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Mostrando las entradas de abril, 2011

primeras y últimas razones

Olímpicas, 1

He de ser duro, Ganimedes, tú que te regocijabas
en la virilidad, así se cumpla tu deseo
He de ser duro y pactar
Mira los montes cubiertos de huesos y de hierba
Mira sonar el sonajero de las mil tentaciones
Y como has andado entre las piernas de los dioses
y sabes a cuánta miseria se entregan, a qué dividendos,
dirás cómo hacernos fuertes y despertar cuando los siglos
hayan hecho su trabajo de pulir y dispersar
Y si hemos descubierto el vellocino en los laboratorios
Y si son de Dios las matemáticas y qué tiene que ver Dios
con los reglamentos de tránsito


Olímpicas, 2

Prometeo liberado de sus cadenas
va con ellas
por la calle golpeando a los falsos ciegos,
a los inválidos,
a los menesterosos,
como si todos ellos
fueran mercaderes en el templo.
He ahí
dice Zeus,
el resultado
de condonar, compadecer, indultar
y, por así decirlo,
el resultado general de la piedad.

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949
Inéditos
Imagen: Christian Griepenkerl, 1839-1916 , maestro de Schiele. Promete…

ni aliviados ni libres

Los otros dos

Nos mudamos, por el verano, a una villa llena de ecos,
fría como el interior perlado de una concha.
Nos despertaban los cascos y cencerros de las cabras negras
de paso redoblado. Alrededor de nuestra cama, los muebles señoriales
se hundían en matices de luz verdemar y extraña.
Ni una hoja arrugada en el aire diáfano.
Soñábamos que éramos perfectos, y lo éramos.

Los muebles de patas de grifo y vetas oscuras
anclados contra las paredes desnudas y encaladas.
Tú y yo en un lugar que era para diez más—
en las habitaciones oscuras nuestros pasos se multiplicaban,
nuestras voces buscaban un sonido más profundo:
la larga mesa de nogal, las doce sillas
reflejando los intrincados gestos de otros dos.

Pesados como estatuas, con formas que no eran nuestras
representaban una pantomima en la madera pulida,
aquel cuarto sin ventanas ni puertas:
él levanta un brazo para acercarla, pero ella
rehúye el tacto: él es de hierro.
Al ver su frialdad, él aparta la mirada.
Ellos posan y suf…

un rumor de supersticiones

Comarca propia

Mi país es falso y sin techos cavando en la tierra como un perro
cavando en el cielo
cavando en el alma ¿para qué? En su rincón con la espuma de las moscas. ¡Estrellas! De noche es inútil encogerse como un feto.
No por eso deja de oírse el señorío famélico de los órganos y su súplica
¡aunque uno vuelva a aquellos días y a la negra circundada por el sudor de las flores del mundo
a aquellas caricias que hacían blasfemar de placer a los cocheros fúnebres!

Fundado en la corriente mi país desnudo hace con sus dientes y sus anzuelos un rumor de supersticiones bajo los plátanos
¡entonces una ola radiante como la siesta de la primera masturbación al pie del molino como el primer descubrimiento de un astro hembra entre los pliegues del sueño!
Y no me importa
llorar en su piedra país errante mío farsante
¿Por qué rechazaré tanto un cuerpo que quiero? ¿Por qué desearé tanto un cuerpo que abandono...? País cocodrilo perpetuo al acecho al sol en el bello fano
País droga
¡Partenón de…

empaparse herirse hundirse

otros verán el mar

otros verán el mar
la soledad del sueño
encenderán nuevos nombres
viajes felices al extremo de la mañana
otros tendrán secretos
olvido tolerancia
otra voz otras luces
un juego diferente
¿qué vida retendrás mientras tanto?
¿qué esperanza dirás todavía
en la calle o el bosque renacido?
¿en qué rostro o amor revivirás tu viaje?
otros tendrán la isla
conquistarán la inocencia
refundirán la noche la vigilia
el amo y el esclavo
entonces no habrá sido en vano
tanto descenso y tempestad y absurdo
tanto desprecio y lagos de sombra y brujas
tanto perdón y puerta sin llamado
entonces se amarán de nuevo de verdad
un hombre una mujer
al principio al fin del mundo
otros verán sin pausas
sin fronteras
inventarán el fuego y la confianza
¿qué día albergará tu nombre
en qué vena o qué metal
tendrá destino tu silencio?

de ni razón ni palabra

cuestión de tiempo

cuestión de tiempo quizás
de andar en trenes
de encontrar a la luz del sol
la guerra y la paz
el camino que lleva al hermano
al…

el eco de tu cuerpo

Buenos vientos

El amor nuestro fue una belleza incandescente, paseada
con dignidad entre sobresaltos y disculpas.

Lo nuestro creció de golpe, auspiciado por la buena voluntad
de algunos vientos, que no supieron si no alterar nuestros
caminos, unificar nuestras distancias, darnos una mano.

Fueron los únicos culpables de esta feroz batalla por
la aventura, recientemente concluida.

de Buenos vientos


La voz tomada

Cuando se quiebre la lengua del amor, nos quedará
todavía esta palabra ronca.
Cuando no pueda decir, volverá todavía a mi garganta
el eco de tu cuerpo.

de El músico en la máquina


Querer es poder

desnudos
ante la noche o la miseria

la mirada sangrante
hace la luz del día

de Entre dientes


El vuelo de la ansiedad

Redonda y gruesa: así es la cal
viva, la tenaz ansiedad,
la dura que supera
los bordes y algunos saltos locos
sobre el abismo, la que aguanta
en las mañanas ágiles
o en la humedad más alta
de la noche, así es el frío
tembloroso
que persevera y que corroe
las paredes del sigl…

it smells like victory

Para Javier Adúriz,
In memoriam


Qué extraña la literatura, no? Saca belleza o autoridad de las catástrofes... Javier Adúriz, 21 de noviembre 2008
No tengas miedo

Si pudiera entrar ahí un rato, al menos
un momento y entender tus chifles,
los ronquidos que hacen lo tuyo tan extraño...
Desde este lado no alcanzo a comprender.

Papá y mamá insisten, pero yo no quiero
irrumpir. Mirá, sólo para darte tranquilidad.
No hagas algo de lo que después te arrepientas.
Resoplá el día y la noche enteros si querés.

¿Sabés...? aquí tengo un par de manzana.
Voy a entornar la puerta y arrojarlas ahora
adentro. Nadie busca torcer sus decisiones.

Pero esto no es posible, querido, permanecer así
el resto de la vida. No tengas miedo, Gregorio,
la imaginación es buena compañera.


Un servidor de usted

Disculpe la intrusión, niño Javier, pero soy yo,
un servidor de usted, el mismo que hace tanto
no sube a la terraza. Usted lo sabe, niño,
que estoy a su mandado, desde aquella mañana
de su señor padre, que en paz desc…

espero el día de tu nombre

Juego de naipes

Todos teníamos adentro
el sol
la sombra

un sol distinto para cada uno
una sombra idéntica

todos teníamos razón
cartas que dar que recibir
la mesa no era grande
la casa era de todos.

de Señales de vida, 1960

Ya no te guardaré

Ya no te guardaré, se deshizo la música
donde me pareció que estabas.
Eran cristales rotos, o arena, no sé bien:
yo pisé y comprendí.

Comprendí con asombro que el tiempo se estiraba
desesperado y sin sentido
y que yo no era nadie
excepto el que te amó.

Eran cristales rotos, piedras o desventuras,
eran cuerpos enormes o cenizas, no sé.
Yo pisé y comprendí.

de Señales de vida, 1950

Virelai

Yo confío en que un rostro
entre los silbidos del tiempo
llegará a ser el tuyo.

Yo espero
en el borde de una tormenta
el día de tu nombre.

Yo quiero atravesar
este recuerdo sin imagen
entre el lejano rodar
de las piedras mudas del sol.

Yo me desasiré de la magia
para volverme y descubrirte
detrás de la desierta construcción
de las sombras del día.

Ya no seré cobarde

como el enfermo crónico

Retrato de hombre enfermo

Éste que ven aquí pintado a la sanguina y en negro
y ocupa enteramente el espacioso cuadro
soy yo cuando tenía cuarenta y nueve años, envuelto
en una bata amplia que cubre la mitad de las manos

como si fuesen flores, no deja ver si el cuerpo
está sentado o acostado: como el enfermo crónico
que es puesto ante ventanas donde se enmarca el día,
un día más otorgado a los ojos que se fatigan pronto.

Si pregunto al artista, mi hijo quinceañero,
a quién quiso pintar, me dice de inmediato:
"a uno de esos poetas chinos que tú me hiciste
leer, mientras mira hacia afuera, en sus horas finales".

Es verdad, recuerdo ahora haberle regalado ese libro
que alegra el corazón de riberas celestes
y pardas hojas otoñales; en él sabios, o falsos sabios, poetas
graciosamente dejan la vida levantando la copa.

Y yo, perteneciente a un siglo que cree
no mentir, me reconozco en aquel hombre enfermo
mintiéndome a mí mismo y de él escribo
para exorcizar un mal en el que creo y …

tú, criatura sana

La niña que yo fui me mira

A ti sola, entre tantas que yo he sido,
a ti sola no te recuerdo tal como apareces
en esta remota imagen de mí misma.
¿Así era yo? Aún no te mirabas en espejos,
no podía saber si te me asemejabas.
Y ahora se encuentran nuestras miradas.
Qué sería eres, pequeña, qué abstraída,
parece como si verdaderamente vieses
a esa que soy ahora,
y en centelleante presciencia vivieras
íntegros los setenta años que te esperaban,
largos años locos y graves;
hay en el óvalo dulce de tu rostro
como un leve, oh leve, hálito de temor,
tú, criatura sana, amada, armoniosa,
tan recatada en tu actitud,
manecitas anudadas sobre el regazo,
valerosa pequeña que yo he sido
en la remota edad que no recuerdo,
mas dime ahora, ¿durante cuánto tiempo
todavía será necesario tener valor, dímelo,
tú que tan fijamente con la luz de los ojos pensativos
me miras y me miras y me miras?

de Luci della mía sera

Tantos años y tantos

Es agosto, es mediodía, altos prados en torno,
yo cumplo tantos años y…

clamor de destrucción

Al abrir los ojos

Al abrir los ojos
espera la gran jornada de fatiga
y con la fatiga la seducción de los milagros
allí la luz de los leones ante las bocas que amenazan pronunciar palabras inútiles

Retroceden dos pasos
los pájaros anidan en las heridas
oh materia del dolor clasificada en pequeñas cajas portátiles
llevadas de aquí para allá
con sonrisas y aires fingidos
los noctámbulos penetran en las jaulas
pronunciando palabras ardientes

Al abrir los ojos
la multitud deslumbrada acude a presenciar la persecución
los que salen y los que entran, el judío errante y el emperador destronado y la bella Magdalena
con su humilde manjar de culpa, su tristeza erótica y su roto marfil
corren tras las estatuas sonrientes, las cosas en movimiento descifran su candor

Al abrir los ojos
el verdor se adelanta, el viajero impaciente abandona a su compañera sonámbula
el viento asoma su rostro expectante y una mano que se agita
aclara la rabia del humo

Al abrir los ojos
una atmósfera con corona de incend…

soy más bien

Quién

¿Quién caerá primero?
¿Quién estará solo
primero?
¿Quién
se resistirá inútilmente
al cielo que avanza?

Uno

Decirte
que soy 1 más
dentro del NO mundo.

Decirte
idiomas con espinas bajo las uñas.

Decirte
nada
para tu algo casi nada.


Habitante de la nada

Vivo entre piedras,
su forma se me parece.
¿Yo soy una piedra,
un juguete en la tumba de un niño,
una medalla ennegrecida?
Soy más bien un espejo gastado,
una superficie que no refleja,
un rostro impar,
un día que termina.


Susana Thénon, Buenos Aires, 1935-1991
en La morada imposible, Susana Thénon, Tomos 1 y 2, edición a cargo de A. M. Barrenechea y M. Negroni, Editorial Corregidor, Buenos Aires, 2004
imagen: s/d

las flores crecen insignificantes

Tumbas

Soñé con un hombre enfrentado a miles,
Un hombre condenado por tonto y obcecado.
Año tras año caminaba por las calles,
Y se cruzaba con miles de encogidas
De hombros y abucheos.

Murió solo
Y nada más el funebrero fue a su funeral.

En su tumba, las flores crecen insignificantes al viento,
Y también en las tumbas de los otros mil,
Las flores crecen insignificantes al viento.

Flores y viento,
Flores insignificantes en las tumbas de los muertos,
Pétalos rojos, hojas amarillas, pinceladas blancas,
Masas púrpura declinando…
Las amo y a su enorme modo de olvidar.


Carl Sandburg, Illinois, 1878- 1967
Versión de © Silvia Camerotto
De “The road and the end", en Carl Sandburg, Selected Poems, Gramercy Books, New York, 1992
imagen: s/d

Graves

I dreamed one man stood against a thousand,
One man damned as a wrongheaded fool.
One year and another he walked the streets,
And a thousand shrugs and hoots
Met him in the shoulders and mouths he passed.

He died alone
And only the undertaker c…

ya sabéis que hubo hierro

22 de junio

(Para los poetas de la rosa y la mariposa)
Ellos también, poetas, defienden nuestros sueños.
¿No es acaso la poesía visión en que esta fiebre de formas que es la vida
ilumina de pronto las todavía trémulas y tiernas figuras del nacer?

¿Pensáis que una lívida muerte de hierro sobre el sueño
os podrá permitir decir la rosa, decir el vuelo de la mariposa?
Por éstas también se dice el amor a los otros,
y la muerte lívida estará atenta a las más frágiles palabras de amor
para romperlas algunas veces sobre los mismos delicados labios que apenas las murmuran.

Ya sabéis que hubo hogueras, ya sabéis que hubo hierro,
para los que solo fueron una débil brisa entre las cañas
o un tenue hilo de flauta casi perdido en sí mismo.
Es que la brisa y la flauta suspiraban por un mundo que se creía perdido
lo llamaban en la noche a un alba que se pensaba descendería de las estrellas.

La poesía fue nostalgia, mis amigos,
de la comunión que ahora sabemos cómo florecerá.
A pesar de ella misma fue…

una frase de perdón

XXX

Asomaba a sus ojos una lágrima,
y a mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y se enjugó su llanto,
y la frase en mis labios expiró.

Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿por qué callé aquel día?
Y ella dirá: ¿por qué no lloré yo?

Gustavo Adolfo Bécquer, Sevilla, 1836 – Madrid, 1870
en Gustavo Adolfo Bécquer, Rimas, Editorial Castalia, 1993
imagen de Jiri Ruzek© – Relax, en Uno de los nuestros

hacia mares en sordina

Camino

Un cigarro en el vacío

A lo largo del camino
He deshojado mis dedos

Y jamás mirar atrás

Mi cabellera
Y el humo de esta pipa

Aquella luz me conducía
Todos los pájaros son alas
En mis hombros cantaron

Pero mi corazón fatigado
Murió en el último nido

Llueve sobre el camino
Y voy buscando el sitio
donde mis lágrimas han caído.



Llueve

Todo oscuro bajo la lluvia electrizada

La casa
junto al mar vacío

Y entre los hilos de agua
Se sostiene un nido

Donde me he ocultado

Sea yo un astro quebrantado
O bien una luciérnaga
Hay mariposas en mi pecho
Y sobre la canción que asciende
Una luz coloniza los desiertos

Esta alondra de nieve se me muerte

Un Día Partiremos

Los barcos hacia mares en sordina
Mi estrella hacia la yerba viva

Acaso esta obscuridad
viene del armario

En Donde Me He Ocultado

El patio y la vida llenos de musgos
Del sexto piso
desciende el ascensor mejor que un buzo.

Vicente Huidobro, Chile, 1893- 1948
Imagen:Eric White© - “Untitled (Jason´s Paiting)” en Uno de los nuestros