Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas de noviembre, 2010

pacientes y esforzados

Masas

Vagaba por las montañas y vi la niebla azul y
los peñascos rojos y quedé azorado;
en la playa donde maniobra el impulso incesante de la marea,
permanecí en silencio;
bajo las estrellas, en la pradera mientras miraba la Osa Mayor inclinada
sobre el horizonte, me llené de pensamientos.
Grandes hombres, desfiles de guerra y de trabajo, soldados y obreros,
madres con sus hijos en brazos —a todos ellos conocí
y sentí una emoción solemne.
Y entonces, un día puede ver verdaderamente a los Pobres, millones
de Pobres, pacientes y esforzados; más pacientes que
los peñascos, las mareas y las estrellas; infinitos, pacientes como
la negrura de la noche— y rotos todos ellos, humildes ruinas de las naciones.



Felicidad

Les pedí a los maestros que enseñan el sentido de la vida
que me dijeran qué es la felicidad.
Y me dirigí a los grandes ejecutivos que dirigen el trabajo
de miles de hombres.
Todos movieron sus cabezas y sonrieron como
si me burlara de ellos
y entonces, un domingo a la mañana, cam…

qué van a hacer las manos

Augurios

a S.
¿Qué van a hacer ahora nuestros cuerpos
cuando la noche caiga sobre el pasado,
sobre las sombras alimentadas
como mascotas funestas,
en medio de una playa, última, posible?

¿Qué van a hacer las manos
que no mataron lo que había que matar?
¿Acariciar el perdón que no importa?
¿Descender más despacio?
¿Hundirse en el bolsillo del consuelo?

¿Quién va a decir que fue un bien
lo que traerá la borrasca?
¿Quién va a hablar,
quién va a vivir por nosotros?

Gerardo Gambolini, Buenos Aires, 1955
Inédito

amor me asalta y no le importa

Vuestro hermoso saludo y la gentil mirada
que lanzáis cuando os encuentro me asesinan;
Amor me asalta y no le importa
si hace daño o merced,

pues me atraviesa el corazón con una flecha
que además lo corta y divide en partes:
no puedo hablar, porque ardo en grandes penas
como uno que ve su muerte.

Me pasa por los ojos como el trueno
que hiere a través de la ventana de la torre
y rompe y destruye lo que encuentra adentro;

quedo como estatua de cobre
por donde no corre vida ni espíritu
y sólo ofrece figura de hombre.

Guido Guinizelli, Bolonia, c. 1230- Monselice, Padua, a.1276
en Poesía Medieval Italiana, Antología bilingüe, Selección, traducción y notas: Oreste Frattoni, Centro Editor, Buenos Aires, 1978
imagen:

Lo vostro bel saluto e 'l gentil sguardo
che fate, quande ve' ncontro, m' ancide;
Amor m' assale, e già non ha reguardo
s' elli face peccato, o ver mercide;

chè per mezzo lo cor me lancia un dardo
ched oltre in parti lo taglia e divide;
parlar non posso, chè…

quiere darme marido por la fuerza

En la estación en que el mundo se viste de hojas y florece
aumenta la alegría de todos los amantes delicados:
van juntos a los jardines mientras
los pájaros cantan dulcemente:

toda la gente despreocupada se enamora
y cada uno se adelanta para servir,
y cada damisela está contenta;
tan sólo para mí abundan la tristeza y el llanto;

es que mi padre me ha creado un conflicto
y me sume a menudo en fuerte dolor:
quiere darme marido por la fuerza.

Como eso no me gusta ni lo deseo
vivo atormentada a toda hora.
Por esto no me alegran las flores ni las hojas.

Compiuta Donzella, Florencia, a. 1294
en Poesía Medieval Italiana, Antología bilingüe, Selección, traducción y notas: Oreste Frattoni, Centro Editor, Buenos Aires, 1978
imagen: Donne
Más poemas de Compiuta Donzella en Campo de maniobras

A la stagion che 'l mondo foglia e fiora
acresce gioia a tut[t]i fin' amanti:
vanno insieme a li giardini alora
che gli augelletti fanno dolzi canti;

la franca gente tutta s'inamora,
e di servi…

el sol hiere al barro

En el corazón gentil se refugia siempre Amor
como un pájaro en el verde del bosque;
la Naturaleza no creó Amor antes que el corazón gentil,
ni corazón gentil antes que Amor.
Apenas existió el sol
existió el esplendor luminoso,
pero no antes que el sol;
tan propiamente
como el calor en la claridad del fuego.

Fuego de amor se prende en corazón gentil
como virtud en piedra preciosa:
desde la estrella no desciende a ella
antes que el sol la vuelva gentil cosa.
Después que el sol le ha quitado
con su fuerza lo que es innoble,
la estrella le da valor:
así al corazón, que naturaleza hizo
selecto, puro, gentil,
la mujer, como la estrella, lo enamora.

Amor está en el corazón gentil por la misma razón
por la que el fuego, encima de la antorcha,
resplandece a su gusto, claro, sutil:
es tan orgulloso que no estaría de otro modo.
Dado que la malvada naturaleza
es contraria al Amor - como al fuego caliente
el agua, por su frialdad -,
Amor se instala en el corazón gentil
por ser un lugar afín a est…

no aseguran nada salvo olvidar

Haleb

I
Conozco Aleppo como si conociera la palma de mi mano,
recorro con mis ojos cerrados sus calles de bóvedas,
pasajes y recovecos desde sus ocho pequeñas colinas
hasta el barrio judío de Bahsita para tratar de encontrarme
con mi abuelo Jacobo o mi abuela Ana mientras la ciudadela espía
desde allá arriba fortificada y a manera de atalaya sobre las planicies
del Eufrates ¿Será porque sus susurros, sus lentas y suaves palabras
en árabe y hebreo, resuenan todavía en mis oídos o porque su nombre
me suena fértil para los sueños, refugio de nuestros antepasados?
Aram Zobá, Halab, Haleb, Halep, Aleppo la blanca son los nombres
para nombrarte mientras punzantes trompetas resquebrajan las murallas
que caen sobre los indefensos canaanitas y Abraham, con su cabeza cubierta
y su cuerpo enjuto, reparte leche entre los pobres y recorre las callejuelas
junto con Sara, Isaac, Hagar, Ismael.

II
Me entrego a las estrellas mientras rezo en este knis o yamí
a cielo abierto y la brisa de verano ac…

no te apenes más de la cuenta

Mi vida es una línea recta

nueve menos cuarto en el reloj de la Torre de los Ingleses.
El día, chato como el anterior,
se vislumbra. Más adelante,
tuerzo otra vez la mirada hacia las grutas en cuadriculas.
Un blasón con tres letras:
esperpentos cuelgan cabeza abajo frente a las ruinas:
bajo las arcadas de un ex Banco duermen cartoneros.
Ya me bajo en la parada El Pasado.
Mi madre recorre la enciclopedia
y me señala las madonas de Leonardo.
Entonces,
yo intentaba doblegar el trazo en escorzos de cabezas
y atisbar el volumen, atisbar lo profundo.
Me señala el triángulo eterno
y en el fondo, los árboles esfumados.
Copio cabezas desde todos los ángulos.
Dibujo palabras
de alguien que viajó a lo largo y ancho del mundo,
ir hasta el fondo,
sobre una raya pegada al papel.


De perros cabizbajos a otro tema

triste en el umbral,
tristísimo como los otros perros de una traílla del paseo matinal…
A la noche, la luz filtrada de origen desconocido
traza dos o tres líneas sobre la pared, al costado de…

debe ser debe ser debe

Malacoda

tres veces vino
el funebrero
impasible bajo el ala del bombín
para medir
¿acaso no le pagan para medir
al incorruptible que está en el portal
este malebranche enterrado hasta las rodillas en los lirios?
Malacoda hasta las rodillas en los lirios
Malacoda con todo el experto sobrecogimiento
que cubre su perineo silencia su señal*
suspirando a través del aire denso
debe ser debe ser debe
encuentra la hierba mala la inserta en el jardín
escucha ella puede ver ella no lo necesita

para ponerlo en el ataúd
con la ayuda de un ungulado
encontrar la hierba mala llamar su atención
escucha ella debe ver ella no necesita

para tapar
para estar seguro tapa tapa todo
que tu escudo me permita respirar tu azufre
divino día de perros cristal repartido justamente

quédate Scarmiglione quédate quédate **
pon este Huysum *** sobre la caja
cuidado con la imagen es él
escucha ella debe ver ella debe
todas abordo todas las almas****
a media asta sí sí

no

Samuel Beckett, Dublin, 1906 – París, 198…

y ahora estoy... rodeada de egoístas

confesiones


Todos, todos duermen. Todos están durmiendo en la colina.
Edgar Lee Masters

Cerró los ojos silenciosos conservó la costumbre de no protestar.
Juan Gelman

Amanda Gris

En la placa de mi nicho colocaron una foto
con una frase que decía:
"Aquí yace la mujer más deseada".
Los que me conocieron un poco van a reírse
al leer tal expresión.
En verdad, mi epitafio debió haber dicho:
"Esta mujer vivió más sola que un perro".
No logré tener por mucho tiempo alguna compañía,
todos huían al conocer mi temperamento
y ahora estoy en este incómodo y pequeño sitio
rodeada de egoístas!

Lucía Vázquez

¿Alguien vio a mi marido traer flores a esta tumba?
Algunos dirán que lo vieron visitar el cementerio,
pero no estuvo aquí, sino frente al sepulcro de Amanda Gris.
En vida, ese hombre egoísta y silencioso
oscureció mis días.
Mi amor no pudo conquistarlo
y ahora, como si hubiera sido poca la tortura,
me humilla con su desfachatez.
Pero aún en este sitio
seré una sombra feroz.


Marco Ro…

dan, casi, un paso

El escriba

Aquel hombre se sienta a la ventana
Al fondo brilla el campo de su infancia,
una canción de cuna, alguna broma.
La tarde es roja y lenta,
su memoria no es más que literaria.
Él se mira verse irse, sonreírse.
Piensa en un niño puestos los ojos en un faro,
mientras la madre lo hace y acicala
intermitente, interminablemente
(un cuadro es una intimidad que se repite).
Las cosas se unen en trabajosas junturas y dolorosos sesgos.
Él reconoce allí sus trastos viejos, sus sombras,
el avasallamiento de los hechos y su solidaridad,
su quieta reciedumbre y su urdimbre,
y avanza a cada paso como si fuera previsto,
como si tanta herrumbre convocara y nombrara,
y hereda así canciones y plumas y galletas y calcetines,
las usurpa y se hace de ese dolor que es ya ajeno,
ajado, que ya es historia,
una mercadería,
un trasiego sin fin de opacidades y brillos,
santos objetos de segunda mano,
cuentas de vidrio, chucherías,
polvo dorado su negocio de mercachifle.

La herencia del doctor

Veo mis za…

ésta es nuestra bajamar

Éste es el oscuro aliento
de Sodoma
y el peso de Nínive
apartado
en la abierta herida
de nuestra puerta.

Ésta es la sagrada escritura
trepando en éxodo
hacia el cielo
con todas las letras,
poniendo a salvo la alada dicha
en la celdilla de un panal.

Éste es el negro Laoconte
arrojado contra nuestro párpado
acribillando los milenios
el dislocado árbol del dolor
germina en nuestra pupila.

Éstos son los dedos petrificados en sal
que gotean lágrimas en la oración.

Ésta es Su cola de mar
retirada
a la rumorosa cápsula de los misterios.

Ésta es nuestra bajamar
astro de aflicción
de nuestra arena que se descompone-

Nelly Sachs, Berlín 1891-Estocolmo 1970
de Huida y transformación, Libertarias/Prodhufi S.A., Madrid, 1995. Traducción Antonio Bueno Tubía.
Imagen: Gustave Doré, Sodoma

Dies ist der dunkle Atem/ von Sodom/ und die Last/ agelegt/an der offenen Wunde/ unserer Tür. // Dies ist die heilige Schrift/ in Landsflucht/ in den Himmel kletternd/ mit allen Buchstabene, / die befiederte Seligk…

el alma que aquí abajo fue frustrada

A las parcas

Un verano y un otoño más os pido, Poderosas,
para que pueda madurar mi canto,
y así, saciado con tan dulce juego,
mi corazón se llegue hasta morir.

El alma que aquí abajo fue frustrada
no hallará reposo, ni en el Orco,
pero si logro plasmar lo más querido
y sacro ante todo, la poesía,

entonces sonreiré satisfecho a las feroces
sombras, aunque debiera dejar
en el umbral mi voz. Un solo día
habré vivido como los dioses. Y eso basta.

Friedrich Hölderlin, Lauffen am Neckar, 1770- Tubinga, 1843
En Hölderlin, Poesía Completa, Ediciones 29, Barcelona, 1984. Edición bilingüe. Traductor Federico Gorbea
imagen: s/d

An Die Parzen

Nur einen Sommer gönnt, ihr Gewaltigen!
Und einen Herbst zu reifem Gesange mir,
Dass willinger mein Herz, vom süssen
Spiele gesättiget, dann mir sterbe!

Die Seele, der im Leben ihr göttlich Recht
Nicht ward, sie ruht auch drunten im Orkus nicht;
Doch ist mir einst das Heil'ge, das am
Herzen mir liegt, das Gedicht, gerlungen,

Willkommen dann, o Stille der …

de qué música desesperada...

Animales íntimos

Espíritus desalmados en el fondo de sargazos
y desechos de la habitación
Antaño otros amantes partieron aquí el pan de sus gracias con la noche
De estos flacos muebles
Que la memoria de los muertos gusta acariciar largamente
Sus dobles lascivos en el espejo carcomido la mitad irreal de sus encuentros frenéticos
A los que invoco para exorcizar con su imagen que exaltaba la voluntad del fuego en este lugar donde sus corazones latieron
Huésped recién llegado
Aún desconocido para los poderes de esta guarida
mercenaria que de pronto se puebla de animales perezosos

Bestias con ojos de ola y de vía férrea que se abren de par en par en lo profundo de la sombra
Con duras lenguas de cuchara en un comedor de otro país amortajado por las moscas
Animales de sopa
Cubiertos por un caparazón gris de insomnio de grito
De adiós en la lluvia piojos de áscua y de calendario
bestias de caderas viscosas y ambiguas enemigas de la certeza
Con rostros de hormiguero deshecho
Y un soplete oxh…