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somos la madera


Debajo del cielo

está el fuego,
lo circunscribe, casi lo lame,
está muy cerca y sin embargo
el cielo nunca sufre el fuego.

El fuego son imágenes,
pequeños demonios negros
vistos en Jerusalén, en Babel,
en el respaldo de los tronos,
en la extensión de los cetros,
en la nuca de los arrodillados,
en las epístolas áureas del docto,
en el que tiende a lo perfecto,
en el que se ofrece como mucho,
en los que crían para nada,
en el que adquiere y pone precio,
en los que se sientan a la mesa,
en los que se niegan a servir,
en los que escriben de este fuego
escribiendo de consuelos y castigos.

Debajo del cielo está el fuego;
somos la madera, la sequedad,
el soplo que mantiene el fuego.

**

El cómputo

¿Es un triunfo, razón,
olvidar la bienaventuranza
de sentirse con pavor,
y acceder a que una paz cerrada,
una seguridad de granito,
nos enseñen a expresarnos
lanzándonos con retos
contra el daño como puro daño
y el desasosiego y las vigas
que obstruyen nuestros ojos?

¿Puede hacernos fecundos
el apretar los dientes y tragar
los contagios y asociaciones
en el maltrecho, cotidiano jardín
que la muerte estimula,
vil certeza de arbustos,
de lombrices y perros furiosos,
y teros y grillos denunciando
al prójimo indigno de amistad
que vuelve por amparo?

¿Ganaremos el albergue,
la plenitud conjunta
del Sacrificado y del Redimido,
con la fusión de los opuestos,
el epíteto que es voto de amor,
y las voces que han de pudrirse,
el apremio de las penitencias
y el pasar infructuosamente?

Estas complejidades sobrevienen
tras seis días de derrumbe
y el séptimo dedicado al balance,
porque somos malos pagadores
y el alma, harta, vacila ante su panal,
y la cizaña oculta a la flor.

Alberto Girri, Buenos Aires, 1919-1991
de "La penitencia y el mérito"
en Poesía Argentina, Selección del Instituto Torcuato Di Tella, Buenos Aires, 1963
imagen: 'Regresar', de Breves instantes-2009, de Esmeralda Torres, (México, 1978), cuya publicación en este blog fuera previamente autorizada por la autora

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