend.//Mache mich bitter./Zähle mich zu den Mandeln

Soviel Gestirne, die /man uns hinhält. Ich war/als ich dich ansah – wann? -/draußen bei/den andern Welten./O diese Wege, galaktisch,/o diese Stunde, die uns/die Nächte herüberwog in/die Last unsrer Namen. Es ist,/ich weiß es, nicht wahr, /daß wir lebten, es ging/blind nur ein Atem zwischen /Dort und Nicht-da und Zuweilen,/kometenhaft schwirrte ein Aug/auf Erloschenes zu, in den Schluchten,/da, wo’s verglühte, stand/zitzenprächtig die Zeit,/an der schon empor- und hinab-/und hinwegwuchs, was/ist oder war oder sein wird-,/ich weiß,/ich weiß und du weißt, wir wußten,/wir wußten nicht, wir/waren ja da und nicht dort,/und zuweilen, wenn/nur das Nichts zwischen uns stand, fanden /wir ganz zueinander.

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