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huye y reclama


Mitad de la vida

I
En medio del camino
como si nada hubiera pasado
o la vida fuera
el temblor y la sangre de otras batallas
que el corazón no nombró
o el eco
de aquello que hubiéramos sido
sin nosotros.

II
Escondida, susurrada en los sueños
-sonámbula de todo deseo-
acompaña mis pasos, empuja,
sustrae con flores de duelo.

Sembradora invisible del día
y de la noche -llagada de culpa
y extranjera- qué busca,
qué intenso decir reclama.

III
Ni relámpago ni piedra
ni luz tan leve
ni cielo sin rocío

o llamarada

ni espejo ni cárcel
ni tormento

sólo esta ahí

entre sangre que brilla
labios que se rinden.

IV
¿Y más allá la victoria?
¿Detrás de qué puerta, en qué otro mundo?

Cuando el cuerpo espera
y sobre tantos ojos el ojo
quiere alumbrar
y otra voz que no es la suya
busca el límite
y acepta
las dádivas del corazón
sólo tu piel
seguro puerto del abrazo
huye y reclama.

V
Las manos fueron puño, piedra, espada,
y el corazón resistió y los pies cumplieron
aquello que ordenaron los labios. La vida
reencontrada en el peso de la propia vida,
sujeta a la corrupción y al deseo
como el fiel de una balanza de aquí hacia allá,
de allá a ninguna parte
y para algo que nunca sucede.

VI
No vuelve aquel ardor, el pie diminuto
que pisaba hojas secas, que daba sed.

Se supone que ahora todo es más real;
ha habido tiempo para elegir, -excusas
no faltaron- y el corazón reposa
en la tranquilidad de sus logros.

¿Pero aquél pie, el ojo primitivo
que danzaba en el oscuridad, aquella fe
inmortal?

VII
Ahí están los pasos del día y de la noche,
corredores de humo, cambiante fervor,
transparencias secretas.
Nada acostumbrado, cómodo ni fácil
pobló este corazón; sólo sangre, banderas
de agua viva, espejos rotos, quejas
del mundo.


Jorge García Sabal, Balcarce, 1948 - Buenos Aires, 1996
en Mitad de la vida, Municipalidad de Comodoro Rivadavia, Dirección de Cultura, Certamen de Poesía 'Miguel Hernández', Primer Premio, 1983
imagen: Circular 2 de Dolores Ocampo de Morón, en Gelaría Nigredo

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