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corazón, a que no me caigo





En ese sentido el vino es peligroso:
cuando ya no queda nada que jugar en el día
no solamente a los chicos
se les ocurre ir caminando por el borde del cordón,
el que tomó de más porque amó de menos
se vuelve como un chico
y hace equilibrio en el cordón,
corazón, a que no me caigo,
a que sí, a que no, corazón.
Los chicos y los borrachos se pelean de vereda a vereda,
los chicos como borrachos, los borrachos como chicos,
sólo cuando se van los chicos el borracho queda solo
y solo se va caminando por el borde del cordón,
el que tomó de más se vuelve como un chico,
el que amó de menos, también como un chico,
se sentará esta noche en el cordón,

corazón, a que no me caigo,
a que no, a que no, corazón.

de Juego limpio, 1963.

Marquitos

Él se veía con las manos en la cabeza
los pies ambos codos todos caídos
es decir miraba pasar las nubes
los pájaros las hojas y era hermoso
vinieron después los compañeros a decirle
tiemblen que soplan vientos fuertes
entonces él tomó la tarea
de reincorporarse armarse componerse
apiló su cabeza las manos ambos codos
los pies y desde arriba
barría los pájaros agujereaba las nubes
bajaba las hojas y era hermoso
entre todos sostenían los sueños
y él tiraba fortificado.

de El che amor, 1965.

Astillas de los vitrales de Notre-Dame

Panes y peces como pétalos llovidos de la única mano que
puede arrojar la primerapiedra
la primerapiedra que será la última para volver a ser la
primera —precisas palabras bajo la lluvia, casi consignas— o no
será

palabras a trasluz del viento que las sostiene

labios sostenidos por los besos, breve brisa,
llovidos besos esparcidos por la mano de la luz sobre
el poema

el niño y el hombre se van de la mano y juegan bajo la lluvia
el niño se pone el sombrero y juega a que sueña

el hombre recoge la cabeza del apóstol y juega a que apunta

yo me entrego a tu mano y juego a que te amo,
llueve y sobre la calle, como vitrales, los charquitos.

Tu cercanía es de pronto el único milagro.

de Apuntes, 1982-1985

Alberto Szpunberg, Buenos Aires, 1940.
Imagen: Germán Wendel.

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