domingo, junio 28, 2009

quiero decir


2.

Es buena esta ciudad. Podrías amarla. Cuando
el tictac de la ortografía, el trabajo incesante en la inflexión,
te permite respirar, la mirás. Lo saben tus vecinos:
salís al balcón en paños menores y mirás el perfil industrial
de la vereda de enfrente, orlado por fresnos secos,
el polvo aceitoso pegado a los flancos de la estrategia.

Mapas mohosos en los revoques de este mundo de tres lados.
Euclides derrotado.
El blanco mediterráneo,
al fin, con la historia que tan bien conocés; quiero decir,
los edificios de los 60 ahora antiguos, viran todos al pardo,
al color gastado de las mismas palabras, frases sobre frases
en los talleres mecánicos,
en la arquitectura demolida,
en los huecos zaguanes que dan a los fragmentos:
sonidos fantasmales. Sabemos adonde van los muertos,
pero ¿adónde van las voces?

Esta ciudad no deja de hacer ruido,
es el sonido
el que muele el pavimento.

Jorge R. Aulicino, Buenos Aires 1949.
De Cierta dureza en la sintaxis, Amadeo Mandarino, Buenos Aires, 2008

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