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Mostrando las entradas de febrero, 2012

ahora ya no

***
Esa vieja a lo lejos apenas puede colgar en la soga un repasador, antes lo retorció pero ya no como antes, cuando la fuerza era ciega y eran sábanas, toallones, el mameluco de su hombre, los infinitos calcetines, no, ahora ya no, apenas da en el blanco con ese broche y lo aprieta, se agarra de la soga, suspira. De pronto mueve su cabeza, ve que la estoy mirando, la saludo como si la conociera. Sonríe y va hasta la maceta del malvón, me la ofrece entre los cables, el aire que nos separa.
Irene Gruss, Buenos Aires, 1950 inédito  imagen s/d

hasta que las frases desnudas

Los árboles botticellianos
El alfabeto de los árboles
se desvanece entre el canto de las hojas
los trazos cruzados de las delgadas
letras que escribió   el invierno
y el frío han sido iluminados
por  un verde intenso

some friendships last forever

in memoriam



The glory of love

This is a song I've been singing for a long time.
It's like an old friend.
But, you know, I think it
it's only recently that I discovered what it's really about."

You've got to give a little, take a little,
and let your poor heart break a little.
That's the story of, that's the glory of love.

You've got to laugh a little, cry a little,
until the clouds roll by a little.
That's the story of, that's the glory of love.

As long as there's the two of us,
we've got the world and all it's charms.
And when the world is through with us,
we've got each other's arms.

You've got to win a little, lose a little,
yes, and always have the blues a little.
That's the story of, that's the glory of love. That's the story of, that's the glory of love.

en sus tramas más turbias los antiguos diluvios

Memoria de las lluvias


Cuántas veces las lluvias del alba en sus caminos
me llevaron soñando, lentamente y dichosa,
al cristal de los campos, entre hileras de pinos,
buscando los favores de una luz asombrosa;


cuántas veces las vi reintegrar las extintas
ventanas, en los árboles perdidos en los puros
tumultos de sus ondas, que enlazaban las cintas
del recuerdo que puebla sus transparentes muros.


Las oí, deslumbrada, golpear las claraboyas
con la suave insistencia que precede los rayos
mientras en los follajes relucían las joyas
líquidas que bañaban las flores y los tallos..


Cautivando el jardín con dulces lejanías
escuché en sus rumores siempre el eco de un piano
y descubrí en la forma de sus tapicerías
un profundo invernáculo, celeste en el verano,


las columnas de un templo con estatuas asiáticas,
jaurías que bajaban al pie de una vertiente,
un Mercurio entre plátanos y fragancias extáticas
que en la noche morían desordenadamente.


Vi en sus tramas más turbias los antiguos diluvios
que encerraban los árbole…

la hambrienta luz del desencuentro

Itinerarios


Tu  cuerpo y el lazo de seda rústica que conduce a las plantaciones de la costa
al sudor de tu cabellera quemada por las nubes
a los instantes inolvidables
-tantas mutaciones de nómada y de clandestinidad
tantos homenajes a una belleza salvaje 
que exige el desorden-
                                                 ¡oh raza de labios de abandono
hechizada por la vehemencia!
y nuestra fuerza de profundos besos y tormentas
para el infierno de los amantes
hasta volver a su placer fantasma
a su ola de hierro de ayer detrás del mundo!


Aquellos hoteles...
Todas las rampas de la vida cambiante
la velocidad del amor el mágico filtro de la excomunión
la hambrienta luz del desencuentro en nuestras venas de azote
cartas desamparadas antiguas prosas de la noche de los abrazos
y el solitario frenesí de las palmeras
                                           cuando la ausencia
creciendo hacia mi pecho el fondo de la tierra me devuelve de golpe todas nuestras caricias
el nudo furioso de la pasión en las negr…

pero la pose es desdichada

El rescate


Queda el retrato,
y la tendida boca que fue luz
de la muerte tutelar del lecho,
parece más absolutoria y generosa.
¡Qué soledad en su nombre proclamada,
estrella, ascua que aún me nutre!


Nadie sabrá qué contempla
pero la pose es desdichada
porque en el prolijo hueco de la cabellera,
se incluyó todo lo que acontece comúnmente
cuando dos que juraron acecharse
flaquearon luego para saltar al amor.


De carne y finita, pájaro violáceo,
ella me lisonjea desde su quieta blusa,
y volveríamos a entendernos
si yo pudiera imaginar de nuevo exactamente,
la esbelta agua viva de su cuerpo,
pálido árbol, pellejo lascivo, y también pacto memorioso
del silencio estremecido y la voz.


Queda tal como la amé,
su joven fantasma
me interroga en muchas lenguas 
por plazas cálidamente pobladas,
donde se comenta la noticia asombrosa
de mujeres desmayadas en un naufragio,
mientras feas mujeres
le gritan algo tan grave como un niño.


Ella era mi muchacha,
y fui tontamente sentencioso
haciéndolo creer que la gloria,
la obra del que am…

en los antiguos días

El hermoso baño
Azul, azul es la hierba cerca del río Y los sauces han desbordado el cercano jardín. Y adentro la dueña en la flor de su edad, Blanca, blanco el rostro, vacila, pasando la puerta. Esbelta, tiende una esbelta mano, Y ella fue una cortesana en los antiguos días, Y casó con un borracho, Quien ahora sale dando tumbos Y la deja demasiado sola.
de Mei Sheng, 140 a.C.
Ezra Pound, Hailey, 1885- Venecia, 1972 Versión de J. Aulicino


El hermoso tocado


Azul, azul es la hierba cerca del río
y los sauces han rebosado el cercano jardín.
Y adentro, la dueña, en lo mejor de su juventud,
blanca, blanca su cara, vacila al pasar junto a la puerta.
Delgado, extiende una mano delgado;
y era una cortesana en los viejos días,
y se ha casado con un borracho,
que ahora sale, embriagado,
y la deja demasiado tiempo sola.



Versión de Rolando Costa Picazo
[The beautiful toilet]

Blue, blue is the grass about the river and the willows have overfilled the close garden. And, within, the mistress, in the midmost of her youth, white…

¡quién es el que no besa a sus amigas!

Es olvido


Juro que no recuerdo ni su nombre,
más moriré llamándola María,
no por simple capricho de poeta:
por su aspecto de plaza de provincia.
¡Tiempos aquellos!, yo, un espantapájaros,
ella una joven pálida y sombría.
Al volver una tarde del Liceo
supe de la su muerte inmerecida,
nueva que me causó tal desengaño
que derramé una lágrima al oírla.
Una lágrima, sí, ¡quién lo creyera!
Y eso que soy persona de energía.
Si he de conceder crédito a lo dicho
por la gente que trajo la noticia
debo creer, sin vacilar un punto,
que murió con mi nombre en las pupilas,
hecho que me sorprende, porque nunca
fue para mí otra cosa que una amiga.
Nunca tuve con ella más que simples
relaciones de estricta cortesía,
nada más que palabras y palabras
y una que otra mención de golondrinas.
La conocí en mi pueblo (de mi pueblo
sólo queda un puñado de cenizas),
pero jamás vi en ella otro destino
que el de una joven triste y pensativa
Tanto fue así que hasta llegué a tratarla
con el celeste nombre de María,
circunstancia que prueba cla…

ser vulnerables nos enseña

**

¿El horror es un detalle
como el sonido de un pétalo
que cae?

Ser vulnerables nos enseña
un sueño de mutualidad

Lo que se ha mirado bien quizás
se alza para siempre en la mirada:

imagen recompuesta en
las cenizas donde nunca
nos decimos adiós

Diana Bellessi, Zavala, 1946
de El jardín, 1993
en Diana Bellessi, Tener lo que se tiene, Poesía reunida, Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2009
imagen de Sebastián Freire

y esto no ha pasado

**
¿Entonces, Dios mío,
yo he tenido infancia,
y he tirado piedras
y he saltado vallas
y he robado quimas
de frutas cargadas?
¿Y que esto ha pasado
en una lejana
aldehuela de oro,
allá, por España?

Baldomero, Infancia, Buenos Aires, 1924

**
Infancia

¿entonces dios mío
yo no tuve infancia
yo no tiré piedras
yo no salté vallas
yo no robé quimas
ni frutas ni nada?
¿y esto no ha pasado
en una lejana
aldehuela de oro
allá por la pampa?

César Fernández Moreno, 1982

César Fernández Moreno, Buenos Aires, 1919 -París, 1985


de Conversaciones con el viejo
en César Fernández Moreno, Obra poética, II. Querencias y otros libros,  Edición, prólogo, notas  bio-bibliografía de Jorge Fondebrider, Perfil libros, Buenos Aires, 1999
imagen s/d

sin sueños

no hay armonía.  Luis Alberto Spinetta, 1950-2012

como de costumbre, sabía lo que hacía

Un país mundano
No la uniformidad, ni los locos relojes en la plaza, el olor a estiércol en el parterre municipal, ni los tejidos, la burla sombría del Cesna T 37, ni las tropas frescas que necesitaban refrescarse. Si sucedía en tiempo real, estaba OK, y si lo hacía en tiempo novelado también estaba OK. Desde el palacio a la choza el gran desfile inundaba la carretera y la calle secundaria y los campos de nabos se convirtieron en una carretera más. Los restos de bombones fueron tirados a las gallinas y a los gansos, que graznaban como el mismo demonio. No había paz en el baño, ni en el armario para la loza ni en los bancos, donde nadie iba a depositar. Resumiendo, todo el infierno se desató en esa larga tarde. Hacia la noche todo estaba otra vez en calma. Una luna creciente colgaba del cielo como un loro en su percha. Los huéspedes yéndose, sonreían y decían: “¡Te veo en la iglesia!” Porque la noche, como de costumbre, sabía lo que hacía, proveyendo sueño para compensar el enorme desapego que seguramen…

william faulkner. aquí está él

XX

Aquí está él, mientras cae la noche eterna,
y es como un sueño que cayera con lentitud
entre paredes grises, que cayera con lentitud
entre dos paredes de interminable piedra gris,
entre dos paredes en las que hubiese crecido el silencio.
Estrían el crepúsculo aguas que caen sin tregua,
y lo colman capullos que no mueren nunca
y una voz que no deja de llamar,
dulce y discreta.

La primavera despierta las paredes de una calle fría
y siembra en lugares helados recordadas semillas de plata:
en prados semejantes  a rostros calmos, que sonríen, candorosos
y en corrientes turbulentas, y en la hierba que ya conocía sus pies.

Aquí está él, ante la puerta de piedra
entre dos paredes en las que ha crecido el silencio,
y las hojas de silencio esparcidas por el suelo;
aquí, en la plata solemne de primavera en ruinas,
entre los aterciopelados brotes verdes, ante la puerta
está, y canta.

William Faulkner, Albany, 1897- Oxford, 1962dePoesía reunida , William Faulkner, Bartebly Editores, Traducción y prólogo de Eduardo…

preparamos la comida

Limones
Tras muchas averiguaciones, después de controlar, fatigar, mapas, hicimos nuestro viaje: sólo recuerdo el brillo de los rieles y el polvo fino que envolvía nuestros rostros. Por el inmenso pasillo: las plantas secas, los tallos oxidándose, la cocina intacta  (un punto vacío que se ha hundido en el tiempo) y al fondo el correr de unas azules aguas: es el cielo. Y el balanceo de unas hojas. Mientras, más pesados, espectros estallantes, resplandecían las partículas más claras -los limones- y se cifraba el paisaje en un código secreto. Lejos, sobre la loma, se veía la ventanilla de un auto; el lugar del regreso era el lugar de la muerte. Preparamos la comida; los limones realizaban una extraña colisión de contrastes con los restos de la casa. Parte de las paredes y el amarillo tallado de las frutas había empezado a fundirse. La mañana quedó aislada. Ramas secas. Paredes húmedas. Proyecciones deformes. Con un cuchillo oxidado se abre sobre el plato,  hondo, el limón. Corrosivo. Perecerá también cuand…

¿te ocurrió ser madre?

Veces


A veces me dejabas un chocolate en la almohada
a veces íbamos al cine
a veces cuando tenía 6, 12, 18 me tratabas como si tuviera 6, 12, 18
a veces me decías que era bueno
a veces sentía que había emergido de tu cuerpo
alimentado por sus partes blandas


vigoroso


a veces me sentaba a esperarte durante años
a veces creí durante media vida en vos
te perdonaba
te defendía a veces, muchas veces


a veces me pregunto qué pensará mi padre
allí en su muerte
-la muerte es lugar del pensamiento-
a veces siento que amé a mi padre
mucho más que a vos
porque 
pródigo es el fantasma en sentimientos.


¿Te ocurrió ser madre?
¿Sabías?
¿Preguntaste?


A veces creía que eras yo
y me volvía triste
tristísimo


a veces te cambié por la invención del héroe
la luz de los amparos
abre la ausencia un amplio pecho
a veces te hablo desde allí
desde esa maternidad


silencio
primera voz


y siempre tu malicia
tu sequedad
de eso te excusabas como de una inconveniencia
a veces


a veces era un niño, un joven, un hombre
un poco rengo, o manco
casi ciego
olvidado