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la evasiva memoria

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apuntes para una reencarnación (selección)

Por el espejo de irte quedando dormida el largo día pasa, pasa un río, pasa el agua de ese río, muchos ríos pasan, noche que llega por la ventana entrecerrada, que no oscurece el agua, pasa, pasa el recuento de lugares en espera, siempre, de lo mismo, el desenlace súbito del espectáculo del día en que llegaste a ser casi todas las cosas.

Escribir palabras que lleguen a ser los desprevenidos años preadolescentes. Horas a eso del atardecer, repentinas (nadie contaba con ellas), la nube que acaba de llegar a la página, ya a punto de ausencia, la misma urgencia que la hizo entrar en la pieza la hace ahora desvanecerse, nube con una llovizna dentro, ¿y por qué tan callados en algunos lugares de la tarde, en medio de una conversación de golpe interrumpida, chaparrón de la memoria en mitad del verso, hiato blando del corazón de la sandía partido en dos como el para siempre enrojecido corazón del ocaso, pulpa de esa memoria abriéndose paso entre personas que nunca vieron llover?
Lo presenta como el ahogado que deriva hacia la costa. Una vez vuelto del mar de esas nubes éstas lo orientan hacia la playa, reconoce la arena donde podrá encontrar reposo.
Como si fuera él esa costa.

Y luego (¿antes, antes de eso?), la puerta abierta y cerrada de ese mismo sueño.
y luego (¿antes? ¿cuándo antes?), unas líneas. Estas líneas, la evasiva memoria.

de Arnaldo Calveyra, Poesía Reunida, Buenos Aires, Editorial Adriana Hidalgo, 2008.

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