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jueves, noviembre 08, 2018

rosario castellanos. apelación al solitario

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Apelación al solitario

Es necesario, a veces, encontrar compañía.

Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire ilícito de robo.

¿Cómo podrás estar solo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan,
hasta el amanecer?

Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974

jueves, agosto 10, 2017

rosario castellanos. dos meditaciones

"Natural Balance" oil on canvas, by Joyce Huntington


Considera, alma mía, esta textura
Áspera al tacto, a la que llaman vida.
Repara en tantos hilos tan sabiamente unidos
Y en el color, sombrío pero noble,
Firme, y donde ha esparcido su resplandor el rojo.
Piensa en la tejedora; en su paciencia
Para recomenzar
Una tarea siempre inacabada.

Y odia después, si puedes.

II

Hombrecito, ¿qué quieres hacer con tu cabeza?
¿Atar al mundo, al loco, loco y furioso mundo?
¿Castrar al potro Dios?
Pero Dios rompe el freno y continua engendrando
Magníficas criaturas,
Seres salvajes cuyos alaridos
Rompen esta campana de cristal.


 Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
de Meditación en el umbral, Fondo de Cultura Económica, México, 1985
imagen de Joyce Huntington

domingo, diciembre 25, 2016

rosario castellanos. el resplandor del ser

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El resplandor del ser

Sólo el silencio es sabio.
Pero yo estoy labrando, como con cien abejas,
un pequeño panal con mis palabras.

Todo el día el zumbido
del trabajo feliz va esparciendo en el aire
el polvo de oro de un jardín lejano.

En mí crece un rumor lento como en el árbol
cuando madura un fruto.
Todo lo que era tierra -oscuridad y peso-,
lo que era turbulencia de savia, ruido de hoja,
va haciéndose sabor y redondez.
¡Inminencia feliz de la palabra!

Porque una palabra no es el pájaro
que vuela y huye lejos.
Porque no es el árbol bien plantado.

Porque una palabra es el sabor
que nuestra lengua tiene de lo eterno,
por eso hablo.

El ser eterno, único,
la redondez del círculo cumplida.

Boca que se abre para decir sí
como se abre -asintiendo- la semilla.

Baja a la inteligencia
total, sin mengua, la palabra;
y queda (como el ámbito por el que vuela un pájaro)
plena y maravillada.

En mí su voluntad no fue hermosura.
Me hizo, como a la planta del desierto,
áspera y taciturna.
Me alzó para medir la soledad
en la extensión sin término, desnuda.
El viento herido en mis espinas- sangra.
Mi única flor es la obediencia oscura.

No ser ya más. O ser
sumisa, un instrumento.
Una flauta en los dedos de la música,
una espiga inclinada bajo el verano inmenso.

No ser ya más. Girar
disciplinadamente ceñida al universo.
Navegar sin orillas
en el amor perfecto.

Amanece en el valle. Con qué lento
resplandor se sonrosa la nieve de las cimas
y cómo se difunde la luz en el silencio.

Hechizada, contemplo el milagro de estar
como en el centro puro de un diamante.

¡Ah, despertar, vivir,
amar, amar el viento
como un amor de pájaro!

De toda la creación esta creatura,
ésta, para mi gozo.
Escogida y perfecta,
coronación del mundo más hermoso.

De su promesa viene
a ser presencia pura.
¡Oh, amor! ¡Oh, misterio,
agua donde la perla se consuma!

¡Alegría de ser dos! En dos orillas
va el río, regalándose.
En dos alas el pájaro
sube al centro del aire.

En las manos unidas
reposa, sostenido, el universo.
¡Alegría de ser dos, y entre los dos
lo eterno!

Me llamas, como a Eurídice,
rompiendo la tiniebla.
El nombre que me das
es para que amanezca.

Sonreída, inocente,
hierba, me vuelvo al aire conmovido.
De la noche no tengo
más que el rocío.

Me alegro con la rama del almendro.
Calló todo el invierno, pero sin descansar,
pues preparaba el tiempo
de convertir lo oscuro de la tierra
en esta flor con la que hoy me alegro.

Se mecía la rama
y era una flor abierta
su única palabra.

¡Cuánta muerte vencida para alcanzar la cima
de plenitud tan breve y delicada!

No era la eternidad. Era la primavera.
La primavera que florece y pasa.

Lo supe con mi carne.
Que la vida es la flor que entre sus dedos
va deshojando el aire
para dejar sin cárcel el perfume
y sin dueño la miel temblorosa del cáliz.

Así, como a la flor del cardo, nos destruye.
Lo supe con mi carne.

¡Qué amistad la del agua con su cauce
y qué conversación la de la rama
cortejada del aire!

En la mano del día
resplandece un anillo de esponsales.
¡Quñe nupcias de la luz y del espejo!

Nadie está solo. Nadie.

No temo por la hoja del arbusto pequeño,
aunque la oculte el árbol poderoso,
aunque la huelle el paso del becerro.

El rocío la embellece
de noche y en silencio.

¡Cömo canta la tierra cuando gira!
Canta la ligereza de su vuelo,
su libertad, su gracia, su alegría.

Así cantan los pájaros
regresando a su nido desde lejos.

El amor que nos ama
no aparta de nosotros ni un instante
la mirada.

Bajo ella estamos todos los dispersos,
como espigas en haz, en gravilla apretada.
La medida completa
que él alzaría en sólo una brazada.

¿Quién vivió y no lo cree?
Las palabras lo juran,
lo atestiguan los seres.

Que este don que nos dieron es don que se recibe
y ya no se devuelve.

A veces hay la noche,
pero la luz es fiel y vuelve siempre.

Al tercer día todo resucita.

Sólo la muerte muere.

No te despidas nunca.

La hoja que el otoño desprende de la rama
conoce los caminos del regreso.

La juventud recuerda su querencia.
La golondrina vuelve del destierro.

No te despidas nunca, porque el mundo
es redondo y perfecto.


Rosario Castellanos México DF,1925 - Tel Aviv, Israel, 1974
En Poesía no eres tú, Fondo de Cultura Económica, Letras Mexicanas, 1972


lunes, marzo 14, 2016

sor juana inés de la cruz. detente sombra de mi bien esquivo




Detente sombra de mi bien esquivo

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.

Si al imán de tus gracias atractivo
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero,
si has de burlarme luego fugitivo?

Mas blasonar no puedes satisfecho
de que triunfa de mí tu tiranía;
que aunque dejas burlado el lazo estrecho

que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Sor Juana Inés de la Cruz, (Juana de Asbaje y Ramírez), San Miguel Nepantla, ¿1648?-1695
imagen s/d


jueves, diciembre 12, 2013

rosario castellanos. la velada del sapo


La Velada del Sapo

Sentadito en la sombra
—solemne con tu bocio exoftálmico; cruel
(en apariencia, al menos, debido a la hinchazón
de los párpados); frío,
frío de repulsiva sangre fría.

Sentadito en la sombra miras arder la lámpara.

En torno de la luz hablamos y quizá
uno dice tu nombre.

(En septiembre. Ha llovido)

Como por el resorte de la sorpresa, saltas
y aquí estás ya, en medio de la conversación,
en el centro del grito.

¡Con qué miedo sentimos palpitar
el corazón desnudo
de la noche en el campo!

***
Presencia

Algún día lo sabré. Este cuerpo que ha sido
Mi albergue, mi prisión, mi hospital, es mi tumba.

Esto que uní alrededor de un ansia,
De un dolor, de un recuerdo,
Desertará buscando el agua, la hoja,
La espora original y aun lo inerte y la piedra.

Este nudo que fui (inextricable
De cóleras, traiciones, esperanzas,
Vislumbres repentinos, abandonos,
Hambres, gritos de miedo y desamparo
Y alegría fulgiendo en las tinieblas
Y palabras y amor y amor y amores)
Lo cortarán los años.

Nadie verá la destrucción. Ninguno
Recogerá la página inconclusa.
Entre el puñado de actos
Dispersos, aventados al azar, no habrá uno
Al que pongan aparte como a perla preciosa.
Y sin embargo, hermano, amante, hijo,
Amigo, antepasado,
No hay soledad, no hay muerte
Aunque yo olvide y aunque yo me acabe.

Hombre, donde tú estás, donde tú vives
Permaneceremos todos.


Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
de Meditación en el umbral, Fondo de Cultura Económica, México, 1985
imagen de Otto Muehl, The Frog Prince, 1984 en Art Blog

miércoles, febrero 06, 2013

sor juana inés de la cruz. cuando mi error y tu vileza veo


XVIII


De amor, puesto antes en sujeto indigno, es enmienda blasonar del arrepentimiento


Cuando mi error y tu vileza veo,

contemplo, Silvio, de mi amor errado,
cuán grave es la malicia del pecado,
cuán violenta la fuerza de un deseo.

A mi misma memoria apenas creo

que pudiese caber en mi cuidado
la última línea de lo despreciado,
el término final de un mal empleo.

Yo bien quisiera, cuando llego a verte

viendo mi infame amor, poder negarlo;
mas luego la razón justa me advierte

que solo se remedia en publicarlo;

porque del gran delito de quererte,
solo es bastante pena, confesarlo.


XIX

Prosigue en su pesar y dice que aun no quisiera aborrecer tan indigno sujeto, por no tenerle así aun cerca del corazón.


Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno

el que estés de esta suerte en mi sentido,
que infama el hierro al escorpión herido,
y a quien lo huella, mancha inmundo el cieno.

Eres como el mortífero veneno

que daña quien lo vierte inadvertido;
y en fin eres tan malo y fementido,
que aun para aborrecido no eres bueno.

Tu aspecto vil a mi memoria ofrezco,

aunque con susto me lo contradice,
por darme yo la pena que merezco:

pues cuando considero lo que hice,

no solo  a ti, corrida, te aborrezco,
pero a mí por el tiempo que te quise.


Sor Juana Inés de la Cruz, (Juana de Asbaje y Ramírez), San Miguel Nepantla, ¿1648?-1695
imagen de Kris Lewis©, Deconstruction Period, en Uno de los nuestros


domingo, diciembre 23, 2012

pedro serrano. peregrinaje


Peregrinaje

Ya no estamos esos cuatro que viajamos
en busca de la claridad y la salvación.
La vida apegándose a sus muros de cal, a su paso.
Mi padre no tenía aun mi edad, mi madre era muy joven.
Como una burbuja de esperanza íbamos
en peregrinación hacia el norte.
Houston, Nueva York, Montreal, trenes, aviones,
hoteles metafísicos con vacas alzadas en la entrada,
albercas en los pies de la cama,
cuerpos negros brillantes y sedosos,
y todo novedad.
Ana Luisa en su jirafa con ruedas, pequeñita,
persiguiendo un mundo que ya no alcanzaría
y en el que me conduce.
Íbamos cruzado el cañón hacia el Empire,
arreando un sol por los desfiladeros de Nueva York,
hasta caer dormidos entre cabezales oscuros.
Y en el envés mis padres,
relucientes en la vida adulta,
hacia el amanecer juntos de nuevo.
Agua de infancia.
Todo el itinerario en mi regazo.
Como el tren a Montreal,
en un último vagón por bosques aprehendidos,
abrazados,
viendo cómo se iba el paisaje
desde la barandilla
y venía siempre.

Pedro Serrano, Montreal, 1957
de Trapiches, colección viernes poesía n° 94, Universidad Nacional de Colombia, 2012
imagen de Paul Klee, Dream city

domingo, septiembre 09, 2012

octavio paz. más allá del amor



Más allá del amor

Todo nos amenaza: 
el tiempo, que en vivientes fragmentos divide 
al que fui 
del que seré, 
como el machete a la culebra; 
la conciencia, la transparencia traspasada, 
la mirada ciega de mirarse mirar; 
las palabras, guantes grises, polvo mental sobre la yerba, 
el agua, la piel; 
nuestros nombres, que entre tú y yo se levantan, 
murallas de vacío que ninguna trompeta derrumba. 

Ni el sueño y su pueblo de imágenes rotas, 
ni el delirio y su espuma profética, 
ni el amor con sus dientes y uñas nos bastan. 
Más allá de nosotros, 
en las fronteras del ser y el estar, 
una vida más vida nos reclama. 

Afuera la noche respira, se extiende, 
llena de grandes hojas calientes, 
de espejos que combaten: 
frutos, garras, ojos, follajes, 
espaldas que relucen, 
cuerpos que se abren paso entre otros cuerpos. 

Tiéndete aquí a la orilla de tanta espuma, 
de tanta vida que se ignora y se entrega: 
tú también perteneces a la noche. 
Extiéndete, blancura que respira, 
late, oh estrella repartida, 
copa, 
pan que inclinas la balanza del lado de la aurora, 
pausa de sangre entre este tiempo y otro sin medida.


Octavio Paz, México, 1914- 1998
en Libertad bajo palabra, FCE, México, 1970
imagen de Chris Anthony©, en Uno de los nuestros

lunes, junio 04, 2012

octavio paz. la vida sencilla


La vida sencilla

Llamar al pan y que aparezca 
sobre el mantel el pan de cada día; 
darle al sudor lo suyo y darle al sueño 
y al breve paraíso y al infierno 
y al cuerpo y al minuto lo que piden; 
reír como el mar ríe, el viento ríe, 
sin que la risa suene a vidrios rotos; 
beber y en la embriaguez asir la vida, 
bailar el baile sin perder el paso, 
tocar la mano de un desconocido 
en un día de piedra y agonía 
y que esa mano tenga la firmeza 
que no tuvo la mano del amigo; 
probar la soledad sin que el vinagre 
haga torcer mi boca, ni repita 
mis muecas el espejo, ni el silencio 
se erice con los dientes que rechinan: 
estas cuatro paredes ?papel, yeso, 
alfombra rala y foco amarillento? 
no son aún el prometido infierno; 
que no me duela más aquel deseo, 
helado por el miedo, llaga fría, 
quemadura de labios no besados: 
el agua clara nunca se detiene 
y hay frutas que se caen de maduras; 
saber partir el pan y repartirlo, 
el pan de una verdad común a todos, 
verdad de pan que a todos nos sustenta, 
por cuya levadura soy un hombre, 
un semejante entre mis semejantes; 
pelear por la vida de los vivos, 
dar la vida a los vivos, a la vida, 
y enterrar a los muertos y olvidarlos 
como la tierra los olvida: en frutos... 
Y que a la hora de mi muerte logre 
morir como los hombres y me alcance 
el perdón y la vida perdurable 
del polvo, de los frutos y del polvo.


Octavio Paz, Ciudad de México, 1914-1988
Imagen: Salvador Dalí, La cesta de pan, 1945

viernes, abril 27, 2012

enrique gonzález martínez. soledad tardía




Soledad tardía


Soledad, bien te busqué
mientras tuve compañía…
Soledad, soledad mía,
viniste cuando se fue…
De tus brazos me escapé
cuando en tus brazos dormía;
estar a solas quería
sin adivinar por qué.
Toda la noche vagué,
por verte, soledad mía;
regresé rayando el día,
y dormida la encontré.
De puntillas me alejé
burlando su compañía
por hallarte, y no te hallé;
pero un día que volví,
no la encontré…
¡Ay, mi soledad tardía,
viniste cuando se fue!
Lloré porque no podía
hallarte, soledad mía…
y lloré porque te hallé…

Enrique González Martínez, Guadalajara, Jalisco, 1871- México D.F., 1952 
de Los senderos ocultos, 1911

imagen de Ángela Lergo ©, Even in the darkest hours (1), en Uno de los nuestros

sábado, marzo 17, 2012

rosario castellanos. la nostalgia



***
La nostalgia

Si te digo que fui feliz, no es cierto.

No creas lo que yo creo cuando me engaño.

El recuerdo embellece lo que toca:
te quita la jaqueca que tuviste,
el sopor de la siesta lo transfigura en éxtasis
y, en cuanto a ese zapato que apretaba
tanto que te impidió bailar el primer baile,
no hubo zapato. Mira: estás descalza, danzas
eternamente ingrávida en el círculo
cerrado de un abrazo.

Danzas sin esa doble barbilla de tu gula,
sin esa arruga artera
que está acechando alrededor de tu ojo.

***
Accidente

Temí... no el gran amor.

Fui inmunizada a tiempo y para siempre con un beso anacrónico
y la entrega ficticia
—capaz de simular hasta el rechazo— y por el juramento, que no es más retórico porque no es más solemne.

No, no temí la pira que me consumiría sino el cerillo mal prendido y esta ampolla que entorpece la mano con que escribo.

***
El excluido

A menudo, si un hombre recibe bien de otro
se le despierta un ímpetu homicida
- rostro secreto de la gratitud -
y el insulto que calla lo envenena.

El favor lo ha marcado
y no cabe en el mundo en que es ley de las cosas
la lucha, el exterminio.

A menudo... A menudo...


***
Parábola de la inconstante

Antes cuando me hablaba de mí misma, decía:
Si yo soy lo que soy
Y dejo que en mi cuerpo, que en mis años
Suceda ese proceso
Que la semilla le permite al árbol
Y la piedra a la estatua, seré la plenitud.

Y acaso era verdad. Una verdad.

Pero, ay, amanecía dócil como la hiedra
A asirme a una pared como el enamorado
Se ase del otro con sus juramentos.

Y luego yo esparcía a mi alrededor, erguida
En solidez de roble,
La rumorosa soledad, la sombra
Hospitalaria y daba al caminante
- a su cuchillo agudo de memoria -
el testimonio fiel de mi corteza.

Mi actitud era a veces el reposo
Y otras el arrebato,
La gracia o el furor, siempre los dos contrarios
Prontos a aniquilarse
Y a emerger de las ruinas del vencido.

Cada hora suplantaba a alguno; cada hora
Me iba de algún mesón desmantelado
En el que no encontré ni una mala bujía
Y en el que no me fue posible dejar nada.

Usurpaba los nombres, me coronaba de ellos
Para arrojar después, lejos de mi, el despojo.

Heme aquí, ya al final, y todavía
No sé qué cara le daré a la muerte.

Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
Poesía no eres tú, obra poética 1948-1971, Fondo de Cultura Económica, México, 1972
imagen de Vladimir Fedotko©, en Uno de los nuestros

jueves, enero 12, 2012

olas como rencor





***
Acabar con todo

Dame, llama invisible, espada fría, 
tu persistente cólera, 
para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
oh mundo desangrado, 
para acabar con todo. 

Arde, sombrío, arde sin llamas, 
apagado y ardiente, 
ceniza y piedra viva, 
desierto sin orillas. 

Arde en el vasto cielo, laja y nube, 
bajo la ciega luz que se desploma 
entre estériles peñas. 

Arde en la soledad que nos deshace, 
tierra de piedra ardiente, 
de raíces heladas y sedientas. 

Arde, furor oculto, 
ceniza que enloquece, 
arde invisible, arde 
como el mar impotente engendra nubes, 
olas como el rencor y espumas pétreas. 
Entre mis huesos delirantes, arde; 
arde dentro del aire hueco, 
horno invisible y puro; 
arde como arde el tiempo, 
como camina el tiempo entre la muerte, 
con sus mismas pisadas y su aliento; 
arde como la soledad que te devora, 
arde en ti mismo, ardor sin llama, 
soledad sin imagen, sed sin labios. 
Para acabar con todo, 
oh mundo seco, 
para acabar con todo.

Octavio Paz, Ciudad de México, 1914 - 1998
imagen de Anne Arden McDonald, Untitled Self Portrait 10, Rhode Island, 1987 en Anne Arden McDonald, con la autorización de la autora

domingo, noviembre 13, 2011

rosario castellanos. destierro



2.


**Destierro

Hablábamos la lengua
de los dioses, pero era también nuestro silencio
igual al de las piedras.
Éramos el abrazo de amor en que se unían
el cielo con la tierra.

No, no estábamos solos.
Sabíamos el linaje de cada uno
y los nombres de todos.
Ay, y nos encontrábamos como las muchas ramas
de la ceiba se encuentran en el tronco.

No era como ahora
que parecemos aventadas nubes
o dispersadas hojas.
Estábamos entonces cerca, apretados, juntos.
No era como ahora.

** El otro
¿Por qué decir nombres de dioses, astros
espumas de un océano invisible,
polen de los jardines más remotos?
Si nos duele la vida, si cada día llega
desgarrando la entraña, si cada noche cae
convulsa, asesinada.
Si nos duele el dolor en alguien, en un hombre
al que no conocemos, pero está
presente a todas horas y es la víctima
y el enemigo y el amor y todo
lo que nos falta para ser enteros.
Nunca digas que es tuya la tiniebla,
no te bebas de un sorbo la alegría.
Mira a tu alrededor: hay otro, siempre hay otro.
Lo que él respira es lo que a ti te asfixia,
lo que come es tu hambre.
Muere con la mitad más pura de tu muerte.

Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
de Meditación en el umbral, Fondo de Cultura Económica, México, 1985
Imagen de Jery Uelsmann, Simbolic mutation, 1961 en Uno de los nuestros

sábado, noviembre 12, 2011

rosario castellanos. ajedrez



**Ajedrez
Porque éramos amigos y a ratos, nos
amábamos;
quizá para añadir otro interés
a los muchos que ya nos obligaban
decidimos jugar juegos de inteligencia.

Pusimos un tablero enfrente
equitativo en piezas, en valores,
en posibilidad de movimientos.
Aprendimos las reglas, les juramos respeto
y empezó la partida.

Henos aquí hace un siglo, sentados,
meditando encarnizadamente
como dar el zarpazo último que aniquile
de modo inapelable y, para siempre, al otro.

**Apelación al solitario
Es necesario, a veces, encontrar compañía.

Amigo, no es posible ni nacer ni morir
sino con otro. Es bueno 
que la amistad le quite
al trabajo esa cara de castigo
y a la alegría ese aire ilícito de robo.

¿Cómo podrías estar solo a la hora
completa, en que las cosas y tú hablan y hablan,
hasta el amanecer?

**Desamor
Me vio como se mira al través de un cristal
o del aire
o de nada.

Y entonces supe: yo no estaba allí
ni en ninguna otra parte
ni había estado nunca ni estaría.

Y fui como el que muere en la epidemia,
sin identificar, y es arrojado
a la fosa común.

Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
de Meditación en el umbral, Fondo de Cultura Económica, México, 1985
imagen de Jery Uelsmann, Simbolic mutation, 1961 en Uno de los nuestros

jueves, septiembre 08, 2011

enrique gonzález martínez. tuércele el cuello al cisne


Tuércele el cuello al cisne

Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje
que da su nota blanca al azul de la fuente;
él pasea su gracia no más, pero no siente
el alma de las cosas ni la voz del paisaje.
Huye de toda forma y de todo lenguaje
que no vayan acordes con el ritmo latente
de la vida profunda. . .y adora intensamente
la vida, y que la vida comprenda tu homenaje.
Mira al sapiente búho cómo tiende las alas
desde el Olimpo, deja el regazo de Palas
y posa en aquel árbol el vuelo taciturno…
Él no tiene la gracia del cisne, mas su inquieta
pupila, que se clava en la sombra, interpreta
el misterioso libro del silencio nocturno
.

Enrique González Martínez, Guadalajara, Jalisco, 1871- México D.F., 1952 
de Los senderos ocultos, 1911
imagen s/d, obtenida de La masa al Sur

martes, mayo 17, 2011

rosario castellanos. destino

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Destino

Matamos los que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese ya esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es animal de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su acritud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo de un tigre.
El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos.

Rosario Castellanos, México, 1925- Tel Aviv, 1974
de Meditación en el umbral, Fondo de Cultura Económica, México, 1985
imagen: Sadie Benning

lunes, enero 17, 2011

sor juana inés de la cruz. prosigue el mismo asunto y determina...



Prosigue el mismo asunto, y determina que prevalezca la razón contra el gusto

Al que ingrato me deja, busco amante;
al que amante me sigue, dejo ingrata;
constante adoro a quien mi amor maltrata;
maltrato a quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante,
y soy diamante al que de amor me trata;
triunfante quiero ver al que me mata,
y mato al que me quiere ver triunfante.
Si a éste pago, padece mi deseo;
si ruego a aquél, mi pundonor enojo:
de entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo, por mejor partido, escojo
de quien no quiero, ser violento empleo,
que, de quien no me quiere, vil despojo.

Juana de Asbaje y Ramírez,San Miguel Nepantla, ¿1648?-1695

viernes, enero 14, 2011

sor juana inés de la cruz. procura desmentir los elogios que a un retrato


Procura desmentir los elogios que a un retrato de la Poetisa inscribió la verdad, que llama pasión

Este, que ves, engaño colorido,
que del arte ostentando los primores,
con falsos silogismos de colores
es cauteloso engaño del sentido;
éste, en quien la lisonja ha pretendido
excusar de los años los horrores,
y venciendo del tiempo los rigores
triunfar de la vejez y del olvido,
es un vano artificio del cuidado,
es una flor al viento delicada,
es un resguardo inútil para el hado:
es una necia diligencia errada,
es un afán caduco y, bien mirado,
es cadáver, es polvo, es sombra, es nada.

Juana de Asbaje y Ramírez,San Miguel Nepantla, ¿1648?-1695

martes, noviembre 09, 2010

dan, casi, un paso


El escriba

Aquel hombre se sienta a la ventana
Al fondo brilla el campo de su infancia,
una canción de cuna, alguna broma.
La tarde es roja y lenta,
su memoria no es más que literaria.
Él se mira verse irse, sonreírse.
Piensa en un niño puestos los ojos en un faro,
mientras la madre lo hace y acicala
intermitente, interminablemente
(un cuadro es una intimidad que se repite).
Las cosas se unen en trabajosas junturas y dolorosos sesgos.
Él reconoce allí sus trastos viejos, sus sombras,
el avasallamiento de los hechos y su solidaridad,
su quieta reciedumbre y su urdimbre,
y avanza a cada paso como si fuera previsto,
como si tanta herrumbre convocara y nombrara,
y hereda así canciones y plumas y galletas y calcetines,
las usurpa y se hace de ese dolor que es ya ajeno,
ajado, que ya es historia,
una mercadería,
un trasiego sin fin de opacidades y brillos,
santos objetos de segunda mano,
cuentas de vidrio, chucherías,
polvo dorado su negocio de mercachifle.

La herencia del doctor

Veo mis zapatos.
Ocupan un lugar en el que yo no estoy.
Dan, casi, un paso
tímido,
casi un baile cruzado.
Verlos vacíos, supongo, me llena de tristeza.
Será quizás la edad,
pero tienen un aire de mí que no pueden con él:
su elegancia gastada,
su garbo descuidado,
su media casualidad,
su desenfado.
Están desatados, parece,
y un abandono azul como el tapete
rodea su ausentada displicencia.
Están pendientes.
Esperan, como una barca, que sea de noche,
que sea de día,
mecerse, mecerse:
dormir o caminar,
sanar en la renovadora del calzado,
durar o irse a la basura.

Pedro Serrano, Montreal, 1957
en Nueces, Colección Tristán Lecoq, Trilce, México, 2009
Imagen:Vincent Van Gogh