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hay Hombres


«aclara tu visión, serás iluminado.
alimenta tu compasión, serás imparcial.
abre tu corazón, serás aceptado.
aceptando al Mundo abrazas el Tao
».

lista para desayunar, después de hacerme un chequeo de rutina, entro a un bar de corrientes. mis cuadernos de apuntes, algún libro, el diente presto a las medialunas.
entra un chico, limpio y prolijo, y pasa mesa por mesa pidiendo que le compren un desayuno. un mandinga*. para otros, un negrito.
ante la infructuosa insistencia del chico, un señor, mayor, le dice:
—sentate ahí, que ahora te pido un café con leche.
el chico contesta:
—no, señor. no me van a dejar quedar. pídame para llevar.
el señor lo mira, me mira, mira a otro señor que está dibujando en un cuaderno. se dirije nuevamente al chico:
—mirá, tenés derecho a sentarte a desayunar como el resto de nosotros.
el chico insiste, entre sorprendido y adulado. alguien está considerándolo un 'nosotros'. el dibujante agrega:
—si no te dejan sentar, llamamos a la federal.
los tres intensificamos las miradas compartidas. el resto de los clientes, en estado argentino absoluto. entiéndase: me lavo las manos.
llega el mozo. el señor le pide que traiga un desayuno. el mozo, incómodo, responde:
—mire señor, le preparo café para llevar. él no se puede sentar acá.
el señor y el dibujante increpan al mozo a dejarlo sentar y traer la orden. el chico amaga a levantarse para irse. el señor le ordena que se quede allí sentado. al dibujante le tiemblan las manos. a mí, se me pasó el hambre.
los tres esperamos, un gesto, un movimiento, algo que nos salve de la puta deshumanidad (si la palabra es incorrecta, no importa, es lo que quiero decir). se genera un código de entendimiento y de desesperación. el chico empieza a decir:
—yo quiero trabajar, vio, señor, qué país.
el señor responde paternal:
—hay que portarse bien, eso es todo.
los tres volvemos a mirarnos sabiendo que eso no le servirá de nada.
—sí señor, pero yo quiero trabajar y no me toman. soy negro vió, y me faltan los dientes. hace un día y medio que no como.
el dibujante se levanta furioso y va a hablar con el gerente. el señor grita que lo que está pasando es una vergüenza. cuando regresa el mozo le digo que si a los clientes no nos molesta la presencia del chico él o el gerente no deberían preocuparse. el mozo dice que él no puede hacer nada. que son órdenes. me recuerda a obediencia debida y punto final. me recuerda, vió?
el chico nos mira y agradece. se levanta, va hasta la barra y sale del bar con un café con leche para llevar.
huelgan las palabras.
el señor, el dibujante y yo, pagamos.
no dejamos propina.
eso tampoco sirve para nada.

*mandinga, en mi idioma, equivale a: el que me recuerda lo que no doy.

Comentarios

Anónimo dijo…
empecé el domingo llorando, queriendo imaginar cómo era el chico: para qué si es igual a los que me pasan al lado todos los días y soy una mandinga

Yamana

mierdas los que nos avergonzamos por impotencia
flor codagnone dijo…
hermoso, pequeña sybila.
Basquiat dijo…
más terrible aún cuando el silencio es complice.
No puedo creer que en un país que no conozco y que me muero por conocer, el país de Borges, Cortázar, Sábato, Lugones y tantos otros... puedan ocurrir hoy en día estas cosas. Me ha irritado mucho este texto.

Saludos
lala dijo…
adoré el termino mandinga. y el uso de supuestas palabras incorrectas que dicen lo que quiero decir.
me entristecen estas cosas.
me alegra saber que al menos eran tres, aunque no sirva de nada.
sibila dijo…
«cuando rajes los tamangos/buscando ese mango que te haga morfar,/la indiferencia del mundo/que es sordo y es mudo/
recién sentirás». (yira, yira- discépolo).
Todo a Cien dijo…
me ha gustado mucho ver que aún queda algo de humanidad en el mundo. vuestro intento fue sincero y amable pero por desgracia el mundo es tan grande que en él caben todo tipo de indeseables. me gustó visitar tu casa virtual. un saludo,
sibila dijo…
ya habrá más intentos. gracias a usted, todo a cien.

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