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cazadores de ballenas



De Políticas y Arte

Para Allen

Aquí, en el punto más alejado de la península
la tormenta de invierno
que viene del Atlántico sacudió la escuela.
La Sra. Whitimore, estaba muriendo
de tuberculosis, dijo que sería después de la noche
antes de la barredora de nieve y de que el ómnibus llegara.

Nos leyó a Melville.

De cómo en un instante calamitoso
de la pesca marítima
algunos hombres en un bote se encontraron de repente
en el quieto y resguardado centro
de una gran manada de ballenas
donde todas las hembras nadaban a los lados
protegiendo allí a las crías. Los fríos balleneros, aterrados
miraban fijamente lo que suponían
era el extático lapidario estanque del ojo observador
de una hembra protectora.
Y estaban en paz consigo mismos.

Hoy escuché a una mujer decir
que podrían enseñar
Melville en la próxima década. Otra mujer preguntó: ‘¿Y por qué no?’
La primera respondió, ‘Porque no hay
Mujeres en su novela’.

Y la Sra. Whitimore estaba leyendo ahora de los Salmos.
Tosiendo en su pañuelo. Nieve sobre las ventanas.
Había una luz azul en su cara, pechos, y brazos.
A veces toda una civilización puede morir
pacíficamente en una sola mujer, joven, en un aula calefaccionada
con treinta niños
cautivados, confiados y escuchando la voz pura
de la tormenta hablar por Dios.

Norman Dubie, Vermont, 1945
Versión © Silvia Camerotto

Of Politics & Art

for Allen


Here, on the farthest point of the peninsula
The winter storm
Off the Atlantic shook the schoolhouse.
Mrs. Whitimore, dying
Of tuberculosis, said it would be after dark
Before the snowplow and bus would reach us.

She read to us from Melville.

How in an almost calamitous moment
Of sea hunting
Some men in an open boat suddenly found themselves
At the still and protected center
Of a great herd of whales
Where all the females floated on their sides
While their young nursed there. The cold frightened whalers
Just stared into what they allowed
Was the ecstatic lapidary pond of a nursing cow's
One visible eyeball.
And they were at peace with themselves.

Today I listened to a woman say
That Melville might
Be taught in the next decade. Another woman asked, "And why not?"
The first responded, "Because there are
No women in his one novel."

And Mrs. Whitimore was now reading from the Psalms.
Coughing into her handkerchief. Snow above the windows.
There was a blue light on her face, breasts, and arms.
Sometimes a whole civilization can be dying
Peacefully in one young woman, in a small heated room
With thirty children
Rapt, confident and listening to the pure
God-rendering voice of a storm.

Comentarios

Anónimo dijo…
qué bello,
abrazo: Yamana

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