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sábado, mayo 04, 2019

guillaume apollinaire. aurora de invierno

Resultado de imagen para guillaume apollinaire

Aurora de invierno

La aurora adolescente
que piensa en el sol de oro
-un sol de invierno sin llamas resplandecientes
encantado por las hadas que juegan bajo los cielos
muertos-,
la aurora adolescente
sube poco a poco
lo más lentamente posible
incluso tiritando
para sonrosar a la aurora penetrada
por el frescor del último ocaso.
Y el sol apagado, encantado,
por fin se muestra, sin vida,
sin claridad,
porque las hadas de invierno las raptaron
y la aurora alegre,
dichosa,
muere 
toda llorosa
en el cielo boquiabierto
casi avergonzada
de ser madre de un sol que nació muerto.


Guillaume Apollinaire, Roma, 1880- París, 1918
de Guillaume Apollinaire y que todo tenga un nombre nuevo, Selección, prólogo y traducción de Mariano Fiszman, Griselda García Editora/Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2019

miércoles, septiembre 28, 2016

paul eluard. la ausencia












La ausencia

Te hablo a través de las ciudades
Te hablo a través de los llanos

Mi boca está sobre tu almohada

Ambas caras de los muros se enfrentan
Y mi voz que te reconoce

Yo te hablo de eternidad

¡Oh! Las ciudades y los recuerdos
Ciudades envueltas por deseos
Ciudades precoces y tardías
Ciudades fuertes ciudades íntimas
Despojada de albañiles
De pensadores y fantasmas

Campiña, regla de esmeralda
Vívida viviente sobreviviente
El trigo del cielo sobre nuestra tierra
Alimenta mi voz sueño y lloro
Río y lloro entre llamaradas
Entre racimos del sol

Y sobre mi cuerpo tu cuerpo extiende
El manto de un espejo cristalino.

Paul Éluard, Saint Denis, 1895-
De Paul Eluard, Poemas de amor, Selección y prólogo Javier Cófreces, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2016
Por este poema versión de Javier Cófreces


L'absence

Je te parle à travers les villes
Je te parle à travers les plaines

Ma bouche est sur ton oreiller

Les deux faces des murs font face
A ma voix qui te reconnaît

Je te parle d'éternité
O villes souvenirs de villes
Villes drapées dans nos désirs
Villes précoces et tardives
Villes fortes villes intimes
Dépouillées de tous leurs maçons
De leurs penseurs de leurs fantômes

Campagne règle d'émeraude
Vive vivante survivante
Le blé du ciel sur notre terre
Nourrit ma voix  je rêve et pleure
Je ris et rêve entre les flammes
Entre les grappes du soleil

Et sur mon corps ton corps étend
La nappe de son miroir clair.

miércoles, agosto 17, 2016

francis ponge. el objeto es la poética




















El objeto es la poética

La relación del hombre con el objeto no es en absoluto
solo de posesión y de uso. No, sería demasiado sencillo.
Es harto peor:
Los objetos están fuera del alma, por supuesto; sin embargo
son también nuestro plomo en la cabeza.
Se trata de una relación con el acusativo.

El hombre es un curioso cuerpo, que no tiene en sí
mismo su centro de gravedad.
Nuestra alma es transitiva. Requiere de un objeto que
la afecte, como su complemento directo, acto seguido.
Se trata de la relación más grave (para nada con el tener
sino con el ser).
Más que todo otro hombre, el artista soporta su carga y
acusa su golpe.

Por fortuna, sin embargo, ¿qué es el ser? -Solo hay
maneras de ser; sucesivas. Hay tantas como objetos. Tantas
como parpadeos.
Tanto más cuanto que, convertido en nuestro régimen,
un objeto nos concierne, nuestra mirada lo ha cercado y 
lo discierne. Gracias a los dioses, se trata de una 'discreción'
recíproca; y el artista pronto da en el blanco.
Sí, solo el artista, entonces, sabe cómo hacer.
Deja de mirar y ejecuta su tiro.
El objeto por supuesto acusa el golpe.
La Verdad retoma el vuelo, indemne.
La metáfora acaba de tener lugar.

Si no fuéramos sino que un cuerpo, lo más seguro es que
estaríamos en equilibrio con la naturaleza. Pero nuestra
alma ocupa el mismo lado nuestro en la balanza.
Pesado o leve, no lo sé.
La memoria, la imaginación, los afectos inmediatos, la recargan;
sin embargo, tenemos la palabra (o algún otro medio
de expresión); cada palabra que pronunciamos nos aliviana.
En la escritura la palabra se pasa incluso para el otro lado.
Pesados o leves, pues, no lo sé, tenemos necesidad de un contrapeso.

El hombre no es más que un pesado navío, un pesado
pájaro sobre el abismo.
Eso sentimos.
Cada 'battibaleno' nos lo confirma. Batimos la mirada,
como el pájaro sus alas para mantenernos.

Ora en la cresta de la ola, tanto en la creencia de abismarnos.
Eternos vagabundos, por lo menos mientras estamos vivos.
Pero el mundo está poblado de objetos. En sus orillas,
su multitud infinita, su acopio, se nos parecen más bien 
indistintas y vagas.
La que, no obstante, basta para tranquilizarnos. Porque,
también es algo que sentimos, cada uno de ellos, a nuestro
amaño, cada vez, puede convertirse en nuestro punto de amarre,
el jalón en que apoyarnos.
Le basta con hacer el peso.
Mucho más que de nuestra mirada, es entonces asunto de 
nuestra mano, -sepa ella llevar la maniobra a cabo.

Basta, digo, con que haga el peso.
La mayor parte de ellos no hace el peso.
El hombre, muy a menudo, no echa mano sino a sus
emanaciones, a sus fantasmas. Tales son los objetos subjetivos.
No hace más que valsar con ellos, cantando todos la misma canción;
luego, alza el vuelo en compañía de ellos o 
se abisma.

Tenemos, pues, que escoger objetos verdaderos, objetando 
indefinidamente nuestros deseos. Objetos que cada día escojamos y 
volvamos a escoger; y no ya como decorado, como nuestro marco; 
más bien como espectadores nuestros, jueces nuestros: 
para que no seamos, por supuesto, ni sus comparsas de baile ni sus payasos.

Nuestro secreto consejo, al fin y al cabo.
Y montar así nuestro templo doméstico:
Todos y cada uno de nosotros conocemos, supongo su 
Belleza.
Ella se mantiene al centro, fuera de alcance.
Todo en orden en torno a ella.
Ella, intacta.
Fuente de nuestro patio.

Francis Ponge, Montpellier, 1899-  Le Bar-sour-Loup,1988
de Antología crítica - Francis Ponge, Gog y Magog, Buenos Aires, 2016
Selección, introducción, traducción y notas de Waldo Rojas
imagen de Bartomeu Ferrando, Poema objeto

domingo, julio 24, 2016

charles baudelaire. cálculo en favor de dios




Cálculo en favor de Dios

Nada existe sin fin.
Luego mi existencia tiene un fin. ¿Cuál? Lo ignoro.
Por lo tanto no soy yo quien lo ha determinado.
Es alguien, pues, más sabio que yo.
Y por eso hay que rezarle a ese alguien, para que me ilumine.
Tal es la posición más sensata.
El dandy debe aspirar a ser sublime sin interrupción:
debe vivir y morir ante un espejo.


Charles Baudelaire, París, 1821-1867
De Mi corazón al desnudo
En Charles Baudelaire, Mi corazón al desnudo y otros papeles íntimos, Visor, Madrid, 1995
Por la traducción Antonio Martínez Sarrión

sábado, julio 23, 2016

apollinaire. vamos más de prisa




Vamos más de prisa

Y la noche llega y los lirios mueren
         Mira mi dolor bello cielo que me lo envías
                   Una noche melancólica

                             Hijo sonríe oh hermana escucha
Mendigos caminad por la gran ruta
            Oh engañosa selva que haces brotar contra mi voz
                      Las llamas que se queman en las almas

             En el bulevar de Grenelle
Los obreros y los patronos
                     Árbloes de mayo y este encaje
                     No hagas el fanfarrón
         Vamos más de prisa en el nombre de Dios
                    Vamos más de prisa

Todos los postes telegráficos
Llegan hasta allá lejos a lo largo del muelle
En su seno nuestra República
Se ha puesto el ramo de muguet
Que crecía espeso a lo largo del muelle
                   Vamos más de prisa

La boca en corazón tímida Paulina
                   Los obreros y los patronos
Por cierto por cierto bella adormecedora
Tu hermano
          Vamos más de prisa en el nombre de Dios
                     Vamos más de prisa

Guillaume Apollinaire, Roma, 1880- París, 1918
en Antología, Volumen XXXV Colección Visor, Madrid, 1973
De la versión Manuel Álvarez Ortega
Imagen en CPArama.com 

martes, octubre 01, 2013

georges pérec. ifa


ifa

¿Supiste vencer tu pánico? Azar paralizado, inmóvil
gris por el frío que bloquea para siempre tu cuerpo azorado.
¿Por qué este gesto injusto, de vida febril, conduce
hacia la frágil sombra que eternamente escapa? Deseo
de llevar hasta el final esta fantasía virgen, aún
cuando es solo una trampa, ardor sin goce, boca ávida
Búsqueda de un vértigo imposible. Descifrar lo que está en juego
de la imagen esbozada para acabar este proyecto breve:
Jalones visibles, marcas fieles, fotografía
que amarillea en la noche breve, campo de una efigie
grave, casi alelada frente al trémulo día.
He marcado con tu fiebre la sombra de mi página blanca
Flechas de escarcha que un tiempo justiciero atropella
Máscara vibrante, arcilla recubierta que golpea tu noche
estrangulada, esperanza quebrada que se vuelve brecha y fuga
Hacia el odio frío y abyecto que nos retiene.

Georges Pérec, Paris, 1936- Ivry-sur-Seine, 1982
En Beaux présents, Belles absentes, Ed. du Seuil, Paris, 1994
Traducción de Florence Baranger-Bedel
imagen de Paul Signac en Paul Signac Virtuális Galéria

ifa
As-tu su vaincre ta panique? Hasard figé, immobile
gris du froid bloquant à jamais ton corps hagard.
Pourquoi ce geste injuste, fébrile de vie, chemin
vers l’ombre fragile qui toujours échappe. Désir
d’aller jusqu’au bout de ce phantasme vierge, même
s’il n’est qu’un piège, flamme sans joie, bouche avide
Quête du vertige impossible. Déchiffrer l’enjeu
de l’image esquissée pour achever ce projet bref:
Jalons visibles, marques fidèles, photographie
qui jaunit dans la nuit brève, champ d’une effigie
grave, presque hébétée en face du jour tremblant.
J’ai marqué de ta fièvre l’ombre de ma page blanche
Flèches de givre qu’un temps justicier bouscule
Masque vibrant, glaise jonchée frappant ta nuit
jugulée, espoir rompu qui devint brèche et fuite
Vers la haine froide et abjecte qui nous agrippe.

viernes, marzo 15, 2013

paul verlaine. III. después de tres años



III. Después de tres años

Tras empujar la puerta estrecha que vacila,
yo así me paseé por el jardín pequeño
que alumbraba dulcemente aquel sol matutino,
asperjando cada flor de un húmedo destello.

Nada ha cambiado, Y lo vi todo: la humilde glorieta
de viña loca con las sillas de rotén...
El surtidor hace aún su murmullo argentino
y el tiemblo viejo su quejo sempiterna.

Las rosas como antaño palpitan; como antaño
las azucenas orgullosas se balancean al viento.
Cada alondra que va y viene me es conocida.

Incluso me encontré aupada la Velleda
cuyo yeso se agrieta al cabo la avenida,
-frágil, entre el dolor soso de la reseda.

Paul Verlaine, Metz, 1844 - París, 1896
en Paul Verlaine, Antología poética, Bosch, Editorial, Barcelona, 1984
imagen de Simon Strong© – Portrait of Alexandra, en Uno de los nuestros


Après trois ans

Ayant poussé la porte étroite qui chancelle,
Je me suis promené dans le petit jardin
Qu'éclairait doucement le soleil du matin,
Pailletant chaque fleur d'une humide étincelle.

Rien n'a changé. J'ai tout revu : l'humble tonnelle
De vigne folle avec les chaises de rotin...
Le jet d'eau fait toujours son murmure argentin
Et le vieux tremble sa plainte sempiternelle.

Les roses comme avant palpitent ; comme avant,
Les grands lys orgueilleux se balancent au vent,
Chaque alouette qui va et vient m'est connue.

Même j'ai retrouvé debout la Velléda,
Dont le plâtre s'écaille au bout de l'avenue,
- Grêle, parmi l'odeur fade du réséda.

martes, enero 29, 2013

marguerite yourcenar. versos órficos




Versos órficos

Según las tablillas encontradas en
tumbas de Grecia y de Grecia Grande

En el umbral de la puerta negra,
A la derecha, a los pies de un álamo,
Corre el agua de olvidar.

Brota a la izquierda el agua de Memoria;
Cristal helado, frío licor,
El agua de Memoria está en mi corazón.

Allí beben mi pena y mi alegría;
Residen en su ribera los sabios:
Yo les diré, Temo la muerte.

Soy hijo de la tierra negra
Pero también del cielo estrellado;
¡Abridme la puerta de la gloria!

La imagen del tiempo transcurrido
Se refleja en mi memoria;
El espejo puro no se enturbia.

Abridme el pozo de la gloria...

Marguerite Yourcenar, Bruselas, 1903- Mount Desert Island, 1987
Versión de Silvia Barón Supervielle
imagen de Aleksander Balos© , en Uno de los nuestros

jueves, junio 14, 2012

guillaume apollinaire. annie y otros poemas



Annie

Sobre la costa de Texas
Entre Mobile y Galveston hay
Un gran jardín lleno de rosas
Contiene también un caserón
Que es una gran rosa

Una mujer se pasea a menudo
En el jardín completamente sola
Y cuando paso por el camino bordeado de tilos
Nos miramos los dos

Como esa mujer es mennonita
Sus rosales y sus vestidos no tienen botones
Le faltan dos a mi chaqueta
La dama y yo seguimos el mismo rito.

Tarjeta Postal

Te escribo bajo la tienda
Muere otro día de estío
En que cual flor deslumbrante
En el cielo azul apenas
Un brillante cañonazo
Se mustia antes de haber sido

Esponsales

A una que está al borde del Océano

Desposó amor a la ausencia un día de verano;
Tanto como mi amor por esa adolescencia
Lentamente acompaña a su mujer, tu ausencia,
Que, muy dulce, lo lleva y, tranquila, se calla.
Y el amor que se vino a los bordes oceánicos,
Donde, de estar desnudas, el cielo sería griego,
Allí llora ser dios aún y desconocido,
Ese dios tan celoso como los dioses únicos.

Guillaume Apollinaire, Roma, 1880-París, 1918
en Poesía Europea Contemporánea, Centro Editor América Latina, Buenos Aires, 1988
Traducción,selección y prólogo de Rodolfo Alonso
imagen de Nuria Fortuny©, en Uno de los nuestros

jueves, marzo 22, 2012

cuando era joven y previsor



Vivo aún

Y yo me senté sin pudor sobre las ondas
de ese río lejano alveolado de sol verde
los árboles celebraban la noche y las estrellas

Vi claro en la noche desnuda
en la noche desnuda qué mujer
me mostró su rostro se mostró desnuda
su belleza adulta, era más seria
que las leyes impías de la necesidad

Contra ella los aderezos de naturaleza
pueriles ejercían sus armas eternas
de hierro y mármol y sal
contra ella el diamante del cielo
se embotaba y se empañaba

Sin embargo era una belleza
de arena y de musgo y de crepúsculo
pero era una belleza
de carne de lengua y de pupilas
una belleza de retoño y desecho de las estaciones

Belleza que se apagaba bajo vagos encuentros
he separado amantes más feos juntos
que separados
para salvarlos hice cantar la soledad
quebré sus labios al cuadrado

Yo hice secar tuve tiempo de hacer secar
las flores sin remordimientos de una mentira
el estercolero fresco que lloraba
y las auroras mal despiertas
pero hice reír a los más agrios comediantes
apasionados de desnudez y demasiado bien vestidos
los que hablan aparte sus ojos brillan sin calor
los que hablan a sabiendas para envejecer cómodamente
los constructores de su prisión bien aceitada bien caminada
portadores de cadenas manos con esposas cabezas con cofias

Los glóbulos azules de un mundo descolorido
sobre el techo de sus sueños estaban en el sótano
no cultivaban sino la eternidad
mi corazón y mi ojo
bajo el espacio intacto todo estaba helado

De dónde surgiste imagen sin azur
espectadora en vista
sino de mí que duermo tan mal sobre un camastro
de dónde surgiste tocando la tierra de tan cerca
que sigo tu paso sobre el pavimento de las calles

Donde me aburro tantas veces donde me perdería
a pesar de todas las señales que lúcido coloqué
cuando era joven y previsor
cuando la sombra roja me habitaba
cuando sólo bebía vinos transparentes

Tú entera reglada por esa carne
que es la mía al flanco del vacío
temblorosa solamente
ante la idea de huir del mundo indispensable
tú precaria a pesar de mi esperanza de vivir

No hay irrisión
nada ha sido falseado
sino lo que no es la imagen sin mediodía
que se impone de noche sobre la médula
de este río donde me senté

Vivo aún y comparto
el trigo el pan de la belleza
sin otra luz que nacer y existir
tú bajísima y altísima en la desnudez
del norte y del sur en un único instante

La red humana está entre nosotros
nuestro nacimiento de la mujer es evidente
y ésta es la hierba que brotó en nuestra infancia

           
**
             Estás enfermo o fatigado
             estás demente o simplemente
             más desolado que otros días
             no tengo ganas de contestar

             Porque yo temo la contestar
             la suerte de esos jugadores
             que por una nada juegan sobre el paño
             de sus deseos y dolores

   Saqué del nido los huevos útiles
   a mi hambre para no morir
   pero olvidé todos mis sueños
   después y me odio hasta la muerte

Paul Éluard, Saint-Denis 1895-1952
Traducción de J.R. Wilcock
de Sur n° 147-148- 149, enero- febrero- marzo de 1947
en Sur Revista Semanal, Primera antología poética, Buenos Aires, enero-diciembre 1973
imagen de Salvador Dalí, Retrato de Paul Éluard 

domingo, marzo 11, 2012

vagos barbudos, mal peinados





**
El señor Prudhomme


Es muy serio: es alcalde y padre de familia.
Tragó su falso cuello sus orejas. Sus ojos
en un sueño sin fin despreocupados flotan
y en sus pantuflas brilla la primavera en flor.


¿Qué le importa el lucero de oro, o la enramada
a cuya sombra cantan las aves, o los cielos,
o las verdes praderas y el césped silencioso?
El señor Prudhomme sueña con casar a su hija


con el señor Machin, un joven con posibles,
de los del justo medio, barrigudo y botánico.
En cuanto a esos pillastres y golfos que hacen versos,


esos vagos barbudos, mal peinados, les tiene
más horror todavía que a su incurable gripe,
y brilla en sus pantuflas la primavera en flor.


de Poemas Saturnianos, 1866


**
I-VIII


Requiere mucho amor escoger una vida
modesta, y sus tediosos y fáciles trabajos.
Permanecer alegre tras tantos tristes días,
ser fuerte, y en mezquinas circunstancias gastarse.


No escuchar entre el ruido de las grandes ciudades
salvo, oh Dios, la llamada de los campanarios;
y hacer un ruido de esos uno mismo, y hacerlo
para cumplir vilmente sus pueriles tareas.


Dormir con pecadores aun siendo un penitente,
amar sólo el silencio mas seguir conversando;
tan prolongado el tiempo en tan larga paciencia,


los cándidos escrúpulos de tercas contriciones,
y el esmerarse en torno de esas pobres virtudes.
-¡Huye- mi Ángel me dice- del orgullo y sus mañas!


de Sagesse, 1881


Paul Verlaine, Metz, 1844 - París, 1896
en Paul Verlaine, Treinta y seis sonetos, Selección y traducción de Luis Martínez de Merlo, Poesía Hiperión, Madrid, 1995
Fotografía de 1890. Ph. Dornac Coll. Archives Larbor


* Monsieur Prudhomme


Il est grave: il est maire el père de famille.
Son faux col engloutit son oreille. Ses yeux
dans un rêve sans fin flottent insoucieux,
et le printemps en fleur sur ses pantoufles brille.


Que lui fait l'astre d'or, que lui fait la charmille
où l'oiseau chante à l'ombre, et que lui font les cieux,
et les prés verts et les gazons silencieux?
Monsieur Prudhomme songe à marier sa fille


avec monsieur Machin, un jeune homme cossu.
Il est juste-milieu, botaniste et pansu.
Quant aux faiseurs de vers, ces vauriens, ces maroufles,


ces fainéants barbus, mal peignés, il les a
plus en horreur que son éternel coryza,
et le printemps en fleur brille sur ses pantoufles.
   
*  I-VIII

La vie humble aux travaux ennuyeux et faciles
Est une oeuvre de choix qui veut beaucoup d'amour.
Rester gai quand le jour, triste, succède au jour,
Etre fort, et s'user en circonstances viles,

N'entendre, n'écouter aux bruits des grandes villes
Que l'appel, ô mon Dieu, des cloches dans la tour,
Et faire un de ces bruits soi-même, cela pour
L'accomplissement vil de tâches puériles,

Dormir chez les pêcheurs étant un pénitent,
N'aimer que le silence et converser pourtant,
Le temps si grand dans la patience si grande,

Le scrupule naïf aux repentirs têtus,
Et tous ces soins autour de ces pauvres vertus!
- Fi, dit l'Ange Gardien, de l'orgueil qui marchande!

martes, diciembre 27, 2011

les mêmes phrases


Figura 6

Regresar en el otoño con colores el nombre de los árboles los zarzales
la tranquilidad perfumada de una estación como alrededor de la casa
siempre la misma con su techo rojo en el tiempo
como todo ese pasado tan lejos el estorbo
del corazón y del paisaje con palabras
como eso hace el espacio un poco más grande
¿cómo el corazón dentro de un zapato demasiado grande?

Al lado del lugar donde yo trabajo un poco todos los días
la jornada puede ser quizás un caballo de pie barreras blancas los árboles
poco a poco la estación deshace colores al fin
es más bien como un dibujo
el aire es más frío eso continúa igual en suma
el caballo volverá el tiempo cerrado los árboles que mueren.

Lo que es molesto es de recordar el mal lo que ya se ha dicho
en los otros poemas por ejemplo del año pasado
en la misma época al lado en suma de los árboles
que están todavía en el otoño un poco diferente es cierto
ha hecho frío los colores se han parecido más temprano
a caminos que yo conozco en Francia a pesar de todo en más lujoso
eso hace que todos estos poemas repetidos es un poco
como grandes armarios que uno acumulara en un desván
de tiempo en tiempo helos aquí sacados y dispuestos afuera
en un prado de Nueva Inglaterra feria de antigüedades
eso se hace todos los otoños eso continúa.

Algunas veces llueve es tarde parece que un poema
a pesar de todo no sería una gran cosa las mismas frases
un poco vagas sobre el otoño con un punto rojo
un poco vivo digamos como la representación ingenua de un corazón
solamente eso ¡y bien! uno tiene la impresión de ser mejor
aun si el conjunto roza a menudo e silencio la lluvia
que se oye afuera en la noche un barreno que enmohece.

James Sacre, Cougou, Vendée, 1939
en Antología de la poesía francesa actual, 1960-1976, Edición bilingüe, Editora Nacional, Madrid, 1979, Traducida por Ximena Godoy y Louis Dalla Fior
imagen Otoño de Giuseppe Arcimboldo

Figure 6

Revenir dans l'automne avec des couleurs le nom des arbres les buissons
la tranquillité parfumée d'une saison comme autour de la maison
toujours la même avec son toit rouge dans le temps
comment tout ce passé tellement loin l'encombrement
du coeur et du paysage avec des mots
comment est-ce que ça fait l'espace un peu plus grand
comme un soulier trop grand le coeur dedans?

A côte de l' endroit où je travaille un peu tous les jours
la journée ça peut-être un cheval debout des barrières blanches les arbres
peu à peu la saison défait des couleurs à la fin
c'est comme davantage un dessin
l'air est plus froid ça continue pareil en fait
le cheval reviendra le temps fermé les arbres qui meurent.

Ce qui est gênant c'est de mal se rappeler ce qu'on a déjà dit
dans les autres poèmes par exemple l'année dernière
à la même époque à côte somme toute des arbres
que voilà encore dans l'automne un peu différent c'est vrai
il a fait froid les couleurs ont ressemblé plus vite
à des chemins que je connais en France quand même en plus luxueux
ça fait que tous ces poèmes répétés c'est un peu
comme des grandes armoires qu'on accumulerait dans un grenier
de temps en temps les voilà sorties et disposées dehors
dans un pré en Nouvelle Angleterre foire aux antiquités
ça fait tous les automnes ça continue

Quelquefois il pleut il est tard il semble qu'un poème
quand même ça serait pas grand chose les mêmes phrases
un peu vagues sur l'automne avec un point rouge
un peu vif disons comme la représentation naïve d'un coeur
même si l'ensemble cotoie soudain le silence la pluie
qu'on entend dehors dans la nuit une bassine qui rouille

domingo, diciembre 04, 2011

el silencioso relámpago


Los treinta y tres Nombres de Dios

1.

Mar de mañana.


2.

Ruido de la
fuente en
las rocas
sobre las lajas
de piedra.

3.

Viento del mar
la noche,
en una isla.

4.

Abeja.

5.

Vuelo triangular
de los cisnes.

6.

Cordero recién nacido
carnero hermoso
oveja.

7.

El morro
de la vaca
el morro salvaje
del toro.

8.

El morro
paciente del
buey.

9.

El fuego rojo
en el hogar.

10.

El camello
cojo
que atravesó la
gran ciudad atascada
camino a su muerte.

11.

La yerba
El olor a la yerba.

12.

...

13.

La buena tierra
La arena
y la ceniza.

14.

La garza que
esperó toda la
noche, casi helada,
y que al fin
apacigua su
hambre al alba.

15.

El pequeño pez
que agoniza
en la garganta
de la garza.

16.

La mano,
que se pone en
contacto
con las cosas.

17.

La piel, por
toda la superficie
del cuerpo.

18.

La mirada
y aquello que mira.

19.

Las nueve puertas
de la
percepción.

20.

El torno
humano.

21.

El sonido de una
viola o de una
flauta indígena.

22.

Un sorbo
de bebida
fría o
caliente.

23.

El pan.

24.

Las flores
que brotan
de la tierra
en primavera.

25.

Tener sueño
en una cama.

26.

Un ciego
que canta
y un niño
enfermo.

27.

Caballo que
corre
en libertad.

28.

La mujer-
de-los-perros.

29.

Los camellos
que se abrevan
con sus pequeños
en el arduo
guad.

30.

Sol naciente
sobre un lago
aún helado
a medias.

31.

El silencioso
relámpago
El rayo
estrepitoso.

32.

El silencio
entre dos amigos.

33.

La voz que viene
del este,
entra por la oreja
derecha
y enseña un canto.


Marguerite Yourcenar, Bruselas, 1903 – Bar Harbor, 1987
de Los treinta y tres nombres de Dios, Ensayo de un diario sin fecha y sin pronombre personal, Editorial Alción, 2003
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domingo, noviembre 27, 2011

no es sino un pequeño agujero en mi pecho




 Nosotros dos aún

Aire del fuego, no supiste jugar.
Arrojaste sobre mi casa una tela negra. ¿Qué es esta opacidad en todas partes? Es la opacidad que cubrió mi cielo. ¿Qué es este silencio en todas partes? Es el silencio que hizo callar mi canto.

Para esperar me hubiera bastado con un hilo de agua. Pero te lo llevaste todo. El sonido que vibra me fue quitado.

No supiste jugar. Atrapaste las cuerdas. Pero no supiste jugar. Tapiaste todo en seguida. Rompiste el violín. Arrojaste una llama sobre la piel de seda para hacer un horrible pantano de sangre.

El bienestar reía en su alma. Pero era todo mentira. No fue largo el reír.

Ella estaba en un tren que rodaba hacia el mar. Estaba en un huso que hilaba sobre la roca. Se abalanzaba, aunque inmóvil, hacia la serpiente de fuego que iba a consumirla. Y fue allí, de pronto, cuando sorprendió a la confiada, mientras peinaba sus cabellos, contemplando, en el espejo, su felicidad.

Y cuando vio subir esa llama sobre ella, oh...

Al instante, la copa le fue arrancada. Sus manos ya no han sido nada más. Vio como se la apretaba en un rincón. Se detuvo allí arriba como un enorme tema de meditación por resolver antes que nada. Dos segundos más tarde, dos segundos demasiado tarde, huía hacia la ventana, pidiendo socorro.
Toda la llama entonces la rodeó.

Ella se encuentra ahora en una cama, y su sufrimiento sube hasta el cielo, sin encontrar a Dios... y su sufrimiento desciende hasta el fondo del infierno sin hallar al demonio.

El hospital duerme. La quemadura despierta. Su cuerpo, como un parque abandonado...

Defenestrada de sí misma, busca cómo volver a entrar. El vacío por donde deriva no responde a sus movimientos.

Lentamente, en la granja, su trigo arde.

Ciega, a través de la larga barrera del sufrimiento, durante un mes, remonta el río de la vida, natación atroz.
Paciente, en lo innombrable inflado, vuelve a trazar sus formas elegantes, teje de nuevo la camisa de su piel fina. La curación está allí. Mañana cae la última venda. Mañana...

Aire de la sangre, no supiste jugar. Tampoco tú supiste. Arrojaste súbitamente, estúpidamente, tu tonta piedrecilla obstructora a través de una aurora nueva.

Ella ya no encontró lugar en el tiempo. Le fue preciso volverse hacia la muerte.
Apenas si divisó la ruta. Un segundo abrió el abismo. El siguiente la precipitó en él.

Uno se ha quedado confundido de este lado. No ha habido tiempo para decir hasta luego. No ha habido tiempo para una promesa.
Ella había desaparecido del film de esta tierra.

Lou
Lou
Lou, en el retrovisor de un breve instante
Lou ¿no me ves?
Lou, el destino de estar juntos para siempre
en que tenías tanta fe
¿Y bien?
No vas a ser como las otras que ya nunca más hacen una seña,
sumergidas en el silencio.
No, no debe besarte a ti una muerte para separarte de tu amor.
En la pompa horrible
que te espacia hasta yo no sé qué milésima dilusión
buscas aún, nos buscas lugar
Pero tengo miedo
No hemos tomado bastantes precauciones
Debimos haber sido informados mejor,
Alguien me escribe que tú, mártir, velarás ahora por mí.
¡Oh! Lo dudo.
Cuando toco tu fluido tan delicado, persistente en tu cuarto y tus objetos familiares que aprieto en mis manos
este fluido tenue al que sería preciso proteger para siempre
Oh lo dudo, dudo y tengo miedo por ti,
impetuosa y frágil, dispuesta a las catástrofes
Con todo, voy a las oficinas en busca de certificados
dilapidando momentos preciosos
que sería preciso emplear antes que nada entre nosotros precipitadamente
mientras tiritas
esperando en tu maravillosa confianza que yo venga a ayudarte a sacarte de allí, pensando "seguramente vendrá
Habrá podido tener algún percance pero no tardará
Vendrá, yo lo conozco
No va a dejarme sola
No es posible
No va a dejar sola a su pobre Lou..."

Yo no conocía mi vida. Mi vida pasaba a través de ti. Se había vuelto simple, ese gran asunto complicado. Se había vuelto simple a pesar del dolor.
Tu fragilidad: yo era fuerte cuando se apoyaba en mí.

Dime, ¿es que verdaderamente no nos encontraremos nunca más?


Lou, hablo una lengua muerta, ahora que ya no te hablo. Tus grandes esfuerzos de liana en mí, lo ves, han logrado su fin. ¿Lo ves al menos? Es cierto, tú jamás dudaste. Se necesitaba un ciego como yo, se necesitaba tiempo, tu larga enfermedad, tu belleza, resurgiendo de la debilidad y de las fiebres, se necesitaba esta claridad en ti, esta fe, para horadar por fin la pared de la apariencia de su autonomía.

Tarde lo vi. Tarde lo supe. Tarde, aprendí "juntos" aquello que no parecía estar en mi destino. Pero no demasiado tarde.
Los años han existido para nosotros, no contra nosotros.

Nuestras sombras respiraban juntas. Bajo nosotros, las aguas del río de los acontecimientos corrían casi en silencio.
Nuestras sombras respiraban juntas, y todo estaba por ellas recubierto.

Tuve frío con tu frío. Bebí sorbos de tu dolor. Nos perdemos en el lago de nuestros intercambios.

Rico de un amor inmerecido, rico que se ignoraba con la inconciencia de los poseedores, he perdido ser amado. Mi fortuna ha quebrado en un día.

Árida, mi vida continúa. Pero no me doy cuenta. Mi cuerpo permanece en tu cuerpo delicioso y en mi pecho hay antenas plumosas que me hacen sufrir con el viento del saqueado. La que ya no está se aleja, y su ausencia devoradora me invade y me consume.

Extraño los días de tu sufrimiento atroz en la cama del hospital, cuando yo llegaba por los corredores nauseabundos, atravesados por gemidos, hasta la momia espesa de tu cuerpo vendado y esperaba emerger de pronto, como el "la" de nuestra alianza, tu voz dulce, musical, contenida, resistiendo con valor la fealdad de la desesperación, cuando, a tu vez, escuchabas mis pasos y murmurabas, libre: "Ah, estás allí".
    Yo apoyaba mi mano sobre tu rodilla, por encima del sucio cobertor, y todo desaparecía entonces: el hedor, la horrible indecencia del cuerpo tratado como un barril o como un albañal por seres extraños, atareados y recelosos, todo se deslizaba hacia atrás, dejando que nuestros dos fluidos, a través de los remedios, se encontraran de nuevo, se  mezclaran en un aturdimiento del corazón, en el colmo de la amargura, en el colmo de la dulzura.
    Las enfermeras, el interno, sonreían; tus ojos llenos de fe apagaban los de los otros.

Aquel que está solo, se vuelve de noche contra la pared para hablarte. Sabe lo que te animaba. Viene de compartir el día. Ha mirado con tus ojos. Ha escuchado con tus oídos. Siempre tiene cosas para ti.

¿No me responderás algún día?

Pero tal vez tu persona se ha vuelto como un aire del tiempo de la nieve, que entra por la ventana, que uno cierra, presa de escalofríos o de un malestar precursor del drama, como me ha ocurrido hace algunas semanas. El frío se echó de pronto sobre mis espaldas, yo me cubrí precipitadamente y me volví cuando eras tú quizás y la más cálida que pudieras darte, esperando ser bien recibida; tú, tan lúcida, no podías expresarte de otra manera. Quién sabe si en este mismo  momento no esperas, ansiosa, que yo por fin comprensa, y vaya, lejos de la vida donde ya no estás, a reunirme contigo, pobremente, pobremente, es verdad, sin medios, pero nosotros dos aún, nosotros dos...

Henri Michaux, Namur, 1899 – París, 1984
versión de Raúl Gustavo Aguirre
imagen de Jerry Uelsmann, Self-reflection, 2009, en Uno de los nuestros

He nacido agujereado

Sopla un viento tremendo.
No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo.
Pueblecito de Quito, tú no eres para mí.
Yo necesito odio, y envidia; ésta es mi salud.
Es una gran ciudad la que necesito.
Un gran consumo de envidia.

No es sino un pequeño agujero en mi pecho,
pero sopla en él un viento tremendo.
En el agujero hay odio (siempre), espanto también
e impotencia.
Hay impotencia y el viento está cargado de ella;
fuerte como los torbellinos,
rompería una aguja de acero,
y no es más que un viento sin embargo, un vacío.
¡Caiga la maldición sobre toda la tierra, sobre toda
la civilización, sobre todos los seres en la superficie
de todos los planetas, a causa de este vacío!
Un señor crítico ha dicho que yo no alimentaba
odio.
Este vacío, he ahí mi respuesta.
¡Qué mal se está, ay, en mi pellejo!
Siento la necesidad de llorar sobre el pan de lujo de la
dominación y del amor, sobre el pan de gloria
que está afuera.
Siento la necesidad de mirar por el cuadro de la ventana,
que está vacío como yo, que no se alimenta de nada.
Dije llorar: no, es un barreno a frío, que barrena,
barrena incansablemente,
como sobre una viga de haya en la que 200 generaciones
de gusanos se hubiesen legado esta herencia; "barrena, barrena..."
Esto ocurre a la izquierda, no digo que sea el corazón.
Digo agujero, y no digo más, es rabia y contra ella no puedo.
Tengo siete u ocho sentidos. Uno de ellos: el sentido
de lo que falta.
Lo toco y lo palpo como se palpa una madera,
una madera que sería más bien una gran selva de
esas que ya no se ven en Europa desde hace mucho.
Y esto es mi vida, mi vida en medio del vacío.
Si este vacío desaparece, yo me busco, enloquezco y
eso es todavía peor.
Yo me he construido sobre una columna ausente.
¿Qué habría dicho el Cristo si hubiese estado hecho
de este modo?
Hay algunas de estas enfermedades que, si se las cura, no le dejan
nada al hombre.
Muere pronto, era demasiado tarde.
¿Puede acaso una mujer contentarse solamente con odio?
Si es así, amadme, amadme mucho y no dejéis de decírmelo,
y que alguna de vosotras me escriba.
¿Pero qué significa este ínfimo ser?
Casi no lo había advertido.
Ni dos nalgas ni un gran corazón pueden llenar mi vacío.
Ni ojos llenos de Inglaterra y de ensueños, como suele decirse.
Ni una voz cantante que dijese completivo y calor.

Los estremecimientos encuentran en mí un frío siempre alerta.
Mi vacío es un gran glotón, gran moledor, gran aniquilador.
Mi vacío es algodón y silencio.
Silencio que todo lo detiene.
Un silencio de estrellas.
Y aunque ese agujero es profundo carece totalmente de forma.
Las palabras no lo encuentran,
chapotean a su alrededor.
Siempre he admirado a esos que por creerse revolucionarios
se consideraban hermanos.
Hablaban los unos de los otros con emoción: chorreaban como sopa.
Eso no es odio, amigos míos, eso es gelatina.
El odio es siempre duro,
hiere a los demás,
pero también desgarra al hombre en su interior,
continuamente.
Es el reverso del odio.
Y no hay nada que hacer. No hay nada que hacer.

Henri Michaux, Namur, 1899 – París, 1984
Versión de Lysandro Galtier


Nous deux encore
Air du feu, tu n’as pas su jouer.
Tu as jeté sur ma maison une toile noire. Qu’est-ce que cet opaque partout ? C’est l’opaque qui a bouché mon ciel.Qu’est-ce que ce silence partout ? C’est le silence qui a fait taire mon chant.

L’espoir, il m’eût suffi d’un ruisselet. Mais tu as tout pris. Le son qui vibre m’a été retiré.
Tu n’as pas su jouer. Tu as attrapé les cordes. Mais tu n’as pas su jouer. Tu as tout bousillé tout de suite. Tu as cassé le violon. Tu as jeté une flamme sur la peau de soie.
Pour faire un affreux marais de sang.

Son bonheur riait dans son âme. Mais c’était tout tromperie. Ca n’a pas fait long rire.

Elle était dans un train roulant vers la mer. Elle était dans une fusée filant sur le roc. Elle s’élançait quoiqu’immobile vers le serpent de feu qui allait la consumer. Et fut là tout à coup, saisissant la confiante, tandis qu’elle peignait sa chevelure, contemplant sa félicité dans la glace.
Et lorsqu’elle vit monter cette flamme sur elle, oh…
Dans l’instant la coupe lui a été arrachée. Ses mains n’ont plus rien tenu. Elle a vu qu’on la serrait dans un coin. Elle s’est arrêtée là-dessus comme sur un énorme sujet de méditation à résoudre avant tout. Deux secondes plus tard, deux secondes trop tard, elle fuyait vers la fenêtre, appelant au secours.
Toute la flamme alors l’a entourée.

Elle se retrouve dans un lit, dont la souffrance monte jusqu’au ciel, jusqu’au ciel, sans rencontrer de dieu… dont la souffrance descend jusqu’au fond de l’enfer, jusqu’au fond de l’enfer sans rencontrer de démon.
L’hôpital dort. La brûlure éveille. Son corps, comme un parc abandonné..

Défenestrée d’elle-même, elle cherche comment rentrer. Le vide où elle godille ne répond pas à ses mouvements.
Lentement, dans la grange, son blé brûle.
Aveugle, à travers le long barrage de souffrance, un mois durant, elle remonte le fleuve de vie, nage atroce.
Patiente, dans l’innommable boursouflé elle retrace ses formes élégantes, elle tisse à nouveau la chemise de sa peau fine. La guérison est là. Demain tombe le dernier pansement. Demain…
Air du sang, tu n’as pas su jouer. Toi non plus, tu n’as pas su. Tu as jeté subitement, stupidement, ton sot petit caillot obstructeur en travers d’une nouvelle aurore.
Dans l’instant elle n’a plus trouvé de place. Il a bien fallu se tourner vers la Mort.
A peine si elle a aperçu la route.
Une seconde ouvrit l’abîme. La suivante l’y précipitait.
On est resté hébété de ce côté-ci. On n’a pas eu le temps de dire au revoir. On n’a pas eu le temps d’une promesse.
Elle avait disparu du film de cette terre.
Lou
Lou
Lou, dans le rétroviseur d’un bref instant
Lou, ne me vois-tu pas ?
Lou, le destin d’être ensemble à jamais
dans quoi tu avais tellement foi
Eh bien ?
Tu ne vas pas être comme les autres qui jamais plus ne font signe, englouties dans le silence.
Non, il ne doit pas te suffire à toi d’une mort pour t’enlever ton amour.
Dans la pompe horrible
qui t’espace jusqu’à je ne sais quelle millième dilution
tu cherches encore, tu nous cherches place
Mais j’ai peur
On n’a pas pris assez de précautions
On aurait dû être plus renseigné,
Quelqu’un m’écrit que c’est toi, martyre, qui va veiller sur moi à présent.
Oh ! J’en doute.
Quand je touche ton fluide si délicat
demeuré dans ta chambre et tes objets familiers que je presse dans mes mains
ce fluide ténu qu’il fallait toujours protéger
Oh j’en doute, j’en doute et j’ai peur pour toi,
Impétueuse et fragile, offerte aux catastrophes
Cependant, je vais à des bureaux, à la recherche de certificats gaspillant des moments précieux qu’il faudrait utiliser plutôt entre nous précipitamment tandis que tu grelottes
attendant en ta merveilleuse confiance que je vienne t’aider à te tirer de là, pensant « A coup sûr, il viendra
« il a pu être empêché, mais il ne saurait tarder
« il viendra, je le connais
« il ne va pas me laisser seule
« ce n’est pas possible
« il ne vas pas laisser seule, sa pauvre Lou…
Je ne connaissais pas ma vie. Ma vie passait à travers toi. Ca devenait simple, cette grande affaire compliquée. Ca devenait simple, malgré le souci.
Ta faiblesse, j’étais raffermi lorsqu’elle s’appuyait sur moi.
Dis, est-ce qu’on ne se rencontrera vraiment plus jamais ?
Lou, je parle une langue morte, maintenant que je ne te parle plus. Tes grands efforts de liane en moi, tu vois ont abouti. Tu le vois au moins ? Il est vrai, jamais tu ne doutas, toi. Il fallait un aveugle comme moi, il lui fallait du temps, lui, il fallait ta longue maladie, ta beauté, ressurgissant de la maigreur et des fièvres, il fallait cette lumière en toi, cette foi, pour percer enfin le mur de la marotte de son autonomie.
Tard j’ai vu. Tard j’ai su. Tard, j’ai appris « ensemble » qui ne semblait pas être dans ma destinée. Mais non trop tard.
Les années ont été pour nous, pas contre nous.
Nos ombres ont respiré ensemble. Sous nous les eaux du fleuve des événements coulaient presque avec silence.
Nos ombres respiraient ensemble et tout en était recouvert.

J’ai eu froid à ton froid. J’ai bu des gorgées de ta peine.
Nous nous perdions dans le lac de nos échanges.
Riche d’un amour immérité, riche qui s’ignorait avec l’inconscience des possédants, j’ai perdu d’être aimé. Ma fortune a fondu en un jour.
Aride, ma vie reprend. Mais je ne me reviens pas. Mon corps demeure en ton corps délicieux et des antennes plumeuses en ma poitrine me font souffrir du vent du retrait. Celle qui n’est plus, prend, et son absence dévoratrice me mange et m’envahit.
J’en suis à regretter les jours de ta souffrance atroce sur le lit d’hôpital, quand j’arrivais par les corridors nauséabonds, traversés de gémissements vers la momie épaisse de ton corps emmailloté et que j’entendais tout à coup émerger comme le « la » de notre alliance, ta voix, douce, musicale, contrôlée, résistant avec fierté à la laideur du désespoir, quand à ton tour tu entendais mon pas, et que tu murmurais, délivrée « Ah tu es là ».
Je posais ma main sur ton genou, par-dessus la couverture souillée et tout alors disparaissait, la puanteur, l’horrible indécence du corps traité comme une barrique ou comme un égout, par des étrangers affairés et soucieux, tout glissait en arrière, laissant nos deux fluides, à travers les pansements, se retrouver, se joindre, se mêler dans un étourdissement du cœur, au comble du malheur, au comble de la douceur.
Les infirmières, l’interne souriaient ; tes yeux pleins de foi éteignaient ceux des autres.
Celui qui est seul, se tourne le soir vers le mur, pour te parler. Il sait ce qui t’animait. Il vient partager la journée. Il a observé avec tes yeux. Il a entendu avec tes oreilles.
Toujours il a des choses pour toi.
Ne me répondras-tu pas un jour ?
Mais peut-être ta personne est devenue comme un air de temps de neige, qui entre par la fenêtre, qu’on referme, pris de frissons ou d’un malaise avant-coureur de drame, comme il m’est arrivé il y a quelques semaines. Le froid s’appliqua soudain sur mes épaules je me couvris précipitamment et me détournai quand c’était toi peut-être et la plus chaude que tu pouvais te rendre, espérant être bien accueillie ; toi, si lucide, tu ne pouvais plus t’exprimer autrement. Qui sait si en ce moment même, tu n’attends pas, anxieuse, que je comprenne enfin, et que je vienne, loin de la vie où tu n’es plus, me joindre à toi, pauvrement, pauvrement certes, sans moyens mais nous deux encore, nous deux…


Je suis né troué 
Il souffle un vent terrible.
Ce n’est qu’un petit trou dans ma poitrine,
Mais il y souffle un vent terrible,
Petit village de Quito, tu n’es pas pour moi.
J’ai besoin de haine, et d’envie, c’est ma santé.
Une grande ville, qu’il me faut.
Une grande consommation d’envie.
Ce n’est qu’un petit trou dans ma poitrine,
Mais il y souffle un vent terrible,
Dans le trou il y a haine (toujours), effroi aussi et impuissance,
Il y a impuissance et le vent en est dense,
Fort comme sont les tourbillons.
Casserait une aiguille d’acier,
Et ce n’est qu’un vent, un vide.
Malédiction sur toute la terre, sur toute la civilisation, sur tous les êtres à la surface de toutes les planètes, à
cause de ce vide !
Il a dit, ce monsieur le critique, que je n’avais pas de haine.
Ce vide, voilà ma réponse.
Ah ! Comme on est mal dans ma peau !
J’ai besoin de pleurer sur le pain de luxe, de la domination, et de l’amour, sur le pain de gloire qui est dehors,
J’ai besoin de regarder par le carreau de la fenêtre,
Qui est vide comme moi, qui ne prend rien du tout.
J’ai dit pleurer : non, c’est un forage à froid, qui fore, fore, inlassablement,
Comme sur une solive de hêtre deux cents générations de vers qui se sont légué cet héritage : « Fore… Fore. »
C’est à gauche, mais je ne dis pas que c’est le coeur.
Je dis trou, je ne dis pas plus, c’est de la rage et je ne peux rien.
J’ai sept ou huit sens. Un d’eux : celui du manque.
Je le touche et le palpe comme on palpe du bois.
Mais ce serait plutôt une grande forêt, de celles-là qu’on ne trouve plus en Europe depuis longtemps.
Et c’est ma vie, ma vie par le vide.
S’il disparaît, ce vide, je me cherche, je m’affole et c’est encore pis.
Je me suis bâti sur une colonne absente.
Qu’est-ce que le Christ aurait dit s’il avait été fait ainsi ?
Il y a de ces maladies, si on les guérit, à l’homme il ne reste rien,
Il meurt bientôt, il était trop tard.
Une femme peut-elle se contenter de haine ?
Alors aimez-moi, aimez-moi beaucoup et me le dites,
M’écrivez, quelqu’une de vous.
Mais qu’est-ce que c’est, ce petit être ?
Je ne l’apercevrais pas longtemps.
Ni deux cuisses ni un grand coeur ne peuvent remplir mon vide.
Ni des yeux pleins d’Angleterre et de rêve comme on dit.
Ni une voix chantante qui dirait complétude et chaleur.
Les frissons ont en moi du froid toujours prêt.
Mon vide est un grand mangeur, grand broyeur, grand annihileur.
Mon vide est ouate et silence.
Silence qui arrête tout.
Un silence d’étoiles.
Quoique ce trou soit profond, il n’a aucune forme.
Les mots ne le trouvent pas,
Barbotent autour.
J’ai toujours admiré que des gens qui se croient gens de révolution se sentissent frères.
Ils parlaient l’un de l’autre avec émotion : coulaient comme un potage.
Ce n’est pas de la haine, ça, mes amis, c’est de la gélatine.
La haine est toujours dure,
Frappe les autres,
Mais racle ainsi son homme à l’intérieur continuellement.
C’est l’envers de la haine.
Et point de remède. Point de remède.