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de ganas de llorar


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Batalla de Jarama, rostro de marinero
que vi al nacer o vi al ser bautizado
o vi antes en un puerto que transmigra
en una caja azul de cigarrillos.
Misterio paralelo, qué sería
de mí sin su sonrisa!

Porque el misterio es más que el amor
estoy solo.
Oh Febreros con números que nunca
vi escarlatas en fundas de gamuza,
en casillas con lluvia y en halcones!
Piscina sumergida, insostenible,
bloque azul de castigo!

Su vacío me horada. Y allá atrás, sin embargo,
sólo de vez en cuando la pileta de los choferes:
el sol empapelando y derritiendo
(en torno al marinero)
la habitación central de mi memoria;
yo que esperaba a los acorazados
hasta que me envolvían las estrellas!

de Carta de marear, 1976

**
Un costado de rosas

Oh qué alegría el pan que halló está fresco
Oh qué alegría la de ella en el hotel con rosas
Ya se ha olvidado del gorila
Oh qué alegría que tremendo

Anoche hice salir de mi casa a un gorila
No hubiéramos permanecido con él en la casa a oscuras
Empuñaba un cuchillo miraba con tristeza
Se marchó y nos marchamos
Pero afuera amanece

En el amanecer pasaremos la noche
Parque de césped seco hasta el hotel con rosas
La galería abierta con rosas qué alegría
Como un vagón de tren con un costado solo
Un costado de tren y un costado de rosas
O un pan con un costado de pan y otro de rosas
Y en dónde habrá pasada el gorila la noche
Tal vez en cuatro patas amenazado por completo
Un costado de gorila y un costado de rosas
Yo con ella del brazo en el hotel con rosas
Y amanece amanece

Al hotel llega un hombre pero ya se conocen
Oh qué alegría qué tremendo
Hace tanto que la ama no se lo dijo nunca
En la pieza de al lado recuerdan suaves días
El club junto a las olas los almuerzos briosos
Cuando ella era de otro y ahora recién el adulterio
Porque esto -aunque tardío- es como el adulterio
Y el adulterio es suave porque el amor ella lo sabe
Tiene un lado de tren tiene un lado de rosas
Y tal vez los dos son igualmente sensibles
Qué tremendo

Salgo a un patio rosado encuentro a un compañero
Mientras pasan la noche ella y él conversando
A la hora del pan fresco cómo no dar su cuerpo limpio
Y recuerdan los días junto al mar compartidos
El aire fresco el vino a la hora del sol alto
Eran los tres tan jóvenes recuerdan
Detrás de las persianas en el hotel con rosas
Como viejos autógrafos desnudos y abrazados

En el patio rosado escucho al compañero
Ha encanecido un poco miramos las baldosas
Ya no es el de antes me explica suavemente
Halló otra religión en patios como éste
En un país de patios rosados en América

Su religión es dócil no hace falta
Mirar hacia lo alto explica sin mirarnos
Miramos las baldosas los pétalos caídos
También una manguera rosada todavía
Con su cabeza de culebra sobre un charco
Sobre su vómito de ayer a última hora

La religión el patio la manguera algunos pétalos
Todo es rosado y amanece amanecemos conversando
Mi viejo compañero podría preguntarle
Te acordás de las paralelas del colegio
De esos caminos de madera casi blanca
Curvándose debajo de los brazos?
Te acordás de la marcas color vino
Que nos hacían junto a las axilas?

De ganas de llorar oh qué alegría qué tremendo
Y amanece amanece amanece amanece

de Legión Extranjera, 1978

**
Dormido sobre sus labios

Pequeño legionario, ¡cuánto viento! Pedacito de plomo, peda-
cito de Sahara: Vendrán veranos no obsesivos; pasarán
los hijos de mis hijos. (1978)

Yo puedo hachar todo el día pero no puedo cavar todo el
día. No puedo cavar en ningún lado sin estar esperando
que aparezca de pronto un soldado de plomo entre mis
pies desnudos. (1978)

de Hospital Británico, 1986

Héctor Viel Temperley, Buenos Aires, 1933-1987
en Héctor Viel Temperley, Poesía completa, Ediciones del Dock, Buenos Aires, 2006
imagen obtenida de El gran Capitán

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