viernes, noviembre 28, 2008

la ofrenda de herodes

leopoldo_lugones1
I.
La alcoba solitaria

El diván dormitaba; las sortijas
brillaban junto a la oxidada aguja
y un antiguo silencio de Cartuja
bostezaba en las lúgubres rendijas.

Sentía el violín entre prolijas
sugestiones, cual lánguidad burbuja
flotar su extraña anímula de bruja
ahorcada en las unánimes clavijas.

No quedaba de tí más que una gota
de sangre pectoral, sobre la rota
almohada. El espejo opalescente
estaba ciego. Y en el fino vaso,
como un corsé de inviolable raso
se abría una magnolia dulcemente.

de Crepúsculos del Jardín

II.
La última careta

La miseria se ríe. Con sórdida chuleta,
su perro lazarillo le regala un festín.
En sus funambulescos calzones va un poeta,
y en su casaca el huérfano que tiene por Delfín.

El hambre es su pandero, la luna su peseta
y el tango vagabundo su padre nuestro. Crin
de león, la corona. Su baldada escopeta
de lansquenete impávido suda un fogoso hollín.

Van en dominó de harapos, zumba su copia irónica.
Por antifaz le presta su lienzo de Verónica.
Su cuerpo, de llagado, parece un huerto en flor.

Y bajo la ignominia de tan siniestra cáscara,
Cristo enseña a la noche su formidable máscara
de cabellos terribles, de sangre y de pavor.

de Lunario Sentimental

III.
La ofrenda de Herodes

I.
Hinchado el cuello de incitante escorzo,
y cimbrenado su flexible torso
con nerviosa elegancia de pantera,
danza la hermosa hebrea ante el Tetrarca,
cuya mirada voluptuosa abarca
la escultura triunfal de su cadena.

El arpa en su vibrante nervadura
hila los ritmos de la danza impura,
y cuando el paso bárbaro termina,
con viril insolencia de sicario
manifiesta el intento sanguinario
la boca de la virgen asesina.

II.
En el rejio vestíbulo aparece
torvo idumen, que impasible ofrece
en cincelado plato, helada y yerta,
una cabeza que segó el degüello
y sangre el tajo del robusto cuello
cual la corola de una rosa abierta.

Anubia las arrugas de la frente
que cincelara en cobre el sol de Oriente,
una sorda tormenta que reposa.
Y al postrer cripamiento en que agoniza,
en los siniestros pómulos se eriza
el bosque de la barba tenebrosa.

de Poesías diversas

leopoldo lugones
todo el material pertenece a Obras Poéticas Completas, Leopoldo Lugones, Prólogo de Pedro Miguel Obligado, Aguilar Editor, Madrid, 1948, Primera Edición.

miércoles, noviembre 26, 2008

la teoría de violeta

al llegar a casa encontré una grata sorpresa en mi correo...


Buscando en mi biblioteca, encontré esta fotografía. En el instante en que la vi no pude contener mis deseos de enviarselas. Esta foto es la prueba definitiva de la validez de mi teoría. Está finalmente comprobado que en otro tiempo y en otro espacio, todo fue real, o al menos verosimil.
Espero haberlos convencido.
Saludos.
Violeta

P.S:
Tal vez, al encontrar expre­sión perfecta para mi pasión, había agotado la pasión misma: las fuerzas emocionales, como las fuerzas de la vida física, tienen sus limitaciones positivas. Acaso el mero esfuerzo de convertir a alguien a una teoría implica alguna forma de renuncia a la fuerza de la creencia. Quizá estaba simplemente harto de toda la cuestión y, habiéndose consumido mi entusiasmo, se quedó mi razón a solas con su propio juicio desapasionado. Como quiera que sucediera, el hecho es que indudablemente, y no puedo pretender explicarlo, Willie Hughes fue para mí de pronto un simple mito, un vano sueño, la fantasía juvenil de un muchacho que, como la mayoría de los espíritus ardientes, estaba más ansioso por convencer a los demás que por dejarse convencer él mismo. Ahora veo que la teoría se basa en un engaño. La única evidencia de la existencia de Willie Hughes es este cuadro que tienes ante ti, y el retrato es una falsificación. (Wilde, Mr. W.H.)

imagen de Violeta Bellver, publicada con consentimiento expreso

martes, noviembre 25, 2008

tablas poéticas. primera parte



Tablas poéticas
De Francisco Cascales [1617]

Las cinco primeras tratan de la poesía in genere, y las otras cinco de la poesía in specie

De la poesía in genere
Tabla primera: De la diffinición poética, de su materia, forma y fin, de la división de las poesías, de la diferencia y concordancia dellas.
Tabla segunda: De la fábula.
Tabla tercera: De las costumbres.
Tabla quarta: De la sentencia.
Tabla quinta: De la dicción.

De la poesía in specie
Tabla primera: De la épica mayor.
Tabla segunda: De los poemas menores reduzidos a la épica mayor.
Tabla tercera: De la tragedia.
Tabla quarta: De la comedia.
Tabla quinta: De la Lýrica.

De la poesía in genere
Tabla primera
PIERIO.- En nombre de Dios, pregunto, ¿qué cosa es la poética?
CASTALIO.- La poética es arte de imitar con palabras. Imitar es representar y pintar al vivo las acciones de los hombres, naturaleza de las cosas y diversos géneros de personas, de la misma manera que suelen ser y tratarse. Assí que nuestros hechos no sólo los imita la poética, pero también otras artes, como son la pintura, música y dança. La pintura, con colores y figuras pinta y pone delante de los ojos los hechos, costumbres y affectos de los hombres. ¿Por ventura Philomela, cortada la lengua, con hilo y aguja no labró el incesto de Tereo elegantemente? ¿Y el pinzel de Zeuxis no engañó con la sutileza del arte las boladoras aves? La música también, assí aulética como citharística, ¿no representa las acciones humanas con su dulce armonía, moviendo los ánimos a ira, misericordia, miedo y esperança? Y la dança, con el movimiento de pies y manos, ¿qué no recaba? Famosíssima fue la destreza en dançar de Bathilo; y Thelestes era tan diestro que dançando imitó y significó la insigne toma de Thebas. Pero todas éstas son imitaciones mudas; sola la Poética haze su imitación con palabras, aunque no se despide de la armonía y número, que algunas vezes usa dellos, porque la poesía trágica y cómica admite choro. Y la Lýrica, ¿quién no sabe que se canta y dança a la lyra? La acción trágica y cómica, antiguamente fue celebrada con baile y canto; y oy, assí en España como en Italia y Francia, se usa lo mismo, aunque no con la perfeción antigua. Todo esto me parece comprehendió Horacio en la sátira nona, libro primero de los Sermones.
Nam quis me scribere plures
aut citius possit versus? Quis
membra movere
mollius? invideat quod Hermogenes
ego canto.
¿Quién más versos que yo compone al día,
quién los miembros más blandamente
mueve?
Y si me oyera el gran cantor Hermógenes
imbidioso me diera la ventaja


Adonde significa que toca al consumado poeta saber hazer versos, dançar y cantar.
PIERIO.- Yo e visto esse lugar de Horacio; pero los intérpretes no sacan tal concepto dél, sino que aquél como charlatán se glorificava de saber todas las artes.
CASTALIO.- Quiero dezir una arrogancia. No está declarado hasta oy aquel lugar. Y para que creáis que no dixo y señaló Horacio sin particular fundamento estas tres artes solas de metrificar, dançar y cantar, dize Aristóteles en el principio de su Poética, tratando del número, armonía y metro, que estos tres instrumentos se usan juntamente en la poesía dithirámbica y mímica, pero en la tragedia y comedia, distinta y separadamente. Hoc differunt, quod illae quidem simul omnibus, hae vero particulatim utuntur. Interpretando esto, Robortelo dize con testimonio de Pólux y Luciano: «Era costumbre entre los antiguos recitar la tragedia o comedia en la scena, y en la orchestra, dançar aquello mesmo que se avía recitado; y en otro lugar más apartado, cantar y tañer la misma actión que se avía representado y baylado.» Luciano alaba un bailarín que delante del rey Demetrio, solo, sin música ni canto, dançó el concúbito de Marte y Venus, como lo descrive Homero; y de tal manera imitó y mostró a Marte juntándose con Venus, y a Venus enlazada con Marte, y al Sol que los manifestava, y a los Dioses mirando y riyéndose, que dixo Demetrio admirado: «¡De tal modo, o hombre, imitas la cosa con las manos, que me parece que la veo y que la oygo!» Y como avía dançantes tan doctos, avía ni más ni menos cantores tan diestros que qualquiera actión la imitavan con sus modulaciones excelentíssimamente. Y assí, Vitruvio pone en el teatro scénico tres distintos lugares: scena para los farsantes, orchestra para los baylarines, y odeo para los cantores. A esto, pues, aludió aquel charlatán que se encontró con Horacio, significando era tan perfecto poeta, que sabia estas tres artes referidas tan necessarias en la poesía.
PIERIO.- Por cierto, es tan genuina y propria essa interpretación, que desde agora resigno las otras en mano de sus auctores, y ésta sola quiero y tengo por buena. Síguese la materia poética: ¿Qué me dezís della?
CASTALIO.- La materia poética es todo quanto puede recivir imitación; por tanto, no introduzgáis persona ni cosa en vuestra poesía que no sea imitable. Y si no se encierra cosa en la materia poética que no esté sugeta a la imitación, mal hecho es sacar en el teatro a la Virgen María y a Dios. Que ¿quién podrá imitar las diviníssimas costumbres de la Virgen? Pues a Dios, que nadie le a visto y es incomprehensible, ¿quien osará imitarle y representarle? Tampoco en el tablado se pueden imitar tormentas del mar, ni batallas campales, ni muertes de hombres; porque ninguna cosa déstas puede tener allí su justa imitación. Horacio:

Cosas ay que se deven a la vista
del auditorio recitar; y cosas
narrarse basta cómo ayan passado.
Menos mueve los ánimos aquello
que se escucha, que essotro que los ojos
fieles ven, y visto comprehenden.
Lo que no es para fuera, hágase dentro.
Ya te vendrán sucessos que no deven
delante hazerse, sino referirse.
No ante el pueblo medea sacrifique
y desmiembre sus hijos; las humanas
carnes no cueza el más que crudo Atreo;
no trasformes a Progne en ave; a Cadmo
no le conviertas en culebra. Cosas
assí hechas, incrédulo las odio.

Aviendo, pues, de ser nuestra materia participante de imitación, no se pueden sufrir aquellos que ensenando agricultura, o philosophía, o otras artes o sciencias, quieren ser tenidos por poetas en lo que no ay imitación ninguna. El que enseña matemática, llámese maestro de aquel arte; el que narra historia, llámese historiador; el que imita al matemático en alguna actión de su facultad, y el que imita algún hecho de la historia, ésse es y se deve dezir poeta. Por tanto, deves elegir materia digna de la poesía, si quieres que no te digamos versificador. Y no basta que la materia sea imitable: obligado estás a elegirla según la calidad del poema. La materia de la comedia no es buena para la tragedia. Y al contrario, el cómico tiene por fin la risa, el trágico tiene por fin la misericordia y miedo: eligirá materia apta para provocar a misericordia y miedo. Porque, como dize el proverbio: Non ex quolibet ligno fit Mercurius. Sabiendo elegir materia según la calidad de la poesía, bien se cree que sabrá también el poeta escoger y tomar materia conveniente a sus fuerças, y que avrá provado primero lo que puede sustentar. Horacio:
Escritores, tomad a vuestras fuerças
materia igual; hazed prueva primero
de aquel peso que pueden o no pueden
sustentar vuestros hombros: conveniente
siendo la empresa, no tengáis recelo
que os falte la facundia y orden clara
.
Quien no es bastante para hazer una obra épica, ni una tragedia, haga comedia, o haga una égloga, una sátira, una canción, o un soneto. Examínese también adónde le lleva más su inclinación. Porque avrá quien no acierte a darle su gracia a una comedia, y hará una tragedia por estremo bien. Otro tendrá excelencia en la epopeia, y no en la lýrica. Por tanto, conviene experimentar cada uno su natural ingenio para mejor acertar. Y porque la materia consta de cosas y palabras, las cosas se han de sacar de la socrática philosophía, digo de la política, económica y ética. La política usa el épico y trágico, que son cosas de govierno y estado. La económica sirve al cómico, que es la administración de la familia. La ética trata el satírico, como quien reprehende vicios y enseña buenas costumbres. Teniendo hecha provisión de cosas, es impossible faltarle las palabras. Horacio:
La fuente de escrivir bien es la sciencia;
essa te enseñará el divino Sócrates.
Y quando tengas allegada hazienda
de qué decir, sobrarte an las palabras
.
PIERIO.- Olvidádome e; aguardad, miraré el papel. Assí: la forma poética se sigue. ¿Qué me dezís della?
CASTALIO.- La forma poética es la imitación que se haze con palabras; y si désta carece la fábula, aunque tenga quantos géneros de versos ay, no por esso se dirá poesía. Porque el poeta tiene su etymología de la imitación, en la qual consiste toda la excelencia de la poesía; y no del verso, el qual es una cosa menos principal y más perteneciente al ornato. Arist. dize: Si quis universa permiscens metra, imitationem autem non fecerit, non iam poeta appellandus. «Si alguno hiziere quantos géneros de versos ay, como no haga imitación, no deve ser llamado poeta.» Yo no excluyo los versos de la poesía; pero tampoco los hago tan sustanciales, que sin ellos no se pueda hazer el poema. Ay buena poesía sin verso, pero no sin imitación. Si Salustio, si Tito Livio nos escriviessen sus historias de nuevo en metro en el modo que oy están, no por esso se podrían dezir poetas. Tienen los historiadores ampla licencia, y los poetas están asidos a muy estrechas leyes, que en quebrantándolas dan al través con sus obras. Si tú traduzes en prosa el Eunuco de Terencio, tan poeta será como si le traduxeras en verso. Sólo es de advertir que como la armonía y número son accidentes de la poesía, y los metros son partes del número y armonía, de aquí procede que la fábula deva ser en verso. Y también porque siendo necessario en la poesía el ornato y dulçura, el verso que en esto tiene tanta excelencia, no es razón olvidarlo. Horacio:
No basta ser hermosa la poesía,
también sea dulce; inclinar a los ánimos
a la parte do más le pareciere
.
En fin, que los poetas imitan ya con metro, ya sin metro; y esto de tres maneras, según la sentencia del philósopho: Vel quod rebus genere diversis, vel quod res diversas imitantur, vel quod diverso modo. «O imitan los poetas (dize) con cosas diversas, o cosas diversas, o en modo diverso.» Con cosas en género diversas, porque los instrumentos con que imitamos son palabras, armonía y número. El poeta heroico imita con palabras, no más; el scénico, con palabras y armonía; el lýrico, con palabras, armonía y número. De aquí viene que toda la poesía se considera en tres maneras: hablando, sonando y dançando, unas vezes distintamente, y otras, todo junto. Las cosas que imitamos son las costumbres y hechos de las personas. Éstas son: unas, supremas, como Dios, ángeles, santos, pontífices, reyes, príncipes, magistrados, cavalleros; medianas, como ciudadanos, que ni son nobles, ni tienen cargos públicos; ínfimas, como rústicos, pastores, artífices mecánicos, truhanes, pícaros y otra gente vil. Y si miramos a la gentilidad, sátiros, faunos y silvanos, y todos aquellos que dan ocasión de risa y passatiempo. Los modos con que imitamos son tres: exegemático, dramático y mixto. Modo exegemático es quando el poeta habla de su persona propria, sin introduzir a nadie. Modo dramático es lo contrario, quando el poeta introduze a otros hablando, sin interponer jamás su persona. Modo mixto es el que participa de entrambos, quando el poeta, unas vezes habla él en su poema, otras haze hablar a otros. El lýrico casi siempre habla en el modo exegemático, pues haze su imitación hablando él proprio, como se ve en las obras de Horacio y del Petrarca, poetas lýricos. Los trágicos y cómicos hablan dramáticamente, callando ellos, siempre introduziendo a otros. El épico participa del uno y del otro modo. Habla el épico de su persona, como:Callaron todos tyrios y troianos, y luego introduze a Eneas, callando él: Mándasme renovar, reyna ecelente.
Del scénico y lýrico no hay necessidad de exemplos; porque, ¿quién no sabe que en la tragedia y comedia no habla el poeta y en las canciones lýricas, que por maravilla introduzimos a otro, sino que nosotros hablamos de nuestra persona?
PIERIO.- El fin de la poesía tomada in genere, ¿quál es?
CASTALIO.- El fin de la poesía es agradar y aprovechar imitando. Por este fin dixo Horacio:
Todos los votos se llevó el poeta
que supo ser de gusto y de provecho:
ya alegrando al lector, ya aconsejando
.
De manera que el poema no basta ser agradable, sino provechoso y moral, como quien es imitación de la vida, espejo de las costumbres, imagen de la verdad. ¿Quién duda, sino que leyendo los hombres las obras de poesía, o hallándose en las representaciones tan allegadas a la verdad, se acostumbran a tener misericordia y miedo? De aquí procede que si les viene algún desastre humano, son ya menores el dolor y espanto. Que es cosa llana y cierta que quien nunca a passado calamidad, si le sobreviene sin pensar y de improviso, no tiene paciencia para sufrirla. Y también ay muchos que sin razón se afligen y temen. Oyendo, pues, en los teatros y leyendo en los poemas cosas digníssimas de conmiseración, y que aun el muy sabio conviene que las tema, aprenden quál es de lo que nos emos de doler y emos de temer. Y finalmente, se sigue grande utilidad destas lecciones y recitaciones poéticas, en que siendo la fortuna de los hombres común en esto que ninguno dexa de estar sugeto a las miserias humanas, las llevan con más facilidad los que las tienen, y se consuelan grandemente, acordándose que otros an passado por aquello mismo.
PIERIO.- Yo confiesso que las poesías nos enseñan el camino de la virtud, ya con el exemplo de los buenos, ya con el infelice fin de los malos. Pero, quando nos representan cosas tristes y dolorosas, y quando nos representan casos atroces y crueles, ¿esto cómo puede deleytar?
CASTALIO.- Agudo soys. ¿Cómo? Con la imitación, traer a degollar o a sacrificar a alguno y verle en aquel acto tan horrible, mucho mueve los ánimos. Descrívase aquí aquel que a de ser degollado. Cosa lastimosa es ver los pregoneros con ronco y humilde son tocar sus trompetas; los ministros de justicia apartar la gente; la guarda para defenderle de alguna repentina violencia de los parientes; los religiosos sacerdotes que le acompañan y animan con divinas y devotas exortaciones; al verdugo cruel sobre el enlutado cadahalso, que le haze arrodillar, le liga las manos, le benda los ojos, le pide perdón, y asiéndole de los cabos de la benda, le derriba la cabeça de los hombros. Allí el alarido de la gente, los clamores, las oraciones, las lágrimas de los circunstantes. Si bien el acto mueve a dolor, la descripción dél bien hecha causa delectación, y se halla el lector contentíssimo de aver leído aquella actión tan bien imitada. Assí mesmo, ¿a quién no atemoriza ver a un toro, a un león, a un tigre que está desmembrando y haziendo pedaços a un hombre? Pues si esto mesmo lo veis pintado en una tabla o en un mármol, ¿no os agrada infinito la buena expressión y imitación de aquel riguroso caso?
PIERIO.- Digo que sí, y que lo tengo bien entendido. Passemos a la división de la poesía.
CASTALIO.- La poesía se divide en tres especies principales: épica, scénica y lýrica. Difieren entre sí en los instrumentos, en las materias, en la phrasi y en los fines. En los instrumentos, no en quanto a las palabras, que son comunes a toda la poesía, sino en la armonía, número y modo. Porque la épica sólo imita con palabras; la scénica admite choro y, por consequencia, tiene armonía; la lýrica se canta y bayla, y assí quiere también número. En el modo también son diferentes, porque el scénico es dramático siempre, el lýrico casi siempre habla de su persona propria, y el épico haze lo uno y lo otro, como queda provado. Difieren en las materias: porque el épico celebra una grande actión, la qual sea en alabança y excelencia de la persona fatal; fatal llamo aquella persona que principalmente celebra y canta el poeta; como lo es Eneas en el poema heroico de Virgilio, y Ulisses en la Odisea, y Achiles en la Ilíada de Homero. El trágico tiene también actión ilustre, pero con otro fin, porque su actión ha de ser tal que con ella pueda mover a misericordia y miedo. El cómico abraça una actión humilde de donde pueda sacar cosas de passatiempo y risa. El lýrico canta por la mayor parte a los hombres dignos de alabança, o sean graves, o medianos. También trata otros sugetos de amores y deleites de la vida humana, exortaciones, invectivas, vituperaciones y otras cosas, pero debaxo de un concepto solo. Assí mesmo, diferencian en la phrasis; porque el épico y trágico usan un lenguage ilustre y grandioso; el cómico, vulgar y humilde; el lýrico, galán y polido. Sabida la diferencia, sepamos también en qué se dan las manos. Primeramente concuerdan la epopeia y la tragedia en la materia y estilo, porque ambas tratan cosas grandes y severas. Y assí, quien supiere conocer una tragedia bien compuesta, o los defectos de la que estuviere mal hecha, sabrá ni más ni menos juzgar la epopeia. Son comunes a todas las especies las agniciones y las peripecias. Agniciones llama el latino los reconocimientos, y peripecias el griego las mutaciones. Es reconocimiento el que se viene a tener de alguna persona inopinadamente, como Ulisses que después de largo tiempo, bolviendo a su casa, siendo recebido por huésped, fue conocido de una criada suya en cierta señal del cuerpo que le vio estándole lavando. Llámase peripecia la mutación de una en otra fortuna, de prosperidad en miseria, o de miseria en prosperidad. Requiérese también en todas las partes de la poesía ser o moratas, o patéticas, o mixtas. Morata es la fábula donde principalmente se pintan las costumbres. Patética, donde se representan más las passiones y affectos del ánimo, que pathos en griego quiere dezir passión. Mixta, quando la fábula es en parte patética y en parte morata. La economía, el decoro, la suavidad, la gracia, la hermosura, los tropos, las figuras, la variedad, de donde nace la maravilla, a todas las especies conviene. En fin, son comunes a todo poema aquellas essenciales partes de la poesía: fábula, costumbres, sentencia y dictión.
PIERIO.- Ya sé la difinición de la poesía, su materia, su forma y fin, las diferencias y las concordancias de sus especies. La segunda tabla os llama a tratar de la fábula.

nota: Francisco Cascales (Fortuna, 1564 - Murcia, 1642), erudito y humanista español

sábado, noviembre 22, 2008

la evasiva memoria

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apuntes para una reencarnación (selección)

Por el espejo de irte quedando dormida el largo día pasa, pasa un río, pasa el agua de ese río, muchos ríos pasan, noche que llega por la ventana entrecerrada, que no oscurece el agua, pasa, pasa el recuento de lugares en espera, siempre, de lo mismo, el desenlace súbito del espectáculo del día en que llegaste a ser casi todas las cosas.

Escribir palabras que lleguen a ser los desprevenidos años preadolescentes. Horas a eso del atardecer, repentinas (nadie contaba con ellas), la nube que acaba de llegar a la página, ya a punto de ausencia, la misma urgencia que la hizo entrar en la pieza la hace ahora desvanecerse, nube con una llovizna dentro, ¿y por qué tan callados en algunos lugares de la tarde, en medio de una conversación de golpe interrumpida, chaparrón de la memoria en mitad del verso, hiato blando del corazón de la sandía partido en dos como el para siempre enrojecido corazón del ocaso, pulpa de esa memoria abriéndose paso entre personas que nunca vieron llover?
Lo presenta como el ahogado que deriva hacia la costa. Una vez vuelto del mar de esas nubes éstas lo orientan hacia la playa, reconoce la arena donde podrá encontrar reposo.
Como si fuera él esa costa.

Y luego (¿antes, antes de eso?), la puerta abierta y cerrada de ese mismo sueño.
y luego (¿antes? ¿cuándo antes?), unas líneas. Estas líneas, la evasiva memoria.

de Arnaldo Calveyra, Poesía Reunida, Buenos Aires, Editorial Adriana Hidalgo, 2008.

sábado, noviembre 15, 2008

no verás niños engreidos

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el retorno del desterrado

Se amontona en borrascas una especie de herrumbroso fango,
no hielo, no nieve, para adherirse al hotel de Ville,
donde ensamblados dragones de hierro apresan
la ventisca en su rigor mortis. Una campana
se queja cuando los ecos arrancan
la paja del techo de su torre,
las ametralladoras gatillan, escupen, rajan la madera
y mellan los techos de pizarra sobre la Holstenwall
donde las arrancadas tejas coronan al vencedor. Otoño
e invierno, primavera y verano, los cañones se alistan
y avanzan pesadamente por la estrella calle de techos agudos
delante de tu gris, doliente casa ancestral
donde el nogal dinamitado
sombrea una vieja, rolliza puerta desquiciada por el viento
e intimida al comandante yanqui. No verás
niños engreidos ni encontrarás
al infame canciller de la pata de palo
con una nomeolvides en el ojal
cuando los insípidos libertadores se derramen
por la Plaza del Mercado, depositen en tierra las armas
ante el Rathaus; pero ya los puestos de azucenas
hacen germinar la resurgida Renania, y una tosca
catedral eleva su ojo. Bastante grato,
voi ch'entrate, y tu vida está en tus manos.

The exile's return
There mounts in squalls a sort of rusty mire,
not ice, not snow, to leaguer the Hotel
De Ville, where braced pig-iron dragons grip
the blizzard to their rigor mortis. A bell
grumbles when the reverberations strip
the thatching from its spire,
the search-guns click and spit and split up timber
and nick the slate roofs on the Holstenwall
where torn-up tilestones crown the victor. Fall
and winter, spring and summer, guns unlimber
and lumber down the narrow gabled street
past your gray, sorry and ancestral house
where the dynamited walnut tree
shadows a squat, old, wind-torn gate and cows
the Yankee commandant. You will not see
strutting children or meet
the peg-leg and reproachful chancellor
with a forget-me-not in his button-hole
when the unseasoned liberators roll
into the Market Square, ground arms before
the Rathaus; but already lily-stands
burgeon the risen Rhineland, and a rough
cathedral lifts its eye. Pleasant enough,
voi ch'entrate, and your life is in your hands.

de Poemas de Robert Lowell, Versión, prólogo y notas por Alberto Girri, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1969.

jueves, noviembre 13, 2008

fingir la comprensión que no se tiene

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extraños

Volviendo de la escuela de mi hija
vi venir a una mujer con la expresión crispada
hablando con dolor a un celular.
Lloraba y pensé en decirle algo.
No lo hice, porque ocurre,
con soledad tan clara,
tan nítida y rotunda,
que sólo con esfuerzo y desde lejos
se puede acompañar.
Fingir la comprensión que no se tiene,
mostrar preocupación ajena,
mientras uno sigue caminando
y haciendo con las manos ese gesto,
como espantando los pájaros del miedo.

jorge fondebrider
de Los últimos tres años, Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 2006.

martes, noviembre 11, 2008

sofistería


maldecir la retórica que dice
que la vida es un halago de dios
dormir en nuestra casa de prestado
con una unívoca persona
y pagar la cuota
de la muela perdida por envejecimiento
hasta haberse gastado de rodillas
extendiendo las sábanas
con las que el funebrero envolverá
el último acontecimiento feliz
que fue cerrar los ojos para no ver
la inútil tragedia.

silvia camerotto, lomas de zamora, 1959
inédito

jueves, noviembre 06, 2008

la gente lee libros trágicos


jinetes del apocalipsis

No hay lugar para la huida, ángel
del deseo.
Ellos, que dicen que son fantasmas,
siguen haciendo malas artes,
influyen, lo hacen bien,
estorban la huida, ángel
del deseo. Me corrompen.
Adonde fuera, el sol o la lluvia
me perseguirían como un testigo;
adonde me quedara,
ellos,
que dicen que son fantasmas,
mandarían cartas anónimas, desapasionadas
o donde la pasión
ocupa un lugar antiguo, de pacotilla.
Ahora, dicen,
el cielo se resquebraja tanto como
el suelo,
la gente lee libros trágicos,
suena con llanuras que parecen desiertos.
Ahora, dicen, todo ha terminado.
Y yo quería un lugar,
un toque
de infancia,
una frase verdadera.

Irene Gruss
* de La mitad de la verdad. Obra poética reunida 1982/2007. Editorial Bajo la luna Poesía, 2008

martes, noviembre 04, 2008

te ofrecieron amor y no quisiste

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1.
elegía

Sintiendo el casi bárbaro pavor de lo absoluto
y la atracción simpática del hambre de la tierra,
echo estas cuatro estrofas de hiel en tu sepulcro
igual que cuatro garfios para tu carne muerta.

Sé bien que estás viviendo aquí o en otro sitio,
dentro o fuera del ámbito del espacio y del tiempo,
en horrible simbiosis empotrado en tus hijos,
enquistado en sus vidas, como un gusano fétido.

Ojalá cuando el sueño te devoró los ojos
y te impulsó hasta el fondo sin fondo de la noche,
tu fuga no dejará tras sí para nosotros
ni la estela encendida en su caída enorme;

que volatilizada tu materia y extinta
tu psique, fueras menos que la nube que pasa,
¡porque los malos quedan pesando en nuestra vida
y los buenos nos llevan la muerte de ventaja!*

*de Nefelibal,1922.

2.
sueño

En la silla de mimbre te has quedado dormida
con un fin de sonrisa en la boca entreabierta.
Está como en cenizas la brasa de tu vida
y por un poco de aire no acabas de estar muerta.

En las manos se aduerme la luz, como si entrara
por entre carne y piel, y sobre tu regazo
cae un trozo de sombra que te mancha la cara,
apretándose, justa, a la curva del brazo.

De tus párpados fluye cierto noble sosiego
que en la frente inclinada se aclara y se depura,
como algo invulnerable que sobre el cuerpo ciego
pusiese una invisible defensa de armadura.

Y me quedo en la orilla de tu sueño profundo
que en su total parálisis todo olvida y desdeña,
como si hubieras sido escamoteada al mundo.
Tú no eres nada ahora y yo soy el que sueña.

Te observo fijamente, doblado ante el abismo
que nos separa; evoco tristezas y alegrías
y voy recuperándote como algo de mí mismo
que hubiese desgastado el roce de los días.

Nuestros seres quedaron distantes, en el trato
diario. Somos islas y el mar se extiende entre ellas.
Nos llegan las señales, a través de ese hiato,
con la clara fatiga de las viejas estrellas.

Pero aunque me separa de tí, que estés dormida,
este abismo que ahonda mi espíritu despierto,
algo acopla por dentro tu vida con mi vida.
Vivimos y morimos los dos; eso es lo cierto.

Tu rostro me revela nuestro común destino
y hay en él ciertas huellas de que antes no hice caso,
que son como la impronta del dolor paulatino
de toda tu esperanza y todo mi fracaso.

De pronto me da miedo lo blanco de tu frente
y, arrastrado en el vértigo de estas ideas que urdo,
concibo que podrías morirte de repente,
¡y es un arma cargada mi pensamiento absurdo!

Te digo alguna frase a media voz y apenas
hacia mi vos estiras tu mano en vano empeño,
porque está como anclada con seguras cadenas
en el fondo del mar en pleamar del sueño.

Quizá también mañana yo duerma un sueño fuerte
y a tu vez me contemples con temor infinito,
sin saber que me he ido, soñando, hasta la muerte.
Yo no podré tender las manos a tu grito.*

*de Humoresca, 1929.

3.
solo

Has vivido el revés de tu destino.
Te ofrecieron amor y no quisiste;
fortuna y gloria, y preferiste el vino
de la sabiduría, que es tan triste.

Y ahora, al final de tu camino,
buscas a Dios, que sabes que no existe.*

*publicado en el diario La Prensa en 1955.

Ezequiel Martínez Estrada nació en San José de la Esquina, provincia de Santa Fe, el 14 de septiembre de 1895 y murió en Bahía Blanca el 4 de noviembre de 1964. (Algunas fuentes aseveran que su muerte ocurrió el día 3 de noviembre de 1964).

sábado, noviembre 01, 2008

josé luis mangieri. selección










«lo que vale —te guste o no— es lo que hacés desde que nacés hasta que te morís»,









Cosas pendientes

Me gustaría que la gente dijera de mí ,"Con pasión, hizo lo que pudo". Sería un buen final.**

Último vuelo

Veintiséis años de amor
partieron rumbo a Texas
en un Boeing 707
bajo la lluvia.

El aeropuerto y las gentes
quedaron solos
mojados
mirando.

Yo también.***


**de Es rigurosamente cierto, Libros del Rojas, Buenos Aires, 2004.
***de Poemas del amor y de la guerra, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2008.

más josé luis: 16.10.08, 22.7.08, 22.6.08

susan thénon. de distancias

37 un mal se apaga solo si otro mal crece una lluvia seca hiere el sol      la memoria no alcanza         entre dormidas piernas un...