viernes, febrero 16, 2018

william shakespeare. monólogo del día de san crispín



Discurso de Enrique V en el día de San Crispín

Westmorland. ¡Oh, si hubiera aquí
aunque fuera diez mil de aquellos hombres de Inglaterra
que no trabajan ahora!

King. ¿Quién es el que así lo pide?
¿Mi primo Westmoreland? No, mi buen primo:
si hemos de morir, ya somos suficientes
para causar una pérdida a nuestra tierra; y si hemos de vivir,
cuantos menos hombres, mayor cuota de honor tendremos.
¡Sea la voluntad de Dios! Te ruego, no pidas ni un hombre más.
Por Júpiter,  que no codicio el oro,
ni me importa quién come a mi costa;
ni me angustia si los hombres usan mis ropas;
Esos asuntos externos no están en mis deseos:
pero si es pecado codiciar el honor,
soy la más pecadora de las almas vivientes.
No, ten fe, primo, no pidas un solo hombre de Inglaterra:
¡Por la paz de Dios! No perdería un honor tan grande
ya que creo que un solo hombre más repartiría conmigo
lo que más deseo. ¡Oh, no pidas uno más!
Anuncia, en cambio, Westmoreland, por toda la hueste,
que el que no tenga estómago para esta pelea,
se vaya; se expedirá su pasaporte
y se llenará su bolsa con coronas para viáticos:
No moriremos en compañía de ese hombre
que teme morir a nuestro lado.
Este día fue llamado 'fiesta de San Crispín':
Quien sobreviva a este día y vuelva a salvo a casa,
se pondrá de puntillas cuando se lo mencione,
y se despertará cuando escuche el nombre de San Crispín.
Quien sobreviva a este día, y se haga viejo,
cada año en la vigilia convidará a sus vecinos,
y dirá: “Mañana es San Crispín”.
Entonces se arremangará para mostrar sus cicatrices
y dirá, “Recibí estas heridas el día de San Crispín”.
Los viejos olvidan: y todo se olvidará,
pero él recordará –con provecho-
sus hazañas de ese día. Nuestros nombres,
familiares en sus labios como personajes famosos-
el rey Harry, Bedford y Exeter,
Warwick y Talbot, Salisbury y Gloucester,
serán recordados en copas rebosantes.
El hombre bueno contará esta historia a su hijo;
y Crispín Crispiniano nunca pasará,
desde hoy hasta que se acabe el mundo,
sin que en este seamos recordados-
pocos, pocos y felices, nosotros, una banda de hermanos;
porque aquel que hoy derrame su sangre conmigo
será mi hermano; aunque fuese vil,
en este día su condición se hará noble:
Y los caballeros que permanecen en su lecho en Inglaterra
se considerarán malditos por no haber estado aquí,
y su hombría será humillada cuando alguno 
que haya luchado con nosotros el día de San Crispín 
hable.


William Shakespeare, Stratford-Upon -Avon, 1564 - 1616
de Henry V
versión  ©Silvia Camerotto
Imagen de Sir John Gilbert, Morning of the Battle of Agincourt, 25th October 1415


St. Crispin's Day Speech

Westmorland. O that we now had here
But one ten thousand of those men in England
That do no work to-day!

King. What's he that wishes so?
My cousin, Westmorland? No, my fair cousin;
If we are mark'd to die, we are  enow
To do our country loss; and if to live,
The fewer men, the greater share of honour.
God's will! I pray thee, wish not one man more.
By  Jove, I am not covetous for gold,
Nor care I who doth feed upon my cost;
It yearns me not if men my garments wear;
Such outward things dwell not in my desires.
But if it be a sin to covet honour,
I am the most offending soul alive.
No, faith, my  coz, wish not a man from England.
God's peace! I would not lose so great an honour
As one man more methinks would share from me
For the best hope I have. O, do not wish one more!
Rather proclaim it, Westmorland, through my host,
That he which hath no stomach to this fight,
Let him depart; his passport shall be made,
And crowns for convoy put into his purse;
We would not die in that man's company
That fears his fellowship to die with us.
This day is call'd the feast of  Crispian.
He that outlives this day, and comes safe home,
Will stand a tip-toe when this day is nam'd,
And rouse him at the name of Crispian.
He that shall live this day, and see old age,
Will yearly on the vigil feast his neighbours,
And say "To-morrow is Saint Crispian."
Then will he strip his sleeve and show his scars,
And say "These wounds I had on Crispin's day."
Old men forget; yet all shall be forgot,
But he'll remember, with advantages,
What feats he did that day. Then shall our names,
Familiar in his mouth as household words—
Harry the King,  Bedford Exeter,
Warwick Salisbury Gloucester
Be in their flowing cups freshly rememb'red.
This story shall the good man teach his son;
And Crispin Crispian shall ne'er go by,
From this day to the ending of the world,
But we in it shall be rememberèd—
We few, we happy few, we band of brothers;
For he to-day that sheds his blood with me
Shall be my brother; be he ne'er so vile,
This day shall gentle his condition;
And gentlemen in England now a-bed
Shall think themselves accurs'd they were not here,
And hold their manhoods cheap whiles any speaks
That fought with us upon Saint Crispin's day.



miércoles, febrero 14, 2018

gregory corso. ecce homo



Ecce Homo (pintura de Theodoricus)

Dentro de las manos y los pies heridos
los fragmentos de heridas anteriores (casi curadas)
como negras almendras incrustadas
son respuesta suficiente:
los clavos atravesaron al hombre hasta Dios.
La corona de espinas (¡magnífica idea!)
y la herida en el costado (¡una atrocidad!)
sólo penetraron al hombre.
He visto muchas pinturas acerca de esto;
los mismos castigos,
objeto de prueba; ecce signum
el mismo rostro triste;
las he olvidado todas.
Oh, Theodoricus, juventud, ambigüedad, culpa mía; ¡pero también tuya!
¡Qué dolor! este
imposible de olvidar.

Gregory Corso, New York, 1930- Robbinsdale, 2001
de Gasoline, City Lights, San Francisco, 1958
Versión de Jonio González
imagen de Harold Chapman, Beat Hotel c. 1958

ECCE HOMO (painting by Theodoricus)

Inside the wounded hands and feet
the fragments of earlier wounds (almost healed)
like black almonds crusted
are answer enough--
the nails went thru the man to God.
The crown of thorns (a superb idea!)
and the sidewound (an atrocity!)
only penetrate the man.
I have seen many paintings of this;
the same inflictions,
subject of proof; ecce signum
the same sad face;
I have forgotten them all.
O Theodoricus, youth, vagueness, my fault; yet yours!
What a grief! this
impossible to forget.

lunes, febrero 12, 2018

robert bly. regreso a la soledad



Regreso a la soledad

Es una noche de viento, iluminada por la luna.
La luna expulsó a la Vía Láctea.
Las nubes sobreviven apenas, y el pasto aprovecha.
Es la hora del regreso.

Deseamos regresar, regresar al mar,
el mar de corredores solitarios,
y salones de noches salvajes,
explosiones de dolor,
sumergiéndose en el mar de la muerte,
como las estrellas de la Osa que gira.

¿Qué encontraremos de regreso?
Amigos cambiados, casas que se mudaron,
árboles, quizás, con hojas nuevas.

Robert Bly, Lac qui Parle, Minnesota, EE. UU., 1926
Silence in the Snowy Fields, ‘Eleven Poems of Solitude’, Weslyan University Press, Middletown, Conneticut, 1962
Versión ©Silvia Camerotto


Return to Solitude

 It is a moonlit, windy night.
The moon has pushed out the Milky Way.
Clouds are hardly alive, and the grass leaping.
It is the hour of return.

We want to go back, to return to the sea,
The sea of solitary corridors,
And halls of wild nights,
Explosions of grief,
Diving into the sea of death,
Like the stars of the wheeling bear.

What shall we find when we return?
Friends changed, houses moved,
Trees, perhaps, with new leaves.


domingo, febrero 11, 2018

billy collins. consuelo




Consuelo

Qué agradable es no estar de viaje por Italia este verano,
deambulando por sus ciudades y trepando sus horribles pueblos serranos.
Cuánto mejor es recorrer estas calles locales, familiares,
que captan por completo el significado de cada señal de tránsito y cartel publicitario
y todos los gestos presurosos de mis compatriotas.

No hay monasterios aquí, ni frescos derruidos o famosos
domos y no hay necesidad de memorizar la sucesión de
reyes o de recorrer los rincones de un calabozo que gotean.
Ni hay necesidad de quedarse cerca de un sarcófago, de ver la pequeña
cama de Napoleón en Elba, o de ver los huesos de algún santo bajo el vidrio.

Cuánto mejor es dominar el simple precinto del hogar
que empequeñecerse ante una columna, un arco y basílica.
¿Por qué esconder mi cabeza entre guías o mapas arrugados?
¿Por qué alimentar el escenario con hambre, cámaras de un solo lente
ansiosas por devorarse el mundo de a un monumento por vez?

En lugar de arrastrar los pies en un café sin saber la palabra para hielo,
me dirigiré a una cafetería y donde la moza se llama
Dot. Me deslizaré en el flujo del periódico de la
mañana, todas las barreras del lenguaje derribadas,
ríos de frases idiomáticas fluyendo libres, huevos vuelta y vuelta al paso.

Y después del desayuno, no tendré que encontrar a alguien
con ganas para sacarme una foto con mi brazo alrededor del dueño.
No me desconcertaré por la cuenta ni anotaré en mi diario
qué comí y cómo el sol entraba por mi ventana.
Será suficiente con subir al auto

como si fuera el gran auto del inglés mismo
y tocar mi aguda y vernácula bocina, acelerando
por una calle que nunca me llevará a Roma, ni siquiera a Bologna.

Billy Collins, Manhattan, 1941
Versión ©Silvia Camerotto
imagen de Giovanni Paolo Pannini

               
Consolation

How agreeable it is not to be touring Italy this summer,
wandering her cities and ascending her torrid hilltowns.
How much better to cruise these local, familiar streets,
fully grasping the meaning of every roadsign and billboard
and all the sudden hand gestures of my compatriots.

There are no abbeys here, no crumbling frescoes or famous
domes and there is no need to memorize a succession
of kings or tour the dripping corners of a dungeon.
No need to stand around a sarcophagus, see Napoleon's
little bed on Elba, or view the bones of a saint under glass.

How much better to command the simple precinct of home
than be dwarfed by pillar, arch, and basilica.
Why hide my head in phrase books and wrinkled maps?
Why feed scenery into a hungry, one-eyes camera
eager to eat the world one monument at a time?

Instead of slouching in a café ignorant of the word for ice,
I will head down to the coffee shop and the waitress
known as Dot. I will slide into the flow of the morning
paper, all language barriers down,
rivers of idiom running freely, eggs over easy on the way.

And after breakfast, I will not have to find someone
willing to photograph me with my arm around the owner.
I will not puzzle over the bill or record in a journal
what I had to eat and how the sun came in the window.
It is enough to climb back into the car

as if it were the great car of English itself
and sounding my loud vernacular horn, speed off
down a road that will never lead to Rome, not even Bologna.