domingo, septiembre 29, 2013

gillian clarke. frontera





Frontera

Se desmorona
donde la tierra olvida su nombre
y soy extranjera en mi propio país.
Páramo, pastura, sembradíos
arrancados de la colina
cercana a una granja quebrada

La exactitud de la palabra
se escapa de las lenguas de los niños.
Los santos se desvanecen en las parroquias.
Los campos se mezclan entre la marca
de cerco y la nueva carretera.
La historia se olvida a de sí misma.

En el garaje son educados.
“Lo sentimos, querida, nada de Galés”.
En la tienda me sopapean
con un duro “¿Qué?”
Vinieron por la belleza
pero no pudieron escucharla decir.

Gillian Clarke, Cardiff, 1937
En Modern Women Poets, compilado por Deryn Rees-Jones, Companion Anthology, Bloodaxe Books, Northumberland, 2005
Versión ©Silvia Camerotto



Traducción

después de traducir del galés, en especial, una novela de Kate Roberts

Tu mano en la mano de ella —nunca has estado
tan cerca de una mujer desde que la belleza de tu madre
en la puerta de la escuela te quitó el aliento,
desde que tu mejor amiga y vos se tomaron las manos pegajosas y calientes,
desde que vos, colegiala huésped en la casa de un minero,
dos arriba y dos abajo, demasiado pequeña para habitaciones
o camas de huéspedes, compartidas con dos hermanas,
riendo en la oscuridad, corazones calientes por charlas sobre chicos.

Extiendes el texto. Ella te alcanza una fruta.
La  rompes, comes, sabés exactamente cómo
sostener su peso de terciopelo, cómo morder, saborear
hasta el último trozo dorado. Pero estás perdida por las palabras,
no puedes pensar en eirin en inglés — está en la punta de  —
Pero el gato te comió la lengua, lamiendo jugo de durazno
de tu mano con su áspera langue de chat,
tafod cath, la aspereza de la pérdida.

1998

Gillian Clarke, Cardiff, 1937
En Modern Women Poets, compilado por Deryn Rees-Jones, Companion Anthology, Bloodaxe Books, Northumberland, 2005
Versión ©Silvia Camerotto

Border

It crumbles
where the land forgets its name
and I’m foreign in my own country.
Fallow, pasture, ploughland
ripped from the hill
beside a broken farm.

The word’s exactness
slips from children’s tongues.
Saints fade in the parishes.
Fields blur between the scar
of hedgerow and new road.
History forgets itself.

At the garage they’re polite
“Sorry love, no Welsh.”
At the shop I am slapped
by her hard “What!”
They came for the beauty
but could not hear it speak.

Translation

after translating from Welsh, particularly a novel by Kate Roberts

Your hand on her hand –you've never been
this close to a woman since your mother's beauty
at the school gate took your breath away,
since you held hot sticky hands with your best friend,
since you, schoolgirl guest in a miner's house,
two up, two down, too small for guest rooms
or guest beds, shared with two sisters,
giggling in the dark, hearts hot with boy-talk.

You spread the script. She hands you a fruit.
You break it, eat, know exactly how
to hold its velvet weight, to bite, to taste it
to the last gold shred. But you're lost for words,
can't think of the English for eirin - it's on the tip of your -
But the cat ate your tongue, licking peach juice
from your palm with its rough langue de chat
tafod cath, the rasp of loss.

1998

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