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gregory corso. el café sacré-coeur




















El café Sacré-Coeur

Las aguerridas muchachas en el café Sacré-Coeur
golpean sus copas de vino sobre la mesa
gritando Danton triunfó habiendo negado la libertad
mientras el camarero exige el triunfo de Murat 
                                               sobre todo lo que triunfa.
Los bombardeados argelinos se miran unos a otros 
                                               los dientes en llamas.
El Sacré-Coeur un café que mete miedo.
Los propietarios son como los propietarios en Les Misérables.
Siempre haciéndome sentir com Jean Valjean cuando voy allí. 
Gracias a Dios no poseo una bolsa llena de plata ni tengo un certificado de
/libertad condicional que deba presentar.
Pero es por eso que voy allí un ex-convicto que no tiene
                                               donde vivir
sentado en un rincón de madera comiendo pan negro
esperando a la pequeña Cosette -del tamaño de la eternidad.
Esperar allí para seguirla cuando salga internándonos en la noche
que yo pueda acarrear sus baldes de agua
comprarle una inmensa gloriosa muñeca
y llevarla muy lejos
que ella me ame
que yo cargue sobre mis hombros a su amante a través
                                                del alcantarillado
que yo viejo y gris muera en la mesa durante su fiesta de 
                                                casamiento.
Ah pero hay mesas de plástico en el café Sacre-Coeur.
Las aguerridas muchachas son todas las empleadas del correo.
Los propietarios no tienen ninguna Cosette sino un hijo
                                                grande y gordo
que se sienta remojando sus medialunas en el café con leche.
Y los argelinos
ellos no van al café Sacré-Coeur.

Gregory Corso,Greenwich Village, 1930- Robbinsdale, 2001
En Querido Villon y otros poemas, Alción editora, Córdoba, 2016
Traducción, prólogo y notas de Esteban Moore
Imagen: Gregory Corso por Harold Chapman

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