sábado, julio 14, 2012

heridos por la discordancia



(1)
La enseñanza de la hora soleada de las noches del Divino.
Para aquéllos que, habiendo pedido, recibieron y saben ya.
Para aquéllos a quienes la plegaria condujo a la meditación sobre el origen del lenguaje.
Los otros, los ladrones de dolor y de dicha, de ciencia y de amor, nada comprenderán de
   estas cosas.
Para entenderlas, es preciso conocer los objetos designados por ciertos vocablos esenciales
tales como pan, sal, sangre, sol, tierra, agua, luz, tinieblas, así como por todos los
   nombres de los metales.
Por cuanto estos nombres no son ni los hermanos, ni los hijos, sino los padres de los objetos sensibles.
Con estos objetos y el principio de sus substancias, ellos fueron precipitadas desde el
   mundo inmóvil de los arquetipos en el abismo tormentoso del tiempo.
Solamente el espíritu de las cosas tiene un nombre. La substancia de los mismos no ha
   recibido nombre todavía.
El poder de nombrar objetos sensibles y absolutamente impenetrables al ser espiritual
nos viene del conocimiento de los arquetipos que, siendo de la naturaleza de nuestro
   espíritu, están como él situados en la conciencia del huevo solar.
Todo cuanto se describe por medio de las antiguas metáforas existe en un lugar situado; en
   el único lugar situado de todos los lugares del infinito.
Esas metáforas que todavía hoy el lenguaje nos impone desde el momento en que interrogamos
   es misterio de nuestro espíritu,
constituyen vestigios del lenguaje puro de los tiempos de fidelidad y de conocimiento.
Los poetas de Dios veían el mundo de los arquetipos y lo describían piadosamente por medio
   de los términos precisos y luminosos del lenguaje del conocimiento.
La decadencia de la fe manifiéstase en el mundo de la ciencia y del arte por un
   oscurecimiento del lenguaje.
Los poetas de la naturaleza cantan la belleza imperfecta del mundo sensible conforme a una
   antigua modulación sagrada.
Heridos sin embargo por la discordancia secreta que guardan el modo de expresión y
   el sujeto,
e impotentes para elevarse hasta el único lugar situado, -entiéndase por ello Patmos,
   tierra de la visión de los arquetipos, -
imaginaron, en la noche de la ignorancia, un mundo intermediario, flotador y estéril:
   el mundo de los símbolos.
Todos los vocablos cuyo conjunto mágico ha formado este canto, son nombres de substancias
   visibles,
que el autor, por la gracia del Amor, ha contemplado en los dos mundos de la beatitud
   y de la desolación. [...]


O.W. de L. Milosz, Szetejnie, 1911- Cracovia, 2004
de El Cántico del Conocimiento, Ensayo de traducción de Lysandro Z. D. Galtier, Ediciones Santo y Seña, 1951
imagen de Michael Cheval©, en Uno de los nuestros

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