viernes, marzo 26, 2010

esta suerte neutral, indeclinable



La separación

Sobrevive a lo que la necesidad desgarra,
siente un impávido, irreal eclipse,
compartir bajo soles distintos el mensaje
de los amantes fieles, juntos por habernos separado,
y recuerda que fuera de las ideas y la experiencia
dio sus frutos la imaginación que nos tuvo sometidos.
Sabremos así con certidumbre insólita
que sólo considerándonos libres en nuestro apego
se puede conservar el mandato que tuvimos,
y antes que lamentear las disipadas fuerzas,
antes que el enronquecido tiempo de la espera
vuelva aún más lentamente o acabe deteniéndonos,
yo olvidaré sin odio las malgastadas estaciones
dejando vivir en esta suerte neutral, indeclinable,
la procaz esperanza de descubrir en el amor cumplido
un perfecto, glacial conocimiento de mí mismo.

El engañado

Cuando el encelado amante,
tras la seducción, los ruegos
y promesas dulcemente patéticas,
afronta por vez primera la victoria,
cree buscar el absoluto
y no advierte cómo se despoja de la gracia
en la irreemplazable, grave cópula.

Ni siquiera la duración del momento
es cosa que recuerde bien,
porque su memoria sólo guarda con cuidado
lo que él es y acepta en el impulso.
Primero, un ansioso, falso apremio
desafiando al tiempo mortal,
a la pesadilla vergonzosa del futuro;
después de la inacción triste y absorta,
algo como un resentimiento
hacia los afortunados que esquivaron el engaño,
un darse cuenta que el salir de sí mismo
para verse vivir en otro rostro
no es comunión, es desunión,
es abandonar en mezcla insípida
lo distinto que persiste en cada cual.
Y al terminar la pugna,
devorada ya la imitación que busca,
vuelve a estar en el sitio de partida,
y solo.

de El tiempo que destruye, 1950
en Alberto Girri, Obra Poética I, Corregidor, Buenos Aires, 1977
imagen: Marco Rea© , Biancobulo, en Uno de los nuestros

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