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martes, septiembre 18, 2012

eeva-liisa manner. no conozco el ser de las cosas y otros poemas




No conozco el ser de las cosas, sí sus cualidades

No conozco el ser de las cosas, sí sus cualidades.
Conozco tu ser, no tus cualidades.
¿Por qué esta infinita intriga y capricho?
¿decir cosas frías abrasadoramente? ¿cosas abrasadoras, fríamente?
Cuadratura del círculo, qué multitud de aristas,
y volver a empezar desde el principio: escribir con niebla.
Mira lo que hace en el espejo la mano que escribe:
lo hace todo al revés.


Nada

“No se puede vivir sin amar.”
“Sí, se puede”, dije
y me vestí de negro
para el último baile de disfraces.

Y tenía la boca llena de polvo
como si se me hubiese secado de tanto llorar
(ahora no había llorado en cincuenta años).

No quiero vuestro cielo, compañeros,
las mendaces promesas, los falsos amigos,
las calles de besos,
las mentiras de espejos huidizos.
Quiero romper el último sello,
la luna que no da luz,
la noche en la que no brilla nada.


Cuando leo, alguien piensa por mí

Cuando leo, alguien piensa por mí.
Cuando escribo, mi mano piensa por mí.
Cuando duermo no pregunto ¿existo?
Existo y sé que no soy libre,
no puedo engañarme: estoy en un sueño.


Eeva-Liisa Manner, Helsinski, 1921-1995
Poesía Nórdica. Antología, por Francisco J. Uriz, Ediciones de la Torre. Biblioteca Nórdica
Imagen de Daria Endresen© – “Protection”, en Uno de los nuestros


domingo, agosto 19, 2012

sirkka turkka. cuando los pensamientos son lencería


***

Cuando los pensamientos son lencería,
apilados en los estantes, ordenados, alineados
como las copas de champán y ponche,
la grabada plata deslustrada y el viejo oro liso.
Y llega el invierno, comandante en jefe Ulysses Simpson Grant,
el rey Lear, su barba blanca.
El lago se vislumbra entre los árboles, en el lago
una perca rayada, tigre ártico.
Entre el bosque se vislumbra la tierra, cuya cuna
es de alto pino tambaleante.
Del cual no podemos soltar los ojos,
del cual nos levantamos,
al cual nos abismamos, cuando los pensamientos
están apilados, ordenados,
apinados, cuando son de puro
pino, de su raíz.
Cuando duerme el pez.
Entra en otro mundo y cierra los ojos.
Aquí no florece el liquen, así es su color de advertencia.
Y cuando matan a la hembra de un tiro, quedan las crías.
Aquí la sangre está parada, encantada,
con un truco de magia meten el corazón bajo la piedra
y lo sacan.
Aquí empujan el corazón hasta al pecho de la perca.
Oh qué alegría, cuando a la pena sigue la pena.
Cuando el invierno siempre está llegando y yendo
como la marcha de Rákóczy,
como el Lear, su barba blanca,
una tragedia verdadera, el otoño es su materia.
Uno lo sabe con los ojos cerrados: el invierno llega tras el invierno,
como la pena llega tras la pena, el verano allí en el medio
como un tumor maligno, que rompe la arquitectura del bosque:
tantas hojas y no se ven los árboles.
Y no llega el verano, la enfermedad, sin el invierno, el rey agujereado,
el comandante en jefe de la aurora boreal, no sin la barba congelada.
Donde nosotros, la tribu de gallinetas de agua, estamos condenados a vagar,
donde nosotros, las estrellas, estamos condenadas a centellear.
Donde la perca se hunde hasta el fondo,
cierra los ojos y se queda mirando.


Sirkka Turkka, Finlandia, 1939 

Traducción de  Aida Presilla Straus
en Poesía Nórdica,  Antología deFrancisco J. Uriz,  Ediciones de la Torre - Biblioteca Nórdica-, Madrid, 1995
imagen de Andreea Anghel©, en Uno de los nuestros