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¡oh insensato!


El amor a lo lejos

Hace mil años abandonamos el último beso en una noche devorada por las montañas
Indefensa entre los colmillos del páramo
Entre las serpientes petrificadas que silban en el viento
Y la ternura de caminar en la niebla con una bujía cuya pálida piel flota en el aire como un halo
Chisporroteando en la mansión de las lluvias poblada de espejos que ondulan con un lamento de eucaliptus sombríos
Podríamos comenzar así esa novela inconstante:
"Una vez cruzábamos el desierto donde el pájaro del desdén se cierne lleno de adioses sobre las almas
"Y sus miradas iluminan las poblaciones con un diamante gris
"Mientras dormíamos graznaba en sueños con el reclamo de países hechiceros abiertos lentamente al abandono
"Pero ahora en su pecho hay fisuras relampagueantes como las ruinas del amor
"Como esas incisiones profundas que dejan irse el gusto de los días
"Desierto magnético
"desierto descabellado con una rosa de nieve eterna resplandeciendo hasta las lágrimas
"Como la dádiva del demonio de la lejanía
"Puro y ardiente
"De ojos dorados que atraviesan el mundo"

¡Oh insensato!
Ya solo quedan los diferentes disfraces escogidos para morir
Tanta pasión tanto desamparo
Entre unas matas de cactus y unas frases de esperanza suplicando el lazo del estrangulador
Lanzado por estrellas de salvajes sobre la llanura de un cuerpo
En vez de despojos
En vez de sonrisas
En vez de sangre seca
Esta ráfaga abrasadora y esta temporada en el infierno
Los monumentos de una hiedra viva palpitan como una música en la oscuridad
Con los secretos de la aventura
Entonces abrías tus más bellas heridas en una cámara de cristal vertiginosa
Donde la tierra es arrancada a sus cadenas por la velocidad del deseo
O te ocultabas en tu madriguera
De amor de fieras de invernáculo
Recogiendo amuletos invisibles al borde de la locura:
Pequeños trozos de tempestad para no olvidar nunca que se cuelgan del cuello como esas piedrecillas transparentes que dan la luz de la nostalgia
Canciones besos alegorías de la dicha y áscuas de la gran batalla ya inmóvil en el alma y desprendida de la insaciable mutación de la vida
Pequeños fragmentos de eternidad

Pequeñas frases sueltas de una oscura sentencia

Un nido de víboras en el torbellino de un sueño

Enrique Molina, Buenos Aires, 1910-1997
en Enrique Molina, Obra poética, Obras Completas, Tomo II, Corregidor, Buenos Aires, 1987
Imagen: s/d

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