jueves, julio 19, 2012

ahora que bajé del barco



***
Sin novedad


a Guillermo Boido


Hace años no hay noticias del barco ballenero
En los boliches de la costa
acariciando los pechos de nailon de las putas
escuchamos el ruido de la lluvia
sus cascabeles fúnebres
su cubilete que suena
como los huesos de la muerte


Los que vienen del mar
tienen brazos tristes de viejos trapecistas
¿Vieron el barco?, preguntamos
Ustedes vienen del mar
¿vieron nuestro barco ballenero?
No nos dejen morir
a varios ya se nos cayeron los dedos


Los que vienen del mar tienen nucas azules
perdieron la piel en algún puerto
matan a las mujeres
después de amarlas en silencio
se emborrachan y mueren a las tres de la tarde


No saben nada del barco ballenero.


***
Se acabaron los buenos trapecistas 
caer tal vez fue gracia
Ungaretti

Me acerqué al calor para enfriarme
al amor para partir
quería escapar 
y pido perdón
respetuosamente
pido perdón y saludo con un infinito
silencio
con la gorra en la mano
sin lágrimas
sin ningún tipo de excusas. 
Quería escapar y para eso alquilé un barco
con todas las luces encendidas
pero fue inútil empuñar el timón
y gritar órdenes: el barco
tenía el casco comido por las algas
estaba desfondado.
Bueno, me quedé. Caros míos:
viajar por las metáforas
no es más que una prueba de destreza
tanto más meritoria cuando se hace sin red,.
El trapecista puede reventarse
contra el piso
y el público horrorizado
jamás olvidará la escena.
Algunos dirán: murió en su ley
(cosa enteramente cierta),
Si el trapecista alcanza la vejez
a los cincuenta años posiblemente
se dedique a la bebida 
y muera en una pieza
a la luz de fotos amarillas
en otoño o verano
(o en invierno o primavera)
y habrá muerto en su ley de todas formas.
Al menos por una décima de segundo en toda su vida
los buenos trapecistas se sintieron
reyes de este mundo "pero también  del otro".
Pero se acabaron los buenos trapecistas.
Quedan pocos maestros del trapecio:
la enorme mayoría trabaja con red.
La enorme mayoría logra pese a todo
piruetas fascinantes que el público aplaude a rabiar.
Ahora que bajé del barco
(con el trapecio nunca mentí)
yo también aplaudo los buenos espectáculos.
Ahora que vuelvo (y no vencido
sino apenas un poco más cansado)
a calentarme las manos aquí abajo.

Jorge Aulicino, Buenos Aires, 1950
de Vuelo Bajo, 1974
en Estación Finlandia, Poemas reunidos 1974-2011, Bajo La Luna, Poesía, Buenos Aires, 2012
imagen de Viktor Safonkin©,  Whale Hunter, en Uno de los nuestros

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