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a los cuatro años lo sabemos


1

Esa tarde llorabas por un caramelo
pero todos sabíamos que no era por eso.

Esa tarde llorabas seriamente
como un hombre llora un desengaño:
con impotencia, con contradicción.

Y el agua de tus ojos se enfriaba
mientras nos mirabas en silencio.

Esa tarde nombrabas los ausentes
mientras armabas un rompecabezas

y recibías la urgencia del abrazo
de las tías que venían desde lejos.

Esa tarde, Emma, me di cuenta,
de que el amor nunca tiene la forma
que alguna vez llegamos a pensar:

a los cuatro años lo sabemos.

El amor
nos hace correr emputecidos
alrededor de la mesa del festejo

y enojarnos

y tirar del pelo del hermano
y vigilar el ceño de los padres
y decir mentiras
necesarias.

“Cuando uno quiere a alguien
es porque lo quiere”
dijiste sentada sobre el piso
mientras pintabas tu princesa de madera.

Tu amor ya está hecho de palabras
pero solamente algunas
se revelan.

Las palabras, sin embargo,
no alcanzan para ponerte a salvo.
Entonces te llevan a dormir la siesta.

Todos los días, Emma,
hay que dormir para acallar
los fuegos
de todas las formas imposibles
que el amor asume a nuestros ojos

y también de aquellas
que no vemos.


Carina Sedevich, Santa Fe, 1972 (reside en Villa María, Córdoba)
de Incombustible, inédito
imagen de Dani Torrent© – Polillas, en Uno de los nuestros

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