jueves, agosto 25, 2016

jonio gonzález. creo como hablo















Creo como hablo

el camino consiste
en comprender que si el fuego
habita la rama
queda un hueco
que es el hambre
en penetrar la tiniebla
hasta que se iluminen los cielos
hasta que la palabra perfume la brizna
de lo que se ha perdido
y al final bajar del coche
y arrancar del parabrisas
los pájaros muertos

Jonio González, Buenos Aires, 1954
Inédito
Imagen de Alexis Portilla

miércoles, agosto 24, 2016

johann w. goethe. la novia de corinto
















La novia de Corinto

Provenía de Atenas un joven
que llegó a Corinto, donde nadie lo conocía.
Él contaba con la amable recepción de uno de sus habitantes:
sus padres estaban unidos por la hospitalidad,
y habían convenido, mucho tiempo atrás,
el matrimonio de una y otro:
su hija y su hijo.
Pero, ¿sería bienvenido aún
si no compra con cariño este favor?
Él es todavía pagano, como los suyos;
pero ellos ya son cristianos y se han bautizado.
Cuando nace una nueva fe,
el amor y la fe jurada, frecuentemente,
se destruyen como una mala yerba.
Ya la casa entera reposa;
padre e hijas; sólo la vigilia es de la madre;
que recibe con diligencia al huésped:
de inmediato lo conduce a la habitación más bella.
Previniendo sus deseos ,
le presenta los vinos y manjares más preciados.
Tras atenderlo, ella le desea una buena noche.
Pese al buen alimento servido,
él no siente deseo alguno de comer;
la fatiga lo hace rechazar manjares y bebida.
Y, vestido, se recuesta en el lecho.
Casi está dormido
cuando un huésped extraño
se introduce en la recámara
por la puerta abierta.
Al resplandor de la lámpara ve avanzar
por el cuarto a una joven silenciosa y púdica,
cubierta de un velo y un vestido blancos;
una lazo negro y oro ciñe la frente.
Cuando ella lo percibe
se azora y estremece
y alza blanca su mano.
“Soy, entonces —clama ella—, tan extraña en mi propia casa
que para nada me avisan la presencia de un huésped?
Es así, ay, que se me tiene encerrada en mi celdilla,
y que mientras, aquí, se me cubre de vergüenza.
Pero sigue reposando en tu lecho,
me alejaré con la rapidez con que vine”
“Quédate, bella joven”, grita él
levantándose con precipitación.
“He aquí los dones de Ceres, he aquí los de Baco,
y he aquí, querida niña, que tu traes el amor.
¡Estás pálida de miedo!
Ven, querida, joven, ven
y gustaremos juntos los goces divinos”
“Quédate lejos de mí, buen hombre, deténte.
Yo no estoy consagrada a la alegría.
El último paso, ay, fue dado
por mi querida madre: vencida por la enfermedad,
ella hizo al mejorar el juramento
de que mi juventud y mi cuerpo
serían ofrecidos, de inmediato, al servicio del cielo.
“Y apenas el brillante cortejo de los antiguos dioses
partió la casa quedó en silencio.
Ya no se adora más que a un solo Dios
invisible en el cielo, Salvador sobre la cruz;
a quien nadie aquí le ofrece en sacrificio
toros o corderos
sino víctimas humanas en cantidad infinita.”
Y él le pregunta y reflexiona todas sus palabras;
ninguna escapa a su espíritu.
“¿Será posible que en esta callada habitación
frente a mí esté mi novia bien amada?
¡Sé mía entonces !
Los juramentos de nuestros padres
nos valieron ya la bendición del Cielo.”
“No soy yo quien te está destinada, buen hombre;
se reservó para ti a mi más joven hermana.
Cuando en mi celdilla silenciosa sea librada a mis tormentos,
en sus brazos, piensa en mí;
en mí que no pienso sino en ti,
que me consumo de amor
y que, pronto, me iré a esconder bajo la tierra.”
“No, lo juro por esta flama
que desde ahora Himeneo hace por nosotros brillar:
tú no estás perdida, ni para mí ni para el placer,
y tú me acompañarás a la casa de mi padre:
bien amada, quédate aquí;
celebra conmigo, en este mismo instante,
aunque inesperado, nuestro festín nupcial!”
Entonces intercambiaron ellos los gajes de la fidelidad:
ella le tiende una cadena de oro
y el desea ofrecerle una copa
de plata de arte incomparable
“¡Esta copa no es para mí;
pero te pido
me regales un rizo de tus cabellos!”
En ese momento suena la hora lúgubre de los espíritus,
y entonces, solamente, la joven parece sentirse a gusto.
Ávidamente, de sus labios pálidos, ella bebió
el vino de un rojo sombrío como la sangre.
Pero del pan de trigo
que él le ofreció amablemente,
no tomó la menor migaja.
Y ella tiende la copa al joven,
quien, como ella, la vacía de un solo trago, golosamente.
Y durante esa comida silenciosa, él le solicita su amor.
Su pobre corazón, ay, estaba enfermo de amor.
Pero ella se resiste
a toda súplica
hasta que él se echa a llorar en la cama.
Y viene ella y se tiende cerca de él.
“¡Ay, cómo sufro de ver tu tormento.
Pero, ay, si tocas mis miembros
sentirás estremecido lo que te escondí:
blanca como la nieve
pero fría como el hielo
es la amante que tu has escogido!”
Él la toma con ardor en sus vigorosos brazos,
llevado por la fuerza de su joven amor.
“Espera entonces recalentarte más cerca de mí todavía,
aunque sea la tumba quien te haya enviado hacia mí.
Mezclemos nuestros alientos, intercambiemos nuestros besos,
que nuestro amor se desborde!
¿No te inflamas al sentir la llama que me devora?”
Más fuerte aún los unió el amor:
las lágrimas se mezclaron a sus arrebatos.
Con avidez ella aspira el fuego de sus labios,
y ninguno se siente vivir si no es en el otro.
Con la furia amorosa del joven
la sangre congelada de la muchacha se recalienta;
pero en su pecho el corazón sigue inmóvil.
Mientras tanto la madre, retrasada por los cuidados del aseo,
pasa aún con suave marcha por el corredor frente al cuarto.
Escucha tras la puerta, oyó largo tiempo
esos sonidos extraños:
voces voluptuosas y lamentos
de un novio y de su prometida,
balbuceantes insensatos del amor.
Ella permanece de pie, inmóvil, frente a la puerta,
porque ante todo desea convencerse plenamente:
escucha colérica los juramentos de amor más solemnes,
las palabras de amor y de promesa:
“¡Silencio, el gallo despierta!”
“—Pero la noche que viene
¿vendrás de nuevo?” Y besos sobre besos.
La madre no puede contener más tiempo su indignación,
abre con rapidez la bien sabida cerradura.
“¿En esta casa hay entonces hijas perdidas,
capaces de entregarse así de pronto al extraño?”
Abre la puerta, entra.
y a la luz de la lámpara
distingue, oh Cielos, a su propia hija.
Y el joven, en el primer momento de terror,
quiere cubrir con su velo a la muchacha,
esconder bajo el tapiz a la bien amada.
Pero ella se defiende y libera con prontitud
como con la fuerza de un espíritu
su alta estatura
se yergue lentamente sobre el lecho.
Madre, madre”, dice con una voz sepulcral,
“¿me reprocha, entonces, esta noche tan bella?
Me expulsa usted de esta cama cálida?
¿Sólo desperté para entregarme a la desesperación?
¿Ya no le satisface
en buena hora haberme amortajado en un sudario
y depositado en la tumba?
“Pero una ley que me es propia me impulsa
fuera de la fosa estrecha al duro manto de la tierra.
Los cantos salmodiados por tus sacerdotes
y su bendición no tienen efecto alguno.
El agua y la sal son incapaces
de extinguir los ardores juveniles
y, ay, la tierra no enfría el amor.
“Este joven me fue prometido,
cuando en pie estaba todavía el templo de la amable Venus,
Madre, y usted faltó a su promesa
ligándose por un juramento bárbaro y sin valor.
Porque ningún Dios acogerá
a una madre que jura
rehusar la mano de su hija.
Una fuerza me arroja fuera de la fosa
para buscar todavía los bienes de los que me despojaron,
para amar aún al esposo ya perdido
y para aspirar la sangre de su corazón.
Y cuando éste muera,
me pondré en busca de otros
y mis jóvenes amantes serán víctimas de mi deseo furioso.
“Bello joven, tus días están contados.
Morirás de languidez, en este sitio.
Te regalé mi collar,
yo me llevo el rizo de tus cabellos.
Míralo bien:
mañana tus cabellos estarán grises;
solamente en la tumba renegrecerán.
“Escuche, ahora, madre, mi última plegaria:
Haga levantar una hoguera,
abra la estrecha tumba donde me ahogo,
y dé reposo a los amantes entregándolos al fuego.
Cuando la chispa salte,
cuando ardan las cenizas,
nos elevaremos hacia los antiguos dioses.

Johann Wolfgang von Goethe, Frankfurt, 1749-Weimar, 1832
Original: Die Braut Von Korinth de Goethe
imagen de Edvard Munch, Vampire


martes, agosto 23, 2016

william carlos williams. a manera de canción















A manera de canción

Que la serpiente espere
bajo su cizaña
y la escritura
sea de palabras, lenta y rápida, afilada
para golpear, sosegada para esperar,
insomne.

... con metáforas reconciliar
a las personas y las piedras.
Componer. (No ideas,
sino cosas) ¡Inventar!
Saxífraga es mi flor que parte 
las rocas.

William Carlos Williams, Rutherford, 1883- 1963
En La invención necesaria, Ensayos, cartas y poemas, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013
Selección, traducción, prólogo y notas de Juan Antonio Montiel


A Sort of a Song

Let the snake wait under
his weed
and the writing
be of words, slow abd quick, sharp
to strike, quiet to wait,
sleepless.

-through a metaphor to reconcile
the people and the stones.
Compose. (No ideas
but in things.) Invent!
Saxifrage is my flower that splits
the rocks.


lunes, agosto 22, 2016

william carlos williams. la parábola de los ciegos















La parábola de los ciegos

Esta horrible y soberbia pintura
la parábola de los ciegos
sin un rojo

en la composición muestra a un grupo
de mendigos que se guían 
uno al otro en diagonal hacia abajo

atravesando el lienzo
desde uno de los lados
hasta dar finalmente en una ciénaga

detrás de la cual el cuadro
y la composición terminan no hay
un solo vidente pintado

sino los rostros sucios 
de los desvalidos
con sus pocas lamen-

tables posesiones
y la palangana y la choza
y la aguja de una iglesia

los rostros se alzan
como hacia la luz no hay
detalle extraño

a la composición de cada uno
sigue a los otros báculo en
mano triunfante hacia el desastre

(1962)
William Carlos Williams, Rutherford, 1883- 1963
En La invención necesaria, Ensayos, cartas y poemas, Ediciones Universidad Diego Portales, Santiago de Chile, 2013
Selección, traducción, prólogo y notas de Juan Antonio Montiel
Imagen de Pieter Brugel, The Blind Leading the Blind, 1568


The Parable of the Blind

This horrible but superb painting
the parable of the blind
without a red

in the composition shows a group
of beggars leading
each other diagonally downward

across the canvas
from one side
to stumble finally into a bog

where the picture
and the composition ends back
of which no seeing man

is represented the unshaven
features of the des-
titute with their few

pitiful possessions a basin
to wash in a peasant
cottage is seen and a church spire

the faces are raised
as toward the light
there is no detail extraneous

to the composition one
follows the others stick in

hand triumphant to disaster

domingo, agosto 21, 2016

john ashbery. el pasado reciente













El pasado reciente

Tal vez deberíamos sentir con más imaginación.
Como hoy el cielo con 21 grados sobre cero que luego desciende
como septiembre al descorrer un encaje para acercarse al peral,
un recurso original nunca es simple. Y es ahí donde
el sentido peyorativo del miedo mueve sus ejes. Ya no hay
paz en las estrellas, vacías como una taza de café
en medio de una lluvia cegadora que cuestiona.

Vosotros fuisteis mis quíntuples cuando decidí abandonaros
al abrir un libro ilustrado las imágenes eran solo hierba
lentamente el libro se hizo fuego, tú, lector
sentado con tus gafas empañadas preguntabas
cómo rimarían 'ladrillo' y 'bermellón'.
El siguiente capítulo dijo todo sobre un arroyo.
Comenzabais a ver la relación cuando la marejada
apareció con barcas naufragando al pronunciar 'Aladino',
Pensé en el chico árabe de la caverna
pero el pensamiento llega antes que la advertencia.
Si supierais que la nieve es apenas un tobaogán en el espacio
lo escrito rimaría con 'estrella caída'.

John Ashbery, Rochester, 1927
'Poemas de John Ashbery' en Harold Bloom, La escuela de Wallace Stevens, Vaso Roto Ediciones, Barcelona, 2011
Edición, traducción y notas de Jeannette L. Clariond
Imagen de 


The Recent Past

Perhaps we ought to feel with more imagination.
As today the sky 70 degrees above zero with lines falling
The way September moves a lace curtain to be near a pear,
The oddest device can't be usual. And that is where
The pejorative sense of fear moves axles. In the stars
There is no longer any peace, emptied like a cup of coffee
Between the blinding rain that interviews.

You were my quintuplets when I decided to leave you
Opening a picture book the pictures were all of grass
Slowly the book was on fire, you the reader
Sitting with specs full of smoke exclaimed
How it was a rhyme for 'brick' or 'redder'.
The next chapter told all about a brook.
You were beginning to see the relation when a tidas wave
Arrived with sinking ships that spelled out 'Aladdin'.
I thought about the Arab boy in his cave
But the thoughts came faster than advice.
If you knew that snow was a still toboggan in space
The print could rhyme with 'fallen star'.

sábado, agosto 20, 2016

sharon olds. después de 37 años mi madre



Después de 37 años mi madre me pide perdón por mi infancia

Cuando te inclinaste hacia mí, los brazos hacia adelante
como alguien que trata de atravesar un incendio,
cuando te balanceaste hacia mí, gritando que 
sentías mucho lo que me habías hecho, tus
ojos llenos de líquido terrible como 
gotas de mercurio de un termómetro roto
patinando por el piso, cuando gritaste suavemente
¿A quién más podía acudir? ¿A quién más tenía? La 
porcelana rota de tus manos se mueve hacia mí, el
agua que mana de tus ojos como la humedad
que sale de las piedras bajo mucha presión, yo no podía
ver lo que haría con el resto de mi vida.
El cielo parecía astillarse como una ventana
que alguien atraviesa, tu
cara pequeña destellaba como con
cristales rotos, con verdadero arrepentimiento, el
arrepentimiento de tu cuerpo. No podía ver como iban a ser
mis días contigo arrepentida, contigo deseando
no haberlo hecho, el
cielo caía a mi alrededor, sus astillas
brillando en mis ojos, tu viejo cuerpo suave
caído contra el mío horrorizada
te tomé en mis brazos, dije Está bien,
no llores, está bien, el aire lleno de 
vidrios, no sabía lo que decía o quién sería yo ahora que te había perdonado.

Sharon Olds, San Francisco, 1942
en La materia de este mundo, Gog & Magog, Buenos Aires, 2015
Traducción de Inés Garland e Ignacio Di Tullio
Imagen Sharon Olds y madre, 1965


After 37 Years my Mother Apologizes for my Childhoood

When you tilted toward me, arms out
like someone trying to walk through a fire,
when you swayed toward me, crying out you were
sorry for what you had done to me, your
eyes filling with terrible liquiid like
balls of mercury from a broken thermometer
skidding on the floor; when you quietly screamed
Where else could I turn? Who else did I have?, the
water cracjubg from your eyes, like moisture from
stones under heavy pressure, I could not
see what I would do with the rest of my life.
The sky seemed to be splintering, like a window
someone is bursting into or out of, your
tiny face glittered as if with
shattered crystal, with true regret, the 
regret of your body. I could not see what my
days would be, with you sorry, with
you wishing you had not done it, the
sky falling around me, its shards
glistening in my eyes, your old, soft
body fallen against me in horror I
took you in my arms, I said It's all right,
don't cry, it's all right, the air filled with
flying glass, I hardly knew what I
said or who I would be now that I had forgiven you.


viernes, agosto 19, 2016

eduardo aibinder. selección de ¡párense derecho!




















Primero:

Llegará el día en que podré exclamar
a mis seres queridos, personal doméstico, proveedores en general:
Vengo de renunciar y estoy en éxtasis.
Segundo: en la construcción de la Gran Obra
apenas soy un insignificante operario;
en cuanto mis superiores se distraen
aprovecho para no hacer nada,
cuando intensifican los controles
le soy infiel al trabajo con la mente.
Tercero: si fuera mi tarea bajarles el pulgar uno por uno
a objetos que se ofrecen a la contemplación estética,
no le ofrecería el mismo brazo a una anciana decrépita
para pasearla por las calles,
además, a qué moverse de casa si no sólo el metal
también lo blandengue se amoneda y circula.
Cosas que respondí, cuando me preguntaron
si mi experiencia fue significativa.


***
¡Pobre mí!

¡Pobre Richard!
Henry James

por no saber cómo seguir, 
renuncia a moverse de su casa,
rompe su única tarjeta de visita,
se le pasa la hora de la cita,
el carruaje se le vuelve calabaza.
¡Pobre E! Por no saber qué hacer
hace secretas visitas de media hora
por las cuales no recibe
agradecimientos ni besos,
lo reciben focas recostadas
sobre amplios sillones,
o algunas veces un paisaje
con mortandad de peces.
¡Pobre H! Por no saber qué esperar,
espera que arañas, cucarachas y otras
indeseables compañías domésticas
den paso a esculturales señoras.
Y cuanto más pasan las horas
más vira a un tenebroso gris
la alfombra roja, menos da la bienvenida.


Eduardo Aibinder, Buenos Aires,  1968
de ¡Párense derecho!, Gog & Magog, Buenos Aires, 2015

jueves, agosto 18, 2016

pier paolo pasolini. versos del testamento














Versos del testamento

La soledad: hay que ser muy fuerte
para amar la soledad; hay que tener buenas piernas
y una resistencia fuera de lo común; hay que evitar
los resfríos, la influenza y la gota; no se debe temer
a rapiñadores y asesinos; si toca caminar 
toda la tarde o quizá toda la noche,
hay que saber hacerlo sin pensar mucho; sentarse no se puede,
especialemente en invierno, con el viento sobre la hierba mojada
y con las piedras entre la basura, húmedas y fangosas;
no hay ninguna gratificación, de eso n hay duda,
salvo la de tener por delante un día y una noche
sin deberes o límites de ningún género.

El sexo es un pretexto. Por muchos que sean los encuentros
-incluso en invierno, por las calles abandonadas al viento,
entre las  pilas de basura contra los edificios lejanos,
suelen ser muchos- no son sino momentos de soledad;
cuanto más caliente y vivo es el cuerpo gentil
que unge de semen y se va,
más frío y mortal alrededor es el dilecto desierto;
es éste quien llena de alegría, como un viento milagroso,
no la sonrisa inocente o la turbia prepotencia
del que después se va; él se lleva una juventud
enormemente joven, en esto es inhumano,
porque no deja rastros, o mejor, deja sólo una traza
que es siempre la misma en todas las estaciones.
Un muchacho en sus primeros amores
no es otra cosa que la fecundidad del mundo.
Y el mundo llega con él: aparece y desaparece,
como una forma que cambia; quedan intactas todas las cosas,
y tú podrás recorrer media ciudad, no lo encontrarás más;
el acto se ha cumplido; la repetición es un rito. De donde
la soledad es todavía más grande si una multitud
espera su turno: crece en efecto el número de desapariciones -el 
irse es huir- y lo siguiente incube al presente
como un deber, un sacrificio al deseo de muerte.
Envejeciendo, sin embargo, el cansancio comienza a sentirse,
en especial en el momento en que apenas ha pasado la hora de la 
cena:
para ti no ha cambiado nada; entonces, por poco no gritas o lloras;
y eso sería enorme si no fuese, precisamente, sólo cansancio,
y quizá un poco de hambre. Enorme, porque querría decir
que tu deseo de soledad no podría ser jamás saciado,
y entonces ¿qué te espera, si lo que no es considerado soledad
es soledad verdadera, aquella que no puedes aceptar?
No hay cena o almuerzo o satisfacción en el mundo
que valga una caminata sin fin por las calles pobres
donde hay que ser desgraciados y fuertes, hermanos de los perros.

Pier Paolo Pasolini, Bolonia, 1922- Ostia, 1975
de Transhumanar y organizar
en Nada Personal, Poesía política de Pier Paolo Pasolini, Selección, versiones, prólogo y notas de Jorge Aulicino, Ediciones en Danza, Buenos Aires, 2016

miércoles, agosto 17, 2016

francis ponge. el objeto es la poética




















El objeto es la poética

La relación del hombre con el objeto no es en absoluto
solo de posesión y de uso. No, sería demasiado sencillo.
Es harto peor:
Los objetos están fuera del alma, por supuesto; sin embargo
son también nuestro plomo en la cabeza.
Se trata de una relación con el acusativo.

El hombre es un curioso cuerpo, que no tiene en sí
mismo su centro de gravedad.
Nuestra alma es transitiva. Requiere de un objeto que
la afecte, como su complemento directo, acto seguido.
Se trata de la relación más grave (para nada con el tener
sino con el ser).
Más que todo otro hombre, el artista soporta su carga y
acusa su golpe.

Por fortuna, sin embargo, ¿qué es el ser? -Solo hay
maneras de ser; sucesivas. Hay tantas como objetos. Tantas
como parpadeos.
Tanto más cuanto que, convertido en nuestro régimen,
un objeto nos concierne, nuestra mirada lo ha cercado y 
lo discierne. Gracias a los dioses, se trata de una 'discreción'
recíproca; y el artista pronto da en el blanco.
Sí, solo el artista, entonces, sabe cómo hacer.
Deja de mirar y ejecuta su tiro.
El objeto por supuesto acusa el golpe.
La Verdad retoma el vuelo, indemne.
La metáfora acaba de tener lugar.

Si no fuéramos sino que un cuerpo, lo más seguro es que
estaríamos en equilibrio con la naturaleza. Pero nuestra
alma ocupa el mismo lado nuestro en la balanza.
Pesado o leve, no lo sé.
La memoria, la imaginación, los afectos inmediatos, la recargan;
sin embargo, tenemos la palabra (o algún otro medio
de expresión); cada palabra que pronunciamos nos aliviana.
En la escritura la palabra se pasa incluso para el otro lado.
Pesados o leves, pues, no lo sé, tenemos necesidad de un contrapeso.

El hombre no es más que un pesado navío, un pesado
pájaro sobre el abismo.
Eso sentimos.
Cada 'battibaleno' nos lo confirma. Batimos la mirada,
como el pájaro sus alas para mantenernos.

Ora en la cresta de la ola, tanto en la creencia de abismarnos.
Eternos vagabundos, por lo menos mientras estamos vivos.
Pero el mundo está poblado de objetos. En sus orillas,
su multitud infinita, su acopio, se nos parecen más bien 
indistintas y vagas.
La que, no obstante, basta para tranquilizarnos. Porque,
también es algo que sentimos, cada uno de ellos, a nuestro
amaño, cada vez, puede convertirse en nuestro punto de amarre,
el jalón en que apoyarnos.
Le basta con hacer el peso.
Mucho más que de nuestra mirada, es entonces asunto de 
nuestra mano, -sepa ella llevar la maniobra a cabo.

Basta, digo, con que haga el peso.
La mayor parte de ellos no hace el peso.
El hombre, muy a menudo, no echa mano sino a sus
emanaciones, a sus fantasmas. Tales son los objetos subjetivos.
No hace más que valsar con ellos, cantando todos la misma canción;
luego, alza el vuelo en compañía de ellos o 
se abisma.

Tenemos, pues, que escoger objetos verdaderos, objetando 
indefinidamente nuestros deseos. Objetos que cada día escojamos y 
volvamos a escoger; y no ya como decorado, como nuestro marco; 
más bien como espectadores nuestros, jueces nuestros: 
para que no seamos, por supuesto, ni sus comparsas de baile ni sus payasos.

Nuestro secreto consejo, al fin y al cabo.
Y montar así nuestro templo doméstico:
Todos y cada uno de nosotros conocemos, supongo su 
Belleza.
Ella se mantiene al centro, fuera de alcance.
Todo en orden en torno a ella.
Ella, intacta.
Fuente de nuestro patio.

Francis Ponge, Montpellier, 1899-  Le Bar-sour-Loup,1988
de Antología crítica - Francis Ponge, Gog y Magog, Buenos Aires, 2016
Selección, introducción, traducción y notas de Waldo Rojas
imagen de Bartomeu Ferrando, Poema objeto

martes, agosto 16, 2016

griselda garcía. el iluminador
















El iluminador

Quedó bajo un haz cruel.
Dejate mirar, dije
yo también tengo la manía
del ojo que nunca se apaga.

A veces a una le toca iniciar
aunque el tiempo sea poco
toma un montón de arcilla
lo moldea en forma de hombre.
Fija la nueva geografía.

Griselda García, Buenos Aires, 1979
De Ahora, Ediciones del Dock, Colección Pez Náufrago, Buenos Aires, 2016
Imagen de Frank Gilbreth, 1914, en Light Painting Photography-History

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