lunes, julio 09, 2012

si una piedra pensara



En un aula

Hablando de poesía, con los brazos
llenos de  libros que llevo hasta la mesa donde las cabezas
se inclinan o levantan la vista, escuchando, leyendo en voz alta,
hablando de consonantes, de elisión,
atrapadas en el cómo, olvidando el por qué:
miro tu cara, Jude,
ni frunces el ceño ni asientes,
opaca entre las motas de polvo sobre la mesa:
una presencia como una piedra, si una piedra pensara
lo que yo no puedo decir, soy yo. Para eso vine.


Qué tiempos son estos

Hay un lugar entre dos filas de árboles donde la hierba crece cuesta arriba
y el viejo camino revolucionario se divide entre sombras
cerca de un templo abandonado por los perseguidos
que desparecieron entre esas sombras.

He caminado por allí juntando hongos al borde del terror, pero no se dejen engañar
este no es un poema ruso, este no es ningún otro lugar sino aquí,
nuestro país acercándose a su propia verdad y a su terror,
sus propios modos de hacer que la gente desaparezca.

No voy a decirles dónde queda el lugar, la oscura red de los bosques
enfrentado a una anónima franja de luz—
encrucijadas fantasmales, paraíso mohoso:
ya sé quien quiere comprarlo, venderlo, hacerlo desaparecer.

Y no les diré donde está, entonces ¿para qué les cuento
nada? Porque aún escuchan, porque en tiempos como estos
para que escuchen algo, es necesario
hablar de árboles.

Adrienne Rich, Baltimore, 1929 – Santa Mónica, 2012
Versión © Silvia Camerotto
imagen de Kaveh H. Steppenwolf©, en Uno de los nuestros


In a Classroom

Talking of poetry, hauling the books 
arm-full to the table where the heads 
bend or gaze upward, listening, reading aloud, 
talking of consonants, elision, 
caught in the how, oblivious of why: 
I look in your face, Jude, 
neither frowning nor nodding, 
opaque in the slant of dust-motes over the table: 
a presence like a stone, if a stone were thinking 
What I cannot say, is me. For that I came.



What Kind of Times Are These

There's a place between two stands of trees where the grass grows uphill
and the old revolutionary road breaks off into shadows
near a meeting-house abandoned by the persecuted
who disappeared into those shadows.

I've walked there picking mushrooms at the edge of dread, but don't be fooled
this isn't a Russian poem, this is not somewhere else but here,
our country moving closer to its own truth and dread,
its own ways of making people disappear.

I won't tell you where the place is, the dark mesh of the woods
meeting the unmarked strip of light—
ghost-ridden crossroads, leafmold paradise:
I know already who wants to buy it, sell it, make it disappear.

And I won't tell you where it is, so why do I tell you
anything? Because you still listen, because in times like these
to have you listen at all, it's necessary
to talk about trees.

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