miércoles, noviembre 04, 2015

elizabeth bishop. invitación a la señorita marianne moore




Invitación a la Señorita Marianne Moore

Desde Brooklyn, sobre el puente de Brooklyn, en esta bella mañana,
por favor, venga volando.
En una nube de químicos de blanco intenso,
por favor, venga volando,
al súbito repique de pequeños tambores azules
que descienden desde el cielo aborregado
sobre la brillante grada de agua del muelle,
por favor, venga volando.

Silbidos, banderines y humo están volando. Los barcos
hacen señales cordiales con multitud de banderas
que suben y bajan como pájaros por todo el muelle.
Entra: dos ríos cargan con elegancia
incontables medusas transparentes
en fruteras de cristal tallado arrastradas por cadenas de plata.
El vuelo es seguro; el clima ha sido arreglado.
Las olas se hacen versos en esta bella mañana.
Por favor, venga volando.

Venga y deje con  la punta de su zapato negro
una marca de zafiro,
con una negra capa de alas de mariposa y agudezas,
con sabrá el cielo cuántos ángeles, todos montados
en la negra ala ancha de su sombrero,
por favor, venga volando.

Cargando un ábaco musical inaudible,
un discreto ceño fruncido, y cintas azules,
por favor, venga volando.
Hechos y rascacielos destellan en la marea; Manhattan
está inundada de moralejas en esta bella mañana,
así que, por favor, venga volando.

Remontando el cielo con natural heroísmo,
por encima de los accidentes, de las películas malignas,
los taxis e injusticias en general,
mientras las bocinas resuenan en sus bellos oídos
que simultáneamente escuchan
una suave música no inventada, perfecta para el ciervo almizclero,
por favor, venga volando.

Con quien los sombríos museos se comportarán
como un pergolero en cortejo,
a quien los agradables leones esperan
en los escalones de la Biblioteca Pública,
listos para levantarse y seguir las puertas
hasta las salas de lectura,
por favor, venga volando.
Podemos sentarnos y llorar; podemos ir de compras,
o jugar el juego de equivocarnos siempre
con un invaluable kit de vocabularios,
o podemos condenar con valentía, pero por favor,
por favor, venga volando.

Con dinastías de construcciones negativas
oscureciéndose y muriendo en torno suyo,
con una gramática que de pronto aparece y brilla
como bandadas de lavanderas en vuelo,
por favor, venga volando.

Como una luz en el blanco cielo aborregado,
como un cometa diurno
con un largo tren de palabras sin nubes,
desde Brooklyn, sobre el puente de Brooklyn, en esta bella mañana,
por favor, venga volando.


Elizabeth Bishop, Worcester, 1911- Boston, 1979
En Elizabeth Bishop, Complete Poems, Chatto&Windus, London, 2004
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Elizabeth Bishop

Invitation to Miss Marianne Moore
From Brooklyn, over the Brooklyn Bridge, on this fine morning,
     please come flying.
In a cloud of fiery pale chemicals,
     please come flying,
to the rapid rolling of thousands of small blue drums
descending out of the mackerel sky
over the glittering grandstand of harbor-water,
     pl ease come flying.

Whistles, pennants and smoke are blowing. The ships
are signaling cordially with multitudes of flags
rising and falling like birds all over the harbor.
Enter: two rivers, gracefully bearing
countless little pellucid jellies
in cut-glass epergnes dragging with silver chains.
The flight is safe; the weather is all arranged.
The waves are running in verses this fine morning.
     Please come flying.

Come with the pointed toe of each black shoe
trailing a sapphire highlight,
with a black capeful of butterfly wings and bon-mots,
with heaven knows how many angels all riding
on the broad black brim of your hat,
     please come flying.
Bearing a musical inaudible abacus,
a slight censorious frown, and blue ribbons,
     please come flying.
Facts and skyscrapers glint in the tide; Manhattan
is all awash with morals this fine morning,
     so please come flying.

Mounting the sky with natural heroism,
above the accidents, above the malignant movies,
the taxicabs and injustices at large,
while horns are resounding in your beautiful ears
that simultaneously listen to
a soft uninvented music, fit for the musk deer,
     please come flying.

For whom the grim museums will behave
like courteous male bower-birds,
for whom the agreeable lions lie in wait
on the steps of the Public Library,
eager to rise and follow through the doors
up into the reading rooms,
     please come flying.
We can sit down and weep; we can go shopping,
or play at a game of constantly being wrong
with a priceless set of vocabularies,
or we can bravely deplore, but please
     please come flying.

With dynasties of negative constructions
darkening and dying around you,
with grammar that suddenly turns and shines
like flocks of sandpipers flying,
     please come flying.

Come like a light in the white mackerel sky,
come like a daytime comet
with a long unnebulous train of words,
from Brooklyn, over the Brooklyn Bridge, on this fine morning,
     please come flying. 


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