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Mostrando las entradas de mayo, 2014

wallace stevens. qué es la divinidad

Qué es la divinidad
¿Qué es la divinidad si solo llega en sombras silenciosas y en sueños? ¿Acaso no encuentra en el bienestar del sol, en la fruta amarga y brillante,  alas verdes,  o en cualquier bálsamo o belleza terrenal, cosas para atesorar como la idea del cielo? La divinidad debe vivir dentro de sí: arrebatos de lluvia, o humores en la nieve que cae; lamentos en ​​soledad o insumisas elaciones cuando florece el bosque; ráfagas de emociones en caminos mojados en noches de otoño; todos los placeres y todos los dolores, recordando la rama del verano y el gajo del  invierno; estas son las medidas destinadas a su alma.

Wallace Stevens, Reading, 1879 - Hartford, 1955 En Wallace Stevens, Selected Poems, Faber & Faber, Londres, 1978 Versión © Silvia Camerotto imagen de Vitaly & Elena Vasilieva, Apocalypse of Art, en Uno de los nuestros
What is Divinity
What is divinity if it can come
Only in silent shadows and in dreams?
Shall she not find in comforts of the sun,
In pungent fruit and brigh…

elizabeth bishop. el genio

El genio
“Espera. Déjame pensar un minuto”, dijiste. Y en un minuto vimos: a Eva y Newton con una manzana cada uno, y a Moisés con las Tablas, a Sócrates, que se rascaba la cabeza enrulada, y muchos más griegos,  todos corriendo hasta el presente, a la orden de tu frente arrugada.
Pero entonces armaste un brillante juego de palabras. Estallamos de risa. Confundidos, tus ayudantes desaparecieron uno a uno; y a través de los espacios de la conversación, después, atrapamos, —atrás, atrás, lejos, lejos,— el luminoso nacimiento de una estrella rebelde.
1956
Elizabeth Bishop, Worcester, 1911- Boston, 1979 De Uncolected Poems En Elizabeth Bishop, Complete Poems, Chatto&Windus, London, 2004 Versión © Silvia Camerotto imagen de William Blake, Penseroso & L'Allegro
The Wit
“Wait. Let me think a minute,” you said. And in a minute we saw: Eve and Newton with an apple apiece, and Moses with the Law, Socrates, who scratched his curly head, and many more from Greece, all coming hurrying up to now, bid by …

sylvia plath. amabilidad

Amabilidad
Amabilidad anda por mi casa. Señora Amabilidad ¡tan agradable es ella! Las piedras azules y rojas de sus anillos asoman a las ventanas, los espejos se llenan de sonrisas.
¿Qué es más real que el llanto de un niño? El grito de un conejo puede ser más salvaje pero no tiene alma. El azúcar cura cualquier cosa, dice Amabilidad: el azúcar es un fluido necesario.
Sus cristales casi una cataplasma. ¡Oh, amabilidad, amabilidad que dulcemente recoges los pedazos! Mis sedas japonesas, mariposas desesperadas, podría ser pinchada sin aviso, anestesiada.
Y acá llegas, con una taza de té envuelta en vapor. El chorro de sangre es poesía, no hay modo de pararlo. Tú me entregas dos niños, dos rosas.
Febrero 1963 Sylvia Plath, Boston, Massachusetts, 1932, Londres, 1963 en Sylvia Plath, Collected Poems, Ted Hughes, Harper, 1981 Versión © Silvia Camerotto imagen de Chiara Fersini© en Uno de los nuestros
Kindness
Kindness glides about my house. Dame Kindness, she is so nice! The blue and red jewels of her rings smoke In the…

no te será arrebatado

Transcribió un verso de Pound
Conmigo se portaba como un rastrero. Deberías
matar a tu propio hijo, me decía, pero no lograba
crisparme los nervios, tal vez, porque no tengo
el instinto —¿cómo lo llaman?—, maternal.

En cambio, aquello de Pound: lo que de veras
amas, no te será arrebatado, al pie de la
letra, aunque me avergüence, no dudé ni un minuto
en creer que era posible estar al margen.

¿Es otoño? Las quejas caen como duraznos.
Un hombre debería pensar muy bien las cosas
antes de hacerlas. Un hombre al que se le
meten ciertas ideas en la cabeza, debería
pensar dos veces las cosas antes de hacerlas.

*** Una alfombra para dos escritores
El soñar tendrá que terminar: así lo dice la realidad, afligida. D. J. Enright
Finalmente, no se trata de rebatir la posibilidad
de que el amor eche raíces a la segunda cita, sino
de un acto más ruin todavía: quemarle los gajos.

El plan que trazamos aquella tarde —¿te olvidaste,
acaso?— me refiero a la orientación de los cuartos, la
grilla de horarios en…

sálvate

** Charla del viejo
Habla de aquello que no hizo,
lo que estuvo al alcance de la mano
y no pudo tocar.
Es confuso ese parloteo que sólo él entiende,
es áspero cuando dice "eso sí valía la pena".

Habla de aquello que no hizo,
como esas tortugas al revés,
expuestas al sol, la panza blanca,
las uñas arañando el aire.
** Sola Hace que se arrastra, que camina, que vuela. Que está ciega y sorda y muda. Que no está. Que es otra.
Hace de encerrada en un jardín, como sombra, voz sin nadie entre el olor malsano de las flores y los silbidos del viento; pero llama, se muerde, parte la lengua.
Hace, rota, partida, nuestros días y noches: como novia, muerte, niña.
** Insomnio Sálvate de tu madre y del padre de tu madre y de la madre del padre. Sálvate de tus hijos y de los hijos de tus hijos. Sálvate, de la traición de la escoria. Sálvate por el hallazgo, por la ambición de entrar solo por una puerta que da a un lugar solo.
Sálvate y queda mirando ese desierto: ciénagas de hambre Ciénagas de sombra: sé un…

entonces, salta

El Caballero de la Noche Asciende
Prisionero […] Dice que el salto a la libertad no es cuestión de fuerza.
Wayne Es mi cuerpo el que salta.
Prisionero Ciego La supervivencia es el espíritu. El alma.
Wayne Mi alma está lista para escapar tanto como mi cuerpo.
Prisionero Ciego Fallas por el miedo.
Wayne No tengo miedo. Estoy furioso. ¿Y por qué caemos?
En la cueva, a la noche. Wayne despierta sobresaltado — El Prisionero Ciego está allí
Prisionero Ciego No temes a la muerte. Crees que eso te hace más fuerte. Pero te debilita.
Wayne ¿Por qué?
Prisionero Ciego ¿Cómo puedes ir más rápido de lo que se puede? ¿Luchar más de lo que se puede? Si no es por el poderoso impulso del espíritu: el miedo a la muerte.
Wayne Temo a la muerte. Temo morir aquí mientras mi ciudad se incendia sin que nadie este allí para salvarla.
Wayne se levanta apoyándose en su codo. Mira al Prisionero Ciego.
Prisionero Ciego Entonces, sube.
Wayne ¿Cómo?
Prisionero Ciego Como el niño. Sin soga. (Risa caústica.) El miedo hará que te reencuentres.
Wayne…

esas gracias en pena

Memoria
Extinguidas aquellas frenéticas caricias Pasada la luna del ceremonial de los besos Se abre una jaula de demencia Los bellos gatos de espasmo que aúllan enterrados vivos Y un foco de imágenes extintas se instala en tu médula Como una peste real. En la sombra La mujer se desviste y penetra a su lecho Y emprende su vuelo nupcial hasta las últimas hogueras del cielo Y él madura a su lado para la muerte En el cálido invernáculo de sus sonrisas junto a su rostro que desaparece Jamás despertarán sobre sus besos A lo largo de gomosas colinas en ondulantes dormitorios Donde brota una hierba indeleble Caminos llenos de anzuelos Un vestido que late sin nadie Un retrato con dientes de fuego Sonriendo a través de los muros
¿Y quién no reverencia esas gracias en pena Abrazos vacíos dichas de fracaso y de vértigo Que me adulan como el demonio para despellejarme Para homenajearme con países quemados sobre el corazón..?
Entonces De esas enormes lunas que fermentan En un calor de maleza tropical Lleno de piernas de mu…

miedo de tener demasiado

Miedo
Miedo de ver una patrulla entrar a la carretera. Miedo de dormirme a la noche. Miedo de no dormirme. Miedo de que regrese el pasado. Miedo de que se escape el presente. Miedo de que suene el teléfono a mitad de la noche. Miedo a  las tormentas eléctricas. ¡Miedo a  la señora de la limpieza que tiene una verruga en la mejilla! Miedo a los perros que me dijeron que no muerden. ¡Miedo a la ansiedad! Miedo de tener que reconocer el cuerpo de un amigo. Miedo de quedarme sin dinero. Miedo de tener demasiado, aunque la gente no lo crea. Miedo a los perfiles psicológicos. Miedo de llegar tarde y miedo de llegar primero. Miedo a sobres con la letra de mis hijos. Miedo de que mueran antes que yo, y de que me sienta culpable. Miedo de tener que vivir con mi madre en su vejez y en la mía. Miedo a la confusión. Miedo de que termine este día con un toque de infelicidad. Miedo de despertarme y que te hayas ido. Miedo de no amar y miedo de no amar lo suficiente. Miedo de que mi amor sea letal para aquellos a quienes …

cuántos simbades tendrán que pasar

***
"Alcanzar": tu palabra. ¿La mía? Casi nunca, casi ninguna, la que nadie dice ni dirá, ni que me dirá ni diré por tu boca. Por eso, seguirnos deletreando: ¿pero no se podría verdaderamente un poquito más, ir un poquito más? Huyendo uno del otro, cada uno se quedó con el ícono inmortal, su otro de obsidiana. Tienes que comprenderlo, no ser más el pararrayos del otro y acaso (ya) de nadie, y con este cielo tan de calma chicha, animal acorralado en medio de una selva de llamados.

***
¿Cuántos simbades tendrán que pasar antes por cada uno de nosotros, cuántos ríos vadear los ojos desmesurados del sin memoria?, maestro que no enseña soledad.

Tu vida de cumpleaños, tantas veces curiosa de tristeza. Tu vida en un renglón, la carta de tu vida entre las hojas del cuaderno, rayada la linda persiana de la mañana que sube, eso. Tantos días en un decorado desierto vestido de desierto, mucho impulso y poco decidido el paso. Lejos. Lejos. Lo que les faltaba a las flores en el vaso, y eso qu…

no te expliques nada

El brazo
Entrega tu sueño al pájaro del alba. Tú ya no puedes penetrar el aire. Vuelve con los brazos abiertos, en silencio. No despiertes al mar. Entrega tus tambores. No te expliques nada, deja al cielo la noche. Ya es hora. Cada recuerdo queda con su guerrero propio. No te expliques nada, no pidas el rescate ni la palabra justa. El nido abre su piel para alojar tu voz. La rosa del viento aclara tu alfabeto. Los coros descienden a la luz de otra luna.
Yo entrego mi temor y la esperanza. Toda noche vuelve al borde del espejo.
Vuélvete, deja tu nombre y tu defensa. En el claro del viento

mi espejo se está nublando

Últimas palabras

No quiero una caja simple, quiero un sarcófago
Con rayas atigradas, y una cara en él,
redonda como la luna, para contemplar.
Quiero estar mirándolos cuando vengan
Juntando los tontos minerales, las raíces.
Ya los veo -las caras pálidas, distantes como estrellas.
Ahora no son nada, no son ni siquiera bebés.
Los imagino sin padres ni madres, como los primeros dioses.
Se van a preguntar si fui importante.
¡Debería azucarar y conservar mis días como frutas!
Mi espejo se está nublando-
Unas pocas respiraciones, y no reflejará nada más.
Las flores y las caras se blanquean como una sábana.

No confío en el espíritu. Se escapa como vapor
En sueños, a través de la boca o del ojo. No puedo detenerlo.
Un día no volverá. Las cosas no son así.
Permanecen, sus pequeños brillos especiales
Tibios de tanto manoseo. Casi ronronean.
Cuando las plantas de mis pies se enfríen,
El ojo azul de mi turquesa me confortará.
Dejen que me lleve mis ollas de cobre, dejen que mis potes de rouge
Flo…

aquí están los aconteceres

Nuestros días mortales

A través de los días mortales, bajo el cielo que nadie
comprende, corroboramos con un aire distraído
la idea de un infierno levemente estructurado
sobre las columnas de la carne, el espíritu o el desorden.
Aquí están los aconteceres: creados, no obstante,
a imagen y semejanza nuestra, rumores desdichados
de la ciudad, en la noche, y fétidas tinieblas
ambiciosas de aposentos demasiado humanos
que acumulan las huellas tristes, el desecho
de una existencia condenada a todo,
parecen cumplirse no a pesar nuestro precisamente
sino de manera ajena, en el caos insidioso
de una independencia atroz, a ratos como al descuido
hasta ofrecer una gratuidad desconcertante.
Del mismo modo la rama del verano y del invierno
y las frutas y los animales transcurren
del otro lado, por caminos oscuros de un reino
más desconocido que extraño.

Nos fue dado a nosotros no la increíble indiferencia
sino perplejidad para sostener una abierta
realidad que a una broma indecente se asemeja; 
h…

decrétase

Los estatutos del hombre

Artículo 1.
Decrétase que ahora la verdad es válida,
que ahora la vida es válida
y que mano con mano
trabajaremos todos por la vida verdadera.
Artículo 2.
Decrétase que todos los días de la semana,
inclusive los martes más cenicientos,
tienen derecho a convertirse en mañanas de domingo.
Artículo 3.
Decrétase que, a partir de este instante,
habrá girasoles en todas las ventanas
y que los girasoles tendrán derecho
a abrirse en la sombra,
y que las ventanas deben permanecer el día entero
abiertas hacia el verde donde crece la esperanza.
Artículo 4.
Decrétase que el hombre
no tendrá nunca más
que dudar del hombre.
Que el hombre confiará en el hombre
como la palmera confía en el viento,
como el viento confía en el aire,
como el aire confía en el campo aquí en el cielo.

Párrafo único:
El hombre confiará en el hombre
como un niño confía en otro niño.
Artículo 5. 
Decrétase que los hombres
están libres del yugo de la mentira.
Nunca más será preciso usar
la coraza del silencio
ni la armadura de las pa…