miércoles, agosto 20, 2008

la poesía se instala en un campo de acción virgen


«El discurso poético es un proceso cruzado y se compone de dos sonoridades: la primera de estas sonoridades es la modificación que nosotros oímos y percibimos de las herramientas mismas del discurso poético, que van apareciendo en el transcurso de su propio ímpetu; la segunda sonoridad es propiamente el discurso, es decir, el trabajo de fonética y de entonación que se realiza con las herramientas mencionadas.
Así concebida, la poesía no es parte de la naturaleza —ni siquiera de la mejor, de la más exquisita— y menos aún su reflejo, lo que finalmente llevaría a una burla de la ley de identidad; con una libertad estremecedora la poesía se instala en un campo de acción virgen, fuera del espacio, no tanto narrando, cuanto interpretando la naturaleza con ayuda de esos recursos instrumentales que comúnmente se denominan imágenes.
El discurso o el pensamiento poético puede ser llamado sonoro solo de una manera extraordinariamente convencional, porque no oímos en él sino el entrecruzamiento de dos líneas de las cuales una, tomada en sí misma, es absolutamente muda; y la otra, tomada fuera de la metamorfosis instrumental, se ve privada de toda importancia, de todo interés y se presta para ser narrada, lo que, desde mi punto de vista, es un síntoma inequívoco de ausencia de poesía, ya que allí donde la obra se deja medir con la vara de la narración, allí las sábanas no han sido usadas, es decir, que —si se me permite la expresión— allí no ha pernoctado la poesía».

*versión de selma ancira

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