lunes, agosto 04, 2008

alberto girri


el motivo es el poema 2.
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Placer extra. Que un poema trasluzca que su autor se aplicó tanto a aprovechar sus intuiciones creadoras, cuanto los clisés más grises y habituales del pensamiento. ¿Este concederles idéntica validez como materiales de composición, no constituiría lo que doctrinas indias llamaron 'un acto de verdad', testimonio asimismo por la poesía cabe ser fiel al cumplimiento del dharma, deber moral de no introducir distingos, categorías, entre lo que nos fue conferido?

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Desagrado extra. Una crítica que sólo hable de las palabras del poema, no del poema.

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Keats, concepto de que el poeta carece de identidad. Tomarlo, acaso, con referencia indirecta al sentido interno de su labor: despojarse, mientras el poema progresa (esto a expensas de aquello), de los incontables yoes que en él conviven, y cuya fase última, el sentimiento de nulidad, coincidiría con la culminación del poema.

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...un hombre puede engañarse a sí mismo muy fácilmente y tener el resultado 'obtenido' por el resultado deseado, es decir, creer que ha ganado cuanto en suma ha perdido. De Fragmentos de una enseñanza desconocida.
Algo similar, siempre que nos enfrentemos con el papel en blanco, rutinaria advertencia de que nuestros estados de ánimo, voluntad de hacer desoyendo las propias, ilusorias promesas de frutos, sean los adecuados.

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El espíritu, sin duda, sopla donde quiere. Actitud, desdén, arbitrariedad de los Julien Benda de este mundo, respecto de poetas (mallarmeanos de hoy y de ayer), no les impiden, no obstante, sostener que sin amor no hay legítima crítica.

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El espíritu ridiculiza donde quiere. Benda, mencionando un obviedad de Claudel acerca de que mientras la lógica antigua tenía por órgano el silogismo, en la poesía el órgano es la metáfora.

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No escribir poesía cuando no se entiende: 1)Que por encima del talento (presunto) lírico, importa el grado de aptitud combinatoria que concilie los elementos a nuestro alcance: enigmas y evidencias. 2) Que esa aptitud guarda relación inmediata con la inteligencia para dosificar, tal porcentaje de enigmático, tal de lo evidente.

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Juvenil prurito: no parecerse a nadie: confesión de no saber qué hacer con uno.

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En el Contrato Social (nunca leído), habría un epígrafe donde Rousseau advierte que debe recorrérselo pausadamente, ya que él, autor, carece del arte de ser bien inteligible para los que se resisten a leer con atención. ¡Animarnos a adoptarlo!

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«... arte de ser bien inteligible», sin que lo claro se confunda con lo fácil, ni que la diafanidad trivialice. Arte como acto de indulgencia de lo oscuro, que domina en lo profundo de todo, para que, al menos provisoriamente, la expresión se le imponga.

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