miércoles, febrero 06, 2013

eres como el mortífero veneno


XVIII


De amor, puesto antes en sujeto indigno, es enmienda blasonar del arrepentimiento


Cuando mi error y tu vileza veo,

contemplo, Silvio, de mi amor errado,
cuán grave es la malicia del pecado,
cuán violenta la fuerza de un deseo.

A mi misma memoria apenas creo

que pudiese caber en mi cuidado
la última línea de lo despreciado,
el término final de un mal empleo.

Yo bien quisiera, cuando llego a verte

viendo mi infame amor, poder negarlo;
mas luego la razón justa me advierte

que solo se remedia en publicarlo;

porque del gran delito de quererte,
solo es bastante pena, confesarlo.


XIX

Prosigue en su pesar y dice que aun no quisiera aborrecer tan indigno sujeto, por no tenerle así aun cerca del corazón.


Silvio, yo te aborrezco, y aun condeno

el que estés de esta suerte en mi sentido,
que infama el hierro al escorpión herido,
y a quien lo huella, mancha inmundo el cieno.

Eres como el mortífero veneno

que daña quien lo vierte inadvertido;
y en fin eres tan malo y fementido,
que aun para aborrecido no eres bueno.

Tu aspecto vil a mi memoria ofrezco,

aunque con susto me lo contradice,
por darme yo la pena que merezco:

pues cuando considero lo que hice,

no solo  a ti, corrida, te aborrezco,
pero a mí por el tiempo que te quise.


Sor Juana Inés de la Cruz, (Juana de Asbaje y Ramírez), San Miguel Nepantla, ¿1648?-1695
imagen de Kris Lewis©, Deconstruction Period, en Uno de los nuestros


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