domingo, mayo 26, 2013

y todo se desgasta




Un quieto, una ciudad

Un quieto, una ciudad,
anulado carisma,
callados corcoveos,
música que contemplas
brotando de otros poros,
y la foto que sabe
que las cosas no pasan,
y botellas vacías,
voluntario abandono.

Una ciudad que muere, 
y que se recupera,
y motos en la noche,
comprar, comer, pasar,
y todo se desgasta,
colectivos que caen
y pedradas que pegan,
un pasaje a la gente,
hilo de otro horizonte.

Un quieto es una sombra
que formula, linchado,
sentidos, y los quiebra,
y la vida es un ángel.
Una ciudad es alguien
que miente de continuo
para sobrevivir,
y te hunde en el silencio.

Pablo Seguí, Córdoba, 1973
de Naturaleza muerta, Ediciones del Copista, Colección Fénix, Córdoba, 2011
imagen de ©Joaquín Torres García, en Guggenheim Collection

jueves, mayo 23, 2013

yo te recuerdo, narciso




Il nini muàrt

Sera imbarlumida, tal fossàl
a cres l'aga, na fèmina plena
a ciamina pal ciamp.

Jo ti recuardi, Narcís, ti vèvis il colòur
da la sera, quand li ciampanis
a súnin di muàrt.

Pier Paolo Pasolini, Bolonia, 1922- Ostia, 1975
Composición lírica en fruilano incluida en Poesías a Casarsa
en Pasiones heréticas, Cuenco del Plata, Buenos Aires, 2012, Selección, traducción y notas de Diego Bentivegna
imagen de Salvador Dalí © , Metamorfosis de Narciso, en ReprodArt

El niño muerto

Oh noche, en el foso
crece el agua, una mujer encinta
camina por el campo.

Yo te recuerdo, Narciso, tú tenías el color
de la noche, cuando las campanas
suenan con sonido de muerte.

lunes, mayo 20, 2013

o quam te memoren virgo





La figlia che piange

O quam te memorem virgo

Párate en el descanso más alto de la escalera—
Descansa en una urna de jardín—
Teje, teje la luz del sol en tu cabello—
Estrecha las flores contra ti con dolorosa sorpresa—
Arrójalas al suelo y voltéate
Con un resentimiento fugaz en tu mirada:
Pero, teje, teje la luz del sol en tu cabello.

Entonces hubiera hecho que él se fuera
Entonces la hubiera dejado a ella parada y llorando,
Entonces él se habría ido
Como el alma abandona el cuerpo desgarrado y herido,
Como la mente abandona el cuerpo que ha usado.
Debo encontrar
Algún modo de incomparable luz y destreza,
Algún modo que ambos comprendiéramos,
Sencillo e incrédulo como una sonrisa y apretón de manos.

Ella se fue, pero el clima otoñal
Avivó mi imaginación durante muchos días,
Muchos días y muchas horas:
Su pelo sobre sus brazos y sus brazos llenos de flores.
Y me digo ¡ellos deberían permanecer juntos!
Yo debería haber abandonado el gesto y la pose.
A veces, estas cavilaciones todavía sorprenden
La ardua medianoche y el reposo del mediodía.

1916
T. S. Eliot, St. Louis, 1888 - Londres, 1965
Versión ©Silvia Camerotto
imagen de © Merry-Joseph Blondel, Venus curando a Eneas


La Figlia che Piange

O quam te memorem virgo
Stand on the highest pavement of the stair—          
Lean on a garden urn—        
Weave, weave the sunlight in your hair—    
Clasp your flowers to you with a pained surprise—
Fling them to the ground and turn        
With a fugitive resentment in your eyes:      
But weave, weave the sunlight in your hair.

So I would have had him leave,        
So I would have had her stand and grieve,  
So he would have left        
As the soul leaves the body torn and bruised,          
As the mind deserts the body it has used.     
I should find   
Some way incomparably light and deft,       
Some way we both should understand,                
Simple and faithless as a smile and shake of the hand.       

She turned away, but with the autumn weather      
Compelled my imagination many days,       
Many days and many hours: 
Her hair over her arms and her arms full of flowers.
And I wonder how they should have been together!
I should have lost a gesture and a pose.      
Sometimes these cogitations still amaze      
The troubled midnight and the noon's repose.

domingo, mayo 19, 2013

la repetición es un rito




Versos del testamento

La soledad: hay que ser muy fuerte
para amar la soledad; hay que tener buenas piernas
y una resistencia fuera de lo común; hay que evitar
resfríos, influenza y anginas; no se debe temer
a rapiñadores o asesinos; si toca caminar
toda la tarde o quizá toda la noche,
hay que saber hacerlo sin pensar mucho; sentarse no se puede,
especialmente en invierno, con el viento sobre la hierba mojada
y con las piedras entre la inmundicia, húmedas y fangosas;
no hay ninguna gratificación, de eso no hay duda,
salvo la de tener por delante un día y una noche
sin deberes o límites de ningún género.

El sexo es un pretexto. Por muchos que sean los encuentros
-incluso en invierno, por las calles abandonadas al viento,
entre las pilas de inmundicia contra los edificios lejanos,
suelen ser muchos- no son sino momentos de la soledad;
cuanto más caliente y vivo es el cuerpo gentil
que unge de semen y se va,
más frío y mortal alrededor es el dilecto desierto;
es éste quien llena de alegría, como un viento milagroso,
no la sonrisa inocente o la turbia prepotencia
del que después se va; él se lleva una juventud
enormemente joven, en esto es inhumano,
porque no deja rastros, o mejor, deja solo una traza
que es siempre la misma en todas las estaciones.
Un muchacho en sus primeros amores
no es otra cosa que la fecundidad del mundo.
Y el mundo llega con él: aparece y desaparece,
como una forma que cambia; quedan intactas todas las cosas,
y tú podrás recorrer media ciudad, no lo encontrarás más;
el acto se ha cumplido; la repetición es un rito. De donde
la soledad es todavía más grande si una multitud
espera su turno: crece en efecto el número de desapariciones -
el irse es huir- y lo siguiente incumbe al presente
como un deber, un sacrificio al deseo de muerte.
Envejeciendo, sin embargo, el cansancio comienza a sentirse,
en especial en el momento en que apenas ha pasado la hora de la cena:
para ti no ha cambiado nada; entonces, por poco no gritas o lloras;
y eso sería enorme si no fuese, precisamente, sólo cansancio,
y quizá un poco de hambre. Enorme, porque querría decir
que tu deseo de soledad no podría ser jamás saciado,
y entonces ¿qué te espera, si lo que no es considerado soledad
es soledad verdadera, aquella que no puedes aceptar?
No hay cena o almuerzo o satisfacción en el mundo,
que valga una caminata sin fin por las calles pobres
donde hay que ser desgraciados y fuertes, hermanos de los perros.

Pier Paolo Pasolini (Bolonia, 1922 - Ostia, 1975), Trasumanar e organizzar, Garzanti, Milán, 1971
Versión ©  Jorge  Aulicino
imagen de Martin Stranka ©, I am winter, en Uno de los nuestros



Versi del testamento

La solitudine: bisogna essere molto forti
per amare la solitudine; bisogna avere buone gambe
e una resistenza fuori dal comune; non si deve rischiare
raffeddore, influenza e mal di gola; non si devono temeré
rapinatori o assassini; se tocca camminare
per tutto il pomeriggio o magari per tutta la será
bisogna saperlo fare senza accorgersene; da sedersi non c’è;
specie d’inverno; col vento che tira sull’erba bagnata,
e coi pietroni tra l’immondizia umidi e fangosi;
non c’è proprio nessun conforto, su ciò non c’è dubbio,
oltre a quello di avere davanti tutto un giorno e una notte
senza doveri o limiti di qualsiasi genere.

 Il sesso è un pretesto. Per quanti siano gli incontri
- e anche d’inverno, per le strade abbandonate al vento
 tra le distese d’immondizia contro i palazzi lontani,
essi sono molti – non sono che momenti della solitudine;
più caldo e vivo è il corpo gentile
che unge di seme e se ne va,
più freddo e mortale è intorno il diletto deserto;
è esso che riempie di gioia, come un vento miracoloso,
non il sorriso innocente, o la torbida prepotenza
di chi poi se ne va; egli si porta dietro una giovinezza
enormemente giovane; e in questo è disumano,
perché non lascia tracce, o meglio, lascia solo una traccia
che è sempre la stessa in tutte le stagioni.
Un ragazzo ai suoi primi amori
altro non è che la fecondità del mondo.
E’ il mondo così arriva con lui; appare e scompare,
come una forma che muta. Restano intatte tutte le cose,
e tu potrai percorrere mezza città, non lo ritroverai più;
l’atto è compiuto, la sua ripetizione è un rito. Dunque
la solitudine è ancora più grande se una folla intera
attende il suo turno: cresce infatti il numero delle sparizioni –
l’andarsene è fuggire – e il seguente incombe sul presente
come un dovere, un sacrificio da compiere alla voglia di morte.
Invecchiando, però, la stanchezza comincia a farsi sentire,
specie nel momento in cui è appena passata l’ora di cena
 e per te non è mutato niente: allora per un soffio non urli o piangi;
e ciò sarebbe enorme se non fosse appunto solo stanchezza,
e forse un po’ di fame. Enorme, perché vorrebbe dire
che il tuo desiderio di solitudine non potrebbe essere più soddisfatto
e allora cosa ti aspetta, se ciò che non è considerato solitudine
è la solitudine vera, quella che non puoi accettare?
Non c’é cena o pranzo o soddisfazione del mondo,
che valga una camminata senza fine per le strade povere
dove bisogna essere disgraziati e forti, fratelli dei cani.

jueves, mayo 16, 2013

palabras de reminiscencia





21

Cada cosa  a su tiempo tiene su tiempo.
No florecen en el invierno las arboledas,
ni en la primavera
tienen blanco frío los campos.

A la noche, que entra, no pertenece, Lidia,
el mismo ardor que el día nos pedía.
Con más sosiego amemos
nuestra incierta vida.

Junto al hogar, cansados no de la obra
sino porque la hora es la hora de los cansancios,
no forcemos la voz
a estar más que en secreto,

y casuales, interrumpidas sean
nuestras palabras de reminiscencia
(no para más nos sirve
la negra ida del sol).

Poco a poco el pasado recordemos
y las historias contadas en el pasado
ahora dos veces
historias, que nos hablen

de las flores que en nuestra infancia ida
con otro fin en el gozo cogíamos
y con otra ciencia
en la mirada lanzada al mundo.

Y así, Lidia, junto al hogar, como estando,
dioses lares, allí en la eternidad,
como quien avía ropas
el otrora aviemos

en ese desasosiego que el descanso
trae a nuestras vidas cuando sólo pensamos
en lo que ya fuimos,
y es noche sobre Ceres.

Fernando Pessoa,Lisboa, 1888-1935
en Odas de Ricardo Reis, Colección la Cruz del Sur, Editorial Pre-textos, Valencia, 1998
Traducción de Ángel Campos Pámpano
imagen de Hermenigildo Sábat en Una interpretación gráfica de Fernando Pessoa, por Hermenegildo Sábat. Universidad de Quilmes. Buenos Aires, 2007.

21

Cada coisa a seu tempo tem seu tempo. 
Não florescem no inverno os arvoredos, 
Nem pela primavera 
Têm branco frio os campos. 

À noite, que entra, não pertence, Lídia, 
O mesmo ardor que o dia nos pedia. 
Com mais sossego amemos 
A nossa incerta vida. 

À lareira, cansados não da obra 
Mas porque a hora é a hora dos cansaços, 
Não puxemos a voz 
Acima de um segredo, 

E casuais, interrompidas, sejam 
Nossas palavras de reminiscência 
(Não para mais nos serve 
A negra ida do Sol) — 

Pouco a pouco o passado recordemos 
E as histórias contadas no passado 
Agora duas vezes 
Histórias, que nos falem 

Das flores que na nossa infância ida 
Com outra consciência nós colhíamos 
E sob uma outra espécie 
De olhar lançado ao mundo. 

E assim, Lídia, à lareira, como estando, 
Deuses lares, ali na eternidade, 
Como quem compõe roupas 
O outrora compúnhamos 

Nesse desassossego que o descanso 
Nos traz às vidas quando só pensamos 
Naquilo que já fomos, 
E há só noite lá fora. 

lunes, mayo 13, 2013

somos lo que apareció de él


***
Barro adentro

La Pampa entera es el vasto lecho de un mar
Adán Buenosayres

Dos metros bajo el agua
crece el monte.
No hay luz ni mirlos,
aquí la palabra está muerta
podrida con otros organismos.
Crece negro y baboso
el alambrado,
viene en aguas turbias
el desierto.

Somo lo que apareció de él
y rayamos el crepúsculo
con las uñas de los gauchos fósiles.
Nada se parece al encanto infantil de las horas,
yermo el cielo
faenada la carne de nuevas cautivas
la patria grande 
envenena.

***
Eso

Existió el tiempo
la sed, detrás del alambrado
la línea infinita
el sol horizontal de las siete
en los ojos.
Hubo Laura Ingalls
Sarah Kay
Heidi.

Cuando la pampa apaga su aro de sombra
las púas recogen
mechones de crin de caballo
ofrendas al viento
rasguños
eso que resta del ímpetu
de los que saltaron
fuera del llano.

Leticia Ressia, Pellegrini, Buenos Aires, 1979
de la selva oscura, Editorial Gráfica, Córdoba, 2012
imagen de Paul Klee, The Growth of the Night Plants, en Pinterest



miércoles, mayo 08, 2013

a solas con su sombra


Un loco

Es una tarde mustia y desabrida 
de un otoño sin frutos, en la tierra 
estéril y raída 
donde la sombra de un centauro yerra. 
Por un camino en la árida llanura, 
entre álamos marchitos, 
a solas con su sombra y su locura 
va el loco, hablando a gritos. 
Lejos se ven sombríos estepares, 
colinas con malezas y cambrones, 
y ruinas de viejos encinares, 
coronando los agrios serrijones. 
El loco vocifera 
a solas con su sombra y su quimera. 
Es horrible y grotesca su figura; 
flaco, sucio, maltrecho y mal rapado, 
ojos de calentura 
iluminan su rostro demacrado. 
Huye de la ciudad... Pobres maldades, 
misérrimas virtudes y quehaceres 
de chulos aburridos, y ruindades 
de ociosos mercaderes. 
Por los campos de Dios el loco avanza. 
Tras la tierra esquelética y sequiza 
rojo de herrumbre y pardo de ceniza
hay un sueño de lirio en lontananza. 
Huye de la ciudad. ¡El tedio urbano! 
¡carne triste y espíritu villano!
No fue por una trágica amargura 
esta alma errante desgajada y rota; 
purga un pecado ajeno: la cordura, 
la terrible cordura del idiota.


Antonio Machado, Sevilla, 1875- Collioure, 1939
en Antonio Machado, Obras Completas, Tomo I, Losada, Buenos Aires, 1997

imagen de Michal Macku©, Gellages, en Uno de los nuestros

martes, mayo 07, 2013

me mido a mí mismo contra un árbol



Seis paisajes significativos

I
Un anciano está sentado
a la sombra de un pino
en China.
Mira una espuela de caballero,
azul y blanca,
al borde de la sombra,
que se mece al viento.
Su barba se mece al viento.
El pino se mece al viento.
Así fluye el agua sobre malezas.

II
La noche es del color
de un brazo de mujer;
la noche, la hembra,
oscura,
fragante y flexible,
se oculta.
Una laguna brilla
como un brazalete
agitado en una danza.

III
Me mido a mí mismo
contra un alto árbol.
Descubro que soy mucho más alto,
pues alcanza con mi ojo
hasta el sol;
y alcanzo la orilla del mar
con mi oído.
No obstante, me disgusta
la manera cómo se arrastran las hormigas
dentro y fuera de mi sombra.

IV
Cuando mi sueño estaba cerca de la luna,
los blancos pliegues de su túnica
llenáronse de luz amarilla.
Las plantas de sus pies
tornáronse rojas.
Sus cabellos se llenaron
de ciertas azules cristalizaciones
provenientes de estrellas
no lejanas.
V
No todos los cuchillos de los postes de alumbrado,
ni los cinceles de las largas calles,
ni los mazos de las cúpulas
y altas torres,
pueden tallar
lo que una estrella puede tallar,
brillando a través de los pámpanos.

VI
Los racionalistas, usando cuadrados sombreros,
piensan, en cuadradas habitaciones,
mirando al piso,
mirando al techo.
Se limitan
a los triángulos rectángulos.
Si probaran romboides,
conos, líneas curvas, elipses como
por ejemplo, la elipse de la media luna-,
los racionalistas usarían sombreros.

Wallace Stevens, Reading, 1879- Hartford, 1955
En Wallace Stevens, Domingo a la mañana y otros poemas, traducción de Alberto Girri, Andrés Sánchez Robayna y Guillermo Sucre, Prólogo de Daniel Chirom, Centro Editor América Latina, Buenos Aires, 1988

lunes, mayo 06, 2013

debería verse


Las cosas no deberían ser tan duras

Una vida debería dejar
profundas huellas:
surcos en el sitio
en que ella salía y volvía
para buscar el correo
o mover la manguera
en el jardín;
donde solía
pararse ante el fregadero,
un lugar desgastado;
bajo su mano,
los tiradores de porcelana
frotados hasta convertirse
en pastillas blancas;
el interruptor que solía
buscar tanteando
a oscuras casi borrado.
Sus cosas tendrían 
que conservar sus marcas.
El paso de una vida
debería verse;
mostrar su erosión.
Y cuando la vida se interrumpe,
un cierto espacio
-por pequeño que sea-
tendría que exhibir las cicatrices
de ese tránsito
grandioso y dañino.
Las cosas no tendrían 
que ser tan duras.

Kay Ryan, California, 1945.
Versión de Mirta Rosenberg
en El paisaje interior, Bajo la luna poesía, Buenos Aires, 2012
imagen de Brooke Shaden©, en Uno de los nuestros

Things shouldn't be so hard

A life should leave
deep tracks:
ruts where she
went out and back
to get the mail
or move the hose
around the yard;
where she used to
stand before the sink,
a worn-out place;
beneath her hand
the china knobs
rubbed down to
white pastilles;
the switch she
used to feel for
in the dark
almost erased.
Her things should
keep her marks.
The passage
of a life should show;
it should abrade.
And when life stops,
a certain space—
however small —
should be left scarred
by the grand and
damaging parade.
Things shouldn’t
be so hard.

domingo, mayo 05, 2013

conocí a una camarera



Pensamientos de furgón de cola

Todo va a salir bien, ¿sabes?
El sol, los pájaros, la hierba —ellos saben.
Se las arreglan y nosotros nos arreglaremos.

Algunos días serán lluviosos y te sentarás a esperar
y la carta que esperas no vendrá,
y me sentaré, mirando el cielo precipitándose gris y más gris
y la carta que espero no vendrá.

Habrá ac-ci-dentes.
Sé que los ac-ci-dentes se acercan.
choques violentos, señales equivocadas, derrumbes, caballetes podridos,
Rojo y amarillo ac-ci-dentes.
Pero de algún modo y en algún lugar al final de la camino
el tren se une otra vez
y el furgón de cola y las luces verdes traseras
se inclinan hacia el lado correspondiente como una nueva esperanza pura.

Nunca oí a un ruiseñor en Kentucky
derramar su corazón en la mañana.

Nunca vi nieve en Chimborazo.
Es un gran sombrero mexicano blanco, me dijeron.

Nunca cené con Abe Lincoln.
ni compartí un plato de sopa con Jim Hill.

Pero he estado por allí.
Conozco a algunos muchachos aquí que pueden avanzar un poco.
Conozco chicas buenas para estimular en cualquier momento.

Oí  a Williams y Walker
antes de que Walker muriera en el manicomio.

Conocí a un músico que tocaba la mandolina
trabajaba en una barbería en un pueblo de Indiana,
Y él pensaba que tenía un millón de dólares.

Conocí a una camarera de hotel en Des Moines.
Ella me deseaba, yo la vi y me dije:
el sol sale y se pone en sus ojos.
Yo era su prometido y su corazón palpitaba.
Ganamos el dinero de un concurso de vals en un
          baile de Hermandad.
Ella me deseaba; era segura como el puente sobre el
           Mississippi en Burlington, me casé con ella.

El verano pasado partimos al oeste.
Pike’s Peak es una vieja piedra, créeme.
Está cerrada, algo con lo que puedes contar.

Todo va a salir bien, ¿sabes?
El sol, los pájaros, la hierba —ellos saben.
Se las arreglan y nosotros nos arreglaremos.

Carl Sandburg, Galesburg, 1878- Flat Rock, 1967
De Cornhuskers, 1918
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Jack Vettriano © , en Uno de los nuestros

Caboose Thoughts

It's going to come out all right—do you know?
The sun, the birds, the grass—they know.
They get along—and we’ll get along.

Some days will be rainy and you will sit waiting
And the letter you wait for won’t come,
And I will sit watching the sky tear off gray and gray
And the letter I wait for won’t come.

There will be ac-ci-dents.
I know ac-ci-dents are coming.
Smash-ups, signals wrong, washouts, trestles rotten,
Red and yellow ac-ci-dents.
But somehow and somewhere the end of the run
The train gets put together again
And the caboose and the green tail lights
Fade down the right of way like a new white hope.

I never heard a mockingbird in Kentucky
Spilling its heart in the morning.

I never saw the snow on Chimborazo.
It’s a high white Mexican hat, I hear.

I never had supper with Abe Lincoln.
Nor a dish of soup with Jim Hill.

But I’ve been around.
I know some of the boys here who can go a little.
I know girls good for a burst of speed any time.

I heard Williams and Walker
Before Walker died in the bughouse.

I knew a mandolin player
Working in a barber shop in an Indiana town,
And he thought he had a million dollars.

I knew a hotel girl in Des Moines.
She had eyes; I saw her and said to myself
The sun rises and the sun sets in her eyes.
I was her steady and her heart went pit-a-pat.
We took away the money for a prize waltz at a
          Brotherhood dance.
She had eyes; she was safe as the bridge over the
          Mississippi at Burlington; I married her.

Last summer we took the cushions going west.
Pike’s Peak is a big old stone, believe me.
It’s fastened down; something you can count on.

It’s going to come out all right—do you know?
The sun, the birds, the grass—they know.
They get along—and we’ll get along.
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