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martes, abril 28, 2015

javier adúriz. domínguez, sí y otros poemas



***
Domínguez, sí


¡Claro que estuve! Estuve hasta el final.
Yo desarmé los techos y la máquina, pieza
a pieza, y la subimos al camión. Fue raro,
como desguasar treinta años de una vida.
Había tanto sol que no dejaba de llover.
El resto, ya lo sabe. Nos dejaron en esas oficinas
del centro, donde cobrábamos a veces.
Con los brazos cruzados nos pusimos en fila.
Era como esperar algo cuando no había qué.
No le digo, el hijo de puta de Domínguez
lloraba como un chico. Domínguez, sí.

***
Esto está hecho, muchacha


Esto está hecho, muchacha. Ahora hay que volver.
Juntemos las tripitas, los pedazos de eso
y cortemos desierto de un tirón...


Ya sé, ya sé, yo lo había visto antes y creamé
se me torcía la entraña. Porque también tuve un
futuro, que es pasado, hasta que el amigo se fue.


Oiga el viento, oiga, es un largo alarido.
No queda nada, usted me entiende, habla el idioma.
No gima, por favor...


Ni aquí ni allí, no sé dónde más ir. Por eso...
monte, muchacha, monte ese caballo
y véngase conmigo.

Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948-2011
en Poesía completa Javier Adúriz, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2014


viernes, febrero 27, 2015

javier adúriz. nomás la noche




Nomás la noche

Nomás la noche, nomás la noche... y sí,
nomás la noche como un bordón de voces repicando
aquí y allá, con esa ronquera tan agria:
"¡Hay que traer ganado hay que traer
aunque se pierda el alma!", así gritaban, ¿entiende?

Y bien, y qué... porque estamos idos, ¿no?
Qué ironía: cuando fue mi viejo el que dijera:
"Vealó, vealó que el nubarrón se abre"... Y entonces
ese salir deseando un cielo para después del diluvio
y recién ahora reconocer el daño... no hay derecho.

Y más tarde, eso que le contaba, los perros
como lobos con las fauces abiertas, y mi potro
embretado entre cercos, en medio de las tipas
y las tunas, en puros zanjones de osamenta.
Pucha si lo estoy viendo, chapaleando sangre.

No le digo. No hay caso con este suelo. Qué difícil
para un animal buscar destino. Se quiere una cosa
y muy otra sale... "¡Que es pintor, que es pintor!"
vociferaba un taita como si fuera una sombra. Y más luego:
"¡Metele arte, gordo, que ahí está tu fortuna!"

No, si para estas congojas yo parezco mandado.
Y "¡Vamos, negro!", insistía. Y a otro: "¡Cincha, Machaco,
cinchale de una vez por encima del hombro
que parece hombre, pero lleva un demonio
en la cara!" (Por mi barba lo gritaba, ¿sabe?)

Y la mandíbula crujiendo de abajo arriba,
y ese revoleo de golpes, como una rima de brutos,
cantando: "¡Música, música firme, guitarra...
hay que templar la cuerda hasta hacerle la obra!"
Y uno queriendo una compasión que no había.

Así es la noche, amigo. Cada estrella un puño
vibrando su soledad más central. No, si lo había soñado,
que la barbarie no tiene redención en la brutalidad.
Si es como una violencia sorda, omnipresente.
Qué país el nuestro, vecino, una poesía violenta era...

                                                                   para Guido L. Croxatto


Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948-2011
de La verdad se mueve
 en Javier Adúriz, Poesía Completa, Ediciones del Dock, Pez Náufrago, Buenos Aires, 2014
imagen de Night Wanderers, en Night Wanderers-Fubiz Net

martes, noviembre 18, 2014

javier adúriz. el nadador



El nadador

Las últimas piletas son agrias. Llueve
tanto o más de lo pensado, aun
cuando los jazmines revienten
y las enredaderas se aúpen a los árboles.
Creeme... no se puede creer. Los huesos
hablan y el animal afina por debajo
una canción indescriptible. Igual,
no se quiere dejar de sonreír.
Hay algo en los recuerdos, vale decir,
en el seco ahora, en el puro y desaforado
ahora, que no importa demasiado
si el resto se vuelve confuso y breve,
fragmentario. Lo interesante está aquí,
en este aquí del tiempo, aunque la casa
finalmente esté sola... o vieja... o devastada.


Para Jorge Olivera

Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948- 2011
Imagen de Omar Ortíz

jueves, septiembre 11, 2014

javier adúriz. acaso sea el tiempo



***
Acaso sea el tiempo,
el solo tiempo
de la noche sola
en que la soledad
es uno mismo.

de Palabra Sola, 1971
Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948-2011
en Javier Adúriz, Poesía Completa, Ediciones del Dock, Pez Náufrago, Buenos Aires, 2014 
imagen de Joan Miró, La escalera de la evasión

viernes, noviembre 23, 2012

javier adúriz. elogio de nosotros mismos


Elogio de nosotros mismos

Nosotros, los que mentimos a diario,
los que encaramos el difícil arte
de la locuacidad vacía,
nosotros, los embaucadores
de sordos,
temblones mediocres del infinito
abismo, los artistas consumados
de la transmutación y la astucia,
raza de enanos
irredentos, de perdularios
a domicilio, nosotros,
los sabios, los mezquinos, paralíticos
de la alegría, los entusiastas
del odio, los magníficos,
los elegidos desde siempre
para juzgar y condenarnos.

Deliciosa inteligencia.

Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948- 2011
de Solos de conciencia, 1985 
imagen de Fran Recacha© – Sapiens, Siglo XXI, en Uno de los nuestros


sábado, julio 21, 2012

javier adúriz. formas de yo



Formas del yo


Probemos vanguardismo, hagamos ensayo
del poema sin perderlo. Reflexión emotiva,
imagen cartesiana, donde la razón se encienda
al par de la razón natural: los cuatro elementos,
casi como filosofía de la composición. Pero ojo,
que no se advierta. Que el buen lector la incluya
en su flujo de ego multiforme: la ficción fija
de este juego que hace el escritor, el que también
se presta a un viaje hacia adentro que es afuera.

Sin lector no hay literatura y menos poesía, dicen,
la alta compañía para algo o alguien que respira
solo, y espera ser comprendido, hasta entender
de una, que vive en algo más que él, que ¡apenas
él!. Que le pulula por dentro, homólogo a lo externo.
Pero del Yo hablo: el tema. Ese equívoco múltiple
e ignorado, como Proteo; o para darle a la mudaza
un símil pop y modernositud: ese alien, ese hulk
o bien, esa cajita ruso-china de vívida mamushka.

A mi ver, y muy en tosca hipótesis, somos reactivos.
Lo que llamamos Yo es sólo un peso del ánimo,
la industriosa fantasía que lame nuestra pena,
hecha de dolor objetivo y la figuración que portan
las palabras, en distancia insalvable con la cosa.
Ahí empieza la tragedia torpe de la incomprensión,
los abismos dispares o blandos que por humor altivo
asimilamos a nuestra valiente comedia de existir.
Digo: ¿si a uno, el otro no le importa?: a qué con uno.

Y empieza la encerrona. El aire es aire, respiración
de la especie, pero en concierto, metáfora introspectiva
de matices que pelean por la nominación, en donde topa
contra patéticos tropiezos. Quién habla a quién, si
“quien” es otro y otro y otro, a veces en mera función
utilitaria, o moralidad grotesca transmitida. Un reactivo,
pero dulce, por la legión de compañeros que lo viven
en el limitado cuerpo que atraviesa la llanura fértil
o seca, donde nieva o llueve parejo al día de su ficción.

Es que somos de cuento, como la tierra que para todo
sirve, para un barrido como para un fregado, muñecos
turbios de un deseo primal, el instinto de base velador
o ansioso para su extensa satisfacción: creerse alguien.
Es que es áspero, en la meseta conquistada de lo “eso”,
saber que nadie nos espera, ni la figura de un yo mismo.
Entonces ya: palabrería al palo, los proyectos, el empaque
de una carne del corazón que hace de sí las poses del actor,
arte exquisito o tan ramplón de cada quien, según le sale.

Y aquí el poeta, y su adorable tinglado de aguas de resurrección.
Si de uno para uno, la congelante pajería de buscar un estilo,
sobrevivir por amaños a una manía, que se impone al pobre lector.
Un nominalismo para señores críticos, que en exclusiva glosan
con la momiosa capa del experto o del especialista (palabra
legañosa si las hay). Si para el otro en vez, eso que claramente
no es uno, el escribidor alcanza otra momia de útil y de dulce,
lo académico del profesor que habla y dice como si supiera,
aunque los calzones los lleve medroso, cagados por igual.

Saquemos la disyunción, la no salida, que nos encanta para
ser los tristes de nosotros mismos. La puerta está cerrada, sí.
Y qué. La mónada respira maquinaria de agitación. Es así,
pero tal un fuego que quema más allá de la experiencia verbal,
una suerte de luz que no es luz, de sonido carente de sonido,
en intuición de lo real que asoma más allá de los que nada
somos y nos constituye. Bien. A mi entender hay que ir ahí,
a esa verdad que está por fuera de nosotros, y reside oblicua
en el don de la palabra general, en construcción colectiva.

Ése es el poema, cuando el lenguaje habla por sí. Y arrastra
siglos de siglos de condición humana junto a civilización
y naturaleza indiferente. Una índole del verbo que se demuestra
muy por debajo del ego propio, tan conmovedor por cierto
porque es de uno, pero siempre fascista de bota y bigotito
pelotudo. No, el poema está en todos. Y hay un cierto deber
de hacerlo para quien lo busque y quiera. Como decía el gran
Martí: “con todos y para el bien de todos”, belleza en este cielo,
con este viento y aire abiertos, y agua y fuegos del planeta.


Javier Adúriz, Buienos Aires, 1948-2011
en Los Nada, Pez Náufrago, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2011
imagen de Juan Medina©,  The Others, en Uno de los Nuestros

jueves, julio 21, 2011

javier adúriz. en palermo


En Palermo

Hoy es día de mojarras, Mario.
La superficie del lago es transparente
y no parece sensato intentar de nuevo
la suerte del mediomundo.
Al fin y al cabo, fue casi por azar
que sacamos la bestia imaginaria.
¿Te acordás?, se reía de nosotros
con esa boca llena de felpudos sarcásticos.
Algo bíblico.

Sí, es día de mojarras, che.
El cielo brilla indiferente y produce
ese efecto gregario que nos ablanda a todos.
Además, quién oye la canción de los mansos.
Yo te había comprado el helado de palito
con el que señalaste de pronto la profundidad
y mirá, ahora estamos aquí
a merced de las palabras.

No valen intenciones. Que vengas
y te enfundes en el vistoso pilotín amarillo
con la red en la mano
no es argumento suficiente. El agua
es peligrosa siempre, ¿viste?,
te refleja y no te refleja,
pero no hay monstruos cada dos por tres
en el lecho del lago.
Te lo digo así, para que no insistas.

¿Dónde estará ese sueño de vapores
y ronquidos felices?...

Mario,
no creo que la vida de oportunidades.
Eso sí, cuando arrojaste la red
te oí el grito más tierno, más ilusionado
y éramos dos titanes, ambos
tirando de la caña.

'Ta bien,
la fantasía puede ser un cáncer
que se lo lleva todo, pero
dónde se oculta, entonces,
la ferocidad del sentido.

de La verdad se mueve, Buenos Aires, 2008

**

¿Hicimos bien?

¿Entonces por fin el centro de los oscuro, Víctor?
Pico y pala... ¿pico y pala para llegar a esto?
¿al furor de los sueños, el muro de granito?

No fue uno, sabelo, fueron muchos los años
de bruto boqueteo, y ¿esto era? decime,¿así
la forma de la bestia? ¿lo negro de las horas?

No, si nada es lo que parece, lo sabemos.
Porque lo hicimos muy por otra cosa ¿no?...
¿Pero qué oís ahora con ese estetoscopio?

Hablame, por favor, ¿hicimos bien en empeñar
la vida, los departamentos?... Por dios, ¿hay algo?
Aflojá, hermano, ¿por qué llorás con esa cara?

de La verdad se mueve, Buenos Aires, 2008

**
[...]
Los dos buscamos el final del arcoiris (qué maravilla como
metáfora de muerte) de que lo dado es por un día, efímero,
pero por fin plenario, porque lo bueno del río es que no tiene
cauce ni lecho y semeja, a cada momento, que volamos desasidos
de la propia materia, cantando la canción que esto contiene,
melodía del aire. No creo ya en la eternidad, y si la hubiera,
mejor, no importa. Cada mojadura del agua es un cielo de tierra.
El fulgor del instante que nace y que se va, que escurre sin medida
desde el fondo del iris. Este es el arcoiris a cruzar, la mera vida.

Si algo espera detrás de la curva, yo te espero o esperame. Es
de una belleza desaforada cuando andamos del brazo por ahí,
cantando la oración de los mansos, los que no exigen nada.
Y es más, son nada. Polvo de estrellas que regresan
para volverse solamente nubes: amiga, compañera del alma
.

extracto de 'Moon River' (glosa), en Los nada, libro póstumo, 2011

Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948- 2011
imagen obtenida de Discos vinil

jueves, abril 21, 2011

javier adúriz. no tegas miedo y otros poemas


Para Javier Adúriz,
In memoriam


Qué extraña la literatura, no? Saca belleza o autoridad de las catástrofes...
Javier Adúriz, 21 de noviembre 2008

No tengas miedo

Si pudiera entrar ahí un rato, al menos
un momento y entender tus chifles,
los ronquidos que hacen lo tuyo tan extraño...
Desde este lado no alcanzo a comprender.

Papá y mamá insisten, pero yo no quiero
irrumpir. Mirá, sólo para darte tranquilidad.
No hagas algo de lo que después te arrepientas.
Resoplá el día y la noche enteros si querés.

¿Sabés...? aquí tengo un par de manzana.
Voy a entornar la puerta y arrojarlas ahora
adentro. Nadie busca torcer sus decisiones.

Pero esto no es posible, querido, permanecer así
el resto de la vida. No tengas miedo, Gregorio,
la imaginación es buena compañera.


Un servidor de usted

Disculpe la intrusión, niño Javier, pero soy yo,
un servidor de usted, el mismo que hace tanto
no sube a la terraza. Usted lo sabe, niño,
que estoy a su mandado, desde aquella mañana
de su señor padre, que en paz descanse.

No sé si fatuo o qué, pero creí en ser su amigo,
un otro suyo, el coleccionista de las experiencias.
Por eso le dictaba la poesía, niño Javier.
¿O no recuerda los insomnios, el aguarde
de que alguien pusiera la vitrola de la voz?

¿Quién cree, usted, que daba cuerda con ganas
y salía por la cornetita? Niño, niño, no me deje
en el rincón sombrío de los sótanos. Ya sé que vino
a grande, y que por los años corren para todos,
pero soy el servidor de usted, su mandato.

Ahora me cuesta, es cierto, hacerme de palabras.
Cómo decirlo, oírle el pulso de las horas. Pero, ¿allí
en el fondo del fondo, donde el vivir es casi
peor que malo, y a más se come poco? No es justo, niño
Javier, piense que soy de usted, que aquí me tiene.


Canción del samurai

Arde la luna, arde igual que un garfio,
con cuánto filo que lastima el aire.
-Honor, honor al lago que tiembla
y es el modo de un sueño. Gloria
a ese violente dormitar de un pájaro.
Gloria mucha... a la mañana que llega.


Algo desata el nudo de las apariencias,
la entraña alta de las apariencias.
-No un nombre, no el camino,
no el santón de ojitos en la nuca.
Nada de lo que suceda en vano. Gloria...
a esta furia que cede con el sol naciendo
.

para Jorge Aulicino


// No creo que un libro se escriba solo, aunque éste contituya
una excepción. Más bien valoro el esfuerzo, caminar treinta
kilómetros a la mañana, almorzar liviano, echar la siestita
-bastan pocos minutos-, hablar con los amigos, beber vino,
fumar todo lo posible y a la noche, solo a la noche, aguardar
que la pared se abra y aparezcan en masa los fantasmas.


Querido escuerzo
No me mires así
Que estoy de paso



// Un jinete pasa de sur a norte, lo vemos más allá de la cerca. Va
en descubierta. Busca noticias del frente. A lo lejos se observan relámpagos,
blancos y negros como el pensamiento. Nadie asegura nada. Estamos levemente
perplejos y tomados de la mano. La galería permanece preparada, con solo el
sillón de las visitas. ¿Pero qué aguardamos? decimos. Si ahora empieza a llover
y en el miedo puede haber mucha esperanza... No bien llega la noche, oímos de
nuevo los cascos del caballo. Trae el jinete que vuela esta vez en dirección al sur.
Nunca sentimos algo parecido.

Nomás la noche,
Nomás la noche, y sí
Nomás la noche


Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948-2011
imagen del álbum personal de Silvia Camerotto, Buenos Aires, 11 de agosto de 2009

más de javier en:

otra iglesia es imposible
el mundo incompleto
taller macedoniano
club de traductores
blog del amasijo
faro vacío
y aquí

jueves, enero 20, 2011

javier adúriz. aclamación de una pieza vacía


**
Aclamación de una pieza vacía

No fui en ninguna parte más entero
ni más hondo de mí.
Los instantes que en ella he desgastado
en tumulto indeciso tal vez me andan buscando.

Alguien paga con horas mi honda noche sin horas.
Su recuadro sereno
me dejó percibir cómo entraba en la sombra,
y me lavó la frente de silencio.

En ella
alumbré con palabras un recuerdo,
descargué mis jornadas,
desenredé mi viento.

Regresando del día
yo con súbita luz la desnudaba.
Acompañó el latido más intenso,
y bien supe que estuvo recogiendo
mis sombras, y mi ruta, y mi palabra.

Para siempre
me fue robando imágenes el fondo del espejo.

Caminos que soltara por los ayeres densos.
Iban claros y cansos
bajo mi foco eléctrico.

A veces, al entrar,
rayado de cien vidas y cien calles
extrañaba no hallarme en su silencio,
y al no encontrar mi voz me pensé muerto.

Le apasionaba noches
desvelado en la brasa del cigarro
y la pulsé con pasos que nadie me devuelve,
y le curvé un ramaje de cansancios.

Quiero pedirle ahora
que me devuelva todas las fragmentarias vidas
ejecutadas de minutos y de ocasos,
y el montón derrumbado de mi risa.

Ella supo llevarme hasta las albas
por la calle tendida de algún verso.

Iré a pedirle los marchitos años
y los cielos que hablaron su luz por mi balcón,
trastos viejos, gastados,
que nos roban y escurren las alcobas.

Carlos Mastronardi,Gualeguay, 1901- Buenos Aires, 1976
de Tierra amenecida, 1925

**
Mano a mano

Rechiflao en mi tristeza, hoy te evoca, y veo que has sido
en mi pobre vida paria sólo una buena mujer,
tu presencia de bacana puso calor en mi nido,
fuiste buena, consecuente, y yo sé que me has querido
como no quisiste a nadie, como no podrás querer.

Se dio el juego de remanye cuando vos, pobre percanta,
gambeteabas la pobreza en la casa de pensión;
hoy sos toda una bacana, la vida te ríe y canta,
los morlacos del otario los tirás a la marchanta
como juega el gato maula con el mísero ratón.

Hoy tenés el mate lleno de infelices ilusiones:
te engrupieron los otarios, las amigas, el gavión;
la milonga entre magnates con sus locas tentaciones
donde triunfan y claudican milongueras pretensiones
se te ha entrado muy adentro en el pobre corazón.

Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado,
no me importa lo que has hecho, lo que hacés ni lo que harás;
los favores recibidos creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado
en la cuenta del otario que tenés se le cargás.

Mientras tanto, que tus triunfos, pobres triunfos pasajeros,
sean una larga fila de riquezas y placer;
que el bacán que te acamala tenga pesos duraderos,
que te abrás en las paradas con cafishos milongueros,
y que digan los muchachos "Es una buena mujer".

Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo
p'ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

Celedonio Esteban Flores, Buenos Aires, 1896-1947
de Chapaleando barro, 1929

Todos los poemas pertenecen a Otro río que pasa, Bajo la luna, Buenos Aires, 2010 y en este caso, fueron seleccionados por Javier Adúriz para 'Diez poemas de la década del 20'
imagen: s/d

martes, agosto 10, 2010

javier adúriz. de esto es así


*** Nubes de Orión... Fu, Lu y Shou, cada uno a su manera cambian de hemisferio y surcan con sonrisa sutil el firmamento. Llevan vestiduras de luces, semejante a un río de piedras preciosas. Son un río y son de vértigo. El primero mira con una intensidad desconocida, de generosidad incalculable. Reza y ríe al mismo tiempo. El otro, en comparación más serio, abre camino con apenas mesarse la barba. Y el tercero, hecho de pura alegría, domina el azar y siempre encara hacia el sur. Hacia el sur los tres, como tres talismanes.



Versión

Pozo de agua
En el verdín final
Un sapo mira



para Julián Jiterman



*** Carnevaro, salga del sótano, por favor… Agarre este cuaderno, que acabo de encontrar… Por qué pone esa cara de nada. ¿No se da cuanta?, tenemos que arreglar y pronto, la lámpara de la cocina. La señora me emplazó el otro día, y me dijo: Fíjese, el aparato está en garantía. Pero era un bártulo de otro siglo. Qué bárbaro, no se puede creer. Esto es así. Dan gato por liebre. Pedí perdiz y salió gallareta. ¿A usted le parece? ¿Será posible? ¿Estará de Dios?



Variación

Amo la lluvia
La desaría siempre
Sobre mi cara


Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948
De Esto es así, Ediciones del Dock, Pez Naúfrago, Buenos Aires, 2009
imagen: Mark McGowan, s/d

lunes, agosto 17, 2009

javier adúriz. ante la ley


Ante la ley

Los extremos de mi barba ya se enredan
con las uñas que sangran por el dorso.
En cada mano puedo plantar un ombú
aunque la condición se compromete
desde que todo lo presente pica
igual que un piojo.

Por qué no sabré ver ahora
la luz en la pared de la caverna
y sólo este bastidor sucede
haciendo sobras
de sombra,
remedos de un remedo
ataviados
como una mercancía.

El vacío se borda y desteje
inhumano. Ahí detrás
alguien consume
con usura
una enormidad de nada.

Debo darme bríos:
no sé qué hago aquí,
no sé qué espero.

Javier Adúriz, Buenos Aires, 1948
de La forma humana, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 1999.

martes, agosto 12, 2008

javier adúriz. lamento desesperado por pat morita


lamento desesperado por pat morita

Pat, Pat, Pat, mil veces Pat, acabo de enterarme,
te has ido. Mi amor por ti se ha vuelto imposible.
Discúlpame que te hable en español doblado,
pero es fácil, conozco tu facilidad para idiomas.
Además, aquí se habla terriblemente mal, voseando...
Tal vez debas seguirme como a un subtitulado.

Oh Pat, carita de balón (el que por aquí llamamos
pelota de cuero y chutamos en el juego balompié,
ese game en el que los españoles son tan rudos),
oh Pat, qué cruel todo, no verte más, no soñar
contigo. Dime, cómo haré para arrastras la cadena
de mi vida, dímelo, dímelo al menos en un sueño.

Oh jetilla inquieta, rebotín con visajes y mohincillos
tan mononos, de pequeño comediante de carácter,
cómo, cómo haré para hablarte, si ahora sé que estás
más allá de todo, como muerto, como ido a tu the end,
el Paraíso de la Tierra Pura... ¡Te lo digo!: siempre,
pero siempre, siempre, estarás en mi corazón, oh Pat.

Y lo juro, hubiera cogido un aeroplano a Hollywood.
Lo imaginé mil veces mientras trabajaba en la ferretería.
Cada vez que me esnifaba soñaba contigo, Pat,
hasta que me echaron —pero no por ti, no por ti,
oh Pat, sin por las faltas de pasta pegamento,
que hoy se ha encarecido tanto y tiene menos vuelo.

Me arrodillaba detrás del mostrador, oh Pat, y lo creas
o no, remiraba feliz tus tiras de la tele, oh Miyagi.
Pat, Pat, Pat, qué ojos y qué chivita de friki. Y más,
qué enorme tu cintilla de inscripciones, cubriéndote
el frontis, esa cinta o pañoleta o cubrecama blanco,
ilustrado (a menudo) con el sol naciente. Oh, oh,
oh. Cómo hago, dime, cómo hago para vivir ahora.

El amor se fue, Pat. No hay más magnetismo de ojos
perforantes, esos óculos rasgados, algo ridículos, sí,
pero que te volvían único, tan distinto de los caritersos.
Por qué, por qué, por qué no vinista a Chacabuco al 300
donde vivo. Yo te hubiera mostrado mi colección
de pistolas tiraclavos, la que hurté de la ferretería.

Oh Pat, discúlpame, voy a llorar, estoy desesperado...

*Javier Adúriz, de La verdad se mueve, El pez plátano, Ediciones del Dock, 2008.

martes, julio 15, 2008

nadie sino miseria de nosotros mismos

*
Más allá del amor no hay nada, sólo
penumbra de fugacidad, disperso
tiempo que se diluye en tiempo, nadie
sino miseria de nosotros mismos.
Más allá del amor y de todo, formas:
lenta memoria, penas de unos cuerpos,
una fantástica melancolía,
formas de todo lo que fue y ha sido
amante.
*foto perteneciente a flor codagnone

jueves, enero 18, 2007

y si no vuelvo?

su maestro le aconsejó meterse en el fondo oscuro de sí mismo. la respuesta fue: y si no vuelvo? el maestro respondió: para qué querés volver.