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se acercaba a la caída


***

no diré: fluye suave hasta que mi canto finalice
ni veo el muro de Saint Magnus Martyr ostentar
su esplendor de blanco y oro jónicos: esto no es
el dulce Támesis: es Bahía Blanca, Buenos Aires:
una ría destruida por la zona petroquímica, y ahora
cáncer acá en los pulmones y asma en la infancia: da
la ría, sí, a la mar, pero ella misma también es el morir


***

tanto a lo real como al engaño, abiertamente receptivo:
detrás de la enramada ella: de blanco a media noche gira
de pies en punta, como si el fondo se mezclara: sonríe
va hacia el precipicio a pocos metros: es sin serlo: algo
en la mirada, el modo delicado: repito: iba yo embestido
por la fronda húmeda del trópico, sin embargo: era fuego
esa lluvia sulfurosa: el sol cayendo de a pedazos: repito:
se acercaba a la caída y era otra siendo ella: diseminaba
oscuros puntos sobre el aire y se alejaba: de sus manos
volaba al mundo esa horda negra: sin haber caído, a media
madrugada irrumpe un grito, devolviéndonos a otra faz:
Caroline diciendo: era vertical el mar inmenso y se venía:
– a lo largo de los años en sueños cada noche se repite –
un oleaje indetenible arrasaba en oscuro plenilunio, una
catástrofe masiva: ese mar que me llevaba y vos aparecías
entre paredes blancas diciendo de rodillas algo como “cáncer”


***

el sistema nervioso central no está desarrollado todavía:
todo es un estímulo, entonces: los cambios de luces, un
ruido cualquiera: lleva tiempo ese, como todo amor: baja
las defensas por las horas de descanso interrumpidas: abre
cada tres o cuatro horas sus pequeños ojos, así en la noche
como en el día: es constante la demanda: el calor y la sonrisa
de la madre: ha salido, ha visto luz no hace mucho: sólo espera
estar en brazos que lo cuiden cuando duerme: a deseo pleno
fue alojado con cuidados intensivos en la zona uterina: afuera
era fabricado internamente de modos sucesivos y cambiantes:
no otra cosa que llanto inicial lo que se esperaba: pero hubo la
desdicha, el desencuentro de las partes: acabarían libertades y
la estética del cuerpo se vería vulnerada: era entonces sólo un
sueño gastado en demasía: uno trabajaba insistiendo en pos de
bajarlo de lo onírico para traerlo hasta ellos: pero ella decidió
que no acaeciera, rasparlo todo en pastillas de una toma: es ahora
sólo parte del pasado de una de las partes: no más que una organo-
génesis arrancada a destajo, dejando dónde, dónde lo que antes
la habitaba: al despertarse: un aspersor frente a la camilla y un
hornillo: olor aséptico en la sala, manchas en los guantes sobre la
bandeja, y una bolsa en la que resulta extraño quepa una vida

Ignacio Uranga, Bahía Blanca, 1982
de Ramalaje, Inéditos
imagen de página de medicina

Comentarios

Tamarit dijo…
¡Tiene un ritmo impresionante!

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