sábado, junio 20, 2009

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Las trabajosas migraciones, no el malón

7
No te traiciones, no dejes de hacer lo que dijiste.
Allí está el camino que lleva a los oficios
aprendidos hace mucho, te agachabas y te saltaban;
se agachaban y saltabas sobre ellos.
Supuraste, sangraste por un corte ínfimo, sin dolor.
Aludiste al cóndor con el macabro juego de asociaciones.
Pero si era eso. Lanzarote el que aprendió a matar erinias.
Allá estaba la cordillera, y allá fuiste, entre viento y roca,

y cuando estabas perdido no supiste aprender nada.
Pero qué linda lejanía, aun cuando cada hora y tanto
pasaran un auto o dos, un camión petrolero.

15
¡Ah, orante! ¿Qué rezos? El jilguero abandonó su trono
en el árbol de trozadas ramas. Fondo de paredones
y de claraboyas industriales, donde, lo ves, también
perduran escorzos de tejados y plantas antiguas.

Todo lo que existía antes de tu nacimiento era
arcano: asimismo esas plantas, quinotos, nísperos,
el panal que escande los iluminados alejandrinos.

Recordarás a la abuela si silencio de peñas
invade esta furia que no produce nada. Malas
noches, muchos cigarrillos, tontas discusiones
sobre la trivialidad y la patria.

También la patria, Borges, carajo. El puente,
el olor de otros rellanos, de pasillos; oscura
tozudez de los días, taciturna decisión de Borbones,
de primeros ministros, de Corte y bodegón.

Días de lejía y gato acurrucado. Sinrazón de proseguir.
Pues están, fugitivos, días aplazados: mantener
la construcción del pasado, lo que debe hacerse;
el nivel de embutidos, café con coñac, el gesto.

46
"Evitad la prensa. En el gas de las tormentas
escribid.
"Marciales, honrosos, venid a por la paga
con vuestro cráneo en la mano.
"No sois nada, nadie.
"Debéis no serlo.
"Esta es la voz del estadio inundado.
"Aquí alzáis el trofeo, fantasmas,
y la porcelana de vuestros dientes,
la ajustada sincronización de vuestros organismos,
esa repetida maravilla,
fue un don que debía extinguirse.
"Lo usasteis en el amartillar de los máuser
y en el ágil desplazamiento por zanjas
y campos roturados por los morteros.
"Esta es, aunque no parezca, la gloria del soldado.
"No la ebanistería de los ministerios
ni las salvas entre lápidas y vuelo de tordos."

Esas luces allá, detrás del humo aquel,
¿son la ciudad?
¿Éste es el Velódromo, aquél
el tanque de gas;
éste, el distribuidor de la autopista?

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1949.
fuente: Cierta dureza en la sintáxis, Amadeo Mandarino, 2008.
imagen: Salvador Dalí, Critical study

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