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Mostrando las entradas de julio, 2009

sin que su dignidad de reina padeciera

Testamento de Hécuba

a Ofelia Guilmain, homenaje


Torre, no hiedras, fui. El viento nada pudo
rondando en torno mío con sus cuernos de toro:
alzaba polvaredas desde el norte y el sur
y aun desde otros puntos que olvidé o que ignoraba.
Pero yo resistía, profunda de cimientos,
ancha de muros, sólida
y caliente de entrañas, defendiendo a los míos.

El dolor era un deudo más de aquella familia.
No el predilecto ni el mayor. Un deudo
comedido en la faena, humilde comensal,
oscuro relator de cuentos junto al fuego.
Cazaba, en ocasiones, lejos y por servir
su instinto de varón
que tiene el pulso firme y los ojos certeros.
Volvía con la presa y la entregaba al hábil
destazador y al diestro
afán de las mujeres.

Al recogerme yo decía: qué hermosa
labor están tejiendo con las horas mis manos.
Desde la juventud tuve frente a mis ojos
un hermoso dechado
y no ambicioné más que copiar su figura.
En su día fui casta
y después fiel al único, al esposo.

Nunca la aurora me encontró dormida
ni me alcanzó la…

el ojo de la aguja

III

Una nube celeste
cubre el ojo de la anciana.
Lava mi herida
con azúcar blanco
que detiene el rojo.
Actúa por presencia
actúa por contacto
Toca y te regala dones.
Asiente, y cada inclinación
de su cuello
es una estrella que se enciende.
La sabia de la flor de mil pétalos
sabe sin necesidad de preguntar.
Nodriza de luz:
¿pasaré por el ojo de la aguja?

Algo se abre paso
y busca salirme.

Griselda García, Buenos Aires, 1979
de El ojo del que mira, Ediciones La carta de Oliver. Poesía, Buenos Aires, 2009
imagen: Lee Bowerman, When I am an old woman

yo no podría

no puedo vivir contigo

No puedo vivir contigo,
eso sería vida,
y la vida está allí
detrás del estante

El sacristán guarda la llave,
custodiando
nuestra vida, su porcelana,
como una taza

desechada por el ama de casa
extraña o quebrantada
una nueva Sèvres convendría,
las viejas se agrietan.

No podría morir contigo,
porque uno debe esperar
para cerrar la mirada del otro,—
tú no podrías.

¿Y podría yo esperar
a ver cómo te congelas,
sin el derecho propio a congelarme,
el privilegio de la muerte?

Tampoco podría resucitar contigo
porque tu rostro
extinguiría el de Cristo,
ésa nueva gracia

Brillo simple y extraño
en mi ojo con nostalgia del hogar,
a menos que tú, que él
brillaran cercanos.

Nos juzgarán —¿cómo?
Porque tú serviste al Cielo, tú sabes,
o lo intentaste;
yo no podría,

Porque tú saturaste la visión,
y yo no tuve más ojos
para una sórdida excelencia
como la del Paraíso.

Y si tú estuvieras condenado, también yo lo estaría,
aunque mi nombre
sonara más alto
en la fama celestial.

Y si …

y no estabas tú

esta tarde vi llover

Esta tarde vi llover,
vi gente correr
y no estabas tú.

La otra noche vi brillar
un lucero azul
y no estabas tú.

La otra tarde vi que un ave enamorada
daba besos a su amor ilusionada
y no estabas tú.

El otoño vi llegar
al mar oí cantar
y no estabas tú

Yo no sé cuánto me quieres,
si me extrañas
o me engañas,
sólo se que vi llover,
vi gente correr
y no estabas tú.


Armando Manzanero, Mérida, Yucatán, 1935
* se recomienda la versión de Charlie Haden, con Gonzalo Rubalcaba, en Land of the sun

i just don't fit in

Cerveza caliente y mujeres frías

Cerveza caliente y mujeres frías, no encajo
en los tugurios en los que entré esta noche
es así como fue
todos estos extraños en jerseys con
gin y vermouth e historias recicladas
en los puestos de Naugahyde*

con rubias platinadas
y castañas tabaco
voy a beber para olvidarte
enciendo otro cigarrillo
y la banda está tocando algo
de Tammy Wynette
y yo pago los tragos esta noche

todas mis conversaciones hablarán
de ti, nena
aburriendo a algún marinero mientras trato de olvidarte
solo quiero que escuche
eso es todo lo que tienes que hacer
me dijo que estoy mejor sin ti
hasta que le mostré mi tatuaje

ahora está saliendo la luna
no tengo tiempo que perder
tiempo de sentarme a beber
dile a la banda que toque los blues
los tragos corren por mi cuenta, pagaré otra ronda
en este intento de bar de cuarta

cerveza caliente y mujeres frías, no encajo
los tugurios con los que tropecé esta noche
es así como fue
todos estos extraños en jerseys con
gin y vermouth e historias recicladas
en los puesto…

y se repartirán los huesos de mi alma

Ars Magna

Qué es la magia, preguntas
en una habitación a oscuras.
Qué es la nada, preguntas,
saliendo de la habitación.
Y qué es un hombre saliendo de la nada
y volviendo solo a la habitación.

de Poesía 1970-1985, Editorial Visor, 1986


El circo

Dos atletas saltan de un lado a otro de mi alma
lanzando gritos y bromeando acerca de la vida:
y no sé sus nombres. Y en mi alma vacía escucho siempre
cómo se balancean los trapecios. Dos
atletas saltan de un lado a otro de mi alma
contentos de que esté tan vacía.
Y oigo
oigo en el espacio sonidos
una y otra vez el chirriar de los trapecios
una y otra vez.
Una mujer sin rostro canta de pie sobre mi alma,
una mujer sin rostro sobre mi alma en el suelo,
mi alma, mi alma: y repito esa palabra
no sé si como un niño llamando a su madre a la luz,
en confusos sonidos y con llantos, o bien simplemente
para hacer ver que no tiene sentido.
Mi alma. Mi alma
es como tierra dura que pisotean sin verla
caballos y carrozas y pies, y seres
que no existen y de cuyos ojos
mana mi sangre ho…

wallace stevens. domingo a la mañana

Domingo a la mañana

I
El placer de la bata, y café
tarde y naranjas en una silla al sol,
y la verde libertad de una cacatúa
sobre la alfombra se funden para disipar
el sagrado silencio del antiguo sacrificio.
Ella sueña un poco, y percibe la oscura
intromisión de esa vieja catástrofe,
como una calma oscuridad entre las luces del agua.
Las naranjas agrias y brillantes, verdes alas
parecen parte de un cortejo fúnebre,
serpenteantes en las vastas aguas, sin ruido.
El día es como aguas vastas, sin ruido,
aquietadas por el paso de sus pies soñadores
Sobre los mares, hacia la silenciosa Palestina,
dominio de la sangre y el sepulcro.

II
¿Por qué habría de dar su recompensa a los muertos?
¿Qué es la divinidad si sólo puede venir
en sombras silenciosas y en sueños?
¿No encontrará ella en el consuelo del sol,
en la fruta agria, y en las brillantes alas verdes, o
en cualquier otro bálsamo o belleza de la tierra,
cosas que apreciar como la idea del cielo?
La divinidad debe vivir en ella misma:

i offer you the loyalty of a man

Dos poemas ingleses

I
El amanecer inútil me encuentra en una esquina desierta;
he sobrevivido la noche.
Las noches son olas orgullosas: pesadas olas azuloscuro cargadas con todos los matices de profundo despojo, cargadas de cosas improbables y deseables.
Las noches tienen un hábito de misteriosos regalos y rechazos, de cosas regaladas a medias, retenidas a medias, de gozos con un hemisferio oscuro. Las noches
actúan de esa forma, te lo digo.
El oleaje, esa noche, me dejó los acostumbrados retazos y finales sueltos:
amigos odiados con quienes hablar, música para los sueños
y el humo de cenizas amargas. Las cosas para las que mi corazón hambriento
no tiene uso.
La gran ola te trajo.
Palabras, cualquier palabra, tu risa; y tú, tan indolente e incesantemente bella.
Hablamos y habías olvidado las palabras.
El tembloroso amanecer me encuentra en una esquina desierta de mi ciudad.
Tu perfil de espaldas, los sonidos que se unen para formar tu nombre,
la cadencia de tu risa: estos son los ilustres jug…

corazón, a que no me caigo



En ese sentido el vino es peligroso:
cuando ya no queda nada que jugar en el día
no solamente a los chicos
se les ocurre ir caminando por el borde del cordón,
el que tomó de más porque amó de menos
se vuelve como un chico
y hace equilibrio en el cordón,
corazón, a que no me caigo,
a que sí, a que no, corazón.
Los chicos y los borrachos se pelean de vereda a vereda,
los chicos como borrachos, los borrachos como chicos,
sólo cuando se van los chicos el borracho queda solo
y solo se va caminando por el borde del cordón,
el que tomó de más se vuelve como un chico,
el que amó de menos, también como un chico,
se sentará esta noche en el cordón,

corazón, a que no me caigo,
a que no, a que no, corazón.

de Juego limpio, 1963.

Marquitos

Él se veía con las manos en la cabeza
los pies ambos codos todos caídos
es decir miraba pasar las nubes
los pájaros las hojas y era hermoso
vinieron después los compañeros a decirle
tiemblen que soplan vientos fuertes
entonces él tomó la tarea
de reincorporarse armarse componerse
apiló s…

la marea de la piedad

El siglo del Vigía

Duro es el corazón del hombre
que deja pasar la marea de la piedad
cuando en todos los rincones
crece un espejismo de sangre derramada
y nos llegan voces de muertos
de perseguidos niños del destino
corriendo velozmente
el peligroso río de la lucha.

Ahora las llamas ahogan el pasado
dando lugar a un ordenamiento del caos
mientras en los lechos crujen maderas
de un bosque de encinas
hierven párpados en volcanes secretos
y hay vientres inolvidables
desnudos frente a filosos centros
de desformación
ojos como garras
que arrancan la seda del olvido
y el recuerdo.

El vigía hurga
y en un atisbo reconoce
que el infierno y el paraíso
tienen los juegos del poder.

de Los dientes del lobo, 1972.

Cercos de la distancia

Me has cercado con tu canto
en la mesa hay jazmines
mezclándose con la desdicha del aire
cada día realizas un círculo de fuego
alrededor de mi figura

no estamos distanciados
un fugaz vuelo de torcazas
se interpone en la orilla de los cuerpos
pero hay luces
fugaces estrellas de solidaria rotación

of…