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domingo, junio 30, 2013

walt whitman. grito en medio de la muchedumbre





42

Grito en medio de la muchedumbre,
y grito con la voz rotunda, arrolladora y terminante.
Oíd, hijos míos, 
hombres, mujeres, adolescentes,
familiares y amigos... oíd:

La canción va a llegar a su clímax,
ha pasado el preludio de las flautas
y de los acordes sencillos tocados con ágiles dedos...
Siento ya el retumbo precipitado del final,
gira mi cabeza,
la música trepida (no es música de órgano),
y hay gentes a mi alrededor que no son mis parientes.
Oíd todos:
Siempre la tierra dura,
siempre los que comen y los que beben,
siempre el sol que asciende y el sol que declina,
siempre el aire
y las mareas incesantes,
siempre yo y mi vecino amables, perversos... humanos,
siempre la vieja pregunta inexplicable,
siempre la espina en el dedo
y siempre los gritos de la congoja y del hambre.
Siempre el azuzante ¡hala, hala! hasta que descubrimos al taimado que se esconde y lo hacemos salir,
siempre el amor
y siempre el líquido sollozante de la vida... 
siempre el pañuelo sujetando la mandíbula del difunto
y siempre el túmulo de la muerte.

Por todas partes, ojos que buscan monedas en el suelo,
cerebros que se estrujan para alimentar la voracidad del vientre;
por todas partes, revendedores, hombres que toman boletos, que los compran y que los venden, y que ni una sola vez van a la fiesta;
por todas partes gentes que sudan,
gentes que aran,
gentes que trillan;
por todas partes la burla de una paga ruin...
y los ricos perezosos que reclaman el trigo sin cesar.

Ésta es la ciudad.
Y yo soy un ciudadano de la ciudad.
Y lo que interesa a los ciudadanos de la ciudad me interesa a mí:
la política,
la guerra,
el periódico,
el mercado,
las escuelas,
el alcalde y los concejos,
los bancos,
las tarifas,
las fábricas,
los vapores,
los bienes raíces
y los bienes mostrencos.

Ya sé quiénes son ésos:
Esos pequeños maniquíeo.s que se mueven a mi alrededor vestido de cuello y de levita, ya sé quiénes son.
No son pulgas ni gusanos.
Son réplicas mías.
El más débil y el más superficial es tan inmortal como yo.
Lo que yo hago y lo que yo digo es cosa suya también,
porque el mismo pensamiento que forcejea en mí,
forcejea en ellos.

Conozco muy bien mi propio egotismo,
conozco mis inclinaciones onmívoras
-no puedo escribir ni un verso menos-
y te buscaré a ti, quienquiera que seas,
que vas en la misma corriente que yo.

Esta canción no es rutinaria.
Está hecha para preguntar ásperamente,
para saltar hacia adelante
y traerlo todo más cerca:
aquí está el libro impreso  y encuadernado...
pero ¿dónde están el impresor y el aprendiz?
Aquí hay unas fotografías muy bien tomadas...
pero ¿y tu mujer y tu amigo están apretados y seguros en tus brazos?
Aquí está el barco gris, con clavos enormes de hierro,
y los cañones poderosos en las torrecillas blindadas...
pero ¿y el arrojo del capitán y de los maquinistas?
Aquí está la casa con el ajuar, la comida y el mobiliario...
pero
¿y el dueño y los invitados? ¿Dónde está las luz de sus miradas?
El cielo está allá arriba... pero ¿está aquí, en la casa
que sigue y en la casa de enfrente?
Los santos y los sabios están en la historia... pero ¿y tú?
¿Dónde estás tú?
Sermones, credos, teologías... pero ¿y el cerebro insondable del hombre?
Y ¿qué es la razón?
¿Qué es el amor?
¿Qué es la vida?


Walt Whitman, West Hills, condado de Suffolk, Nueva York, 1819 – Camden, Nueva Jersey, 1892
en Canto a mí mismo, Walt Whitman, Editorial Oceáno, 1948
Traducción de León Felipe
imagen de Walt Whitman en The Well-Tempered Ear

jueves, julio 26, 2012

walt whitman en versiones de jorge luis borges



81. Once I passed through a populous city

Pasé una vez por una populosa ciudad, estampando para futuro empleo
   en la mente sus espectáculos, su arquitectura, sus costumbres, sus tradiciones.
Pero ahora de toda esa ciudad me acuerdo sólo de una mujer que encontré
   casualmente, que me demoró por amor.
Día tras día y noche tras noche estuvimos juntos -todo lo demás hace
   tiempo que lo he olvidado.
Recuerdo, afirmo, sólo esa mujer que apasionadamente se apegó a mí.
Vagamos otra vez, nos queremos, nos separamos otra vez.
Otra vez me tiene de la mano, yo no debo irme.
Yo la veo cerca a mi lado con silenciosos labios, dolida y trémula.

82. When I read the book

Cuando leí el libro, la biografía famosa,
y esto es entonces (dije yo) lo que el escritor llama la vida de un hombre,
y así piensa escribir alguno de mí cuando yo esté muerto?
(Como si alguien pudiera saber algo sobre mi vida;
yo mismo suelo pensar que sé poco o nada sobre mi vida real.
Solo unas cuantas señas, unas cuantas borrosas claves e indicaciones
intento, para mi propia información, resolver aquí).

83. When I heard the learned astronomer

Cuando oí al docto astrónomo,
cuando me presentaron en columnas las pruebas, los guarismos,
cuando me señalaron los mapas y los diagramas, para medir, para dividir y sumar,
cuando desde mi asiento oí al docto astrónomo que disertaba con mucho aplauso
   en la cátedra,
qué pronto me sentí inexplicablemente aturdido y hastiado,
hasta que escurriéndome afuera me alejé solo
en el húmedo místico aire de la noche, y de tiempo en tiempo,
miré en silencio perfecto las estrellas.

Walt Whitman, Suffolk, 1819 - Camden, 1892
Traducción de Jorge Luis Borges,
de La vida literaria, N° 14, Buenos Aires, septiembre 1929
en Lyzandro Z. D. Galtier, La traducción literaria, Antología del poema traducido, Tomo II, Ediciones Culturales Argentinas, Buenos Aires, 1965
imagen Jeffrey Richter© , Last Song of the Broken Harp, en Uno de los nuestros 

miércoles, mayo 23, 2012

walt whitman. después de la cena y de la charla



Después de la cena y de la charla

Después de la cena y de la charla, cuando el día ha terminado,
Como un amigo de sus amigos prolonga la retirada final,
Adiós y Adiós repite con labios emocionados,
(Tan difícil para su mano soltarse de aquellas manos que no se volverán a encontrar,
No más comunión de dolor y alegría, de viejo y joven,
Un largo camino que se dilata lo espera, para no volver a regresar,)
Eludiendo, posponiendo la separación, intentando distraer la última palabra siempre tan  pequeña,
Aun en la puerta de salida volviéndose, superfluas culpas que regresan, aun mientras baja los escalones,
Algo para prolongar un minuto adicional, sombras del anochecer se profundizan,
Adioses, mensajes abreviándose, más borroso el rostro y  la forma del que parte,
Pronto a perderse para siempre en la oscuridad, reacio, ¡oh, tan reacio a partir!
Locuaz hasta el último momento.


Walt Whitman, West Hills, Nueva York, 1819 – Camden, Nueva Jersey, 1892
De Leaves of Grass, ‘Sands at Seventy’
Version © Silvia Camerotto
imagen Walt Whitman, Camden, 1891, de © Thomas Eakins

After the supper and talk

After the supper and talk-after the day is done,
As a friend from friends his final withdrawal prolonging,
Good-bye and Good-bye with emotional lips repeating,
(So hard for his hand to release those hands-no more will they meet,
No more for communion of sorrow and joy, of old and young,
A far-stretching journey awaits him, to return no more,)
Shunning, postponing severance-seeking to ward off the last word
   ever so little,
E'en at the exit-door turning-charges superfluous calling back-
   e'en as he descends the steps,
Something to eke out a minute additional-shadows of nightfall deepening,
Farewells, messages lessening-dimmer the forthgoer's visage and form,
Soon to be lost for aye in the darkness-loth, O so loth to depart!
Garrulous to the very last.

lunes, octubre 17, 2011

walt whitman. luego del fulgor del día


Luego del fulgor del día

Luego de que el fulgor del día se ha ido,
solo la oscura, oscura noche muestra a mis ojos las estrellas;
luego del estruendo del órgano majestuoso, o coro, o banda perfecta,
silenciosa, atravesando mi alma, se mueve la verdadera sinfonía.

Walt Whitman, West Hills, condado de Suffolk, Nueva York, 1819 – Camden, Nueva Jersey, 1892
de Hojas de hierba
versión © Silvia Camerotto
imagen Walt Whitman por © Thomas Eakins

After the dazzle of day

After the dazzle of day is gone,
only the dark, dark night shows to my eyes the stars;
after the clangor of organ majestic, or chorus, or perfect band,
silent, athwart my soul, moves the symphony true.

domingo, agosto 14, 2011

walt whitman. de la terrible duda de las apariencias



De la terrible duda de las apariencias


De la terrible duda de las apariencias,
de la incertidumbre después de todo, de que podríamos estar engañados,
de que tal vez confianza y esperanza no son más que especulaciones después de todo,
de que tal vez la identidad más allá de la tumba es una bella fábula no más,
tal vez las cosas que percibo, los animales, plantas, hombres, colinas, aguas brillantes y fluyentes,
los cielos del día y la noche, colores, densidades, formas, tal vez sean (como sin duda son) tan solo apariciones, y el algo real está aún por conocerse,
¡cuántas veces se lanzan fuera de sí mismas para confundirme y burlarse de mí!
Cuántas veces yo pienso que no sé, ni sabe ningún hombre, nada de ellas,)
tal vez pareciéndome lo que son (como sin duda sólo parecen en verdad)  como desde mi actual punto de vista, y podrían resultar (como resultarán por supuesto) nada de lo que aparentan, o nada de ninguna manera, desde puntos de vista enteramente distintos;
para mí estas cosas y las semejantes a ellas son curiosamente respondidas por mis amantes, mis queridos amigos,
cuando aquel a quien amo viaja conmigo o se sienta un largo rato aferrándome la mano,
cuando el aire sutil, lo impalpable, el sentido que palabras y razón no aferran, nos circunda y nos impregna,
entonces me cargo de inexpresada e inexpresable sabiduría, me mantengo callado, no requiero nada más,
no puedo responder a la pregunta de las apariencias o de la identidad más allá de la tumba,
sino que camino o me quedo sentado indiferente, estoy satisfecho,
el que aferra mi mano me ha satisfecho totalmente.

Walt Whitman, West Hills, condado de Suffolk, Nueva York, 1819 – Camden, Nueva Jersey, 1892
en Hojas de Hierba, Walt Whitman, Edición bilingüe, Introducción, traducción y glosario: Pablo Ingberg, Editorial Losada, Buenos Aires, 2008
imagen: Walt Whitman 

Of the terrible doubt of appearances

Of the terrible doubt of appearances,
Of the uncertainty after all, that we may be deluded,
That may-be reliance and hope are but speculations after all,
That may-be identity beyond the grave is a beautiful fable only,
May-be the things I perceive, the animals, plants, men, hills, shining and flowering waters,
the skies of day and night, colors, densities, forms, may-be these are (as doubtless they are) only apparitions, and the real something has yet to be known,
(How often they dart out of themselves as if to confound me and mock me!
How often I think neither I know, nor any man knows, aught of them,)
May-be seeming to me what they are (as doubtless they indeed but seem) as from my present point of view, and might prove (as of course they would) nought of what they appear, or nought anyhow, from entirely changed points of view;
To me these and the like of these are curiously answer’d by my lovers, my dear friends,
When he whom I love travels with me or sits a long while holding me by the hand,
When the subtle air, the impalpable, the sense that words and reason hold not, surround us and pervade us,
Then I am changed with untold and untellable wisdom, I am silent, I require nothing further,
I cannot answer the question of appearances or that of identity beyond the grave,
But I walk or sit indifferent, I am satisfied,
He ahold of my hand has completely satisfied me.