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Mostrando las entradas de febrero, 2013

rainer maría rilke. segunda elegía

La segunda elegía
Todo ángel es terrible. Y sin embargo, ay, los invoco
a ustedes, casi mortíferos pájaros del alma, sé quiénes
son ustedes. Los días de Tobías, ¿dónde quedaron?,
cuando uno de los más radiantes apareció en el umbral
sencillo de la casa un poco disfrazado para el viaje,
ya no tremendo (muchacho para el muchacho,
que se asomó, curioso). Si ahora avanzara el arcángel,
el peligroso, desde atrás de las estrellas, un solo paso,
que bajara y se acercara: el propio corazón, batiendo
alto, nos mataría. ¿Quién es usted?
Tempranos afortunados, ustedes, los mimados
de la creación, cadena de cumbres, cordillera roja
del amanecer de todo lo creado -polen de la divinidad
floreciente, coyunturas de la luz, corredores,
escalones, tronos, espacios del ser, escudos
deliciosos, tumultos del sentimiento tormentosamente
arrebatado, y de pronto, individualizados, espejos,
ustedes, los que recogen nuevamente en sus propios
rostros, la propia belleza que han irradiado.

Porque nosotros, siempre…

rainer maría rilke. la primera elegía

La primera elegía
¿Quién, si yo gritara, me escucharía entre las órdenes
angélicas? Y aun si de repente algún ángel
me apretara contra su corazón, me suprimiría
su existencia más fuerte. Pues la belleza no es nada
sino el principio de lo terrible, lo que somos apenas capaces
de soportar, lo que sólo admiramos porque serenamente
desdeña destrozarnos. Todo ángel es terrible.
Así que me contengo, y me ahogo el clamor de la garganta
tenebrosa. Ay, ¿quién de veras podría ayudarnos? No
los ángeles, no los hombres, y ya saben los astutos
animales que no nos sentimos muy seguros en casa,
dentro del mundo interpretado. Nos queda quizás
algún árbol en la loma, al cual mirar todos los días;
nos queda la calle de ayer y la demorada lealtad
de una costumbre, a la que le gustamos, y permaneció,
y no se fue. Oh, y la noche, y la noche, cuando el viento
lleno de espacio cósmico nos roe la cara:
¿Para quién no permanecería aquélla, la anhelada,
la tierna desengañadora, ahí, dolorosamente próxima
al co…

tres años en armonía

En un aniversario de bodas
El cielo se desgarra en este harapiento aniversario de dos que anduvieron tres años en armonía por el largo camino de sus votos.
Ahora su amor miente una pérdida y Amor y sus pacientes gimen en cadenas; desde cada nube que trae consigo armonía o un cráter, Muerte golpea su hogar.
Demasiado tarde, bajo la lluvia incorrecta, se reúnen aquellos cuyo amor separó: las ventanas se desbordan en su corazón y las puertas se consumen en sus cabezas.
Dylan Thomas, Swansea, 1914, Greenwich Village, 1953 de New Poems, en The Poets of the Year, New Directions, Norfolk, 1943 Versión © Silvia Camerotto imagen de El cadáver de la novia, en Mal de ojo

On a Wedding Anniversary
The sky is torn across
This ragged anniversary of two
Who moved for three years in tune
Down the long walks of their vows.

Now their love lies a loss
And Love and his patients roar on a chain;
From every tune or crater
Carrying cloud, Death strikes their house.

Too late in the wrong rain
They come together whom their love…

y se cambia de tema

Algas marinas arrancadas
algas marinas arrancadas de sus costas por ciclones de verano se arrastran hasta una zona calma.
me arrastro hasta encontrar una zona calma, no hay que alarmarse; se llega en algún momento de la conversación y se cambia de tema, se habla del brillo de las algas en el agua.
De La paciencia, bajo la luna, 2009
Plano infinito
hay una foto perdida para siempre:
la mano en la cintura el torso ladeado, la cadera
dura el desafío en la mirada y de ella dura la hija como una fotografía
no es el ocre del papel es cómo se va siendo menos joven y más insomne
tan diferentes las dos toda la vida y después idénticas van a durar toda la muerte
(no me mires ahora saldría con cara de mirar fotos perdidas)
De La mujer de al lado, bajo la luna, 2004
Liliana García del Carril, Buenos Aires, 1951
imagen de Diego Fernandez© – Shy, en Uno de los nuestros

pero estoy aquí

Adagio
Cuando es tarde a la noche y las ramas golpean contra las ventanas, pensarás que el amor solo es cuestión
de salir de tu propia Guatemala y meterte en una peor, pero es algo más complicado que eso.
Se parece más a cambiar dos pájaros quizás escondidos en aquel arbusto por ése que no tienes en la mano.
Un hombre sabio dijo una vez que el amor era como obligar a un caballo a beber, pero entonces dejaron de considerarlo sabio.
Seamos claros al respecto. El amor no es tan simple como levantarse del lado equivocado de la cama con traje de emperador.
No. Se parece más a la forma en que se siente la pluma cuando vence a la espada. Es un poco como el centavo ahorrado o los puntos que se escapan.
Me miras a través del halo de la última vela y dices que el amor es un viento maligno y sin retorno, un camino que no lleva a buen puerto,
pero estoy aquí para recordarte, mientras nuestras sombras tiemblan en las paredes, que el amor es un madrugador que es mejor tarde que nunca.
***
Amor
El chico en el otro extremo del…

pronto tendrás que atarte los zapatos

El tiempo postergado
Vienen días más duros.
El tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.
Pronto tendrás que atarte los zapatos
y correr los perros de vuelta a las granjas marismeñas.
Pues las vísceras de los peces
se han enfriado al viento.
Arde pobre la luz de los altramuces.
Tu mirada rastrea la niebla:
el tiempo postergado hasta nuevo aviso
asoma por el horizonte.

Allí se te hunde la amada en la arena,
sube por su cabello ondeante,
le quita la palabra,
le ordena callarse,
le parece mortal
y dispuesta a la despedida
tras cada abrazo.

No mires hacia atrás.
Átate los zapatos.
Corre los perros de vuelta.
Tira los peces al mar.
¡Apaga los altramuces!

Vienen días más duros.
***
Todos los días
Ya no se declara la guerra,
se prosigue. Lo inconcebible
se ha hecho cotidiano. El héroe
permanece alejado de los combatientes. El débil
ha avanzado hasta las zonas de fuego.
El uniforme de diario es la paciencia,
la condecoración, la mísera estrella
de la esperanza sobre el corazón.

S…

horas y horas de soledad

Al príncipe

Si regresa el sol, si cae la tarde,
si la noche tiene un sabor de noches futuras,
si una siesta de lluvia parece regresar
de tiempos demasiado amados y jamás poseídos del todo,
ya no encuentro felicidad ni en gozar ni en sufrir por ello:
ya no siento delante de mí toda la vida...
Para ser poetas, hay que tener mucho tiempo:
horas y horas de soledad son el único modo
para que se forme algo, que es fuerza, abandono,
vicio, libertad, para dar estilo al caos.
Yo, ahora, tengo poco tiempo: por culpa de la muerte
que se viene encima, en el ocaso de la juventud.
Pero por culpa también de este nuestro mundo humano
que quita el pan a los pobres, y a los poetas la paz.

Pier Paolo Pasolini, Bologna, 1922, Ostia, 1975 De La religión de mi tiempo, 1961
Versión de Delfina Muschietti imagen de Paul Klee, en Wikipaintings
http://www.youtube.com/watch?v=rKG8vndInD8

Al Princípe

Se torna il sole, se discende la sera,
se la notte ha un sapore di notti future,
se un pomeriggio di pioggia sembra to…

y joven, todavía

A mi cuerpo
Señor, mira mi cuerpo. Mira mi cuerpo antes que yo lo llame y él me llame, gritándonos de lejos. Mira mi cuerpo, este animal antiguo como el río más antiguo y joven, todavía, como el agua cuando aprendía a nadar, sola entre cerros.
Señor, mira mi cuerpo. Mira mi cuerpo, torre de mi infancia, mira mi cuerpo, cueva a la que vuelvo siempre  a sentarme solo ante tu fuego.
Señor, mira mi cuerpo como yo lo veo. Oh cazador del agua en los veranos, oh cazador, de mi alma prisionero. Oh cazador sediento de su casa, más antigua que mi alma, más joven que su miedo.
Lo amamantaron entre pajonales donde ya te perdía  el viento, con tristeza. Lo amamantaron entre pajonales, oh cuerpo mío, antiguo cuerpo mío, cueva para el amor, torre para la guerra.
Señor, mira mi cuerpo. Es inocente. Oh cueva de tu fuego, oh torre joven. Por los largos veranos que aún le esperan, por estar junto a mí, que me perdone.

Héctor Viel Temperley, Buenos Aires, 1933-1987
de El Nadador, 1967 en Héctor Viel Temperley, Poesía completa, Edicione…

luego de la violencia y el deseo

Labios libres
Al cabo de las tierras y los días
de horarios y partidas y llegadas
y aeropuertos comidos por la niebla
enfermo de países y kilómetros
y rápidos hoteles compartidos
Luego de esperas
prisas
y rostros y paisajes diferentes
y seres encandilados por el olvido
o abiertamente besados por la vida
Después de aquella amada
y esa otra apenas entrevista
mujeres cogidas por mi soledad
y ahogadas por las bellas catástrofes
Luego de la violencia y el deseo
de comenzarlo todo nuevamente
y los errores
y los malentendidos cotidianos
y los hábitos torrenciales del trópico
y noches acariciadas por el alcohol
y tabaco fumado con tanta incertidumbre
Al cabo de un nombre que no me atrevo a decir
y de alguien que yo llamaba Irene
de cierta voz
cierta manera de clavar los ojos
al cabo de mi fe en el entendimiento de los hombres
y en el corazón de ciudades y pueblos
que nunca sabrán de mí
Luego de tanta tentativa de huirme o enfrentarme
y comprender que estoy solo
pero no estoy solo
al cabo de amores …

un dueto de luz y de sombra

Dos hermanas de Perséfone
Hay dos jóvenes: una sentada dentro de la casa: la otra, fuera. Un dueto de luz y de sombra interpretado todo el día entre ellas.
En su lóbrega habitación revestida de madera, la primera resuelve problemas matemáticos con una máquina. Los secos tictacs marcan el tiempo
mientras ella calcula cada suma. A esa estéril empresa se consagran sus entornados, sagaces ojos de rata, su enjuto, pálido rostro de raíz.
Bronceada como la tierra, la segunda está tumbada, oyendo los tictacs dorados como el polen en el aire resplandeciente. Adormilada junto a un lecho de amapolas,
observa cómo sus rojas llamas sedosas, de sangre en forma de pétalos,  arden abiertas a la espalda del sol. Sobre ese verde altar, transformada
Libremente en la novia del sol, ésta última crece aprisa junto con las semillas. Arrellanada en la hierba, se siente orgullosa de estar engendrando a un rey. Ácida
y amarillenta como un limón, la otra, virgen retorcida hasta el final, va abocada a la tumba con su carne fea y estragada…

como ermitaños o gatos

Explícame
Los días de lluvia son mejores, Hay algo de permanencia en el ángulo Que las cosas dibujan con el suelo; En no irse después de las disculpas             El velocímetro en el ocaso.
Incluso mientras hablaban el sol empezaba a desaparecer tras una nube. Bien, entonces es mejor tener contornos vagos Pero ceñidos, fuertemente, alrededor de nuestro humor Parecido a la felicidad vengativa. Y con la madera             También es lo mismo. 
Creo que me gustabas más cuando apenas te conocía. Pero los amantes son como ermitaños o gatos: Ellos No saben cuando aparecer, cuando dejar De cortar ramitas para la cena.             Te esperé en la pequeña estación
Y lo seguiré haciendo con el interés Que pongo en tus planes y el futuro De las estrellas me provoca sed Solo para arrodillarme buscando             Felicidad en el aserrín.
Junio y los niños apenas si mirarán hacia nosotros. Y ser valiente entonces es entonces Esta nube que nos imagina y todo lo que nuestra historia Iba a ser alguna vez, y nos ponemos a…

y aun querrías decir

Miramar
Lo que viste es lo único que podrías trasmitir de aquella ascensión por las dunas en el vivero de Miramar, de aquel olor de los pinos y de la frescura de la tarde y de la arena: lo que viste desde lo alto de la última duna, esto es el mar de las cabezas de los pinos y el mar verdadero, lejos, ligeramente agitado, inquieto en una especie de inmovilidad. Pero sólo lo que viste, y aun así, mal.
No podrías decir en modo alguno el golpe de aquello. La sorpresa de aquello, el éxtasis sorpresivo, pues, por otra parte, el paisaje era pobre, era viento, arena, pinos, y un mar casi blanco, y no de fulgor, sino de falta ya de luz ajena en aquella hora de la tarde. De su propia, lechosa iluminación.
Has visto otros paisajes dispuestos a proveerte de mayor éxtasis si hubiera escala del éxtasis; un camino por la Cordillera de la Costa hacia pueblos al norte de Viña del Mar. Grandeza. Los Pirineos, en el tren, grandeza de la mañana. La Grotta Azzurra, artificio natural. Los Andes, grandeza pura, del dios imponen…